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Pierce Brosnan entrega premios de ciencia, pero apoya la pseudociencia

Ayer hablé aquí sobre los premios Breakthrough, los que más dinero conceden a la investigación científica gracias a la iniciativa de varios magnates tecnológicos. Dado el perfil de sus promotores, el acto de entrega marca un estilo muy diferente del boato arcaizante de los Nobel (o, para el caso, de los Princesa de Asturias). Los Breakthrough parecen inspirarse más en los Óscar, con un espectáculo cuidadosamente producido para la televisión y con la presencia de numerosas celebrities (lo que de toda la vida aquí hemos llamado gente de la farándula).

Respecto a cuál de los dos estilos es más apropiado para la ocasión, es algo opinable. Sin duda muchos argumentarán que la pompa y el ambiente encopetado de los Nobel son más idóneos para un acto académico. Por mi parte, me sería indiferente si no fuera por un detalle, y es que, como apunté ayer, la finalidad de los premios científicos es impulsar la ciencia. Dado que entre las celebrities es mucho más frecuente encontrar defensores de la pseudociencia que de la ciencia, y dado que evidentemente la influencia popular de, digamos, Gwyneth Paltrow, es infinitamente mayor que la de, digamos, la princesa Cristina de Suecia, ¿qué sirve mejor al impulso de la ciencia, invitar a Gwyneth Paltrow o a la princesa Cristina de Suecia?

Otra cuestión más discutible es a quién se encarga la presentación de la gala de entrega de los premios. Como conté ayer, este año el elegido es el actor británico Pierce Brosnan.

El actor Pierce Brosnan en 2017. Imagen de Jay Godwin / Wikipedia.

El actor Pierce Brosnan en 2017. Imagen de Jay Godwin / Wikipedia.

Pero más que recurrir a la estrella de cine que esté de oferta en el momento, parecería más adecuado encomendar la entrega de unos premios de ciencia a un personaje famoso que al menos se haya significado a favor de la ciencia. Y haberlos, haylos, como demuestra este ejemplo:

La negación de la ciencia me da un miedo de muerte. La ciencia es real. La ciencia es lo más real de este mundo, después de la naturaleza. Espero que todos podamos volver al lugar donde podamos entender realmente que la ciencia es conocimiento probado.

¿Adivinan quién es el autor de estas palabras? No, no es Brosnan, sino alguien de más arriba: el gran Harrison Ford. La contribución de personajes tan lúcidos podría ayudar a promocionar una actitud procientífica entre sus colegas de estrellato, a su vez imitados por legiones en todo el mundo. El año pasado, la ceremonia de entrega de los Breakthrough estuvo a cargo de Morgan Freeman, cuya pasión por la ciencia espacial es sincera. Con más como Ford o Freeman, y menos como Paltrow o Jim Carrey, tal vez estaríamos más cerca de erradicar tanta detoxtería y tanta chakrorrada.

Por desgracia, no es el caso de Brosnan. El ex007 y su mujer, la periodista, presentadora y modelo Keely Shaye Smith-Brosnan, han estado durante años involucrados en causas medioambientales, lo cual es muy loable… o lo sería si se asesoraran correctamente. Este año ambos han producido un documental que ella además ha dirigido, y que bajo el título revelador de Poisoning Paradise (Envenenando el paraíso) dice ser un “viaje al aparentemente idílico mundo de los nativos hawaianos, donde las comunidades están rodeadas de enclaves de pruebas experimentales [agrícolas] y pesticidas rociados sobre sus vecindarios”.

Un fotograma del documental 'Poisoning Paradise'.

Un fotograma del documental ‘Poisoning Paradise’.

Según ha escrito el periodista de ciencia Hank Campbell, presidente del Consejo de EEUU en Ciencia y Salud (ACSH) y que fue invitado a participar en un coloquio de presentación de la película en calidad de “representante de la voz de la ciencia”, el documental es simplemente un producto de activismo anticiencia, con sus habituales raciones de conspiranoia, quimiofobia y antitransgénicos.

Campbell narraba además que en la presentación fue el único tertuliano sin micrófono, en un coloquio donde los demás participantes eran “odiadores de la ciencia”, y que la invitación resultó ser una encerrona para tratar –sin éxito– de relacionarle con Syngenta, la compañía objeto del documental, cuyos responsables habían declinado tomar parte en la mamarrachada.

Por su parte, el especialista en comunicación científica y analista de políticas de riesgo ambiental David Zaruk, que asistió a la presentación, fue aún más duro con Poisoning Paradise, calificando la película como “triste, cínica y llena de mentiras”. Campbell y Zaruk cuentan que la película ha sido promovida y escrita por un par de firmas de abogados que están elevando demandas millonarias contra Syngenta. “Esto es lo que ocurre cuando los abogados toman las riendas para fomentar el miedo antiquímica comprando la reputación de nombres antes famosos en Hollywood, los Brosnan”, escribía Zaruk.

Zaruk llegaba a afirmar que “los Brosnan cruzan el área de lo éticamente despreciable” cuando el documental trata de hacer pasar por reales escenas de niños enfermos que son simples dramatizaciones, añadiendo que en todo el metraje brillan por su ausencia las intervenciones de científicos relevantes en el área, dando voz en su lugar a un surfista o un tendero que pontifican sobre los peligros de los transgénicos.

En resumen, no parece que Pierce Brosnan sea la elección más idónea para que en sus labios resulte creíble un discurso apologético de la ciencia. ¿Sabrá acaso que algunos de los logros científicos que presentará –y es de suponer que elogiará– en la gala de los Breakthrough jamás habrían podido obtenerse sin los organismos transgénicos?