Los Oscar vuelven a premiar a su industria y también al ‘Black Power’

Premios Oscar

La 91ª edición de los Oscar podía ser rompedora. No solo estaba el hecho de que una producción Netflix, estrenada en un número muy limitado de salas pero pensada para distribuirse masivamente a través de su plataforma de contenidos online, pudiera ser la ganadora y de paso reconocer que hoy en día la mayoría de audiovisuales, el cine incluido, se ven desde casa o en dispositivos móviles sino también el que por primera vez en su historia un largometraje hablado en castellano (The Artist, de 2011, era una producción francesa y muda) se hiciera con el premio gordo de la gala.

O que por primera vez un título se hiciera con los Oscar a la mejor película y la mejor de habla no inglesa. Pero a la vez se hacía extraño pensar que Hollywood acabara otorgándole su más codiciado galardón a una película que no fuera “una de las suyas”.

Green-Book

( ‘Green Book’ ®Entertainment One Films Spain )

Al fin y al cabo, Roma está hecha completamente al margen de su industria. No había empleado a artistas o trabajadores norteamericanos para las interpretaciones o el equipo técnico principal, tampoco ha favorecido a los distribuidores ni exhibidores. Solo una parte de su financiación ha contado con dinero norteamericano, a través de las productoras Participant Media y Esperanto Filmoj (bueno, la segunda, propiedad además de Alfonso Cuarón).

Al contrario que Green Book de Peter Farrelly, una buena película, y también más convencional y menos arriesgada, pero una meritoria propuesta que además cumplía con los requisitos oscarizables y argumento con mensaje de fraternidad interracial.

El mexicano Cuarón fue el protagonista, no hay duda, con tres Oscar de los cuatro que aspiraba (le faltó el de mejor productor si Roma hubiera ganado); pero los Oscar de este año fueron también los de Spike Lee.

El combativo cineasta afroamericano que simbolizaba la protesta contra los #OscarSoWhite no solo recogió el premio como uno de los guionistas que han hecho la adaptación de Infiltrado en el KKKlan, también asistió con orgullo a una gala en la que hubo numerosos presentadores y presentadoras afroamericanos, en la que en el apartado de interpretaciones las dos de mejor actor de reparto fueron para Mahershala Ali por Green Book (segundo Oscar después del logrado hace dos años por Moonlight) y Regina King por la exquisita El blues de Beale Street.

A ello se le añade el que Black Panther es ya la película de superhéroes más oscarizada, con tres, aunque en las categorías de mejor diseño de producción y vestuario en cualquier otra edición se las hubiera llevado la magnífica La favorita; y las historias con contenido y mensaje de igualdad racial e integración fueron, en el fondo, las grandes triunfadoras de estos Oscar 2019.

Cuarón defendió que la patria, el universo, es el cine, y Javier Bardem, copresentador junto con Angela Basset, del Oscar a la mejor película de habla no inglesa, fue ovacionado cuando proclamó que “No hay fronteras ni muros que frenen el ingenio y el talento”. Y Lady Gaga y Bradley Cooper pusieron la nota más estelar de la velada.

Por otra parte, una de las galas más cortas de la historia, con unas tres horas y veinte minutos muy medidas, con bastante más ritmo de lo que es habitual en este tipo de eventos tan cargado de premios (se entregan nada menos que 24), y en la que seguramente no fui el único que no echó de menos la figura de un presentador.

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1 comentario

  1. Dice ser manolin

    estos narcisistas fieles a su estilo, el Trump, améguica firs.

    25 febrero 2019 | 20:13

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