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De Granada a la Luna: cuatro décadas de astrofísica en Andalucía

Por Manuel González (CSIC)*

El 20 de julio de 1969 una persona pisó por primera vez la superficie de nuestro satélite. “Un pequeño salto para el hombre, un gran paso para la humanidad”, como afirmó Neil Armstrong, el artífice de una hazaña -o por lo menos su cara más visible-, de la que ahora se cumplen 50 años. Tras años de estudios, pruebas, misiones de exploración y algún que otro fracaso, por fin se conseguía hacer llegar la nave Apolo XI a la Luna. Aunque aquella vez no fue la única (entre 1969 y 1972 otras cinco misiones cumplieron el objetivo de transportar astronautas a nuestro satélite) sí fue la más icónica. Habíamos logrado abandonar nuestro planeta, posarnos en el cuerpo más cercano del Sistema Solar y volver. Algo impensable a principios del siglo XX.

El astronauta Buzz Aldrin durante el primer aterrizaje lunar, el 20 de julio de 1969./ NASA/ Neil A. Armstrong

Quizás una de las consecuencias que tuvo esa misión, y en particular la foto de la bandera americana ondeando sobre nuestro satélite, es que cada vez que se habla de la exploración espacial se tiende a pensar únicamente en Estados Unidos. Algunas personas también pensarán en la antigua Unión Soviética y China. Sin embargo, son varios los países que han participado desde hace años en misiones espaciales cuyo objetivo es desentrañar los misterios de los cuerpos del sistema solar. Sí, España también forma parte de la carrera espacial.

De cohetes estratosféricos a la superficie de Venus

En esta carrera, el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA) del CSIC ha jugado un importante papel desde su fundación en 1975. El 20 de julio de 1969 el IAA todavía no existía. Seis años después, en julio de 1975, este centro se inauguró en el palacio de la Madraza, un edificio histórico junto a la catedral de Granada, con un puñado de científicos y científicas dispuestos a hacer ciencia de la mejor calidad. En poco más de 40 años, el Instituto de Astrofísica de Andalucía ha participado activamente en la exploración de los cuerpos más importantes del Sistema Solar: la atmósfera de nuestra Tierra, el Sol, la mayoría de los planetas, algunas lunas, e incluso en un cometa. También fuera de nuestro Sistema Solar, ya que ha conseguido detectar planetas que orbitan alrededor de otras estrellas.

Uno de los primeros proyectos consistió en estudiar la luminiscencia nocturna en 1976. Se trataba de efectuar una exploración de la alta atmósfera terrestre con cohetes de sondeo. Se lanzaron varios desde el Arenosillo, Huelva, que ascendían unos kilómetros y que medían y caracterizaban la atmósfera terrestre según caían al mar. Este proyecto pionero daba el pistoletazo de salida al IAA en su aventura espacial.

Años después, tras estudiar la atmósfera de nuestro planeta, se saltó a la de Marte. La sonda Mars 96, lanzada en 1996, tenía como uno de sus objetivos el estudio de ciertas moléculas en la atmósfera marciana. Esta misión nunca llegó a Marte porque no consiguió abandonar la órbita terrestre, pero sentó las bases para construir un satélite que sí lograría su objetivo, Mars Express. Esta segunda misión, que comenzó en 2003 fue todo un éxito. Lanzó un orbitador que ha estado realizando investigaciones científicas desde entonces. La mayor parte de la instrumentación de este satélite es europea, con importante participación del IAA.

Entre Mars 96 y Mars Express el instituto participó en Cassini-Huygens, un proyecto para estudiar el planeta Saturno y sus lunas que data de 1997. La nave contaba con una sonda denominada Cassini que orbitaba alrededor del planeta, y de un módulo de descenso, Huygens, para estudiar la atmósfera de Titán. Huygens fue el primer objeto que aterrizó en una luna que no fuera la terrestre, y cumplió con éxito la mayoría de sus objetivos científicos.

Tras este hito, la misión Rosetta, lanzada en 2004 hacia el cometa 67P/Churiumov-Gerasimenko, fue el siguiente proyecto en el que se embarcó el instituto granadino. El desafío era mayúsculo. Por primera vez en la historia, la humanidad colocó un artefacto en un cometa: el módulo de aterrizaje Philae se posó sobre 67P en 2014. Pese a que el aterrizaje de Philae fue accidentado, porque rebotó y terminó posándose en una zona más escarpada de lo previsto, consiguió obtener muchas imágenes durante el aterrizaje y tomar datos sobre la superficie del cometa.

La misión Venus Express, lanzada en 2005, permitió estudiar la atmósfera y la superficie de Venus. Por su parte, CoRoT iniciada en 2006, estaba dedicada a la búsqueda de planetas extrasolares. Ambas también contaron con la participación tecnológica y científica del IAA.

 

La sonda Venus Express, sobre una imagen real de las ondas atmosféricas de Venus. / IAA

 Júpiter y exoplanetas: los retos del futuro

La Unidad de Desarrollo Instrumental y Tecnológico (UDIT) del IAA, un equipo dedicado especialmente al desarrollo de instrumentación, ha crecido considerablemente a lo largo de las últimas décadas. En su agenda se suman proyectos como Exomars o BepiColombo, lanzadas en 2016. La primera es una misión espacial a Marte que intentará averiguar si hubo vida en el planeta rojo en un pasado (o si la hay ahora). La segunda tiene como objetivo el estudio de Mercurio, uno de los planetas menos explorados hasta el momento.

¿Qué nos deparará el futuro? El año que bien comenzará el vuelo de Solar Orbiter, el primer satélite que observará los polos del Sol. Parte de su instrumentación ya fue probada con éxito en otro proyecto del centro, Sunrise, un globo que estudió en dos ocasiones (en 2009 y 2013) nuestra estrella desde la Tierra. Además, el IAA está fuertemente implicado científica y tecnológicamente en JUICE, prevista para 2022, que explorará tanto Júpiter como sus satélites Ganímedes, Europa y Calisto. Y en PLATO, que comenzará en 2026 y buscará y caracterizará planetas extrasolares rocosos alrededor de estrellas similares al Sol.

Esta exitosa actividad espacial ha contribuido a que el IAA sea reconocido como centro de excelencia Severo Ochoa, el único de Andalucía con esta distinción a día de hoy. Todo esto no habría sido posible sin el empeño y esfuerzo de unos científicos y científicas que, desde su despacho de la Madraza, quizás inspirados por los pasos de Neil Armstrong sobre la Luna, soñaron un día con conquistar el cielo.

* Manuel González trabaja en la Unidad de Cultura Científica del Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC y es responsable, entre otros proyectos de divulgación, del videoblog El astrónomo indignado.