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Una bola de discoteca orbita sobre nuestras cabezas

El riesgo de la grandilocuencia siempre es caer en la pedantería. Pero cuando además nadie comparte tu visión de grandeza, corres el riesgo añadido de caer en el más sonrojante de los ridículos. Cuando el neozelandés Peter Beck decidió poner una estrella artificial en el cielo, lo hizo bajo el discurso de que “durante milenios, los humanos se han concentrado en sus problemas y vidas terrestres. Raramente nos paramos como especie, miramos a las estrellas y tomamos conciencia de nuestra posición en el universo como una mota de polvo dolorosamente minúscula en la grandeza del todo”. Pero poco podía imaginar Beck que su grandioso proyecto recibiría calificativos tan afectuosos como “basura”, “vandalismo astronómico”, “graffiti” o “spam espacial”.

Beck es el fundador de Rocket Lab, una compañía aeroespacial que ha desarrollado un cohete ligero para lanzar satélites de pequeño tamaño al espacio. Pero quién sabe cómo, a Beck se le ocurrió emplear su lanzadera para otro fin: poner en órbita una esfera geodésica de un metro de diámetro fabricada en fibra de carbono y con 76 paneles de espejo. Es decir, algo parecido a una bola de discoteca.

El creador de la idea bautizó su bola como Humanity Star, la Estrella de la Humanidad, y la lanzó al espacio el pasado 21 de enero. Según Beck, la bola gira rápidamente reflejando el sol y creando “un flash de luz que puede verse contra un fondo de estrellas”. Completa una vuelta a la Tierra cada 90 minutos y será visible desde cualquier lugar del mundo (lógicamente, no al mismo tiempo) como “símbolo brillante y recordatorio para todos aquellos en la Tierra de nuestro frágil lugar en el universo”.

Humanity Star. Imagen de Rocket Lab.

Humanity Star. Imagen de Rocket Lab.

Pero a Beck debió de calentársele alguna neurona, y decidió proseguir: “La humanidad es finita y no estaremos aquí para siempre. Y aún a pesar de esta casi inconcebible insignificancia, la humanidad es capaz de grandes y amables cosas cuando nos reconocemos como una especie, responsable de cuidar juntos unos de otros y de nuestro planeta…”. No importa en qué lugar del mundo estés, rico o pobre, en conflicto o en paz…”. “Espera a que la Estrella de la Humanidad esté sobre ti, lleva al exterior a tus seres queridos para mirar arriba y reflexionar…”.

Aquí es donde, si este blog tuviera efectos sonoros, la aguja del tocadiscos saltaría chillando ese clásico “riiiiip”. Porque como era de esperar, los astrónomos no solamente no han elevado sus mecheros encendidos, sino que casi han hecho un remake de aquella escena de la lapidación de La vida de Brian. Estos son algunos de sus comentarios en Twitter:

¿Así que estás bloqueando nuestra visión de las estrellas reales y creando contaminación lumínica atmosférica para recordarnos que miremos a las estrellas que no podemos ver en parte gracias a tu estúpido satélite? Buen trabajo.

Wow. Graffiti espacial intencionadamente brillante y a largo plazo. Muchas gracias, Rocket Lab.

Así que el primer acto de Nueva Zelanda como potencia espacial es contaminar el cielo nocturno. Para toda la humanidad. Esta es buena.

Lo único bueno de la Estrella de la Humanidad (también conocida como proyecto neozelandés de polución del cielo nocturno) es que se quemará en nueve meses.

Quizá estén pensando que la operación de Elon Musk y su deportivo espacial es igualmente ridícula. Puede ser, pero a diferencia de Beck, tal vez a Musk le ha salvado el no tratar de revestir su proyecto de grandilocuencia. Al contrario, cultiva una cierta imagen gamberra, como cuando justificó la elección de la carga de su cohete diciendo que cualquier otra opción habría sido “aburrida”. En el fondo, lo cierto es que Musk no tenía ninguna garantía de que el cohete despegara sin volar en mil pedazos, y aprovechar el primer lanzamiento del Falcon Heavy para transportar una misión científica habría sido demasiado arriesgado.

Conviene aclarar que no todos los comentarios sobre la Humanity Star han sido negativos; buena parte del público en general ha acogido la iniciativa con agrado, pero es evidente que Beck no se ha ganado el aplauso de los astrónomos, lo cual por otra parte él ya debía de tener previsto. En el fondo, y con un presupuesto infinitamente menor que el de Musk, Beck ha conseguido algo de publicidad extra para su compañía.

Por cierto y por si les interesa verla, ya que está ahí arriba, el localizador de la web del proyecto me informa hoy de que en mi posición (cerca de Madrid) “la Humanity Star tiene la mejor oportunidad de visibilidad dentro de 17 días. Durará unos 4 minutos. Un horario más preciso estará disponible 3 días antes del paso previsto”. Así que volveremos a consultarlo dentro de un par de semanas. Y si les apetece, vayan preparando el disfraz de Tony Manero.