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El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

Ocho míticas escenas de orgasmo (en películas no eróticas)

Listas de cine

En estos sofocos veraniegos, y cinéfilos, a uno le puede venir a la cabeza ese tórrido encuentro de los personajes de Penélope Cruz y Javier Bardem bajo las gónadas (el cartel publicitario) de uno de los emblemáticos toros de Osborne en Jamón, jamón (1993) de Bigas Luna.

A otro de nuestros cineastas más erotómanos, Vicente Aranda, se le ocurrió que una muy experimentada Victoria Abril, bueno, su personaje, introduciría un pañuelo en el trasero de Jorge Sanz para potenciar su clímax sexual. La historia tenía lugar en tiempos más recatados, en la España de a mediados de los 50 del pasado siglo, y la escena se convirtió en la más recordada de Amantes (1991).

Barbarella

( ‘Barbarella’ ®Sony )

Varias décadas atrás, en tiempos aún del cine mudo, codeándose con el sonoro, Luis Buñuel la lió también en la muy surrealista producción francesa La edad de oro (1930) mostrando a la actriz Lya Lys pasárselo en grande mientras chupaba el dedo gordo del pie de una estatua.

Sin demasiado que envidiar a la Jane Fonda de la propuesta erótico-ciencia-ficción de Barbarella (1967) de Roger Vadim y sus experiencias con el orgasmatrón, he aquí una selección de orgasmos cinematográficos, de ellas y ellos, en películas no eróticas (o solo en lo imprescindible). Una lista en la que queda excluida la pionera Hedy Lamarr en Éxtasis (1933) por el post que le dediqué tiempo atrás.

 

Gomina multiusos: Ben Stiller en Algo pasa con Mary (1998)

Algo pasa con Mary

( ©Fox )

Aliviarse en soledad tiene sus problemillas si, acto seguido, y con las manos aún en la “masa”, quien llama a la puerta de casa es nada menos que la persona deseada (en este caso, Cameron Diaz). Aquella cuya imagen ha sido precisamente la inspiradora de tan placenteros estímulos.

Abrir la puerta, un saludo más o menos efusivo y el dejarnos atónitos viendo como la invitada sorpresa no tiene reparo, confiada, en utilizar los restos de líquido pegajoso que aún queda (¡colgando entre las orejas!) para usarlo con otros fines: gomina para el pelo.

 

Lecciones en el restaurante: Meg Ryan en Cuando Harry encontró a Sally (1989)

Cuando Harry encontró a Sally

( ©Fox )

Las mujeres saben fingir (y muy bien) sea en la cama o en el restaurante. O así se lo explica, e ilustra convenientemente, la Sally del título (Meg Ryan) a su acompañante de mesa Harry (Billy Cristal).

Sin reparos en demostrarlo en público, la simulación dejará sin palabras al resto de comensales, personal del restaurante (se rodó en el Katz’s Deli de Manhattan) y espectadores. La escena es todo un clásico del género (¿de la comedia romántica? ¿del cine erótico no erótico?…) y contribuyó, y mucho, a que Cuando Harry encontró a Sally fuera un taquillazo (inesperado) en su momento.

 

En tus sueños: Rossy de Palma en Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)

Mujeres al borde de un ataque de nervios

( ©El Deseo )

Debido a que su personaje de Marisa (Rossy de Palma) se pasaba la mayor parte de las escenas dormida en la emblemática comedia ochentera de Pedro Almodóvar, y ante las protestas (amistosas) de la actriz mallorquina, el director decidió aportar algo más de chicha y pasión al personaje concediéndole una escena de sueño erótico con final feliz.

En esta ocasión, los asombrados testigos eran María Barranco y Antonio Banderas. La película fue (por otras muchas y variadas razones) el mayor fenómeno en taquilla de toda la filmografía del cineasta manchego.

 

Más allá de la pasión por la danza: Natalie Portman en Cisne negro (2010)

Cisne negro

( ©Fox )

Amor y odio van a veces más unidos de lo que nos gustaría. Para Nina Sayers (Natalie Portman, Óscar a la mejor actriz) su sueño es llegar a ser una gran bailarina, y parece dispuesta a lo que sea para lograrlo.

En la rivalidad con Lily (Mila Kunis), su mente calenturienta (en el sentido onírico, de dado a dejarse llevar a la imaginación y, bueno, también en otros sentidos) la llevaría a vivir, fuera realidad o ilusión, una intensa escena en la cama con su misma compañera. El plato fuerte de este retorcido thriller psicológico.

Así se las gastan los superhéroes: Will Smith y Hayley Marie Norman en Hancock (2008)

Hancock

( ©Sony )

Montárselo con todo un superhéroe puede ser de traca, o de lo más peligroso. Tal vez uno no esté preparado para recibir tanto “placer”.

En cualquier caso, la escena de sexo de Hancock (también incluida en la lista de las escenas más políticamente incorrectas del cine de superhéroes) nos ilustraba elocuentemente sobre cómo podía ser un encuentro sexual de tal magnitud, entre el superhéroe y una prostituta, zarandeando además sin miramiento alguno el mismo techo (una caravana) que les cobija.

 

Intervención divina: Jennifer Aniston en Como Dios (2003)

Como Dios

( ©Universal )

La ventaja de un ente divino sobre los superhéroes es que les basta con un chasquido o una simple invocación, o ¡vaya a saber qué!, para lograr resultados tan rápidos como satisfactorios.

Y si no que se lo pregunten a Grace (Jennifer Aniston) en Como Dios, ante un juguetón reportero de televisión, Bruce (Jim Carrey), a quien Dios ha decidido castigar otorgándole todos sus poderes celestiales… y terrenales.

 

Lencería demasiado placentera: Katherine Heigl en La cruda realidad (2009)

La cruda realidad

( ©Sony )

La guerra de los sexos, o las diferencias entre hombres y mujeres, marcaron algunas de las mejores comedias clásicas del Hollywood dorado como las que protagonizaron Katharine Hepburn y Spencer Tracy. Décadas después, el tratamiento ha sido más osado (al menos en lo explícito del lenguaje e imágenes).

Una muestra, esta comedia con Katherine Heigl y Gerard Butler, ambos interpretando a presentadores de televisión, unos corazones solitarios en busca de la pareja perfecta. La escena que más se recordaría también tuvo lugar en un restaurante con la poca afortunada idea (o genial, según se mire) de su protagonista de llevar puestas… unas braguitas vibradoras.

 

Lo bueno de saber idiomas: Kevin Kline en Un pez llamado Wanda (1988)

Un pez llamado Wanda

( ©Fox )

Una de las mejores comedias de los 80, y también de las mejores de la historia del cine. Entre atracadores, y algún estirado abogado de por medio (John Cleese), aquí la “batalla” era entre norteamericanos y británicos, lanzándose pullas constantes. La cosa se complicaba aún más con los líos amorosos de sus protagonistas.

Pero el momento que la hace merecedora de figurar en esta galería le corresponde a Otto (un Kevin Kline que obtuvo el Óscar al mejor secundario) en la cama con Wanda (Jamie Lee Curtis). Ella tenía además otra peculiaridad, le volvía loca que sus amantes hablaran en idiomas, italiano en el caso del estadounidense Otto o ruso en el del británico Archie (Cleese).

1 comentario

  1. Dice ser Lola

    Hola, a mí me divierte la escena de “El dormilón” de Woody Allen, cuando disfrazado de robot, está con la bola que usaban para obtener placer y el tipo no la quería soltar.

    18 julio 2018 | 09:37

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