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La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

La muerte de un árbol centenario también es arte

El museo más hermoso y desconocido de España está en el palacete de Parque Florido, en la madrileña calle Serrano. Es el Lázaro Galdiano, la colección particular de quien fuera gran defensor del patrimonio artístico español.

Zurbarán, Ribera, Velázquez, Goya te hablan allí desde la intimidad de un caserón familiar, con rincones donde la intensidad de las sensaciones provoca escalofríos de placer y hasta lágrimas de emoción.

En su jardín delicadamente decimonónico, miles de ojos visitantes miraron sin ver durante décadas la joya más espiritual de la colección, el haya centenaria plantada en 1908 por su fundador, el navarro José Lázaro Galdiano, permanente recuerdo natural a los bosques de su tierra natal.

Al fin y al cabo un árbol grande, debieron pensar los responsables de la última y profunda restauración del edificio, quienes preocupados por la estabilidad sin vida de una construcción, se despreocuparon de la estabilidad con vida de un gigante vegetal único, dañándole gravemente su órgano más preciado, sus raíces. Se llamaba Lázara. Y ante la consternación de quienes la amábamos acabó secándose.

Pero también los muertos son importantes. Así lo ha entendido el Ministerio de Cultura, quien ha encargado al artista Miguel Ángel Blanco un postrer homenaje al haya ausente.

El resultado, la exposición Árbol caído, es de esas muestras que todo amante de la Naturaleza debería admirar, por lo que supone de rendido tributo a esos admirables abuelos que tanto nos dan y tan poco valoramos. Sus últimas hojas, su corteza, su silueta, son ahora delicado arte, aunque en realidad nunca dejaron de serlo. También la de otros seres excepcionales recogidos como reliquias por el autor por todo el mundo, base de su extraordinaria Biblioteca del Bosque.

¿Y qué harán con el cadáver? Dicen que talarlo y plantar un ejemplar joven.

Yo no estoy de acuerdo. Vivo o muerto, su valor histórico y hasta sentimental es el mismo. Aunque llegue tarde, le debemos un respeto. ¿No os parece? Lázara, como Lázaro, debe resucitar de entre los muertos y mantenerse en pie, aunque sea momificado.

5 comentarios

  1. Dice ser Fino

    “Muerto el asno la cebada al rabo”Tengo entendido que donde murió un árbol, no se cría bien otro de la misma especie.Sí, sí que debiéramos desaparecer los humanos del planeta, pero ya, antes de que sea tarde… o ¿ya es tarde?

    07 noviembre 2008 | 15:15

  2. Dice ser abejitas

    … y vivir la vida, otro arte.Aleteos!

    07 noviembre 2008 | 17:39

  3. Dice ser Manchego

    La muerte de un árbol es siempre una desgracia.La muerte de un árbol singular es una tragedia.

    07 noviembre 2008 | 18:45

  4. Dice ser Sílver

    Gracias a la sensibilidad de Miguel Ángel Martín, ni Lázara ni otros muchos árboles (¡más de 2.000!) morirán del todo. Perdurarán en las historias que atesora en sus extraordinarias Cajas-Libros, alarde de concisión en las que con muy poco -apenas unos restos vegetales- nos cuenta historias conmovedoras.Por encima de todo este artista ama a los árboles, los admira, les habla, los abraza, los cuida… Nos lo dice él, pero además se le nota en su obra, la obra de un artista que es, con toda la intención, la de un activista.En el programa Reserva Natural (Radio 5, jueves, de 22,00 h a 23,00 h) dirigido por César López (al que acompañan Joaquín Araújo y Josefina Maestre), se citó esta exposición, en realidad un homenaje, que nadie debería perderse.Pero a Lázara le ha llegado su hora y ya no da sombra. Y cuando un árbol pierde su sombra…

    07 noviembre 2008 | 21:12

  5. Dice ser elprimoderajoy

    Como no, el cemento y el ladrillo siempre pasan por encima de todo… menos del dinero, claro.

    09 noviembre 2008 | 09:56

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