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Pasen y vean lo grande que es el universo

En su famoso cuento Micromegas, una de las obras precursoras de la ciencia ficción, Voltaire relata cómo dos seres alienígenas de proporciones titánicas arriban a la Tierra, que creen desprovista de vida. De su cuidadosa observación llegan a distinguir unos diminutos animálculos, un grupo de filósofos humanos, pero solo alcanzan a conocer la condición inteligente de aquellos minúsculos seres cuando uno de los extraterrestres fabrica una trompetilla con los recortes de sus uñas. Aquel aparato les permite escuchar las conversaciones de los indígenas terrestres y comprender que, aunque limitados, son mucho más de lo que aparentan.

Ilustración de 'Micromegas', de Voltaire, por Charles Monnet.

Ilustración de ‘Micromegas’, de Voltaire, por Charles Monnet.

Naturalmente, no faltan interpretaciones de la fábula de Voltaire, pero la mía es esta: el rasgo distintivo de la evolución de una especie inteligente es su capacidad de conocer la realidad más allá de su experiencia directa.

Habitualmente se señala el pensamiento abstracto como esta frontera. Pero en realidad, el pensamiento abstracto no es conocimiento, sino filosofía. La prótesis que nos permite aplicar la capacidad de abstracción para pasar del concepto al conocimiento real es la ciencia (y con ella, la tecnología). En el relato, los humanos filosofan, pero los alienígenas, más avanzados, saben. Son capaces de trascender a su entendimiento inmediato a través de la ciencia, representada por la construcción de la trompetilla.

Los humanos, aunque todavía primitivos y apenas estrenando la razón, hemos logrado conocer objetos físicos que no podemos ver, tocar, comer ni tropezarnos con ellos, como los agujeros negros o los átomos. Ignoro si tratar de imaginarlos (como visualizarlos) pertenece más al terreno de la ciencia o al de la fantasía. Pero lo esencial no es esto, sino el hecho de que la filosofía haya guiado los conceptos elaborados por nuestro pensamiento hacia el uso de la ciencia para conocer los objetos que representan. Antes de la ciencia, el átomo solo era una idea filosófica. Con la ciencia, es una realidad que podemos comprender, calcular y manejar, aunque escape por completo a nuestra experiencia sensorial.

En el caso de los alienígenas de Voltaire, era un problema de escala. Cuando veo un letrero que dice “A Coruña 563” (paso por él todos los días), la escala se me escapa. ¿Cuántos horizontes debo saltar para llegar hasta allí? A Coruña está fuera de mi experiencia directa. Para mi experiencia sensorial, A Coruña podría estar a un año luz.

Por suerte, cuento con la ciencia. Puedo estimar lo que tardaré en llegar hasta allí en coche, y puedo verlo fácilmente representado en un mapa en comparación con otras distancias.

El año pasado por estas fechas les traje aquí un sobrecogedor cortometraje que permitía apreciar la inmensa escala del Sistema Solar. Hoy les traigo un par de vídeos que nos facilitan la apreciación de tamaños y distancias inimaginablemente mayores que los 563 kilómetros desde mi casa hasta A Coruña. El primero de ellos es visualmente más rico, pero el segundo viaja desde lo ínfimo hasta lo casi infinito. Que los disfruten.