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El diccionario actualiza “homeopatía”, pero introduce “osteopatía” y “medicina complementaria”

Hace unos días los medios recogían la introducción de una serie de cambios en el diccionario de la RAE, mediante los cuales se definían acepciones para términos de uso popular hoy como “zasca” o “brunch”. En los círculos concernidos por la lucha contra las pseudociencias se daba la bienvenida a la nueva definición de homeopatía, que pasaba de ser un…

Sistema curativo que aplica a las enfermedades, en dosis mínimas, las mismas sustancias que, en mayores cantidades, producirían síntomas iguales o parecidos a los que se trata de combatir.

…a ser ahora una…

Práctica que consiste en administrar a alguien, en dosis mínimas, las mismas sustancias que, en mayores cantidades, producirían supuestamente en la persona sana síntomas iguales o parecidos a los que se trata de combatir.

Es decir, que la homeopatía ha dejado de ser oficialmente en castellano un “sistema curativo” para convertirse simplemente en una “práctica”, y donde antes se hablaba de los efectos que los preparados homeopáticos “producirían”, ahora se dice que “producirían supuestamente”.

Este era un cambio reclamado, esperado y anunciado por la RAE, y por lo tanto no cabe sino aplaudirlo. De hecho, sitúa al diccionario oficial del castellano en un nivel más ajustado a la realidad que, por ejemplo, algunos de los diccionarios más importantes de la lengua inglesa, que aún definen la homeopatía como un “sistema de medicina complementaria”, una “manera de tratar una enfermedad” o un “sistema de práctica médica”.

En cambio, lo que no se ha difundido tanto es que no todo son buenas noticias en lo que se refiere a esta última actualización del diccionario.

Frente al acierto en el cambio referente a la homeopatía, se ha colado también una pseudomedicina, la osteopatía. Hasta ahora solo se recogía una acepción de este término, la más literal, relativa a las enfermedades óseas. Pero esta última oleada de cambios ha incluido una nueva definición:

Terapia de medicina complementaria consistente en aplicar masajes y otras técnicas de manipulación de los músculos y las articulaciones con el fin de restablecer el funcionamiento normal del cuerpo humano.

Pero ¿realmente sirven las manipulaciones de la osteopatía para “restablecer el funcionamiento normal del cuerpo humano”? El conocimiento científico actual lo resume de forma acertada (citando las referencias que lo justifican) la Wikipedia en versión inglesa:

El Servicio Nacional de Salud de Reino Unido dice que hay “pruebas limitadas” de que la osteopatía “puede ser eficaz para algunos tipos de dolor de extremidades inferiores, cuello u hombros, y para la recuperación posterior a operaciones de cadera o rodilla”, pero que no existen pruebas de que la osteopatía sea eficaz como tratamiento para dolencias no relacionadas con los huesos y músculos. Otros han concluido que existen pruebas insuficientes para sugerir eficacia de las manipulaciones osteopáticas en el tratamiento del dolor musculoesquelético.

Es decir, que de acuerdo con la ciencia actual, si acaso la definición de la osteopatía debería referirse a sus presuntos efectos sobre el dolor de músculos y huesos, pero de ningún modo a la posibilidad de restablecer el funcionamiento normal del cuerpo, ya que esto, sencillamente, no es cierto.

La nueva y equivocada definición de osteopatía habla además de “medicina complementaria”, y es que los nuevos cambios en el diccionario han introducido también este concepto, que antes no estaba recogido. Ahora “medicina complementaria” es:

Conjunto de prácticas terapéuticas que se emplean como complemento de la medicina convencional.

O sea, que el diccionario de la RAE ha introducido ahora que existe un conjunto de prácticas encaminadas al tratamiento de dolencias (eso significa “terapéuticas”, según el mismo diccionario) y que se definen no por lo que son, sino por lo que no son: aquellas que no pertenecen a la “medicina convencional”. Pero ¿qué es la medicina convencional?

En efecto, no lo sabemos, ya que esto no lo recoge el diccionario. Pero si miramos la definición de “medicina”, encontramos esto:

Conjunto de conocimientos y técnicas aplicados a la predicción, prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades humanas y, en su caso, a la rehabilitación de las secuelas que puedan producir.

O sea, que si la medicina es el conjunto de conocimientos y técnicas que blablabla, se supone que todo el conjunto, entonces cualquier “medicina complementaria” que cure debería ser simplemente “medicina”, más aún cuando el diccionario no aclara qué es “medicina convencional”. Y por el contrario, si una “medicina complementaria” no cura, como es el caso de la osteopatía, sencillamente no es medicina; ni complementaria, ni suplementaria, ni alternativa, ni perifrástica ni pluscuamperfecta. No es medicina, y punto.

Actualizar el diccionario también es importante para #StopPseudociencias

Durante la campaña #StopPseudociencias en Twitter, saltaron varias iniciativas pidiendo a la RAE que el diccionario oficial del castellano actualice las definiciones de ciertos términos que en otro tiempo podían resultar admisibles según el limitado conocimiento de la época, pero que el avance de la ciencia ha dejado obsoletas y engañosas.

En concreto, el canon de nuestra lengua define la homeopatía como “sistema curativo que aplica a las enfermedades, en dosis mínimas, las mismas sustancias que, en mayores cantidades, producirían síntomas iguales o parecidos a los que se trata de combatir”, mientras que el horóscopo aparece descrito como “predicción del futuro basada en la posición relativa de los astros y de los signos del Zodiaco en un momento dado”.

 

La RAE vierte un gran esfuerzo en responder a innumerables consultas de los usuarios, y también en este caso respondió prontamente a la petición de modificar la definición de homeopatía: “Ya está en curso una propuesta para modificar esa redacción”.

Evidentemente, alguien podría argumentar que acudir al diccionario de la RAE para informarse sobre ciencia es como llevar un reloj de arena en la muñeca para comprobar la hora. Pero para quienes amamos el lenguaje (no sé si uno puede dedicarse a escribir sin amar el lenguaje, pero por algo esto se llama Ciencias Mixtas), es importante dar a las palabras el significado que realmente tienen. Personalmente, consulto el diccionario todos los días para comprobar definiciones y, por ejemplo, no utilizar ciertos términos con significados prestados de otros idiomas (inglés) que realmente no están contemplados en el castellano. Ejemplos: situación bizarra, enfermedad severa, estudio seminal…

Todo lo cual no implica que necesariamente debamos adherirnos a las normas dictadas por la RAE cuando estas (pronombres demostrativos sin tilde, otra recomendación de la RAE que debería extenderse más entre quienes nos dedicamos a escribir, lo mismo que desterrar para siempre la tilde en “solo”) son contrarias al conocimiento científico actual; también cuando, además de al conocimiento científico actual, son contrarias al sentido común y/o a la evolución social (como en un caso que comenté recientemente).

En 2001, la RAE concedió la silla i (con vigencia desde 2003) a la bioquímica y bióloga molecular Margarita Salas, una gran eminencia de la investigación que además ha sido impulsora del papel y la visibilidad de las mujeres en la ciencia española. Recuerdo que por entonces se dijo que Salas aportaría un criterio esencial en la definición de términos científicos para el diccionario, y no dudo de que su labor en este campo habrá sido intensa e insustituible en los años transcurridos desde entonces.

Pero al menos para quienes la contemplamos desde fuera, la de ser una institución dinámica, vibrante y en la vanguardia no pasa por ser una de las muchas virtudes que adornan la imagen popular de la RAE. Pues bien, ¿cuántos siglos debemos esperar para que se actualice la definición de términos como los citados más arriba?

Entre los valiosos recursos de la RAE online se encuentra el Mapa de diccionarios, una herramienta que permite consultar simultáneamente seis ediciones representativas del diccionario de la RAE desde 1780 hasta 2001. Allí podemos descubrir que, de estas seis ediciones, el término “homeopatía” aparece por primera vez en la de 1884, con esta definición: “sistema curativo que aplica á las enfermedades, en dosis mínimas, las mismas substancias que en mayores cantidades producirían al hombre sano síntomas iguales ó parecidos á los que se trata de combatir”.

Es decir, salvo por pequeños cambios ortográficos y de puntuación, y la eliminación de la alusión al “hombre”, básicamente la misma definición que hoy seguimos encontrando. El alemán Samuel Hahnemann inventó la homeopatía en 1796, cuando aún se desconocían los fundamentos biológicos y bioquímicos del organismo y de las enfermedades. Lo cual no implica que las propuestas de Hahnemann tuvieran el menor sentido: en el siglo XIX John Forbes, médico de la reina Victoria de Inglaterra, calificó la homeopatía como “una atrocidad contra la razón humana”. Pero la ciencia del siglo XX demostró que los principios homeopáticos, además de absurdos, son también falsos.

Así pues, desde 1884 han transcurrido más de 130 años, tiempo más que suficiente para que veamos ya aprobada esa nueva propuesta de definición que está manejando la RAE, y en la que esperemos que trasluzca el criterio científico de Margarita Salas. Claro que tiempo suficiente, concretamente más de tres siglos, ha transcurrido para que la RAE, que define la astrología como “estudio de la posición y del movimiento de los astros como medio para predecir hechos futuros y conocer el carácter de las personas”, no solo actualice esta definición, sino que también deje de considerar la astronomía ¡como sinónimo de la astrología!

El diccionario aclara que esta equiparación de ambos términos está en desuso; en efecto, está en desuso aproximadamente desde 1700, cuando quedó definitivamente claro que la astronomía era una ciencia y la astrología una superstición. ¿No va siendo hora de darle un repaso científico general al diccionario?

Claro que, si esperamos que el diccionario de la RAE distinga entre lo que es ciencia y lo que es pseudociencia (o ni eso), nos vamos a encontrar con un pequeño obstáculo. Y es que, a pesar de esto…

…nos encontramos también esto:

Claro que quizá todo ello requeriría un ligero cambio de mentalidad:

¿La “fe desmedida” en la ciencia como ejemplo modélico de superstición? ¿En serio? ¿Será acaso por falta de ejemplos para elegir?