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Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

Archivo de marzo, 2018

Los dos perfiles de personalidad que más mienten (según un estudio)

El interés por perfilar al mentiroso a través de características no verbales es una de las prioridades de los estudios socio-psicológicos del momento ¿Mienten más los hombres o las mujeres?, ¿las personas con menos recursos o todo lo contrario?, ¿las más cultas?, ¿los más jóvenes?

Todas estas preguntas hicieron que el psicólogo Arch Woodside y sus colaboradores de la Universidad australiana de Curtin, escogieran una muestra de, nada más y nada menos, 3.350 personas para corroborar si existe alguna ‘receta’ que determine qué patrón social poseen las personas qué más utilizan el engaño en su día a día.

Su propuesta inicial era que ciertas configuraciones (algoritmos de selección individual, socioeconómicos y factores sociales) son capaces de identificar a los grandes mentirosos. Los resultados fueron concluyentes con dos tipos de perfiles:

El primero lo forman hombres solteros de nivel educativo bajopropensos a la conducta antisocial, sin propiedades (viven de alquiler) ni hijos. Según el autor de la investigación: “Un hombre joven con poca educación no es suficiente para determinar directamente que sea un gran mentiroso. Pero un hombre joven con poca educación que muestra un comportamiento antisocial, como, por ejemplo, la ira en la carretera (conductor agresivo), bueno, sí que podemos estar más seguros “.

El segundo grupo lo integran mujeres jóvenes casadas, con elevados ingresos, de carácter fuerte e irascible y propietarias de su vivienda. Woodside especula que puede correlacionarse con el grupo de mujeres que solo se casan por dinero, aunque aún no ha demostrado esta hipótesis. (Qué horror, por cierto).

El caso es que parece que el estudio relaciona directamente la mentira con una personalidad tendente a la agresividad y a la emoción de ira. ¿Las personas que puntúan alto en índices de agresividad mentirían más? Esta es la segunda hipótesis que se plantea el grupo de investigadores para una nueva fase experimental.

 

¿Sabrías detectar si una persona está enferma por su rostro?

Fotografía que forma parte del estudio. Instituto Karolinska

En la imagen aparece el rostro de una misma persona tomada en dos momentos diferentes, en una está enfermo y en la otra está sano. ¿Serías capaz de detectar qué foto corresponde con enfermedad/salud?

Muchas veces habréis escuchado la frase de “¿qué te pasa?… tienes mala cara…” Pura comunicación no verbal. Parece que tenemos un sexto sentido para detectar la enferemedad en otros y esto tendría sentido, pues sería un mecanismo de defensa muy eficaz en la superviviencia del ser humano. Perros, abejas, palomas o ratones son algunos de los animales que pueden detectar las patologías no solo en otros animales sino en los seres humanos.

Un reciente estudio revolucionario ha demostrado que este ‘sexto sentido’ existe. Un equipo de investigadores del Instituto Karolinska, adscrito a la Universidad de Medicina en Suecia, ha demostrado la hipótesis de que realmente podemos reconocer la enfermedad en las caras de los demás. El artículo se ha publicado este año en la revista The Royal Society, en el cuál se detalla el procedimiento de este revelador trabajo experimental sin precedentes.

El equipo de neurocientíficos y psicólogos inyectaron a 16 personas (8 hombres y 8 mujeres de raza blanca) una especie de placebo, un tipo de lipopolisacárido que desencadena una respuesta inflamatoria en el cuerpo similar a la que se produce al enfermar. Los participantes se sentían realmente mal  porque su sistema inmune se activa pero sin estar enfermos realmente. Los autores del experimento realizaron fotografías a los voluntarios durante el proceso y tras la solución.

A continuación, expusieron las fotografías a una muestra de 60 personas para que evaluaran qué rostro era el enfermo y cuál era el rostro sano, además tenían que especificar qué señales de esas caras les hacían pensar que había patología o no. “El cambio de color de la piel parecía ser la señal más decisiva”- aseguran los autores. Uno de los rasgos más predictivos resultó ser la palidez del rostro y de los labios, también los párpados y la boca caídos, ojos enrojecidos y la coloración de la parte inferior del ojo (ojeras).

El nivel de acierto fue significativamente superior al del azar, este porcentaje aún se incrementaba más cuando la persona a la que se debe juzcar era un familiar o conocido. Tiene sentido, ya que entonces podemos comparar el rostro de la enfermedad con la línea base del rostro en un estado sano.

El grupo de investigación se plantea ahora realizar un nuevo experimento con una muestra formada por personal médico-sanitario para corroborar si éstos están más entrenados y tendrían una capacidad mayor que el resto de la población para detecctar la enfermedad en el rostro de las personas.

Tras las pistas habréis adivinado que la fotografía de la izquierda corresponde con la enfermedad, ya que la palidez es generalizada en rostro y labios y los párpados están más caídos, al igual que las comisuras de los labios.

*Referencia: Identification of acutely sick people and facial cues of sickness (Proceedings of the Royal Society B)

6 palabras que los mentirosos suelen usar

También las palabras que elegimos comunican, perfilan la personalidad, dan cuenta de nuestro estado de ánimo y hasta pueden desvelar nuestras intenciones más ocultas con nuestro interlocutor, como por ejemplo la mentira. Esto tiene sentido, no nos vamos a comunicar igual cuando acudimos a nuestra memoria para contar algo que ha ocurrido en realidad que cuando recurrimos a la imaginación para inventar una historia.

Una experta en comunicación no verbal y detección de la mentira Janine Driver realiza una compilación en su libro ‘You Can’t Lie to Me’ (No puedes mentirme) de las palabras críticas que más se utilizan en una conversación donde reina el engaño.

1. “Nunca”

La experta señala que es preocupante cuando alguien dice “Nunca” en lugar de “No”. Por ejemplo, si le preguntas ¿Tú hiciste esto? y responde “Yo NUNCA haría eso” en lugar de decir simplemente “No” o “No lo hice”, es indicio de una potencial mentira. Realmente atañe al uso de generalizadores en el discurso, por tanto en las personas que no están siendo del todo sinceras podemos identificar un mayor uso de palabras que implican generalidad: “Todo”, “ninguno”, “nunca”, “cada uno”, “siempre”, etc.

2. “Eso”

La persona con intención de engañar suele agregar “eso” o “esa” a cualquier sustantivo. Según la autora, “éste es un truco común de los manipuladores”, asegura Driver. Se utiliza para el distanciamiento del hecho: También intentarán quitar importancia a la falta cometida. Evitan, así, usar palabras duras o emotivas, tales como, “robo” o“asesinato” y sustituyen los hechos por adjetivos y expresiones suaves como “suceso”, “lo que pasó” o “eso”.

3. “Por cierto …”

Los mentirosos utilizan frases como éstas para minimizar lo que dirán a continuación, que en realidad aludirá al hecho crítico que pretenden ocultar. Cuando esto se produzca, presta atención a lo que se dice tras el “por cierto”. Por ejemplo: “Anoche salí con mis amigos… y por cierto, me encontré a María y estuve charlando un poco con ella”.

4. “Pero”

Ya lo hemos comentado en este blog, los mentirosos suelen tratar de restar importancia a lo que dicen con esta palabra, es un efecto muy similar al anterior, hay que poner la alerta en una frase en la que aparezca este nexo, sobre todo en contenidos de alto impacto emocional, ya que realmente  es una conjunción adversativa que implica una contraposición entre dos oraciones. El que seguramente más os venga a la cabeza en este sentido sea el “Te quiero… pero…”

5. “¿Por qué haría yo eso?”

(O dar la vuelta a la tortilla). Es una de las frases favoritas de los mentirosos, pues la usan para ganar un poco de tiempo para averiguar qué decir a continuación. Entre las variaciones están “¿Qué clase de persona crees que soy?”, “¿Me estás diciendo mentiroso?”, y “Yo sabía que esto me iba a pasar a mí”. Estos son algunos ejemplos que aparecen en el libro de Driver. Además, las personas que faltan a la verdad suelen repetir las preguntas que se les formulan, esto refuerza aún más el hecho de ganar tiempo para pensar antes de ofrecer una respuesta. Como decíamos al principio es más difícil inventar que recordar, implica recursos cognitivos mayores y el tiempo de respuesta tendrá mayor latencia.

6. “Abandoné” o “dejé”

La especialista dice que hay ocasiones en que debes usar estas palabras en una frase, pero es raro cuando alguien las utiliza cuando no corresponde. Por ejemplo, los mentirosos en lugar de decir “me fui a casa a las 6″, señalan “Dejé (o abandoné) el lugar a las 6″. Según ella, esto podría dar indicios de un deseo de “dejar” el engaño atrás.

La teoría sociológica de la autora debe tomarse con sentido común. Está claro que todas estas palabras están incluidas de forma habitual en nuestros discursos. Siempre hay que contextualizar cómo se producen y coordinarlas con la observación del comportamiento no verbal. Si se producen en un interrogatorio policial, en el que la persona debe explicar qué hizo la noche del hecho por el que se le acuse, son alarmas importantes. Simplemente indicios, no puede acusarse a alguien de su culpabilidad por pronunciar un “pero”, hay que cotejar este indicador con otros muchos para valorar la veracidad o no de un testimonio. Como siempre, sentido común. 🙂

Puedes completar la info de este post con los siguientes:

El lado oscuro de las palabras: once indicadores estratégicos de la mentira

Llamadas a emergencias en casos de homicidio. ¿Es el autor el que llama? Trece claves no verbales

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El lenguaje de los terroristas

¿Cómo identificar a un psicópata por su forma de hablar?

  • Referencia: You Can’t Lie to Me’ (No puedes mentirme) de Janine Driver

El escepticismo de Ángel Cruz hacia Ana Julia durante la búsqueda de Gabriel

Durante todos estos días, los analistas hemos puesto más el foco en el comportamiento de Ana Julia Quezada que en el resto de la familia de Gabriel. Al final lo que pretendemos es desvelar lo que el lenguaje corporal nos enseña cuando reprimimos la verdad, la realidad de nuestras emociones, en este caso, el auténtico mal. Sin embargo, es muy interesante para este fin no solo observar a la persona ‘protagonista’ de las acciones, sino también a la gente que está a su alrededor.

Mi compañero de profesión, gran analista de comunicación no verbal, Francisco Campos Maya, ha detectado una microexpresión sorprendente en el padre de Gabriel en el momento en el que el periodista le pregunta a su pareja Ana Julia Quezada por la ‘casualidad’ de que ella fuera quien encontrara la camiseta. En el instante en el que ella manifiesta “es extraño pero da igual” se puede observar en el rostro de Ángel Cruz una microexpresión de escepticismo. Dado lo sensible del tema, he cotejado este vídeo con compañeros psicólogos y con analistas del ámbito policial, efectivamente hay consenso en señalar lo acertado de la detección de este microgesto facial.

Parece ser que el padre de Gabriel tenía visos de duda y sospecha hacia este hecho tan insolito que rodeó a la aparición de la camiseta. En un momento de fuerte impacto emocional los afectos internos salen a relucir al exterior en forma de microexpresiones, son movimientos automáticos e involuntarios de los músculos de la cara, en momentos especialmente emotivos y que estén relacionados con una situación que pueda provocarnos ansiedad; ya sea por motivos positivos o negativos.

La expresión facial de duda es una emoción secundaria o social que se describe según el contexto de diferentes formas, una de ellas es con la elevación unilateral de la ceja. Este movimiento puede aparecer cuando queremos acentuar una idea o cuando queremos demostrar nuestras dudas sobre algo (Escepticismo Sofisticado en palabras de Paul Ekman). Además, hay que considerar que Ángel orienta el rostro alejándose de la conversación.

Análisis no verbal: Ana Julia Quezada

Ana Julia Quezada durante la búsqueda del pequeño Gabriel. EFE/Carlos Barba

Hoy escribo con profunda tristeza uno de los análisis más duros a los que me he tenido que enfrentar. Sois muchos los que me escribisteis ayer pidiéndome que abordara el tema, que dijera algo que hubiera dado pista de la maldad oculta. También vi reproches a mis compañeros analistas diciendo que a “toro pasado” todo es muy fácil. Hay que entender que nosotros vemos ciertas expresiones o patrones de conducta que ya desde el inicio nos resultan incongruentes pero no podemos publicarlo y condenar a nadie por ello. Dentro de los cuerpos de seguridad del estado ya hay profesionales que hacen su trabajo en este sentido, su criterio es el que importa y el que es realmente útil para la investigación.

Dicho esto, en el caso de Ana Julia Quezada eran muchos los patrones de comportamiento incongruentes con la situación por la que estaba pasando. En primer lugar, uno de los indicadores que más nos llamaba la atención era su incapacidad para expresar la emoción completa de tristeza, ésta es una de las emociones primarias, genéticas y con una codificación facial específica difícil de simular, ya que el dibujo facial de la tristeza es una triangulación perfecta y significativa de las cejas. Vemos un claro ejemplo de este profundo sentimiento en el rostro de la madre del pequeño Gabriel y la comparación entre ambos fotogramas es bastante impactante. Podéis ver la diferencia en el siguiente vídeo, explicado por mi compañero José Luis Martín Ovejero.

Durante estos días he podido ver con detenimiento todas las apariciones de Ana Julia y en prácticamente todas sus intervenciones los gestos con su novio son más propios del control, la dominancia y la posesión que del consuelo. Resulta demasiado agresiva al contacto, constantemente le sujeta, le agarra, le abraza delante de las cámaras, he visto como hasta le viste y le sube la cremallera de la chaqueta, parece que su control sobre él es absoluto y continuo.

Hay expertos que también han detectado una sudoración y sequedad de la boca excesivos asociándolo al nerviosismo que realmente experimentaba. Puede ser, pero el problema de todo es que no tenemos la línea base de ella para poder defenderlo con rotundidad, pudiera ser que sea una persona que siempre suda más de lo normal.

Para mí, lo más revelador de todo lo que he podido ver está en unas declaraciones concretas a un periodista que le pregunta por ‘la casualidad’ de que Ana Julia encontrara la camiseta, a lo que ella responde “es extraño pero da igual, lo importante es que aparezca Gabriel” y desvía la mirada con una microexpresión de ira y profundo recelo hacia el periodista. Ese detalle tan importante no puede “dar igual” si realmente te importa y estás comprometido con el esclarecimiento del caso quieres profundizar sobre ello y no restarle importancia, minimizar el hecho, ni responder con evasivas para desviar la atención.

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Las mujeres no son más mentirosas que los hombres #Ciencia

Ese es el titular que me encontré ayer en la portada de 20 minutos en palabras de Leticia Dolera. Me impactó y me impulsó a investigar sobre el tema para poder hablar con propiedad. Efectivamente, hay estudios científicos al respecto que corroboran tal afirmación y desmitifican la imagen de la mujer manipuladora y la mejor mentirosa, pero también hay lo contrario.

Según algunos estudios: “las mujeres están menos dispuestas a mentir para obtener un privilegio fiscal, son más favorables a que se usen los fondos públicos para paliar la pobreza”, manifestándose “aún más contrarias que los hombres a que el sistema fiscal favorezca a las personas con más recursos”. El 30,8 % de las mujeres opina que el pago de impuestos es más una obligación legal que un deber cívico, frente al 23,3 % de los hombres, y con respecto al fraude fiscal “presentan 2,6 puntos porcentuales más de rechazo que los hombres”, recalca el Instituto de la Mujer en su nota informativa, basándose en una investigación de la Universidad de Murcia.

Una investigación a cargo del Museo de Ciencia de Londres reveló trás encuestar a un grupo de hombres y mujeres, que ellos mienten más y que además experimentan menos la emoción de culpa por ello. De los encuestados, tan solo 10% reconoció haberle mentido a su pareja. Además, el estudio reveló que definitivamente las mujeres tienden a sentir mayor culpa cuando no son sinceras ya que el 82% afirma que le remuerde la conciencia hacerlo, porcentaje que cae al 70% en los hombres.

Tres mil fueron las personas que se sometieron al estudio, dando como resultado que el británico común cuenta unas tres mentiras al día y en un año la suma de ellas alcanza las 1.092. En cambio la mujer promedio en el Reino Unido es más honesta, ya que tan sólo miente dos veces cada día registrando al año 728 mentiras. La investigación arrojó entre otros datos que a quien más mienten ellos es a la madre. Un 25% de los hombres reconoció haberle mentido a la suya, mientras que en el caso de las mujeres la cifra es de un 20%.

En definitiva, encontraremos estudios en un sentido y en otro, hay investigaciones que según su muestra las mujeres son más mentirosas y otras en las que los hombres ganan en el arte del engaño. Lo que me hace deducir que mentir es humano, que además de una habilidad es una necesidad, que no hay que criminalizar al mentiroso (o a la mentirosa) porque TODOS Y TODAS lo hacemos en mayor o menor medida con más o menos sentido, mejor o peor… No es una cuestión de genéro (como casi todo en la vida) sino de personalidad, educación, experiencias, circunstancias, etc…

 

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La fórmula para ganarse la confianza de alguien rápidamente

Los psicólogos son los profesionales que más necesitan de estrategias y habilidades para ganarse la confianza de sus pacientes y poder trabajar de una forma eficaz desde el principio, pero conectar con alguien no solo es útil en este contexto, también en los negocios, en una entrevista, en cualquier situación donde tengamos que afianzar la seguridad de una relación en pocos minutos.

Existe un concepto erróneo sobre la confianza, y es que solo pueda construirse gradualmente, que la única persona a la que le revelarías información personal es un amigo o familiar cercano que hayas conocido desde hace años. Pero los psicólogos y psiquiatras afirman que existe una fórmula para ganarse la confianza de alguien más rápidamente: La clave está en alcanzar un equilibrio entre calidez y competencia, de manera que te veas creíble y a la vez humano.

Para ilustrar cómo funciona esta teoría en el mundo real, podemos tomar el ejemplo de los psiquiatras, cuyo trabajo es lograr que sus pacientes se abran y compartan sus ansiedades e inseguridades más profundas. Una historia así es reseñada en el libro “Amigo y enemigo” de Adam Galinsky y Maurice Schweitzer: un psiquiatra emplea una de estas tres tácticas cuando tiene un paciente nuevo: o bien deja caer un lápiz, cuenta un chiste malo o derrama su café.

Aparentemente, sus pacientes ya estaban impresionados por sus diplomas colgados en la pared, lo cual era una señal ya de su credibilidad.  Entonces llegaba el momento de demostrar un poco de vulnerabilidad y demostrar que en realidad era un ser humano como cualquier otro. Y esa combinación de competencia y calidez es la que, en suma, le hacían ser visto como más confiable.

Lo mejor de todo es que esta técnica también tiene su aplicación en los negocios. Los autores citan un ejemplo de un ingeniero americano que trabajaba en una compañía en Japón. El ingeniero estaba molesto porque continuamente era etiquetado como “visitante” en las minutas de las reuniones. Pero después de compartir una noche de karaoke con sus colegas japoneses comenzaron a listarlo como uno de ellos. 

Lo que debemos aprender de estos ejemplos es que las personas altamente competentes pueden demostrarse más accesibles y confiables simplemente mostrándose vulnerables, humanas e incluso torpes. Según los autores, lo importante es que demuestres tu credibilidad antes de demostrar vulnerabilidad; de otra manera la fórmula no funcionará. Y por supuesto, hay que utilizar el sentido común, no debes demostrar una aparente vulnerabilidad que interfiera con tu competencia. Por ejemplo, ¡un cirujano no debería simular que deja caer un bolígrafo para parecer torpe!

Como conclusión: Si quieres que las personas confíen en ti, primero impresiónalos con tu conocimiento y capacidad, pero ten en cuenta demostrarles que eres un ser humano exactamente igual que ellos.

 

 

*Referencia: Knesix Institute

El efecto del contacto visual durante 4 minutos

La teoría del contacto visual ininterrumpido en 4 minutos tiene más de 20 años. Fue propuesta por el psicólogo Arthur Aron, quien demostró que mirar a un desconocido durante 4 minutos fijamente aumenta la intimidad entre ambos, nace un sentimiento de cercanía y conexión. Demostró que este ejercicio en este tiempo acercaban más a la gente que cualquier otra cosa.

El contacto visual es uno de los aspectos más importantes del lenguaje corporal. Las personas que miran a los ojos a su interlocutor son percibidas mucho más positivamente que las que no lo hacen. “La mirada es el espejo del alma”, y es que a través del contacto visual podemos enseñar a los demás cómo nos sentimos, tanto física como emocionalmente.

Miradas que expresan mucho más que las palabras. Comunicación no verbal que transmite tristeza, preocupación, rabia, angustia, incomprensión, dolor, frustración, cansancio, también alegría al conectar… muchos estados de ánimo y emociones.

En esta teoría se inspiró la ONG Amnistía Internacional en su emotivo spot. Europeos y refugiados cara a cara, con una única instrucción: mirarse a los ojos durante 4 minutos. El resultado ha sido hermoso…

 

Análisis No Verbal: Anna Gabriel y el gesto de sumisión (post ampliado)

La semana pasada analizamos el lenguaje corporal de Anna Gabriel en las declaraciones a los medios que ofreció desde Suiza (pincha aquí para leer el post). Nos centramos en analizar los patrones emocionales que desvelaran cuál era realmente su sentir ante la delicada situación, en este caso, destacaba por mucho la emoción de miedo.

Ahora he leído el análisis de mi colega de profesión José Manuel Petisco y me gustaría compartirlo con vosotros. Petisco es licenciado en psicología, profesor honorífico investigador por la UAH y experto en análisis facial, siempre es un acierto seguir sus análisis y conclusiones sobre comunicación no verbal. En el caso de Anna Gabriel se centra, además de en su apariencia, en un gesto que, según las últimas investigaciones, se asocia directamente con la afiliación, la solicitud de ayuda, la sumisión, cierto grado de victimismo y desprotección. 

Os dejo, además de un breve vídeo editado con sus comentarios, una segunda parte más amplia sobre su análisis y las base científica del trabajo realizado:

Está claro que Anna Gabriel es una mujer inteligente y sabe adoptar la apariencia que considera más adecuada para tratar de alcanzar sus objetivos. La apariencia es un canal de información no verbal muy potente que permite identificar a las personas y ella lo sabe.

Hasta ahora, a la exdiputada le ha interesado identificarse con determinada corriente política y social. Su sello de identidad ha sido vestir con esas camisetas con mensajes antisistema y lucir esos peinados y cortes de pelo “rompedores”. Pero, parece ser que ha llegado el momento de hacer como el camaleón y transformar su apariencia, probablemente porque su estrategia actual es tratar de empatizar con los ciudadanos y con las autoridades suizas. Al fin y al cabo, su futuro penal y laboral depende de ello. Su imagen pública ya no es tan coherente con las ideas que defiende, pero una cosa son las ideas y otra muy diferente la “supervivencia”.

Todos sabemos que mostrar una amplia sonrisa genera una reacción positiva en los demás. La utilizamos en múltiples situaciones sociales con la intención de ser amistosos, en otros casos como señal de apaciguamiento (por ejemplo cuando llegamos tarde a una reunión). La expresión facial en situaciones de alta activación puede mostrar emociones, pero en la mayoría de los casos está vinculada a la comunicación de intenciones, a motivos sociales. Para la Ecología del comportamiento, las conductas faciales de exhibición emocional son manifestaciones de la intencionalidad social (Fridlund, 1994). Según afirman Fernández-Dols y Crivelli (2013), diversos estudios naturalistas de tradición etológica han demostrado que las sonrisas, en lugar de ser explicadas como señales de emoción con un significado fijo, son mejor explicadas como conductas que satisfacen diversas funciones adaptativas y que tienen un valor referencial flexible.

Así, citan diversos trabajos que ponen de manifiesto múltiples funciones diferentes de la sonrisa: como una invitación sexual (Moore, 1985), en el marcado del estatus sociométrico (Cashdan, 1998), bromas ambivalentes (Keltner, Young, Heerey, Oeming y Monach, 1998), como expresión de afecto y aceptación -y unida al “flash de cejas” (elevación rápida de cejas) como invitación social (Eibl-Eibesfeldt, 1998)- o como mensajes de predisposiciones cooperativas para compartir recursos materiales (Mehu, Grammer y Dunbar, 2007).

Siguiendo la línea marcada por la Ecología de la conducta, en el caso de la entrevista ofrecida por Anna Gabriel a la cadena suiza RTS, su sonrisa cumpliría una función de expresión de afecto y aceptación, transmitiendo su deseo de ser amistosa, su disposición y deseo de afiliarse; lo que correlacionaría con su intención de residir en Suiza y retomar su carrera como profesora universitaria (intenciones laborales y, si fuera necesario, de asilo político).

En dicha entrevista ha cambiado la expresión feroz a la que, en muchas ocasiones, nos tenía acostumbrados, por una expresión más dulce y amable, llegando a dar muestras de debilidad. Ladear la cabeza es una forma de decir que está cómoda, que se muestra cordial y receptiva. Pero también puede ser una señal de sumisión y ausencia de amenaza, porque al ladearla dejamos expuesta la garganta y hace que parezcamos más pequeños de tamaño y menos amenazadores. El propio Darwin indicó que cuando la gente se siente sumisa tiene tendencia a inclinar la cabeza, con lo cual consigue un aspecto más bajo y menos amenazador.

La costumbre de bajar la cabeza como signo de sumisión es común a muchas culturas y se sigue llevando a cabo ante ciertas autoridades como reyes, emperadores y presidentes de gobierno (curiosamente en España el saludo a nuestro monarca no exige la inclinación de cabeza como señal de respeto y sumisión). También en diversas situaciones hacemos uso de ese gesto a modo de disculpas, como pidiendo perdón por los inconvenientes que hemos podido ocasionar (por ejemplo al pasar entre de dos personas que están conversando).

Muchos animales, como los perros y los lobos, ofrecen su cuello a otro animal más dominante de su misma especie en señal de sumisión; además encogen el cuerpo hasta quedar casi agazapados y simular así la altura de un cachorro (incluso suelen lamer el morro del dominante como haría un cachorro). Quizás por ello, para autores como Allan y Bárbara Pease (2006), la cabeza inclinada exhibe un cuello vulnerable y hace que la persona parezca más pequeña y más sumisa.

Anna Gabriel utiliza los gestos de ladear la cabeza y asentir con ella porque sabe, o intuye, que de esta manera su interlocutor y, por extensión toda la audiencia que va a ver esa entrevista, empezarán a sentirse confiados con ella, ya que ofrece un aspecto no amenazador. A ello contribuye también su nueva apariencia, ahora más ‘aniñada’.

En definitiva, su cambio de apariencia, ahora más acorde a la mayoría de la población, y sus muestras de cordialidad y sumisión, no son más que exhibiciones para tratar que las autoridades y población suiza empaticen con su causa.