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¿Desconfías de los robots? Estás en el ‘valle inquietante’

Por Mar Gulis (CSIC)

El campo de la robótica parece avanzar a pasos agigantados gracias a la ciencia y a la ayuda de las películas y series de ciencia-ficción. Algo como llegar al mostrador de un hotel y que un robot sea la recepcionista nos hubiese parecido digno de Blade Runner y sin embargo ahora es una realidad. Tras los superordenadores capaces de vencer al campeón del mundo de ajedrez o las inteligencias artificiales que engañan a los dichosos ‘captchas’ (Test de Turing público completamente automático para diferenciar entre humanos y máquinas o captcha por sus siglas en inglés) de las webs, el campo de la inteligencia artificial disputa ahora mismo la batalla de la empatía con el ser humano, es decir, conseguir que ese robot que tendremos enfrente el día de mañana no nos provoque repulsión.

Si alguna vez has sentido esa sensación al contemplar un robot humanoide, no te preocupes, es algo normal y científicamente probado. Es lo que se denomina como valle inquietante, o uncanny valley. Este concepto de la robótica fue desarrollado en 1970 por el japonés Masahiro Mori, profesor de robótica del Mukta Research Institute de Japón. Su hipótesis se basaba en cómo variaba la respuesta emocional humana ante un ente no humano en función de su aspecto y semejanza a un ser humano real. En España, son el Centro de Automática y Robótica (CAR) y el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA) los centros del CSIC que trabajan con esta hipótesis.

Gráfico ‘Valle inquietante’. / Edgar Talamantes.

El director del IIIA, Ramón López de Mántaras, planteaba en su libro Inteligencia artificial (CSIC-Catarata) que lograr que una maquina tenga una inteligencia similar a la humana es un reto a la altura de explicar el origen de la vida o comprender el universo, pero lograr la apariencia de un humano está más cerca de lo que parece. En la presentación del libro, Mántaras describió en tono divulgativo las características de la hipótesis de Mori: “Si el robot no es muy similar a la apariencia física externa humana se consigue una cierta empatía por parte del ser humano, pero a medida que se asemeja aún más, de repente la aceptación cae súbitamente (creando ese ‘valle’) y finalmente vuelve a aumentar cuando ya se pierde la posibilidad de distinguirlo de un ser humano real, a menos que se nos informe de ello.”

De ahí que robots tan conocidos como R2-D2 (Star Wars) o Wall-E (Pixar) nos parezcan adorables y dignos de confianza y sin embargo cuando vemos un robot con una ‘cara humana’ o actores y actrices ‘resucitados’ (Carrie Fisher en Rogue One) o rejuvenecidos digitalmente (Jeff Bridges en Tron Legacy), nos cause cierto rechazo o incomodidad. No obstante, este rechazo desaparece cuando el parecido es casi total o idéntico, entonces la curva del valle vuelve a subir y desaparece esa repulsión, cuando es indistinguible el ser humano del ser robótico.

R2D2, Wall-E, Carrie Fisher y Jeff Bridges (en versión digital). / Gordon Tarpley, Mike Renlund y Disney.

Llegados a este punto se plantea un nuevo interrogante: si nos encontrásemos de frente con una persona desconocida pero no supiésemos que en realidad es un robot, ¿cambiaría nuestra percepción sobre él/ella al descubrirlo? Esta cuestión nos sitúa en un futuro en el que los robots humanoides convivirían a diario entre nosotros como auténticos ‘replicantes’. Sobre esta convivencia, Mántaras también comentó el debate actual al respecto: “hay quienes pensamos que siempre se debe tener el derecho a saber si se está interactuando con una persona o no. Ahora mismo esto es un debate ético en el mundo de la robótica”.

Robot ‘ASIMO’ (Honda), ‘Einstein’ (HUBO) y ‘Sophia’ (Hanson Robotics). / Vanillase, Dayofid e ITU Pictures.

Por tanto, superado el valle inquietante, el siguiente gran dilema sería la convivencia directa con los robots. Idénticos al ser humano a simple vista, ¿cómo respondería la sociedad ante este nuevo elemento de convivencia si nos viésemos forzados a interactuar con ellos…? ¿Desarrollaremos prejuicios? ¿Racismo? ¿Clasismo entre ‘mecas’ y ‘orgas’ (mecánicos y orgánicos al estilo de Inteligencia Artificial)? Quién sabe qué dilemas nos afectaran en un futuro plagado de seres robóticos, quizá debamos recurrir a un nuevo Rick Deckard encargado de dar caza a robots rebeldes o vivamos el ludismo del siglo XXI en forma de rebelión contra las máquinas. O simplemente, que nos adaptemos a estos cambios.

 

1 comentario

  1. Dice ser susi

    Confío en ellos mucho más que en las personas. Si sustituyèramos a los políticos por robots, (total, para lo que hacen), se acababa la corrupción en dos días.

    11 enero 2018 | 12:54

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