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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

El nuevo diccionario biográfico de la Academia de la Historia descarta que Santiago esté en Compostela

La recién estrenada edición digital y gratuita del Diccionario Biográfico Electrónico (DBE), obra de la Real Academia de la Historia (RAH), corrige la edición en papel que hace siete años provocó una inmensa polémica por algunas de sus definiciones. Especial relevancia tuvo la entrada dedicada a Francisco Franco, donde no se mencionaba que fue un cruel dictador. Pero mantiene otras que sin duda sorprenderán a los no eruditos, como poner en duda la existencia histórica de San Fermín (que sería francés y no pamplonica), la de Santa Eulalia de Barcelona (que sería extremeña y no catalana), e incluso que el apóstol Santiago evangelizara España, se le apareciera la Virgen en el Pilar de Zaragoza y esté enterrado en la catedral de Santiago de Compostela.

Las tres polémicas entradas están firmadas por el mismo medievalista, doctor en Historia y sacerdote, el padre Miguel C. Vivancos. Que un cura ponga en duda la veracidad del enterramiento del patrono de España y reste importancia a la mayor peregrinación del orbe católico tiene una única explicación que, a mi pregunta asombrada, el religioso responde con elegancia vaticana: “La devoción permite unos amores que la historia no consiente“. 

No es habitual que este blog dedique un post a temas históricos. Pero dado que soy también historiador, he hecho el Camino de Santiago dos fascinantes veces, un hijo mío se llama Santiago, tengo una cuñada nacida en esa ciudad y Miguel Vivancos es un muy querido amigo, no podía dejar pasar la ocasión, tan periodística por otro lado, de hablar de este tema un 25 de julio, festividad de Santiago el Mayor.

Datos históricos

Santiago el Mayor. Último tercio del siglo I antes de Cristo – Jerusalén (Israel), c. 44. Apóstol, santo, patrono de España.

Dice Vivancos: “Las únicas fuentes que proporcionan datos fidedignos sobre el apóstol Santiago (Jacobo, Yago, Diego, etc.) se reducen a los Evangelios (especialmente los sinópticos) y al libro también neotestamentario de los Hechos de los apóstoles, que transmite la noticia de su muerte. Se sabe que era hermano de Juan y que fueron llamados por Jesús mientras ayudaban a Zebedeo, su padre, en las labores de pesca, a orillas del mar de Galilea. La familia poseía barca propia y tenía jornaleros a su servicio, y probablemente se dedicaba a la industria de salazón de pescado”.  Respecto a su martirio, el libro de los Hechos de los apóstoles dice escuetamente que el rey Herodes “mató a espada a Santiago, el hermano de Juan”.

Durante seis siglos la pista del apóstol se pierde. La primera mención documental a Santiago en España no lo sitúa en Galicia sino, sorpresa, en la ciudad de Mérida. Un manuscrito antiguo recoge la existencia de unas reliquias suyas en la iglesia de Santa María, consagrada probablemente el año 627. Sería una reliquia menor de entre otras muchas de otros santos y no el cuerpo completo. Parece ser que todo el lote procedía de Jerusalén, donde hacia el año 500 un peregrino afirmó haber visto la tumba del apóstol Santiago en el monte de los Olivos.

También hacia el 630 comenzó a circular por España una obrita griega que en la versión original nada decía de Hispania, pero que en la traducción latina introduce algunas modificaciones. Es entonces cuando por vez primera se habla de la predicación del apóstol en occidente, asegurando que sus restos están enterrados en una desconocida localidad que denomina Acaia o Akra Marmarica, y que sitúa en Libia. A partir del 776 se generaliza la leyenda de que Santiago predicó a los gentiles hispanos y por ello se le tiene ya como patrón de España. Pero en ese momento nadie sabía dónde estaba enterrado. Ni se le dedicaba un culto especial.

¿Cuándo llega Santiago a Compostela? La hipótesis más aceptada por los historiadores es que tras la conquista de la ciudad de Mérida por Muza el año 713 (hecho del que hay constancia histórica), los cristianos fugitivos llevarían consigo sus reliquias a Galicia. Levantarían allí un templo sobre el viejo mausoleo y cementerio hispanorromano del siglo I que las excavaciones arqueológicas han descubierto bajo la catedral compostelana. La existencia de este asentamiento previo solo probaría la continua utilización de un lugar de enterramiento a lo largo de los siglos, que pudo ser aprovechado por los cristianos fugitivos de Mérida. Lo de que era la tumba del hereje Prisciliano (340-385) no se sostiene.

Y ahora sí. Hacia el año 829 el obispo Teodomiro, avisado por un ermitaño que vio luces extrañas en Compostela (campo de estrellas), descubre una tumba, probablemente de origen romano, donde se encontraba un cuerpo decapitado con la cabeza bajo el brazo y que por inspiración divina identificó como el del apóstol Santiago. Muy pronto (la primera mención documental es del año 883) la misteriosa localidad norteafricana Acaia Marmarica de los textos antiguos se transformará en un ingenioso arcis marmoricis, esto es, en una milagrosa barca de piedra maciza, con la cual se suprimía un obstáculo para fabular sobre el lugar del enterramiento del apóstol. Su cuerpo habría llegado así desde Jerusalén, flotando milagrosamente en un arca de mármol. A partir del siglo X, diversos libros darán forma casi definitiva a cuanto la Edad Media creerá sobre la existencia del sepulcro apostólico en los confines del orbe. Bola de nieve fabuladora que fue a más hasta conformar la actual hagiografía del santo.

Como destaca sin sorpresa Miguel C. Vivancos, “no sería este el único caso en que la parte se toma por el todo y una reliquia menor pasó a ser tenida como el cuerpo íntegro del apóstol”.

Una sospecha que ya en 1971 el famoso historiador Claudio Sánchez Albornoz también había puesto en duda cuando escribió:

Pese a todos los esfuerzos de la erudición de ayer y de hoy, no es posible, sin embargo, alegar en favor de la presencia de Santiago en España y de su traslado a ella, una sola noticia remota, clara y autorizada. Un silencio de más de seis siglos rodea la conjetural e inverosímil llegada del apóstol a Occidente, y de uno a ocho siglos la no menos conjetural e inverosímil traslatio. Sólo en el siglo VI surgió entre la cristiandad occidental la leyenda de la predicación de Santiago en España; pero ella no llegó a la Península hasta fines del siglo VII.

“En los albores del culto jacobeo”, en Compostellanum 16 (1971), pp. 37-71.

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