La televisión ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada. Alain Touraine

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“Cuestión de sexo” y “El síndrome de Ulises”

Anoche anduve entre las dos y, francamente, no sé cuál de ellas atarme al cuello para tirarme al río. Ambas me parecieron un tostón mayúsculo de producción medio decente y guiones soporíferos. Eso, para empezar…

Os tengo que confesar que anoche estaba tan cansado que me quité las gafas para ver la tele, y cuando empezó la serie – no sé por qué – pensé que una de las protagonistas (la mujer de Willy Toledo) estaba interpretada por Amparo Larrañaga. Y pensé, “coño, el colutorio que anuncia esta mujer tiene efecto bótox”. Después me puse las gafas y ya vi que no, que ella es Pilar Castro.

A mí “Cuestión de sexo” me aburrió muchísimo. Me pareció una versión guay de “Escenas de matrimonio“. Un idéntico catálogo de lugares comunes después de haber pasado la prueba del Head & Shoulders.

De “El síndrome de Ulises” tampoco os penséis que tengo nada bueno que decir. Si acaso, que al menos tiene ese aire de comedia costumbrista que podría dar algo interesante. De serie coral que, con una ración bien dosificada de cada personaje y un tono más amable que paródico, podría funcionar. A mí no me interesó nada anoche, pero tal vez fue porque era el primer episodio y el lastre de la presentación de tanta gente fue demasiado.

Lo que sí me parece muy interesante es el juego que le sacan últimamente los guionistas de las series de Antena 3 a las localizaciones de sus historias, cuyos topónimos acuáticos definen perfectamente el tono: “La laguna negra” para la intriga de El Internado y “Arroyo Pingarrón” para el humor cotidiano de El síndrome de Ulises.

Aunque una vez dicho todo lo anterior (un cordial saludo a todos los guionistas), tengo que admitir que hubo algo que sí me gustó mucho de las dos: escuchar otros acentos del español diferentes a los que estamos acostumbrados a oír en las series de producción nacional. Eso estuvo muy bien. Sí, señor.

Sexo (enorme) en Nueva York

Buenos días a todos.

Lo que voy a contaros sucedió hace algunos meses, y cuando me enteré no os dije nada porque pensé que todo-el-mundo iba a hablar de ello. Pero no. De hecho, creo que muchos de vosotros no os habéis enterado aún del escandalazo. Así es que allá voy.

Como la mayoría sabréis, la costumbre de desnudar a los señores bomberos en calendarios anuales para recaudar fondos se ha convertido en una tradición. Que se ha ido ampliando a futbolistas de tercera, empleados de talleres mecánicos o sacristanes. Despelotarse por una buena causa es muy siglo XXI. Y me parece fetén.

Pues bien, este verano se publicó el calendario 2008 de los Bomberos de NY, en cuya portada aparecía este portento de señor llamado Michael Biserta

Que, ATENCIÓN, tenía un pasado. Un glorioso pasado como actor porno (hetero, creo) y algún vídeo en XTube donde mostraba el considerable calibre de su talento… (ADVERTENCIA: EL VÍDEO ES SÓLO PARA ADULTOS)

Y en el que ponía facilísimo cualquier ejercicio chascarrillense acerca de mangueras, bomberos, fuegos y otras variaciones de humor de vanguardia.

De acuerdo, el post de hoy puede que no sea muy fino. Lo reconozco. Pero es un gran espectáculo televisivo. Atreveos a decirme que no.

Para los que estéis preocupados por el destino de Biserta, sabed que no le despidieron. Porque su carrerón en el porno había terminado antes de que entrara en el Cuerpo de Bomberos neoyorquinos. Respecto al calendario, parece que se retiró. Pero en eBay todavía quedan 11 ejemplares a la venta. No hay de qué.

La lente porno
(Día Porno II. Parte II)

Todo el mundo lleva en la mano lo más duro: su cámara fotográfica o de vídeo.

Me siento como en ese cuento de Italo Calvino, “La aventura de un fotógrafo” de “Los amores difíciles”, en el que después se inspiró Almodóvar para uno de los personajes de “Kika” (esa película tan mala). Me siento rodeado de gente que sólo se interesa en lo que ve a través de su lente.

El público (masculino, en su mayoría) no ha venido aquí a tener sexo. Ni siquiera a ver sexo. Han venido aquí a guardar en vídeo o en fotografía el sexo que aquí se les muestra en directo. Como si no fuesen capaces de soportar lo real y se vieran obligados a filmarlo. A convertir el sexo en porno a través de sus lentes.