La televisión ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada. Alain Touraine

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Vacas en la noria

UNO

Desde que soy un caballero de mediana edad y vuelvo a casa a una hora decente los sábados, mis noches son mucho más locas. En serio. Gracias a Jordi González.

El sábado pasado, por ejemplo, creí descubrir la esencia de la televisión en un momento final de la entrevista al Presidente de Cantabria y colaborador de Buenafuente, Miguel Angel Revilla.

Os cuento:

según se acercaba el final de la entrevista, un mensaje sobreimpreso en la pantalla nos anunciaba que el señor Revilla iba a revivir momentos de su infancia. Y al cabo de unos momentos, González le invitó a levantarse de la butaca y acompañarle, al tiempo que veíamos a un par de señores meter en el plató a una vaca que no estaba nada feliz ni convencida de su papel en ese programa (sensata la vaca, todo hay que decirlo). Nada más ver al animal, el presidente cántabro advirtió “no pienso ordeñarla”, Jordi estuvo de acuerdo, y ambos volvieron a sus asientos. La vaca se fue por donde había venido.

Y eso fue todo. El equipo de producción llevó una vaca hasta los estudios de Telecinco, consigueron meterla en un plató a trancas y barrancas, le debieron de provocar un par de infartos y varios ataques de estrés, y todo para nada.

Eso es la televisión. Un “tanto para nada”. Un obsceno despliegue de medios cada vez mayor que sirve solo para generar la expectativa que rara vez se cumple. El instante que se tarda en exclamar ¡coño, una vaca!, y lo que tarda la vaca en desaparecer.

DOS

Al cabo de un rato, después de la publicidad, en la “mesa de debate” aparecía sentada otra vaca. Sagrada. Ernesto Ekaizer, uno de los popes de El País, que estaba allí para hablar de su reportaje acerca de la conversación Aguirre/Rey sobre Jiménez Losantos. Frente a él, Alfredo Urdaci y Miguel Angel Rodríguez (MAR, ese señor que fue ayuda de cámara de los Aznar, después portavoz de su gobierno y más tarde presidente de una agencia publicitaria que llevaba la cuenta de Telefonica en los gloriosos tiempos Villalonga, además de propietario de una productora televisiva que, por supuesto, le vendía programas a la televisión pública. Yo coincidí un par de veces con MAR durante la grabación de una serie de programas. Y tengo que decir que su imagen pública no le hace justicia: al natural me pareció muchísimo peor).

Junto a Ernesto Ekaizer, Pilar Rahola (como dice mi amigo Antonio: “Bin Laden vive. Y ahora es el peluquero de Pilar Rahola“).

Ahí estaba la vaca sagrada. Lamentablemente lo vimos ya sentado en su silla, y no sabemos si entró en el plató como la otra; empujado y reticente. Ni si su intervención en un programa de tanto nivel periodístico era parte de la nueva campaña publicitaria de su periódico global: la noria, la gloria, la historia…