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Compost contra la crisis climática

El Compostaje, un aliado contra la Crisis Climática es un estudio elaborado por Amigos de la Tierra y la Universidad de Santiago, que revela la capacidad que tiene el compost para combatir los procesos de desertificación, así como los millones de toneladas de gases de efecto invernadero (GEI) que podrían evitarse con el tratamiento de los residuos orgánicos a través del compostaje.

La investigación se enmarca en el proyecto Aplicación de compost procedente de residuos municipales a suelos agrícolas y pastos, que cuenta con el apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica a través de la Fundación Biodiversidad.

Imagen: Amigos der la Tierra.

Una gestión incorrecta del uso de la tierra así como el cambio climático son factores que contribuyen a la desertificación y la pérdida de suelo fértil.

En el informe se ha analizado el compost de 19 proveedores diferentes, así como los 24 terrenos en los que se ha aplicado la enmienda orgánica, desde huertos hasta viñedos y dehesas. Se trata de la primera investigación que agrupa el análisis de compost y su aplicación para conocer su contribución en la adaptación al cambio climático en territorios con condiciones y características tan diferentes como Aragón, Baleares, Cataluña, Galicia, La Rioja o Madrid.

Los resultados señalan que el uso del compost reduce estos procesos de desertificación. La materia orgánica se ha incrementado en todos los suelos de un 4% al 8,6% de media, y se ha cuadruplicado en algunos casos. “Estos porcentajes se traducen en la mejora de fertilidad del suelo y, por tanto, en un aumento de la producción agrícola. El resto de valores analizados pasaron de media al 5% de carbono orgánico y 0,35% de nitrógeno”, dice la investigación.

Imagen: Amigos de la Tierra.

También, el compost ha incrementado la estabilidad de agregados en todos los terrenos, lo que implica mayor porosidad y permeabilidad con una mejor aireación y flujo de agua y una mejora en la fijación de nutrientes. En la misma línea, los suelos cuentan ahora con un PH equilibrado que llegan a valores próximos a la neutralidad.

La ONU denunciaba recientemente que en el mundo se pierden cada año 24.000 millones de toneladas de suelo fértil y más de un cuarto de las tierras ya no pueden utilizarse. Amigos de la Tierra insiste en que el compost en uno de los aliados clave sobre todo en España, una de las regiones más afectadas por los procesos de desertificación, con un 70% de su territorio afectado .

En 2016, las emisiones generadas por el tratamiento y eliminación de los residuos en España supusieron el 7% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero, constituyendo la cuarta mayor causa de emisión de gases de efecto invernadero en Europa.

Para hacer el estudio, se han aplicado 30,38 toneladas de compost, lo que equivale a 91,14 toneladas de biorresiduos. De esta forma se ha evitado la emisión de entre 10,02 y 30,07 toneladas de gases de efecto invernadero. Al año se generan en España 9,46 millones de toneladas de biorresiduos, por lo que se podrían evitar más de 1,05 millones de toneladas de GEI.

La organización ecologista insta a las administraciones a apostar por el compostaje como una herramienta decisiva para contribuir en la lucha contra la crisis climática.

La moda también quiere ponerle freno a la crisis climática

Un planeta, una solución (One planet, one solution) es el nombre de una serie de acciones organizadas por empresas y asociaciones de moda sostenible que quieren presentar en Madrid lo que se está haciendo en el sector para contribuir a ponerle freno a la crisis climática, convencidas de que si se transforma la industria textil, se transforma la sociedad.

La primera de esas acciones es una exposición de marcas sostenibles nacionales e internacionales que se mostrará del 1 al 14 de julio en la capital. Será presentada el día 5 acompañada de una serie de conferencias sobre la situación del textil y las innovaciones que se están introduciendo.

La empresa The Circular Project como nexo de unión de otras cinco compañías ha organizado Un planeta, una solución, como un compromiso y alianza de las ciudades contra el cambio climático utilizando una poderosa herramienta: la moda respetuosa con el medio ambiente.

Y de ese compromiso forma parte otra de las acciones previstas para el mes de septiembre: la unión de dos ciudades, Madrid y Nueva York, que se hermanarán para realizar un desfile de moda sostenible, que se presenta en esta ocasión “como un potente motor del cambio hacia unas ciudades inteligentes: mejor vestidas y mejor habitadas”, en palabras de Paloma García, el alma mater de The Circular Project.

“La industria textil abarca un amplio número de sectores de actividad desde que se planta la semilla que dará vida al tejido hasta que llega al consumidor que usa y desecha una prenda. Si cambiamos este ciclo de vida de nuestra ropa, si lo hacemos responsable, ética y ecológicamente, transformaremos el mundo”, señala.

Madrid – New York será el comienzo de una serie de actuaciones con las que se quiere remarcar la importancia de actuar coordinadamente en la lucha contra el cambio climático, poniendo el acento en la industria textil, “porque el problema es el mismo para todos independientemente de la ciudad que habitemos pero la respuesta es sencilla, un industria textil cada vez más responsable”. Para ello, se escenificará con un desfile que sucederá en paralelo y se podrá ver en streaming en ambas ciudades.

Exposición: 1 al 14 de julio
Lugar: centro Moda Shopping
Av. General Perón, 40. Madrid.

Café, una industria de éxito contra las personas y el medio ambiente

El 17 de junio se celebra el Día contra la Desertificación y la Sequía.

La Coordinadora Estatal de Comercio Justo acaba de publicar el estudio Café: La historia de un éxito que oculta una crisis, elaborado por Commerce Equitable France que concluye que el actual modelo de la industria del café no resulta sostenible ni para el medio ambiente ni para quienes lo cultivan.

La producción de café sufre especialmente el impacto del cambio climático: aumento de temperaturas, alteración de lluvias, plagas y enfermedades, etc. De hecho el estudio revela que sin un plan para combatirlo, la superficie apta para su cultivo podría reducirse a la mitad en 2050.

 

Frente a ello, los modelos productivos que combinan el comercio justo y la agricultura orgánica son los que generan mejores resultados tanto para aumentar los ingresos de los productores como para conservar modelos agroforestales tradicionales y frenar las consecuencias de la crisis climática.

El estudio, que analiza de manera particular el caso de Etiopía, Perú y Colombia, se publica con motivo del Día contra la Desertificación y la Sequía, el próximo lunes 17 de junio y Naciones Unidas hace un llamamiento al papel de la ciudadanía y, entre otras medidas, apuesta por el consumo responsable para evitar la degradación de la tierra.

El estudio prevé además que de aquí a 2050 el consumo de café aumente debido a los cambios de hábitos y al desarrollo de economías emergentes. Para satisfacer la nueva demanda, se debería multiplicar por 2’5 la superficie disponible para las plantaciones, lo que incrementaría los efectos negativos.

La creciente expansión de la producción de café y la tendencia a modernizar las explotaciones están generando un gran impacto en la deforestación, porque provoca la tala de árboles de sombra y, por tanto, la pérdida de sus beneficios asociados como son la regulación climática, la lucha contra la erosión o el mantenimiento de la fertilidad y humedad de los suelos.

Además, estos modelos industriales necesitan un elevado uso de productos químicos, lo que aumenta los costes de producción y, por tanto, reduce los ingresos para los productores, que ya viven en la pobreza.

La investigación señala que 25 millones de personas de más de 80 países se dedican al cultivo del café, mayoritariamente en parcelas de menos de 5 hectáreas. En su mayoría, viven en la pobreza. De los tres países analizados, en Perú y Etiopía, los caficultores generaron ingresos muy por debajo de lo que se considera el umbral de la pobreza. De hecho en 2017 sus ingresos fueron un 20% más bajos que en 2005.

En el caso de Colombia aunque de media los caficultores sí alcanzan el umbral de la pobreza, a menudo no cuentan con medios suficientes para mantener sus cultivos, a veces ni siquiera para cosechar todo su café, por lo que se ven obligados a endeudarse para satisfacer sus necesidades básicas. Ello favorece también fenómenos como el trabajo infantil o la migración.

En un mercado que genera unos 200.000 millones de dólares al año -el segundo producto agrícola en volumen comercial después del petróleo- la desigualdad entre los distintos eslabones de la cadena se ha acrecentado. En los últimos años mientras las empresas tostadoras y distribuidoras generaron 1.177 millones de euros, los productores percibieron únicamente el 4% de las ganancias.

Se trata de una industria en la que la distribución de valor y costes es profundamente injusta. Si bien los países productores reciben de media entre el 23% y el 27% del valor generado por la cadena del café, concentran entre el 68% y el 92% de los costes sociales asociados y sufren en primera persona los principales impactos medioambientales y sociales.

En los tres países analizados -Etiopía, Perú y Colombia- la investigación concluye que la combinación del comercio justo y la agricultura orgánica está consolidando el modelo agroforestal tradicional que permite luchar contra los efectos del cambio climático. Y además favorece una mayor calidad de vida de los productores. En Perú, en 2016, el 25% de las exportaciones totales de café fueron producidos bajo los principios del comercio justo, lo que significó  para los 45.000 productores recibir un 5% más del valor total en relación al mercado convencional.

En el caso de Colombia, el café de comercio justo, que representa el 2’5% de las exportaciones y es producido por 67.000 personas, les permite desarrollar un modelo agroforestal y orgánico que ofrece una alternativa para luchar contra las consecuencias de la crisis climática, y sus ingresos han aumentado en un 20% .

En Etiopía un 29% de las cooperativas cafetaleras contaban con la doble certificación de comercio justo y orgánica y ha permitido aumentar en un 10% los ingresos a los productores y preservar el modelo agroforestal tradicional.

La investigación ha sido elaborada con financiación de la Unión Europea en el marco del proyecto Trade Fair Live Fair.