¿Por qué hay tantas razas de perros?

Por Tessa Lynn Nester y Mar Gulis (CSIC)*

Los hay grandes como un mastín italiano y pequeños como un yorkshire terrier; de pelo largo al estilo chow chow o corto tipo dogo; con el cráneo achatado de un bulldog o alargado como un pastor alemán… Y, sin embargo, todos pertenecen a la misma especie: Canis familiaris. El perro es el mamífero con más diversidad morfológica que existe sobre la superficie de la Tierra.

Ilustración de Irene Cuesta

Ilustración de Irene Cuesta (SINC).

¿Cómo es posible que haya perros tan distintos? ¿Por qué entre los individuos de esta especie hay una variedad mucho mayor que entre los de otras especies, como el ser humano, cuyo origen es muy anterior? ¿Acaso los lobos, los parientes más cercanos de los perros, no se parecen mucho más entre ellos?

La respuesta a estas preguntas es relativamente sencilla: los perros son tan increíblemente diversos porque los seres humanos los ‘hemos hecho’ así. Para entender mejor esta respuesta, tenemos que hablar de cómo surgieron y cómo han evolucionado hasta la actualidad.

El origen del perro

Hoy sabemos que los perros son lobos domesticados a partir de una especie de lobo extinta y no de los lobos modernos (Canis lupus). De hecho, se cree que los lobos que conocemos en la actualidad y los perros son taxones (grupos de especies) hermanos que descienden del mismo ancestro común.

Sin embargo, el origen del perro es muy controvertido ya que no existe un acuerdo sobre dónde o cuándo se produjo la domesticación. Hay estudios genéticos que sitúan este evento en Asia, mientras que otros lo hacen en Oriente Medio o Europa. Los resultados de estas investigaciones tampoco coinciden en las fechas, de modo que el nacimiento de la especie puede haber ocurrido entre hace 20.000 y 40.000 años. Por otra parte, puede ser que todas tengan algo de razón y que existieran varios momentos de domesticación a lo largo de la historia.

Razas de perros

Hoy vemos una gran variedad entre las distintas razas de perros. / Mary Bloom, American Kennel Club, Shearin y Ostrander, 2010.

La domesticación es un proceso evolutivo en el que un organismo se adapta a un entorno humano a través de influencias que las personas ejercen sobre su reproducción y cuidado. A lo largo de las generaciones, este proceso cambia el genoma de la especie y, con ello, la morfología y el comportamiento del animal. Pero la manera concreta en que los lobos se convirtieron en animales domésticos también es tema de debate.

Se ha pensado que los humanos capturaron a los lobos y los domesticaron, pero esto es poco probable si tenemos en cuenta el comportamiento de los lobos salvajes. Es más factible que los lobos se hayan domesticado en un proceso conocido como autodomesticación. Desde este punto de vista los lobos más amistosos se habrían domesticado durante el Paleolítico a base de pasar tiempo cerca de comunidades cazadoras y recolectoras, comiendo las sobras, y se habrían hecho dependientes de los seres humanos con el paso del tiempo. Además, en ese proceso habrían desarrollado tolerancia al almidón, un carbohidrato común en la comida humana que los lobos salvajes siguen sin poder digerir. Después de poco tiempo, aquellos lobos se habrían hecho domésticos al encontrar un nicho en la sociedad humana.

Humanos y perros: una relación simbiótica

Lo que parece evidente es que entre los lobos domesticados y los seres humanos se formó una relación simbiótica de la que ambos grupos se beneficiaban. Los primeros conseguían comida y resguardo y los segundos un nuevo compañero, guardián y cazador.

La arqueología ha arrojado diversas muestras de esta relación, como las pinturas rupestres de hace miles de años encontradas en Arabia Saudí que parecen mostrar a un grupo de cazadores llevando a perros atados con correas. O el yacimiento de Oberkassel (Alemania), en el que se encontraron los restos de un perro y dos adultos humanos que vivieron hace 14.000 años y que habían sido enterrados juntos.

Pinturas Arabia Saudí

Las pinturas rupestres descubiertas en Arabia Saudí se remontan a miles de años atrás y posiblemente muestren a los cazadores llevando a los perros con correas. Es posible que sea una de las ilustraciones más antiguas de perros domésticos. / Journal of Anthropological Archaeology.

A partir de la dentición, se averiguó que el perro sufrió el virus del moquillo cuando tenía alrededor de 19 semanas y luego falleció a las 27-28 semanas de edad. Este descubrimiento es muy llamativo porque el virus del moquillo suele causar una muerte bastante rápida, durante las tres primeras semanas después del contagio, y el perro sobrevivió 4-5 semanas más de lo que habría sido normal. El hecho de que el perro no supusiera ninguna ventaja para sus amos durante el periodo en el que estaba enfermo y que aun así lo mantuvieran y llegaran a enterrarse con él nos indica que, además de asistirlo, posiblemente tenían vínculos afectivos que les unían al animal.

En cualquier caso, es evidente que en la actualidad mantenemos con los perros lazos de confianza y emocionales. Este es un fenómeno fácil de ver entre individuos de una misma especie –por ejemplo, entre una madre y su hijo–, pero muy poco frecuente entre individuos de especies distintas. De hecho, parece que el caso del perro y el ser humano es el único que existe.

Las razas del perro

Los perros siempre han sido muy útiles en nuestra sociedad en un gran número de papeles: pastores, guardianes, cazadores, rescatadores, compañeros etc. Dependiendo de su función, han sido seleccionados para tener las características que les permitieran hacer mejor su trabajo. Por ejemplo, los perros ganaderos son muy grandes, fuertes y con los músculos marcados porque a lo largo de generaciones los seres humanos han seleccionado a este tipo de individuos para que sean capaces de guardar el ganado y protegerlo de los depredadores.

Esta selección artificial es la responsable de que los perros sean tan distintos en su pelaje, tamaño y habilidades. No obstante, las razas de perro se diferencian mucho en su aspecto físico y poco en su genoma, ya que los rasgos físicos son solamente el resultado de pocos genes.

Aunque la domesticación empezó hace miles de años, la formación de las razas modernas tuvo lugar en el siglo XIX. Durante esta época, las personas aficionadas a los perros comenzaron a criarlos de acuerdo con un estándar de linaje, aspecto y comportamiento, y a fomentar de este modo las características que más les interesaban en cada caso. Así, en 1873 se creó en Londres el English Kennel Club, el primer club de razas de perros. Hoy, su homólogo estadounidense, el American Kennel Club, reconoce 193 razas, cada cual con sus propias características, temperamento y morfología.

Perros Moscú

Los perros callejeros en Moscú se parecen mucho debido al intercambio genético y a la pérdida de la selección artificial. / Andrey, Wikipedia.

Pero si dejáramos que todas las razas se entrecruzaran durante un periodo de tiempo las veríamos desparecer. Debido al intercambio genético, tendríamos solamente una raza de perro, en lugar de todas las que vemos hoy. Como ejemplo, los perros callejeros en Moscú, que han estado viviendo en las calles durante más de 150 años, sin las restricciones de la selección artificial. Sus acervos génicos se han mezclado rápidamente, lo que ha dado lugar a una única ‘raza’ de perro. Esto quiere decir, que somos los humanos los que mantenemos la separación de las razas evitando que se entrecrucen. Es nuestra especie la que mantiene y controla los rasgos y las características de los perros.

 

* Tessa Lynn Nester es investigadora predoctoral en el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC. Este texto es una reelaboración del artículo Mastín italiano vs yorkshire terrier. ¿Son la misma especie?, publicado en la revista Naturalmente.

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