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Coronasomnia: La relación entre pandemia y alteraciones del sueño

¡Con este virus no se puede dormir! Una de las rutinas que más se ha visto afectada desde la llegada del coronavirus ha sido el patrón de sueño. Para algunos esta alteración ha sido muy sutil, para otros, un auténtico infierno.

Fotografía gratuita: Flickr

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El sueño, la alimentación y el cuidado personal y social son los pilares fundamentales sobre los que se asientan una buena salud mental. Si una falla estrepitosamente, los efectos y limitaciones son muy importantes para el ser humano.

Según un estudio realizado por el Grupo de I+D en Economía de la Salud: “Un 62% de la población tuvo problemas de sueño significativos durante el confinamiento” (casi la mitad de este porcentaje necesitaron medicación para poder dormir). En la actualidad, esta cifra habría descendido pero todavía rondaría el 40%, un dato que sigue siendo relevante.

Esta problemática se vinculó con el miedo y la ansiedad ante la situación excepcional que causó la Covid, pero ahora, además se mantiene por la recesión económica y la crisis social en la que nos vemos inmersos.

Ya sabíamos que ciertas crisis o traumas, como los desastres naturales o ataques terroristas, desembocan irremediablemente en un insomnio importante en el corto plazo. Sin embargo, los expertos afirman que el impacto global y el carácter prolongado sin precedentes de la pandemia amenazan con expandir la tasa de insomnio crónico, el cual es mucho más difícil de tratar.

Según el director del Centro de Investigación del Sueño en la Universidad de Quebec: “El insomnio no es un problema simple ni benigno. El impacto que tiene el insomnio en la calidad de vida es enorme”.

No es ninguna sorpresa. Nuestro sueño es reflejo de nuestro día y es normal que éste se encuentre en un estado de afectación muy alto, depende también de cómo estemos viviendo ahora la situación, pero es importante observar y controlar este problema, y buscar ayuda profesional si reconocemos que está limitando nuestra vida y nuestra salud. 

El futuro es incierto y el fin del crisis imprevisible, de este modo, el sueño se convierte en un centinela, una señal de que las cosas están mal en nuestro entorno y en el mundo.

La falta de sueño reduce la capacidad de reconocer rostros

police-img_4105Si bien estudios anteriores ya habían demostrado que la falta de sueño conlleva un deterioro en el recuerdo de las caras, no se había probado hasta ahora si dormir poco perjudica de igual modo el rendimiento en las tareas de identificación de rostros, capacidad en la que no interviene la memoria de reconocimiento. Estos hallazgos pueden tener importantes implicaciones para el personal de seguridad y la policía, cuyos miembros se ven a menudo sujetos al trabajo por turnos, afirman los autores del nuevo estudio.

En ciertos empleos, la identificación de rostros desconocidos, ya sea a través de una imagen por el circuito cerrado de televisión, de una ficha policial o de una fotografía del pasaporte de un viajero, forma parte de la rutina. Pero esta tarea no siempre resulta exitosa.

Investigadores de las universidades de Nueva Gales y Glasgow han revelado que la falta de sueño reduce la capacidad de comparar rostros que se nos muestran por primera vez y de forma simultánea. No solo eso, quien duerme mal se cree más seguro de su decisión, aunque sea errónea.

El experimento: Los autores del estudio pidieron a una serie de sujetos con trastornos del sueño (insomnio, entre ellos) y a individuos sin problemas para dormir (grupo de control) que respondieran el test de reconocimiento facial de Glasgow; este consiste en identificar dos caras que se muestran a la vez. Los participantes compararon un total de 40 pares de rostros que aparecían en una pantalla de ordenador. La mitad de las parejas de imágenes presentaban a la misma persona en dos fotografías con una perspectiva algo diferente; las otras 20 correspondían a pares de caras muy parecidas, aunque de personas distintas.

Tal y como hipotetizaban los investigadores, los sujetos con problemas de sueño puntuaron de media peor que los miembros del grupo de control. Además constataron un dato curioso: en las decisiones acertadas los participantes de ambos grupos se mostraban igual de seguros, pero en las respuestas erróneas los insomnes insistían más en que su contestación era correcta.

En un segundo experimento, los participantes debían llevar un diario personal del sueño y volver al laboratorio al cabo de tres noches. Esta vez se distribuyó a los sujetos en dos grupos: los que habían dormido como máximo 6,5 horas en las últimas tres noches y aquellos que habían descansado durante más horas. Los investigadores constataron de nuevo que las personas que habían dormido menos obtenían peores resultados en la prueba de comparación de rostros, a pesar de que podían tomarse todo el tiempo que quisieran para responder. También se mostraron igual de convencidos de sus decisiones que los sujetos de control.

«Resulta desconcertante que personas que duermen mal no se muestren menos seguras de sus decisiones, a pesar de que un peor descanso se asocia con una menor tasa de aciertos», afirma David White, uno de los autores del proyecto.

[P.D. Mañana sábado estaré en el programa de televisión ‘Audiencia Abierta‘ de tve, a las 13.30 horas, analizando la evolución del lenguaje corporal del Rey Felipe VI desde el 20-D hasta la formación de gobierno. Gracias a tod@s]

Fuente: InvestigaciónyCiencia.