Archivo de octubre, 2020

Síndrome de boreout: otra posible consecuencia de la pandemia

Has leído bien ‘boreout‘. Todos conocíamos ya el famoso síndrome de ‘burnout’ (estar quemados en el trabajo) pero este nuevo concepto es precisamente todo lo contrario, no por ello menos frecuente y más ahora, con el teletrabajo y en tiempos de pandemia.

Fotografía CC0 Dominio publico. Pxhere

Fotografía CC0 Dominio publico. Pxhere

El síndrome de boreout se describe como una situación de permanente aburrimiento y desmotivación en el trabajo que también es capaz de desencadenar problemas de salud mental, como la ansiedad, el estrés o sintomatología depresiva.

Podemos pensar que el estrés y la ansiedad solo surgen cuando las demandas y estímulos externos son constantes y urgentes y debemos responder rápidamente a numerosas peticiones, sin embargo, la ansiedad y el estrés emergen tanto por exceso como también por defecto de actividad, la falta de demanda del exterior, la monotonía y una inacción permanente en tu puesto de trabajo también puede asumirse como un suplicio y provocar efectos similares al burnout.

En el boreout te inunda una constante sensación de infravolaración y falta de realización que puede empujarte también a abandonar tu puesto. Según un estudio de la Universidad de Lancashire (Inglaterra), las personas aburridas tienen un desempeño laboral precario y comenten muchos más errores en sus tareas diarias.

Es importante aclarar que el aburrimiento y la desidia pasajera o puntual en el trabajo es normal, incluso sano, ya que significa que simplemente puedes tener un mal día o que tienes ganas de disfrutar de tu familia o tu vida personal fuera de la jornada. De lo que hablamos es de un estado cronificado de un sentimiento de inutilidad, ansiedad, tristeza, desgana, etc que te afecta y te limita ya en todos los ámbitos de tu vida.

Te influye en tu rutina diaria, lo pagas con tu pareja y familiares, ya no tienes ganas de hacer nada tampoco fuera del trabajo, no comes ni duermes bien y adoptas una actitud pasiva en tu vida general.

En muchas ocasiones, la parte más positiva de esta monotonía laboral era la de salir de casa, arreglarte para la oficina, socializar con tus compañeros, el descanso para el café, algunas agradables charlas, reuniones y comidas. El virus también nos ha arrebatado nuestra vida social en el trabajo, aquella que nos hacía más llevadera la labor y que amenizaba nuestras jornada.

Solo cabe tener en mente que esta situación es temporal y recuperaremos nuestra bendita monotonía habitual 🙂

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“Llevar mascarilla nos hace más guapos”, ¿por qué? la ciencia responde

El coronavirus ha cambiado profundamente la interacción humana. Es cierto que la mirada siempre ha sido importante para percibir a una persona como atractiva, también la altura, la complexión…

Fotografía de Wikipedia - Girl in mask

Fotografía de Wikipedia – Girl in mask

Pero ahora, desde que la pandemia llegó a nuestras vidas es la única info de la que disponemos para juzgar el físico de los demás, pero ¿cómo es posible que una mascarilla nos favorezca?

La respuesta no es ningún misterio para la psicología si nos basamos en uno de los principios más básicos de las teorías de la percepción: la mente siempre rellena los huecos que no ve. Lo hace con figuras incompletas, también con los rostros.

La mente siempre completa una imagen porque necesitamos darle un sentido a cualquier cosa que tengamos delante y si no nos lo dan, nos la inventamos. Concretamente, en lo que se refiere a la percepción de las personas, entran en juego las leyes de la Gestaltcuando rellenamos la mente atribuye la mejor forma posible a esa percepción.

Si veo a un chico alto, moreno, de ojos verdes, le voy a presuponer de inmediato una dentadura blanca y perfecta, un rostro simétrico y unos labios carnosos, por ejemplo.

Es decir, le atribuimos unas facciones en las que prima una agradable mesura, aunque quizás en realidad sea todo lo contrario, ¡porque una cosa no quita la otra! Pero así funcionamos.

Centrándose en el contexto actual y para corroborar estas teorías de la percepción, investigadores de la Universidad de Pensilvania (EE UU) dispusieron a una muestra de 500 personas a evaluar el atractivo de una serie de congéneres en fotos con y sin mascarillas:

Los rostros cubiertos con mascarillas quirúrgicas pueden ser juzgados como más atractivos que aquellos que no lo están”, han concluido en sus resultados, publicados hace un par de meses con el título de ‘Beauty and the mask.

El documento incluye algunas de las fotos evaluadas; en el caso de una chica, la opinión sobre su belleza mejoró hasta en un 71% cuando apareció con la mascarilla puesta.

“Se demuestra que el parámetro que seguimos para tachar de belleza o no a una persona es la simetría facial: a los rostros más simétricos los consideramos más hermosos. La mascarilla, al ocultar las posibles asimetrías (en nariz, dientes, boca, mentón), hace que ese rostro nos parezca, por así decirlo, menos imperfecto de lo que en realidad podría ser“.

No todo iba a ser malo ¿no?, la mascarilla te protege, salva vidas y te hace más guap@ 🙂

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El intenso rechazo y desprecio de Casado a Abascal en la moción de censura #ComunicacionNoVerbal

El discurso de Pablo Casado era uno de los más esperados en la moción de censura iniciada por Vox. Después de sus palabras ya no cabe duda sobre su posición, lo que no sé si se esperaban en las quinielas eran las palabras tan brutales que le ha dirigido directamente a Santiago Abascal, y éstas han estado acompañadas por un lenguaje corporal igual de recio e intenso.

Fotografía EFE / Mariscal

Fotografía EFE / Mariscal

A los pocos minutos de iniciar su turno en el atril ya ha dibujado en su rostro dos emociones muy significativas y elocuentes hacia el líder de Vox: asco y desprecio. Descritas con el pliegue nasolabial mientras se dirigía a él y por la elevación unilateral de las comisuras labiales.

Dos gestos que significan un profundo rechazo y superioridad moral e intelectual hacia a quien va destinado. No solo ha expresado estas emociones en este momento, a continuación las repitió una decena de veces, siempre enfocadas en Abascal.

Su tono ha sido bronco y vehemente, utilizando silencios para enfatizar sus duras palabras, las pronunciaba con convicción, sintiendo cada una de ellas y se hacía palpable que se regodeaba en su crítica, paladeaba cada reproche.

El momento no verbal más intenso ha sido cuando planteaba si Abascal estaría capacitado para gobernar, autoresponde de forma muy dura y tajante: “La respuesta es NO”.

Ese NO retumbó pausado pero con voz muy alta en la cámara, con mirada directa al líder de Vox y acompañado de un silencio antes y después de ese “NO”. Sin duda la palabra protagonista de toda su intervención.

Otro momento interesante se produce cuando Casado le reprocha que esta moción de censura solo reforzará a Sánchez, en ese mismo instante la cámara se centra en Pedro Sánchez, a quien se le puede intuir una sonrisa bajo la mascarilla que intenta ocultar cabizbajo pero que a su vez no puede evitar, parece que reconociendo y disfrutando la negación de Casado.

¿Mentimos más y mejor con mascarilla?

Parece que las mascarillas han llegado para quedarse, al menos hasta que tengamos el remedio definitivo contra el virus. Este nuevo elemento sobre el rostro ha cambiado por completo nuestra forma de comunicarnos, ahora las sonrisas solo se ven en la mirada y nos cuesta detectar expresiones emocionales tan reveladoras como el asco o el desprecio, que solo se aprecian en la zona media y tercio inferior de la cara.

Fotografía de uso libre Pixabay License

Fotografía de uso libre Pixabay License

No hay fórmula infalible para detectar a un mentiroso observando las expresiones de su rostro, pero sí que ciertas emociones nos daban pista de algún signo de tensión, incomodidad, falsa sonrisa, o de la fuga de alguna expresión contraria al mensaje verbal que se pronunciaba.

Ahora sabemos que tenemos una pantalla que nos ‘protege’ de estas filtraciones no verbales y por tanto nos es más sencillo ocultar ciertos pensamientos o sentimientos internos. Podríamos decir que sí, que nos es más fácil mentir.

Mentir es una acción complicada, necesitamos recursos multitarea para inhibir la verdad, inventar otra versión, controlar lo que decimos y lo que hacemos con nuestro cuerpo y además intentar adivinar si la otra persona nos está creyendo analizando su reacción… Ahora, tenemos un elemento menos que controlar, las emociones en nuestro rostro están protegidas y podemos centrar más energía en controlar la parte cognitiva, por ejemplo.

El uso de la mascarilla nos hace sentir más seguridad a la hora de engañar, sabemos que ahora tenemos un elemento que tapa los gestos de nuestro rostro que no pensamos, los que salen de forma natural en las caras que mienten.

La pregunta entonces es: ¿cómo podemos fiarnos de alguien en estas condiciones? Muchos dirán que mirando a los ojos. La neuropsicóloga Judy Ho advierte que “Hay una creencia natural en nosotros al pensar que todo está en los ojos, sin embargo, cuando alguien baja o aparta la mirada, por ejemplo, no quiere decir que necesariamente esté mintiendo, sino que podría significar que no se siente del todo cómodo. Hay muchas emociones en juego cuando alguien aparta la mirada”.

No solo debemos fiarnos de la comunicación no verbal en el rostro como indicador para detectar mentiras. La palabra clave para averiguar un engaño es: cambios. Si estamos ante un total desconocido, nos resultará muy complicado localizar sus mentiras porque no tenemos referencias anteriores sobre la forma de comportarse de esa persona.

Pero si estamos ante alguien a quien conocemos bien, tenemos que fiarnos de nuestra capacidad para evidenciar que no está actuando como siempre, que ante una determinada pregunta se altera su estilo de comunicación de repente. No podremos saber si nos engaña directamente, pero los cambios en su conducta habitual ya nos dará pistas sobre si hay tensión, evasivas, incomodidad, etc, en una situación específica.

Lo tenemos más difícil pero no es imposible! 🙂

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‘Paltering’: una nueva forma de engaño

El límite entre la sinceridad y el engaño parece que se vuelve cada vez más difuso, tras unas investigaciones de la Universidad de Harvard, se ha originado un nuevo concepto que advierte aún más de la confusión entre los límites de la verdad y la mentira. Y es que ‘paltering‘ se define como: el uso activo de declaraciones veraces para influir en las creencias de un objetivo dando una impresión falsa o distorsionada.

Fotografía de Wikimedia Commons

Fotografía de Wikimedia Commons

Es decir, mentir diciendo una verdad. Parece una acción compleja pero es un acto bien sencillo y que todos utilizamos frecuentemente, un ejemplo muy básico: Le preguntas a tu hijo adolescente si ha terminado los deberes, y te responde que ha hecho una redacción sobre William Shakespeare para su clase de inglés.

Puede ser cierto, pero no te ha respondido a tu pregunta. Quizás la escribió la semana pasada y no ha realizado las tareas de hoy, o quizás de 4 tareas solo ha realizado la redacción.

Pero el caso que despertó la inquietud de los investigadores de Harvard fueron los discursos políticos; analizando con qué frecuencia los políticos esquivan las preguntas durante los debates, se dieron cuenta de que pasaba algo más. Al contar otro hecho veraz, eran capaces de esquivar con éxito una pregunta directa. Así que se propusieron profundizar en este comportamiento.

Descubrieron que el paltering era una táctica extremadamente común política y en negociación. Más de la mitad de los 184 ejecutivos de negocios del estudio admitieron haberla empleado. Además, se demostró que las personas que recurren a esta técnica de paltering creen que es más éticamente aceptable que un simple engaño y que es muy complicado detectar un “hecho” falso cuando escuchamos algo que, a primera vista, suena verdadero.

El psicólogo Robert Feldman cree que esta práctica es realmente preocupante: “Cuando nos miente la gente que hay en el poder arruina nuestra confianza en las instituciones políticas. Hace que la gente desconfíe de sus motivaciones reales y de su propia identidad ideológica. No es ético y empeora nuestra democracia“.

 

*Referencias:

How To Deceive Others With Truthful Statements (It’s Called ‘Paltering,’ And It’s Risky)

El arte de mentir diciendo la verdad – IHODL

 

 

 

Libro: “Se hizo el silencio: las 22 claves psicológicas para entender la pandemia”

“Tuve sueños muy extraños durante el confinamiento, “¿por qué se está agotando el papel higiénico?”, “¿cómo le explico a mis hijos lo que está ocurriendo?, ¿seré capaz de mantener mi relación a distancia?”

Estas fueron algunas de vuestras preguntas durante el estado de alarma, aún a día de hoy me siguen llegando inquietudes respecto a las cuestiones más psicológicas de la pandemia. Porque ciertamente la enfermedad es muy grave y preocupante, pero también lo es la huella psicológica que esta crisis está dejando en todos nosotros.

Alicia Martos, autora de l libro: "Se hizo el silencio". Fotografía: Jorge París.

Alicia Martos, autora del libro: “Se hizo el silencio”. Fotografía: Jorge París.

Hemos vivido con miedo y con mucha incertidumbre la llegada del virus, pasamos por un aislamiento inimaginable, algunos han perdido a sus seres queridos sin poder si quiera despedirse, ni iniciar su duelo con un funeral, otros han perdido su trabajo, o cerrado sus empresas, o han experimentado una ansiedad desconocida hasta ahora… y qué decir sobre lo que han sufrido nuestros sanitarios y demás personal de necesidad durante la emergencia sanitaria.

La dichosa COVID-19 ha transformado nuestro mundo tal y como lo conocíamos, nuestros planes, deseos, prioridades, necesidades… ahora se han convertido en otros muy distintos. Vivimos una nueva realidad sin abrazos, con desconfianza hacia los demás, con un bombardeo continuo de bulos en redes sociales y tratando de gestionar unas emociones muy distintas a las de la etapa pre-coronavirus.

En este libro descubrirás una nueva psicología.

Se hizo el silencio se presenta como un sencillo manual que analiza el impacto psicológico de la pandemia, que explica los nuevos perfiles e insólitos comportamientos que se han sucedido durante este periodo revolucionario y que, por supuesto, no olvida ofrecer estrategias de afrontamiento y de reconstrucción mental para poder adaptarnos (lo mejor que podamos) a estos nuevos tiempos.

 

La comunicación no verbal de la infidelidad: ‘La Isla de las Tentaciones’ (Tom y Melyssa)

La comunicación no verbal ofrece muchos indicios visibles sobre una infidelidad, otra cosa es que queramos asumirlas o no. Me llamó mucho la atención la percepción de Melyssa desde el principio al ver las imágenes de su pareja Tom, vio secuencias mucho más subidas de tono con Luzma (lametón de cuello incluido), sin embargo la pareja de Tom lo tuvo claro enseguida, “el peligro lo veo con Sandra”.

¿Por qué su intuición apuntaba a esa chica con una relación más ‘inocente’ con Tom?

No es magia, según los resultados de la investigación llevada a cabo por el psicólogo Nathaniel Lambert, y su equipo en la Universidad de Brigham, “los seres humanos tenemos la capacidad de realizar juicios muy precisos sobre otros viendo sólo un breve ejemplo de su comportamiento (sobre todo, si ya conocemos a esa persona previamente). En vídeos de cinco minutos podemos evaluar ciertas pistas verbales o visuales que ya apuntan a una cierta ambivalencia y/o falta de credibilidad”.

Seguramente Melyssa no supo ponerle nombre a aquella intuición inicial, pero ésta no proviene más que del rápido y acertado análisis que hizo sobre el sutil comportamiento no verbal de Tom, en el que observó las miradas, el trato, su tono de voz, la vigilancia hacia a ella y ciertas actitudes de afecto más profundo con Sandra que con Luzma. No se equivocó.

Anoche culminó la infidelidad, aunque la deslealtad ya comenzara mucho antes y su lenguaje corporal le delatara desde el principio ante los ojos de la atenta Melyssa. ¿La reacción de Tom? Tremendamente egoísta e inmadura. Destaca su deseo de ver que Melyssa también le había traicionado en la otra casa, era su única esperanza para tratar de desprenderse de la culpa.

Una actitud que demuestra una carencia absoluta de gestión emocional y de empatía por los demás (más si cabe por la persona a la que supuestamente amabas). No quiere enfrentarse a sus actos ni responsabilizarse de lo que él sabe perfectamente que es un comportamiento más que reprobable, solo quiere centrarse en sus impulsos y que el sufrimiento de Melyssa ‘no le moleste’ en su nueva etapa.

 

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¿Eres un buen mentiroso? Descúbrelo en 5 segundos con la prueba de la Q

Cuánto nos inquieta la mentira en nuestro mundo y a la vez cuán necesaria es… Pero no podemos evitarlo, necesitamos mentir a menudo (normalmente con buenas intenciones) y a la vez deseamos fervientemente intentar descubrir si nos engañan o no.

Fotografía con Licencia Creative Commons

Fotografía con Licencia Creative Commons

Cada vez hay más investigaciones sobre este apasionante campo y algunos experimentos son realmente sorprendentes. El famoso psicólogo inglés Richard Wiseman desarrolló una forma muy sencilla y que se ha demostrado bastante efectiva según la investigación realizada en la Universidad de Hertfordshire.

Antes de continuar leyendo este post, con el dedo índice de tu mano dominante, dibujate en la frente una letra ‘Q’ mayúscula.

¿Lo tienes?

Bien, pues Wiseman concluye que: “La forma más efectiva de descubrir a los maestros de la mentira consiste en separar a las personas en dos grandes grupos: Aquellos que se preocupan por cómo son percibidos por los demás y aquellos que no.

La pregunta es, ¿pusiste el palito de la Q sobre tu ojo derecho o izquierdo? O en otras palabras, ¿dibujaste la Q de manera que la lees tú o, por el contrario, la persona de enfrente?

Los resultados de este experimento indican que si pusiste el palito sobre tu ojo izquierdo o para que la persona de enfrente lo lea, tienes una marcada tendencia a pensar en cómo otras personas te perciben y, por tanto, deberías ser mejor mentiroso.

Pero si la dibujas para ti, ves el mundo desde tu punto de vista, tu comportamiento está más determinado por tus valores que por lo que necesitan los demás y tendrás una comunicación más directa y con una tendencia mayor hacia la honestidad.

Quiero leer vuestros resultados por aqui! 🙂

La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz

El título del post de hoy corresponde con un acertado proverbio escocés. Hoy se celebra el Día Mundial de la Sonrisa, que por cierto, fue instaurado por el artista estadounidense Harvey Ball, creador de la popular Smiley Face, la carita amarilla representada con dos puntos negros como ojos y medio círculo dibujando una expresión de felicidad, precursor del ahora famoso emoji.

Fotografía CC0 Dominio publico

Fotografía CC0 Dominio publico

Sí, ya sé que puede que en este año de pandemia por coronavirus no tengamos muchos motivos para sonreír, pero quizás sea el año en el que más apreciemos una sonrisa, tanto propia como ajena y que además la urgen más que nunca.

Es obvio que cuando nos sentimos tristes o ansiosos tenemos una mayor dificultad para sonreír, pero la sonrisa no solo sirve para expresar felicidad, también comunica presencia, amabilidad, calidez, compasión, comprensión, cortesía, esperanza… Y todo ello es justo lo que necesitamos.

Sonreír genera un proceso concreto en tu cuerpo por el que tu cerebro interpreta que si estás sonriendo es porque debes sentirte bien de alguna manera, por lo tanto, automáticamente aumentan los niveles de endorfinas y provoca un optimismo real en ti mismo y en quien te observa.

Reír supone una recompensa individual y social, la sonrisa siempre deja huella, las investigaciones han demostrado que nuestras neuronas espejo desean y recuerdan a las personas que han sido amables con nosotros.

También revelan que con una sonrisa somos más capaces de influir en los demás, intenta que sea para bien. 🙂