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Esto es lo que hace un científico cuando se encuentra larvas de mosca bajo la piel

Como otras muchas personas, Piotr Naskrecki se fue de vacaciones al Caribe. Como muchas de ellas, regresó a casa con más de lo que llevó. Pero como algunas de ellas, aquello que se trajo de más no fue solo un bonito recuerdo o alguna artesanía local, sino un souvenir infinitamente menos grato: una colección de larvas de mosca que habían anidado bajo su piel.

Dermatobia hominis, hembra adulta. Imagen de Wikipedia / J. Eibl, U.S. Department of Agriculture.

Dermatobia hominis, hembra adulta. Imagen de Wikipedia / J. Eibl, U.S. Department of Agriculture.

La Dermatobia hominis, que vive en la América tropical y que según la Wikipedia por allí llaman “rezno” o “tórsalo”, es una mosca. Sí, es una mosca grande, del tamaño de un abejorro, e incluso su aspecto es parecido. Puede intimidar a primera vista, pero es del todo inofensiva. No pica ni muerde; de hecho, no se alimenta, y ni siquiera tiene boca. En su fase adulta solo vive unos tres o cuatro días, que dedica exclusivamente a tratar de apañarse una First Date para copular. Es básicamente una máquina reproductiva.

El problema son las larvas. Las maravillas de la evolución biológica han llevado a este insecto a especializarse en enterrar sus huevos en la carne humana (aclaro que no es el único, ni parasita solo a los humanos). Y lo hace de una manera increíblemente astuta. Si un insecto nos hincara en la piel un aguijón para poner los huevos, muy probablemente nos daríamos cuenta y lo aplastaríamos de un manotazo. Así que el tórsalo ha encontrado otra estrategia: subcontratárselo a otro que de todos modos vaya a pegarnos un picotazo.

Larva de Dermatobia hominis en fase temprana. Imagen de Wikipedia / Colombo973.

Larva de Dermatobia hominis en fase temprana. Imagen de Wikipedia / Colombo973.

La mosca no pone sus huevos en la piel humana, sino en la chepa de un mosquito o una garrapata. Cuando alguno de estos molestos chupasangres decide abrirnos un bar en la piel, el calor de nuestro cuerpo hace que los huevos caigan y eclosionen, y entonces las larvas entran para acodarse y anclarse a la barra. Nunca mejor dicho, ya que para evitar que las echen del bar, se fijan a través de una especie de coronas de púas. Allí viven durante un par de meses, hasta que por fin salen al exterior, caen al suelo y duermen una resaca de dos o tres semanas en forma de crisálida o pupa para finalmente despertar como moscas adultas. Y entonces, a buscar el amor de su (breve) vida.

Todo este drama biológico fue el que se ventiló en la piel de Naskrecki en 2014. Al regresar de sus vacaciones en Belice, donde como fotógrafo estuvo capturando las bellezas naturales del trópico, se dio cuenta de que se había traído una de ellas consigo. Lo que le dio la pista fue la presencia en su piel de picaduras de mosquito que no parecían cicatrizar. Por repugnante que resulte estar incubando larvas de mosca, al menos no suele ser doloroso: otra maravilla de la evolución es que las larvas, como otros insectos parásitos, probablemente producen sus propios analgésicos para intentar pasar inadvertidas y completar su ciclo.

Como cualquier otro haría, Naskrecki compró un kit de succión de veneno para extraerse las larvas de la piel. Este es uno de los remedios más recomendados, junto con aplicar vaselina en la herida para asfixiar a las larvas. En algunos lugares también ponen carne sobre la piel como cebo para que la larva salga a probar.

Larva de Dermatobia hominis. Imagen de Wikipedia / Geoff Gallice.

Larva de Dermatobia hominis. Imagen de Wikipedia / Geoff Gallice.

Pero Naskrecki, además de fotógrafo y viajero, es un científico, entomólogo de la Universidad de Harvard. Así que hizo lo que solo algún científico haría: dejarse dos larvas para permitirlas que completaran su ciclo y filmar y documentar todo el proceso. Además, y como narra Naskrecki en el vídeo que relata toda la experiencia (y que por desgracia no puedo pegarles aquí porque el autor lo ha restringido), pensó: “al ser un hombre, esta era mi única oportunidad de producir otro ser que viviera y respirara a partir de mi carne y de mi sangre”. Ya, ya, la analogía con un embarazo es siniestra, pero también algo nerdie.

Les animo a que se pasen por Vimeo a ver el vídeo, pero les prevengo: lo que se dice bonito, solo lo será para quienes lo contemplen como un documental de naturaleza en el que se disfruta de ver cómo van creciendo los cachorrillos. El propio Naskrecki advierte en el vídeo: “una vez visto, ya no se puede desverlo“.

Y como Naskrecki no me permite mostrarles el vídeo aquí, en lugar de la Human Botfly, como la llaman en inglés, les traigo la Human Fly, una canción de 1978 de los Cramps, aquel fantástico grupo garage que inventó el psychobilly y que tocaba con dos guitarras y sin bajo.

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