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Día Mundial contra la Desertificación: umbrales que no se deben cruzar

Por el Grupo de Desertificación y Geoecología de la Estación Experimental de Zonas Áridas (CSIC)

Entre los años 50 y 70 del pasado siglo, en el Sahel, un periodo de lluvias extraordinario atrajo a una gran población y sus rebaños hasta el borde del desierto del Sahara. Los asentamientos comenzaron a surgir en lugares que históricamente tan solo eran zonas de pastoreo temporales. El retorno de la sequía atrapó a la gente y sus animales entre el Sáhara, al norte, y los campos de cultivo, al sur. Agotaron los recursos hasta que los animales murieron de hambre.

Desertificación

Desertificación/ Flickr. Erce Tümerk

Este es un caso paradigmático en el que mantener la sobreexplotación de los recursos –porque deliberadamente se ignoran los síntomas de deterioro o porque no se perciben correctamente– conduce a que el sistema se dirija hacia unos umbrales que, a escala humana, son irreversibles (por ejemplo, pérdida de suelo fértil o salinización de acuíferos). Este proceso de esquilmación, en el ámbito climático en el que se sobrepasan puntos de no retorno, se denomina desertificación.

Hoy, Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, dentro del Año Internacional de los Suelos, recordamos que el ámbito en el que sucede la desertificación es en regiones áridas, semiáridas y subhúmedas secas. El ser humano ha desarrollado estrategias para adaptarse a estas regiones, en las que llueve poco y de manera poco predecible. En efecto, el aumento de la aridez viene acompañado de una mayor irregularidad en la distribución de las precipitaciones. El truco para mantenerse en estos territorios es estar atento a las señales de escasez y adaptar las tasas de extracción de recursos (el pasto consumido, el agua de los acuíferos) a las de regeneración. Hay años de bonanza y otros de escasez. El estereotipo que mejor refleja esta situación son los nómadas que siguen las erráticas lluvias y el pasto que brota tras su paso. Cuando la hierba se acaba deshacen su campamento y buscan nuevos pastizales. La zona pastoreada volverá a ser productiva tras un periodo de regeneración.

En un sistema autorregulado como el descrito no pueden darse episodios de desertificación. Pero más que vivir, se sobrevive. Por eso, cuando ocurre alguna perturbación que le es favorable, las poblaciones la aprovechan. Puede ser un período de lluvias extraordinario. O una novedad tecnológica combinada con un pequeño milagro económico (nuevos mercados, subvenciones) que permita, súbitamente, alcanzar aguas profundas y regar el desierto. O una subida del precio del trigo que convierta en un negocio redondo los rácanos campos de secano.

De repente el sistema aparenta ser más productivo. En consecuencia aumentan las tasas de extracción y se genera un sistema económico de mayor envergadura. Este nuevo equilibrio es muy precario, inestable. Y las decisiones de los productores pueden estar más influidas por los tipos de interés que por la lluvia que cae o el estado del suelo.

La degradación del territorio es la herencia irreversible de la desertificación, y solo con grandes inversiones puede recuperarse una pequeña parte del esplendor perdido. Un ejemplo actual sería la rápida expansión del olivar que, como consecuencia de suculentos incentivos en forma de subsidios, ha transformado el monte mediterráneo andaluz de forma dramática. Los cultivos se han instalado en pendientes inverosímiles, y la obsesión productivista lleva a limpiar de matas y la más mínima brizna de hierba el suelo que separa los árboles.

Olivares


Olivares en pendientes muy elevadas poco apropiadas para la agricultura y afectados por la erosión. /Jose Alfonso Gómez Calero, IAS (CSIC)

El resultado es que las trombas de agua –algo común en el clima mediterráneo– forman arroyadas que horadan y acarcavan el terreno, dando lugar a unas tasas de erosión nunca vistas. Aunque las señales son más que evidentes, los vientos económicos siguen siendo tan favorables que no levantamos el pie del acelerador. Estamos muy cerca de destrozar amplios territorios para siempre.

 

3 comentarios

  1. Dice ser Antonio Larrosa

    Se intenta luchar contra la naturaleza, pero eso es una quimera imposible, contra la naturaleza no se puede luchar.

    Clica sobre mi nombre

    17 junio 2015 | 10:30

  2. Dice ser Daniel L.

    venga, vale, otro día nos habláis de las fumigaciones, de las antenas HAARP o de las de telefonía.

    17 junio 2015 | 12:39

  3. Dice ser Asdf

    Que poquito le queda a este mundo.

    17 junio 2015 | 20:54

Los comentarios están cerrados.