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Archivo de septiembre, 2018

Tres millones de dólares para Jocelyn Bell, la astrofísica ignorada por el Nobel

Hace un par de años y medio conté aquí la curiosa historia del descubrimiento del primer púlsar (estrella de neutrones giratoria) y de cómo aquel hallazgo, publicado en 1968, llegó a ilustrar la icónica portada de uno de los discos más míticos de la historia musical reciente, Unknown Pleasures de Joy Division (1979).

Jocelyn Bell en 1967. Imagen de Roger W Haworth / Wikipedia.

Jocelyn Bell en 1967. Imagen de Roger W Haworth / Wikipedia.

En el devenir de aquel episodio científico, que abrió una nueva era para la astronomía, hubo una clara figura perdedora: la norirlandesa Jocelyn Bell (después Bell Burnell por matrimonio), la autora material del hallazgo. Bell recibió en su día una gran atención por parte de los medios británicos… consistente en preguntarle si tenía muchos novios o si era más alta que la princesa Margarita.

Unos años después, en 1974, el descubrimiento fue distinguido con el Premio Nobel de Física… para el supervisor de Bell, Antony Hewish. No solo se trata de que Hewish no había sido el artífice directo del descubrimiento; es que incluso el hallazgo fue posible gracias a que Bell y otros cuatro colaboradores habían pasado dos años construyendo el artefacto necesario para ello. Y no piensen en alta tecnología: allí cada becario recibía un kit de herramientas para clavar palos en una parcela de 18.000 metros cuadrados y tender 190 kilómetros de cable entre ellos. Así eran aquellos primitivos radiotelescopios.

En su día y desde entonces, la omisión de Bell en la concesión de aquel premio ha perdurado popularmente como un caso flagrante de machismo en el mundo de la ciencia. Pero ya aclaré que en realidad se trata de algo más complejo: Bell era la becaria, y con independencia de que fuera hombre o mujer, los comités de los Nobel casi nunca premian a los becarios por considerarlos meramente las manos del cerebro de su amo.

Lo cual, evidentemente, casi nunca es cierto. Pero el Premio Nobel es una institución privada y por lo tanto tiene todo el derecho a regirse por las normas que le parezca, por equivocadas que sean (ya he comentado aquí mil veces que hoy en día premiar a una sola persona por un hallazgo es un descomunal anacronismo) Y aunque las quejas por este criterio sean frecuentes, a muchos de quienes protestan por ello, en concreto a los becarios, habría que plantearles esta pregunta: ¿cuántos estarían dispuestos a que en el futuro sean sus becarios quienes se lleven el mérito? Todos los sistemas jerárquicos se perpetúan porque los de abajo acaban llegando arriba.

Por su parte, Bell atajaba las críticas hacia el fallo del premio con una humildad y una elegancia dignas de aplauso:

Es el supervisor quien tiene la responsabilidad final del éxito o el fracaso del proyecto. Oímos de casos en los que un supervisor culpa a su estudiante de un fracaso, pero sabemos que la culpa es sobre todo del supervisor. Me parece simplemente justo que él deba también beneficiarse de los éxitos. Pienso que los premios Nobel quedarían degradados si se concedieran a estudiantes de investigación, excepto en casos muy excepcionales, y no creo que este sea uno de ellos.

Existen estos casos excepcionales que mencionaba Bell. Uno reciente que me viene ahora a la memoria es el del Nobel de Medicina de 2009, que premió a Elizabeth Blackburn y a su becaria Carol Greider por el descubrimiento de la telomerasa, la enzima clave del envejecimiento celular. Blackburn relacionó el acortamiento de los telómeros (los extremos de los cromosomas) con la edad de la célula, pero la identificación de la telomerasa fue obra exclusiva de Greider, algo que el comité Nobel no pudo ignorar.

Pero en realidad, el papel de Greider en este hallazgo fue muy similar al de Bell en el suyo. Algo que nunca sabremos es si Bell habría recibido el premio junto a Hewish si su nombre de Jocelyn hubiera designado a un chico (curiosamente, este nombre en Francia es masculino, algo similar a la diferencia de uso de Andrea, que es femenino aquí y masculino en Italia).

Jocelyn Bell Burnell en 2015. Imagen de Silicon Republic / Wikipedia.

Jocelyn Bell Burnell en 2015. Imagen de Silicon Republic / Wikipedia.

En definitiva, y ya se debiera la omisión a su condición de mujer o de becaria, o a ambas, lo cierto es que el agravio del Nobel aún pedía una reparación, a pesar de que desde entonces Bell ha sido distinguida con altos honores y nombramientos, incluyendo la Orden del –ya inexistente– Imperio Británico.

La merecida reparación le ha llegado ahora a Bell en una forma de menor prestigio científico que el Nobel, pero que muchos de los nobeles cambiarían con gusto: los tres millones de dólares que otorga el Premio Especial Breakthrough en Física Fundamental. En comparación, la dotación del Nobel en cada categoría es de algo menos de un millón a repartir entre los premiados, que en ciencia suelen ser tres.

Los Premios Breakthrough fueron creados en 2012 por un grupo de magnates que incluye al físico y tecnólogo ruso-israelí Yuri Milner, al cofundador de Facebook Mark Zuckerberg y su mujer, Priscilla Chan, al cofundador de Google Sergey Brin, a la cofundadora de la empresa genómica 23andMe y exmujer de Brin, Anne Wojcicki, y al chino Jack Ma, cofundador del gigante de internet Alibaba. Es decir, un ramillete de empresarios con bolsillos sin fondo que decidieron dedicar parte de su fortuna a la promoción de la ciencia y la investigación tecnológica.

Los premios tienen su edición regular anual, a la que se añade la concesión esporádica de galardones especiales a figuras de excepcional relevancia, como es el caso de Bell. El premio recibido ahora por la astrónoma se ha concedido anteriormente a Stephen Hawking y a los principales responsables del descubrimiento del bosón de Higgs o de las ondas gravitacionales.

Así pues, enhorabuena a la premiada, que lo tenía bien merecido. Que lo disfrute con salud. Y ya que hemos mencionado el Unknown Pleasures, me sirve como excusa para dejarles con esta rara y antigua joya.

Seis diferencias entre una tesis doctoral y otras cosas que no lo son

Antes me haría un nudo en los intestinos que arrojarme al debate que parece dominar la actualidad estos días. No tengo el menor interés en saltar a ninguna de las dos trincheras desde las que unos a otros se están arrojando volúmenes encuadernados en piel o títulos enmarcados en madera de roble. Además, ni conozco la tesis doctoral del personaje en cuestión, ni pienso conocerla, ni tengo ningún interés en defender a su autor, ni en machacarlo. Pero consumidos por la irracionalidad de su tuerta visión del mundo, escucho que ciertos tertulianos y periodistas están lanzando afirmaciones confusas e inexactas, no sobre una tesis concreta que ignoro, sino en general sobre el proceloso mundo de las tesis doctorales y sus circunstancias. Así que allá voy.

Imagen de Pexels.

Imagen de Pexels.

Diferencia entre tesis doctoral y novela: se puede plagiar sin copiar

En estos días se está hablando muy generosamente de plagio, pero ¿qué es plagio? ¿Quién y cómo decide qué lo es y qué no, de modo que las reglas no vengan determinadas por la inclinación política de cada cual? En una novela, bastaría una frase copiada literalmente de otra para que casi cualquiera lo considerase plagio. Y sin embargo, nadie acusaría de ello a los cientos de novelas y películas con argumentos básicamente similares. Por el contrario, el mundo académico es más complicado, ya que de hecho puede existir el plagio de ideas o hipótesis ajenas sin copiar una sola palabra, y esta es una falta más grave que la transcripción literal de un texto.

Diferencia entre tesis doctoral y reportaje periodístico: se puede no plagiar citando literalmente y sin comillas

En el caso de la copia literal de frases, continúa siendo igualmente complicado, asegure lo que asegure quien pueda aparecer en los telediarios citando porcentajes como si fueran los ingredientes de un yogur. En los trabajos académicos, una gran parte de lo escrito se dedica a explicar el trabajo de otros. Una norma universal que nunca debe quebrantarse es que cualquier copia literal de las palabras de otra persona debe ir atribuida a sus autores. Y aunque en un trabajo periodístico estas citas exactas deben entrecomillarse, en los trabajos académicos es más habitual el estilo indirecto, a no ser que interese enfatizar la literalidad. Por lo tanto, lo más apropiado sería refrasear una cita atribuida que no va entrecomillada. Lo contrario puede ser signo de un trabajo perezoso o descuidado, pero no necesariamente es un plagio. Siempre, claro, que uno no se atribuya lo que no le pertenece.

Diferencia entre tesis doctoral y máster: toda

Lo anterior se explica por el hecho de que en una tesis doctoral realmente importa más el contenido que el continente. Con todo mi respeto a los alumnos y titulados de másteres (yo mismo he hecho dos y mi periodismo es de máster, no de carrera), esa idea que parece circular de que un máster de postgrado es algo inmediatamente inferior a un doctorado no se corresponde en absoluto con la realidad. Una tesis doctoral es un largo trabajo de investigación original emprendido durante años, y con dedicación exclusiva en el caso de las ciencias experimentales, mientras que un trabajo de fin de máster es algo más parecido a un trabajo escolar, sin tratar de ofender a nadie. En mi máster en Ciencia, tecnología y sociedad, mi trabajo final comparaba la prospectiva tecnológica en dos escenarios literarios distópicos, los de Un mundo feliz de Huxley y 1984 de Orwell. Disfruté escribiendo aquel trabajo al que dediqué largos ratos durante algunos meses, pero de ningún modo es algo comparable a una tesis doctoral.

Diferencia entre tesis doctoral y oposición: no es un examen y uno elige a su tribunal

En contra de lo que se está difundiendo, la lectura de una tesis doctoral no es un examen, como pueda serlo una oposición. En primer lugar, el tribunal de tesis lo elige el propio doctorando. Obviamente, lo habitual es seleccionar a expertos en el área de competencia del trabajo de tesis a los que uno previamente conoce, y con los que muy posiblemente uno haya colaborado anteriormente. No son amiguetes, sino personas que dominan el área y están familiarizadas con la investigación llevada a cabo por el doctorando. Por supuesto, nada impide que alguien seleccione para su tribunal a completos desconocidos. Pero dado que estos deben analizar la tesis por anticipado antes de la lectura, es probable que se nieguen, dado que meterse de repente entre pecho y espalda (o mejor dicho, entre frente y nuca) cientos de páginas de un trabajo que hasta entonces ignoraba por completo, realizado por un becario del que jamás ha oído hablar, no suele ser el ideal con el que un investigador se levanta por las mañanas.

Diferencia entre tesis doctoral y examen de conducir: sobresaliente cum laude es la nota estándar

Dado que la lectura de tesis no es un examen, el objetivo de estas sesiones no es aprobar o suspender al doctorando. Nunca he conocido un caso en el que la calificación de una tesis doctoral haya sido otra que sobresaliente cum laude, y existe una buena razón para ello. A diferencia de un examen de conducir, los calificadores no llegan de repente a ver cómo pasa las rotondas el calificado. Como he dicho, los miembros de un tribunal de tesis reciben el trabajo (incluso en borrador) con la suficiente antelación y se supone que deben analizarlo por anticipado. Si alguno de ellos tiene alguna objeción o piensa que la tesis no reúne el suficiente nivel de calidad para llegar a la máxima calificación, lo esperable sería que se pusiera en contacto con el doctorando para que este amplíe o corrija aquello que sea necesario. Por supuesto que tras la lectura de la tesis los miembros del tribunal interpelan al doctorando, y las discusiones pueden ser tan agrias como pueda imaginarse. Pero si alguien llegara un día para sentarse en un tribunal de tesis habiéndose callado objeciones graves al trabajo del doctorando con el fin deliberado de privarle del cum laude, sería de inmediato calificado por toda la comunidad como un maldito hijo de puta.

Diferencia entre tesis doctoral y blog: se escribe en papel, ese material tan antiguo, y existe aunque no esté en internet

Hay quien dice que aquello que no puede leerse en internet simplemente no existe. Quienes así piensan probablemente ignoran que con ello están negando la existencia de buena parte de la ciencia. Las tesis doctorales se han escrito y siguen presentándose en papel, y de muchas de ellas no existen copias digitales. Por ejemplo, la de un servidor. Es cierto que en aquel 1997 la sociedad no estaba ni mucho menos tan digitalizada como ahora. Pero sí, teníamos internet, utilizábamos el correo electrónico y escribí mi tesis en Word, no con pluma de ganso. Y sin embargo, ni se entregaba ni se depositaba ningún archivo digital, que yo tampoco conservo. Pero incluso en lo que se refiere a las copias en papel, que yo recuerde jamás se me preguntó si quería que mi tesis estuviera accesible públicamente. Y de hecho, parece que no lo está: en la base de datos TESEO aparece solo la referencia, y en el repositorio de la Universidad Autónoma de Madrid figura como de “acceso restringido”. Aunque es inimaginable que alguien llegara a proponerme para un cargo de ministro, y más aún que yo lo aceptara, en un universo paralelo donde algo así fuera concebible es de suponer que cualquiera podría acusarme de querer ocultar mi tesis con algún propósito oscuro.

Para terminar y ya que hemos hablado de másteres, les dejo con el más recomendable que me viene a la mente.

Por qué las avispas son tan insidiosas al final del verano

Muchos urbanitas tal vez no se hayan percatado, pero quienes hacemos vida de exterior estamos acostumbrados al fenómeno anual de zombificación de las avispas al final del verano: los que durante el resto de la estación habían sido simples transeúntes de nuestro espacio aéreo, pacíficos insectos que iban a lo suyo y que solo picaban si nosotros agredíamos primero (intencionadamente o no), se transforman de repente en una legión de hambrientos seres que ansían nuestra comida y convierten cualquier almuerzo al aire libre en una nube zumbante de amarillo y negro. No es una impresión subjetiva ni una rareza casual; realmente ocurre que las avispas son infinitamente más insidiosas al término del verano que con los primeros calores.

Pero ¿por qué? ¿Hay más avispas según va terminando la estación calurosa? Desde luego, las hay, ya que el número de insectos va aumentando a medida que la colonia crece durante la primavera y el verano. Pero esta no es la causa de que por estas fechas se lancen en blitzkrieg a invadir nuestros platos de comida. El motivo es mucho más interesante y tiene su origen en el complejo ciclo de vida de las colonias. Resumiendo, podemos decir que las avispas que infestan nuestras barbacoas están desesperadas por conseguir alimento, y que incluso si logran remontar el vuelo con el botín de un pedazo de carne, la mayoría de ellas no vivirá mucho tiempo más.

Una avispa reina construyendo su nido. Imagen de Alvesgaspar / Wikipedia.

Una avispa reina construyendo su nido. Imagen de Alvesgaspar / Wikipedia.

Pero comencemos por el principio, la primavera, el momento en que los insectos comienzan a regresar a la vida. Las maneras que los bichos han encontrado para sobreponerse a los meses oscuros y fríos son tan diversas que no hay un solo patrón común. En el caso de las avispas, la mayoría de los miembros de una colonia han muerto durante el invierno; no de frío, sino de hambre. En general, solo las reinas sobreviven hibernando en algún hueco templado. Con la subida de las temperaturas, despiertan de su hibernación y se lanzan a buscar un enclave adecuado para su nuevo nido.

Una vez que la reina ha elegido su hogar para la nueva temporada, comienza a masticar madera para construir las primeras celdas en las que depositar sus huevos. Aquí entra en juego un sorprendente logro de la naturaleza: la fundadora no se ha apareado desde el otoño anterior. Desde entonces ha conservado el esperma dentro de su cuerpo para dosificarlo y fertilizar sus primeros huevos que darán lugar a hembras, avispas obreras.

Durante este periodo la reina se alimenta de néctar de flores. Pero cuando los huevos eclosionan, las larvas empiezan a reclamar comida, lo que obliga a la fundadora a cazar insectos y buscar carroña para nutrir a sus pequeñas. Lo que ocurre entonces es otro maravilloso artefacto de la evolución: cuando las larvas comen insectos, degradan la quitina de su exoesqueleto en azúcares simples, produciendo un líquido dulce que sustituye al néctar para la alimentación de la reina. Así, cuando esta se centra en el cuidado de las crías, no tiene que preocuparse de buscar su propia comida, ya que las larvas se encargan de alimentarla.

Unas tres semanas después de la puesta de los huevos, las larvas ya se han convertido en obreras adultas, que reemplazan a la reina en la construcción del avispero y el cuidado de las nuevas larvas. Estas avispas son las que normalmente vemos durante el verano; las que pican. Pero no suelen invadir nuestro territorio, porque se alimentan del jugo azucarado que producen las larvas.

La colonia llega entonces a su máximo esplendor. A la reina se le han acabado las reservas de esperma de la cosecha anterior, y necesita aparearse. Para evitar la consanguinidad, lo hará con machos de otros nidos. A su vez, pone sus propios huevos de avispas zánganos que se emparejarán con reinas de otras colonias. Para los huevos de los machos no se necesita esperma, ya que proceden directamente de óvulos sin fertilizar. Los machos apenas vivirán lo necesario para buscar pareja, lo que dará a las reinas una ración fresca de esperma para fecundar los huevos destinados a producir nuevas hembras, algunas de las cuales serán elegidas para perpetuar la dinastía. Mediante este sistema las avispas conseguirán salvar el parón invernal y mantener su diversidad genética.

Una colonia en construcción con avispas obreras y huevos. Imagen de Bob Peterson / Flickr / CC.

Una colonia en construcción con avispas obreras y huevos. Imagen de Bob Peterson / Flickr / CC.

Es entonces, ahora, entre finales del verano y principios del otoño. cuando comienza el declive de la colonia. Cuando las últimas larvas de la temporada ya han crecido, se acabó la barra libre de refresco azucarado. Ya quedan pocas flores de las que chupar néctar, así que la multitud de obreras hambrientas debe buscar otras fuentes de alimento, en la basura o en nuestras apetitosas mesas repletas de manjares.

Pero aunque por el momento logren llevarse algún bocado, ni siquiera estos recursos serán suficientes para mantener a un ejército de avispas famélicas. Dentro de un par de meses, la mayoría habrán muerto, a excepción de las reinas, que con su nueva provisión de esperma a buen recaudo buscarán un refugio para capear los rigores del invierno. Y vuelta a empezar.

Conocer mejor el ciclo de vida de estas criaturas puede ayudar a temerlas un poco menos y apreciarlas un poco más, sobre todo para respetar sus ritmos naturales y no cometer exterminios innecesarios, como eliminar avisperos al comienzo del verano simplemente porque caen dentro de nuestros dominios. A menos que su emplazamiento realmente interfiera con nuestra vida diaria, durante la mayor parte de la existencia de la colonia las avispas no van a molestarnos. Y a diferencia de las colmenas de abejas, los avisperos son de un solo uso, por lo que no hay riesgo de que vayan a seguir creciendo al año siguiente. Quien prefiera guiarse por criterios ecológicamente responsables solo debería destruir los avisperos bien entrado el otoño, cuando las reinas ya han emigrado y de todos modos la colonia está próxima a extinguirse.

Y para terminar hablando de avispas, qué mejor que hacerlo con sus homónimos. Y con una lenta, que la morriña del cercano otoño lo pide. Con ustedes, W.A.S.P.