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Una vez más, los aliens somos nosotros

Recuerdo una aventura de Tintín en la que Hernández y Fernández viajan por el desierto en un jeep, buscando alguna pista para orientarse. Tras mucho vagar sin rumbo, por fin encuentran dos huellas de ruedas, y deciden seguirlas con la esperanza de que les conducirán a algún lugar habitado. Mientras siguen el rastro, descubren otro par de roderas que se unen a las primeras, y luego otras dos, lo que les convence de que han dado con una ruta muy frecuentada. Hasta que finalmente descubren que han estado conduciendo en círculos, y que son sus propias marcas las que están siguiendo.

Cuando se trata de buscar rastros alienígenas, los humanos somos Hernández y Fernández: seguimos huellas para al final descubrir que nos estamos siguiendo a nosotros mismos. Hace unos días, como conté aquí, el imponente radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico (por cierto, uno de los muchos lugares de interés que hacen de la isla un destino viajero muy recomendable) detectó una señal en el cielo cuyo perfil no cuadraba fácilmente con ningún fenómeno astronómico conocido y que parecía proceder de la estrella Ross 128, a unos 11 años luz de la Tierra.

Imagen del Instituto SETI.

Imagen del Instituto SETI.

El responsable del hallazgo, Abel Méndez, que dirige el Laboratorio de Habitabilidad Planetaria en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, difundió la observación a través del blog de su grupo, citando las tres causas más probables de la señal: una fulguración de la estrella, una emisión de algún otro objeto astronómico que casualmente se encontraba en la misma línea visual que Ross 128, o bien una interferencia de algún satélite terrestre en órbita lejana, ya que los más cercanos a la Tierra pasan por el cielo demasiado aprisa como para emitir una señal sostenida.

Por su parte, Méndez confiaba en que la causa de la señal fuera astronómica, ese gran trofeo deseado por los astrofísicos, y decía tener preparada una Piña Colada para celebrarlo. Pero en su breve informe hacía también un guiño inevitable a la posibilidad de que la emisión fuera de origen alienígena, aunque solo fuese para aclarar que esta explicación se encontraba al final de la lista.

Y por muy al final que estuviera, el guiño ya estaba hecho; de inmediato fue recogido por otros dos equipos de investigadores que no se dedican a buscar nuevos tipos de objetos astronómicos, sino a escuchar el cielo en busca de alguna voz entre las estrellas. El Instituto SETI (siglas en inglés de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre) dirigió entonces su Matriz de Telescopios Allen (ATA, en inglés) hacia Ross 128, y lo mismo hizo el grupo SETI de la Universidad de California en Berkeley con el radiotelescopio de Green Bank en Virginia Occidental. Por su parte, Arecibo también repetía sus observaciones.

Los tres grupos han reunido sus datos y han llegado a un veredicto. “Parece claro ahora que las detecciones de Arecibo fueron debidas a transmisiones desde satélites terrestres en órbita geosincrónica”, dice el Instituto SETI en su web. Lo mismo concluyen el grupo de SETI Berkeley en un breve estudio y Méndez en la web de su laboratorio.

La explicación. Dado que una órbita es una caída libre, para un mismo objeto la trayectoria de esa caída y su velocidad están determinadas por la distancia de la órbita a la Tierra. Los satélites en órbita baja (Low Earth Orbit, o LEO), como la Estación Espacial Internacional (a unos 400 kilómetros), pueden verse cruzando el cielo rápidamente. Pero existe una especie de punto mágico llamado órbita geoestacionaria, a unos 36.000 kilómetros de la Tierra, en el que un satélite situado a la altura del ecuador terrestre queda sincronizado con la rotación del planeta, de modo que su posición en el cielo apenas varía. Esta órbita se utiliza sobre todo para satélites meteorológicos y de comunicaciones.

Precisamente la posición de la estrella Ross 128 en el cielo queda a una declinación de casi cero grados, es decir, a la altura del ecuador celeste, así que su situación aparente coincide con los aparatos que circulan en la órbita geoestacionaria. Según Méndez, las extrañas distorsiones observadas en la señal, que le han llevado a bautizarla como señal Weird! (rara), podrían explicarse por la interferencia entre la telemetría de varios de estos satélites.

La explicación de la señal es finalmente la menos interesante de todas las posibles, aunque en el futuro ayudará a interpretar emisiones similares. Por desgracia para Méndez, no se trata de un objeto astronómico, así que su Piña Colada deberá guardarse para otra ocasión. Por desgracia para los grupos SETI, deberán seguir buscando. Por desgracia para los que practicamos el WETI (de “wait”, esperar), deberemos seguir esperando.

No es la primera vez que los humanos hacemos como Hernández y Fernández buscando huellas de otros seres en el desierto del espacio. De hecho, ocurrió en primer lugar el mismo día en que comenzó la búsqueda SETI, el 8 de abril de 1960; en aquel caso la señal procedía de un avión espía U2. Volvió a ocurrir en 1997; era una sonda de la NASA y la ESA llamada SOHO.

El caso más rocambolesco tuvo lugar en 2015, cuando la señal captada por un radiotelescopio australiano demostró ser, en efecto, de origen inteligente: se producía cuando los investigadores abrían la puerta del microondas con el que calentaban la comida, antes de que el aparato se apagara. Sí, en el siglo XXI, un microondas puede ser el mayor signo de vida inteligente en el universo.

Incluso la famosa señal Wow! de 1977, la única que ha aguantado el tipo durante décadas, ha sido recientemente explicada por el paso de dos cometas, si bien no todos los expertos compran esta explicación. ¿Qué nos queda entonces? De momento, nada. Solo la manía de empeñarnos, contra toda evidencia, en que tiene que haber alguien más en el desierto.

China termina su inmenso buscador de aliens

A partir de septiembre, la atención de todos aquellos interesados en la búsqueda de vida alienígena inteligente se volverá hacia un remoto rincón del condado chino de Pingtang, en la provincia de Guizhou. Allí, el Observatorio Astronómico Nacional de la Academia China de Ciencias acaba de anunciar la colocación del último de los 4.450 paneles triangulares del Telescopio Esférico de Apertura de 500 Metros (conocido por sus siglas en inglés como FAST), el que desde ahora es el mayor radiotelescopio del mundo de plato único y reflector primario fijo.

El radiotelescopio FAST (China). Imagen de NAOC.

El radiotelescopio FAST (China). Imagen de NAOC.

El telescopio será un instrumento de investigación astronómica abierto a la colaboración internacional en todo tipo de proyectos. Sin embargo, sus responsables han precisado que uno de sus objetivos será la búsqueda de posibles señales de radio de origen inteligente, emulando a la que hasta ahora ha sido la mayor instalación del mundo del mismo tipo, el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico, de 300 metros de diámetro.

Aunque la construcción ha durado cinco años, con una inversión de 167 millones de euros, el origen del proyecto se remonta a 1994. La idea era seguir el modelo de Arecibo, donde el plato esférico está acostado en una hoya cárstica natural, lo que facilita la construcción, el drenaje y el mantenimiento. Los ingenieros chinos recorrieron el país hasta dar con un paisaje similar, una remota hondonada sin apenas interferencias de radio donde 65 aldeanos vivían sin electricidad y desconectados del mundo.

Naturalmente, los aldeanos debieron ser desalojados, junto con casi otros 10.000 que vivían en los alrededores. Y naturalmente, tratándose de China, los medios oficiales informaron de lo contentos que estaban los habitantes locales de abandonar sus hogares para dejar paso a aquella gran obra de ingeniería y ciencia. Según la agencia Xinhua, “los habitantes de las comunidades cercanas admiraron su suerte, diciendo que debían estar agradecidos a los aliens”. Los aldeanos fueron reubicados en otras poblaciones.

El FAST tiene algunas diferencias con Arecibo. En primer lugar, el reflector primario de Puerto Rico es totalmente fijo y esférico, mientras que la superficie del FAST es deformable en parábola, como los platos de los radiotelescopios orientables. En realidad esto reduce la apertura efectiva (la superficie útil) a algo más de 300 metros. Es decir, que si estuviera en España, probablemente se le llamaría el radiotelescopio de las dos mentiras: ni es esférico, ni tiene 500 metros de apertura. Existe otro radiotelescopio individual aún mayor, el RATAN-600 de Rusia, de 576 metros de diámetro, pero este no está compuesto por una superficie única, sino por 895 paneles rectangulares orientables por separado.

Vista parcial del radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico). Imagen de Javier Yanes.

Vista parcial del radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico). Imagen de Javier Yanes.

Para que se hagan una idea de la comparación de dimensiones entre estos telescopios, he hecho esta composición de imágenes de Google Earth, todas ellas correspondientes a una altura del punto de vista de dos kilómetros. Para apreciar la escala, incluyo una imagen de lo más próximo que tenemos por aquí, la estación de la Deep Space Communications Network en Robledo de Chavela (Madrid), y añado también una vista del centro de Madrid y otra del puerto de Barcelona a la misma escala.

Comparación de tamaños a escala del FAST, Arecibo, RATAN-600, la estación de seguimiento de Robledo de Chavela, el centro de Madrid y el puerto de Barcelona. Imágenes de Google Earth, altura del punto de vista: dos kilómetros.

Comparación de tamaños a escala del FAST, Arecibo, RATAN-600, la estación de seguimiento de Robledo de Chavela, el centro de Madrid y el puerto de Barcelona. Imágenes de Google Earth, altura del punto de vista: dos kilómetros.

El FAST comenzará próximamente sus primeras pruebas para la puesta a punto y el debugging, y está previsto que en septiembre comience a operar. Con esta gran instalación, China prosigue en su revolución científica que pretende situar al país a la cabeza de la ciencia mundial en 2049, con el centenario de la fundación de la República Popular. Esperemos que también mejore la transparencia informativa para que, si algún día realmente llegan a encontrar algo que pueda ser un indicio de algo, todos podamos enterarnos.