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"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

Pedagogía silenciosa: cómo gestionar la comunicación no verbal en el aula

8371552760_eb8dbcff6f_bLa expresión corporal, el gesto, crea las pausas cuando hablamos y transmite intenciones. Hablar, y por tanto enseñar, es una acción de todo el cuerpo. A veces, incluso, dice más el cuerpo que las propias palabras. Los gestos mínimos, especialmente la cara y los ojos, son lo que más van a impactar en el que tenemos enfrente. “Conocer el lenguaje corporal te permite expresar con mayor profundidad y seguridad” (Del Barrio y Borragán, 2011). La comunicación no verbal del maestro influye sobre la percepción que el alumno tiene de él, del contenido de la comunicación y de su grado de satisfacción. De ahí la importancia de saber transmitir actitudes como: interés, preocupación por las necesidades de los alumnos, respeto, afecto y comprensión.

La primera imagen es determinante, por eso “hay que prestar mucha atención en la primera sesión de un curso y a los primeros minutos de esa primera jornada” (Sanz, 2005). Las Funciones que el formador desarrolla en el aula son muy variadas. Cuadrado (1992) descubrió que las más habituales con los alumnos eran las que tenían que ver con centrar la atención y cooperación del alumno:

  • Elogiar su comportamiento –> Sonreír e inclinar la cabeza positivamente.
  • Mostrar interés –> Mantener la mirada.
  • Dar una orden –> Ilustrar con nuestros gestos lo que tienen que hacer.
  • Mostrar autoridad –> Mirar fijamente y fruncir el ceño.
  • Centrar la atención –> Quedarse en silencio, golpear la mesa, dar un ligero toque en el brazo a la persona despistada.

Con el rostro el principal objetivo es promover actitudes y sentimientos positivos en el aula, pero… ¿Cómo? Muy sencillo ¡Sonríe y haz que sonrían! Algunos de los beneficios de la sonrisa están directamente relacionados con el proceso de enseñanza-aprendizaje:

  • Facilita la recepción e integración de los estímulos ambientales. Provoca una estabilidad emocional positiva.
  • Facilita la empatía, lo que fomentará la aparición de conductas altruistas.
  • Favorece el rendimiento cognitivo, la curiosidad, la resolución de problemas y la creatividad. Así como el aprendizaje y la memoria.
  • Genera actitudes positivas hacia uno mismo y los demás: vigorosidad, competencia y libertad. Establece nexos y favorece las relaciones.

6944673567_7f47ac87ef_zEn cuanto a la mirada, ésta juega un papel muy importante en la relación didáctica con 4 funciones básicas: (Albadalejo, 2007)

  • Cognitiva: transmite información sobre los procesos de pensamiento de los demás.
  • Comprobación de la conducta de los otros: grado de atención y nivel de entendimiento.
  • Reguladora: indicando cuando alguien quiere hablar o prefiere no comunicarse.
  • Expresiva: sirve para manifestar emociones y sentimientos.

Por tanto, deben evitarse algunas situaciones:

  1. Pasar demasiado tiempo de espaldas a la clase (ej: escribiendo en la pizarra). Provoca desconexión.
  2. No centrarse en alumnos concretos. Dirigir siempre la mirada al conjunto.
  3. Tienden a implicarse más en la dinámica de grupo quienes se encuentran en la ‘zona de visión’ del docente. Por tanto, es básico ocupar un lugar en el que uno sea plenamente visible y pueda tener un contacto ocular con todos y cada uno de los presentes.

4 comentarios

  1. Dice ser De vuelta

    No hay peor profesor que aquel que se queda sentado detrás de su mesa y lejos de mirar a los alumnos, se dedica a leer simplemente los libros..

    28 Marzo 2016 | 12:28 pm

  2. Dice ser Fran

    ¿Y qué pasa cuando hay 150 alumnos por clase en las universidades españolas?

    28 Marzo 2016 | 4:35 pm

  3. Dice ser Pepito

    Para “Fran”:
    Pues pasa que sean 10 o 159 tendrás que esforzarte y seguir los consejos del artículo para mejorar como profesor, si es que eso es lo que quieres.. Evidentemente no será lo mismo, pero escudarse en que hay muchos alumnos para bajar la implicación pedagogica tampoco es la solución, no crees?

    28 Marzo 2016 | 9:55 pm

  4. Dice ser Pedagogía no tan silenciosa

    El artículo me parece genial, muy detallado y cuidado. Se nota que la autora ha estudiado verdaderamente una carrera en la universidad, no como el 80% de los magisterios, que ya me gustaría que les pusiesen un control por whatsapp sus profesores y viesen la cantidad de faltas de ortografía que cometen o que se enterasen de que no han leído un libro en su vida…. A más de uno le negaban el título!

    31 Marzo 2016 | 1:15 pm

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