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La visita del ‘suluby’

Por Ana de la Osada. Minova (R.D. Congo)
Referente médico de la campaña de vacunación de Minova


A finales de septiembre el suluby llegó a Karango, un pueblo de la región de Minova encaramado en las montañas que rodean el lago Kivu, en el este de la República Democrática del Congo (RDC).

El suluby, más conocido para nosotros como sarampión, bajó a Karango, siguiendo la ruta que baja desde los llamados Hauts Plateaux, la zona más alta del lugar. Aprovechó la pobre cobertura de vacunación que caracteriza esta zona del país para instalarse cómodamente y atacar, cómo no, a los más vulnerables. A principios de octubre, el visitante se cobró en una semana la vida de cuatro niños del pueblo, todos ellos menores de 5 años.

Campaña de vacunación en Minova.República Democrática del Congo. Fotografía  de la Osada / MSF
Campaña de vacunación en Minova.República Democrática del Congo. Fotografía de Ana de la Osada / MSF

Miembros del equipo de urgencia de MSF España en la provincia de Kivu del Sur (RUSK) nos desplazamos al lugar para responder a la epidemia que empezaba a extenderse por el litoral de Minova. El suluby no se había conformado con Karango y ya había aparecido en otros pueblos cercanos, como Ruhunde y Nyamasasa.

Nuestro objetivo era claro: hacerle frente. Era necesaria una vacunación masiva, pero a la vez había que asegurarse de que la población afectada por la epidemia tuviera acceso gratuito a los centros de salud y el hospital para prevenir y frenar las complicaciones que puede provocar el virus del sarampión. Se hicieron donaciones de medicamentos, se apoyó a los equipos de los centros sanitarios se estableció un sistema para referir los casos graves al hospital.

La diferencia entre la vida o la muerte para un pequeño con sarampión puede ser tan sencilla como que su madre tenga o no dinero para pagar la consulta y el tratamiento médico. En la mayoría de los centros sanitarios de esta zona el acceso a la salud no es gratuito y desgraciadamente no está al alcance de todos.

El primer día que fuimos a Karango nos acercamos al centro de salud para hablar con el equipo. Era sábado, día de consulta prenatal, y aprovechamos para hablar con las mamás que esperaban turno. Cuando les explicamos que se iba a organizar una campaña de vacunación masiva y que el tratamiento sería gratuito empezaron a aplaudirnos. Una madre nos explicó que había perdido a dos de sus tres hijos, los más pequeños. La falta de medios económicos le impidió llevarlos al centro de salud y murieron en casa sin que ella pudiera hacer nada por impedirlo. El suluby no tiene piedad de los que tienen menos recursos.
A finales de octubre empezamos a recorrer todo el litoral del lago en la zona Minova para asegurar el tratamiento gratuito de casos y animar a la comunidad para que participara en la campaña de vacunación, dirigida a todos los niños entre 6 meses y 15 años. El primero de diciembre se dio el pistoletazo de salida: comenzó la campaña con el objetivo de inmunizar a unos 75.000 niños durante algo más de dos semanas. Una buena cobertura de vacunación es la mejor arma contra la expansión del sarampión. Eso es precisamente lo que tenemos que conseguir.

Durante la primera mañana, aun con el sol saliendo, pensaba mientras subíamos hacia Karango en todas esas madres con las que habíamos hablado y de todos los niños de ese pueblo que habían recibido la visita del suluby, con mejor o peor suerte. Durante los tres primeros días vacunamos todo el área de Karango: un total de 5.200 niños. No fue nada fácil mantener el orden en los puntos de vacunación, pero las mamás tenían muy claro su objetivo y aguantaron de pie varias horas, algunas desde las 6 de la mañana, ansiosas por ver como sus hijos recibían la protección.

 

Un niño es vacunado contra el sarampión en Karango, en la región de Minova. República Democrática del Congo. Fotografía Ana de la Osada / MSF
Un niño es vacunado contra el sarampión en Karango, en la región de Minova. República Democrática del Congo. Fotografía Ana de la Osada / MSF

 Mientras escribo esta historia hemos pasado el ecuador de la campaña. 66.250 niños han sido vacunados y aún nos quedan varios días de trabajo intenso. El cansancio se hace notar y cada madrugón pesa, pero ahí seguimos. Calculamos que al final de la campaña cubriremos con creces el objetivo, llegaremos a vacunar a unos 100.000 niños.

 El suluby ya empieza a sentirse incómodo en la zona del litoral de Minova.


En las dos primeras semanas de diciembre, un equipo de MSF realizó una campaña de vacunación contra el sarampión en el área de Minova (provincia de Kivu del Sur, en el este de la República Democrática del Congo) en la que fueron inmunizados 90.887 niños y jóvenes de entre 6 meses y 15 años, un 20 % más de los previstos inicialmente.

 El sarampión puede ser mortal en los niños si no se trata, pero es muy fácil de evitar mediante la vacunación. Desde hace décadas, el país ha sufrido epidemias de sarampión con un resurgimiento importante de la enfermedad desde el año 2010. Un estudio realizado por Epicentre, el centro de investigación epidemiológica de MSF, indica que entre 2010 y 2013 se registraron en el país casi 300.000 casos y que algo más de 5.000 pacientes (1,7% del total) fallecieron. Según el informe, el número de casos descendió más de un 20% tras las primeras campañas de vacunación.

 

 

 

 

Sin tiempo para ser niño

?????????????????????????????????????????????????????????????????????Alex vive en una pequeña comunidad indígena situada en la montaña de Ecuador, en una de las zonas más empobrecidas del país. A pesar de que tan sólo tiene seis años, tiene poco tiempo para disfrutar de su niñez.

Cada día, al salir de la escuela, ha de regresar rápidamente a casa para dar de comer a los animales y cuidar de Heidi, su hermana pequeña, que con tan sólo tres años, hasta que su hermano vuelve de clase, está sola. Es una situación que se repite con frecuencia entre la infancia indígena de la región.

Los dos hermanos, viven con su abuela y tres hijos de esta, en una casa de dos habitaciones. Alex no sabe dónde está su padre y a su madre sólo la ve una vez al mes. Trabaja en la capital como empleada del hogar. En el pueblo, falta trabajo y a pesar del dolor de verse obligada a estar lejos de sus hijos, tuvo que ir a la ciudad para poder ganar algo de dinero. A pesar de todo,  su sueldo, apenas cubre las necesidades que tienen.

???????????????????????????????????????????????????????????????????????????En Ecuador, 3 de cada 10 niños y niñas, no viven junto a sus padres. La migración del campo a la ciudad para buscar trabajo, es habitual.

La abuela de los niños, trabaja en el campo. Sale pronto por la mañana y no vuelve hasta bien entrada la tarde. En esta zona, ubicada a 4000 metros sobre el nivel del mar, la mayor parte de las familias viven de sus propios cultivos.

La vida no es fácil para Alex y su familia. La fuerza del sol, se evidencia en las mejillas quemadas del niño. La comida escasea y es complicado encontrar agua limpia, pues suele estar contaminada por los animales. En la comunidad de Alex, el 58% de niños y niñas menores de cinco años sufren padecen desnutrición severa. El promedio nacional es menor, pero en zonas rurales y sobre todo, poblaciones indígenas, el índice es considerablemente alto.

A pesar de todo, Alex es un niño afortunado. Puede ir a la escuela y eso es garantía de futuro para él y su familia. Estudiar le ofrece grandes posibilidades de escapar de la pobreza y forjarse un mejor futuro. Su escuela es una de las beneficiarias de los programas que Plan Internacional está llevando a cabo en las comunidades indígenas de los Andes. En ellos se trabaja para favorecer el acceso de los niños y niñas a la escuela y capacitar a cuidadores, padres y maestros en temas de salud y nutrición para contribuir a reducir la mortalidad infantil.

 

Registro infantil: una puerta al futuro

Por: Amrullah Amrullah. Experto en Protección de la Infancia. Plan Internacional en Indonesia.

 Las oportunidades son escasas para aquellos niños y niñas que viven en los barrios pobres de Yakarta, que con frecuencia recolectan botellas de plástico, se pasean por los basureros en busca de restos o  tocan el banjo en los autobuses locales para recolectar algunas monedas con las que sobrevivir. Es preocupante.

También lo es que muchos de estos niños y niñas no existan oficialmente. Sus padres no pueden cubrir los costes que implica la obtención de los certificados de nacimientos, limitando así el futuro de estos pequeños y su acceso a servicios básicos.

Los altos costes y un proceso excesivamente  burocrático, convierten la obtención de un certificado de nacimiento en Indonesia en una auténtica pesadilla.Sin una identidad legal, no hay acceso a la educación, tampoco ala asistencia sanitaria básica, a un pasaporte o a ejercer el derecho al voto. Sin un certificado de nacimiento, no puedes demostrar tu edad y pueden casarte a la fuerza a una edad temprana.

Un padre firma una constancia de recibido por el certificado de nacimiento de si niño

Un padre firma una constancia de recibido por el certificado de nacimiento de si niño

El Ministerio de Asuntos Sociales, hablaba en 2012 de 94.000 niños y niñas de la calle en Indonesia, de ellos 7.000 sobreviven en las calles de Yakarta. Sólo una quinta parte -el 22%- de ellos estaba registrado.

Indonesia posee una de las tasas más bajas de inscripción de nacimiento entre los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. En Camboya, Tailandia, Singapur y Vietnam, por ejemplo, más del 90% de la población está registrada.

El año pasado, Plan Internacional, realizó encuestas en cinco de los barrios más pobres de Yakarta y encontró que más del 60 % de los padres ni siquiera había tratado de registrar a sus hijos. La organización de protección y defensa de los derechos de la infancia, estima que, en Indonesia, cada año tres millones de niños y niñas se suman a los entre 30 y 35 millones de niños y niñas sin registrar.

El sistema de servicios públicos no proporciona oportunidades adecuadas para que los niños y niñas de la calle se registren,  ya que entre otras cosas, solicitan una larga lista de  documentos necesarios para poder emitirlo, entre ellos: certificado de nacimiento, carta de confirmación de nacimiento emitida por la jefatura del municipio, libro de familia o constancia de domicilio y un  certificado del estado civil de los padres.

La investigación llevada a cabo en 2013, arrojó que tan sólo el 54% de los encuestados tenía la notificación de nacimiento de sus hijos.La mayoría, el84%, no tenía unacarta de confirmación del nacimiento de la jefatura municipal.Sóloalrededor dela mitad teníalibro de familia/cartade domicilioy sólo el 40% de los encuestadosteníaun certificado de matrimonioexpedido porel RegistroCivil.

El Estado está obligado a desarrollar un sistema que garantice el bienestar y la protección de la infancia. Recientemente el Ministerio de Asuntos Sociales puso en marcha un programa nacional de protección de la infancia, cuyo  objetivo es dar a cada niño y niña una cuenta de ahorros con un depósito único de alrededor de $ 150 (90 €) para cubrir los gastos de educación y salud básicos. Sin embargo, es necesario que los niños y niñas estén registrados para beneficiarse de dicho programa.

Ani, de 15 años de edad, no puede obtener su certificado de nacimiento porque no sabe dónde está su padre.  “Me siento frustrada pues no puedo ser una ciudadana oficial de mi país”, dice.

Tri, de 15 años, asiste a una escuela informal y trabaja como cantante en la calle ganando cerca de 2 dólares al día (1,20 €). Es consciente del valor de conseguir un certificado de nacimiento, especialmente para su educación. “Mis padres se han divorciado. Mi padre está ocupado en el trabajo y no tiene tiempo para emitir mi certificado de nacimiento. Ni siquiera entiende su importancia”, dice.

Pequeña niña enseña su certificado de nacimiento

Pequeña niña enseña su certificado de nacimiento

Desde 2012,Plan Internacional lleva a cabo un programa de Registro Universal de Nacimientos para los niños de la calle en Yakarta. A través del proyecto, se sensibiliza a los niños y niñas de la calle y sus familias sobre la importancia de estar registrado, y se facilita apoyo al gobierno para facilitar los trámites y hacer asequible el registro a la población. El año pasado, el Parlamento de Indonesia cambió la ley para hacerlo más económico y más asequible al ciudadano. Se eliminaron los  pagos adicionales y la obligación de que el certificado sea emitido en donde tuvo lugar el nacimiento.

Ya hay más de un millar de niños registrados desde que el proceso se simplificó. Esto demuestra que la unión entre los diferentes aliados de la sociedad civil, el sector empresarial, el gobierno y las comunidades puede producir grandes logros, en este caso apoyando y dando visibilidad a los niños y niñas excluidos.

Los refugiados centroafricanos se enfrentan a grandes retos en Camerún

Por Tatangang Henri -Noel

Técnico de Reducción del Riesgo de Desastres de Plan Internacional en Camerún

 

La semana pasada viajé a uno de los campamentos de Lolo, en la región este de Camerún, para evaluar la situación de los refugiados de la República Centroafricana.

Durante la visita, me conmovió ver como una multitud de niños y niñas llegaban a los campamentos acompañados de sus familias. Allí conocí a Aisha, una niña de 9 años procedente de la comunidad de Buar y que había viajado unos 400 kilómetros desde la República Centroafricana. A su llegada al campamento, las autoridades competentes la registraron a ella y a su familia. Aproveché el momento para preguntarle cómo había sido capaz de caminar una distancia tan larga, su respuesta fue: “Hemos hecho el camino a pie durante varios días  y nos refugiamos en las casas de las familias que nos encontrábamos en el camino, quienes además nos dieron comida. Una vez que llegamos cerca de la frontera fuimos trasladados al campamento”.

Dadas las circunstancias en las que se encuentran miles de personas como Aisha, que se  han visto forzadas a huir de su país por el estallido de una guerra en RCA, le pregunté a la joven si todavía tenía miedo, a lo que ella respondió: “No, porque ya no tendré que ver más a esos hombres malvados que iban armados”.

Aisha comentó que no sabía cuando podría volver a casa. Desde hace un año no va a la escuela debido a la alta inseguridad. El estallido del conflicto armado provocó el cierre de gran parte de las escuelas comunitarias y la huída de todos los maestros de la zona.

Miles de niños que huyen de la violencia en la República Centro Africana llegando al  campamento de refugiados de Lolo, en la Región Este de Camerún. Muchos de ellos han caminado cientos de kilómetros con sus familias y parientes en busca de refugio

Miles de niños que huyen de la violencia en la República Centro Africana llegando al campamento de refugiados de Lolo, en la Región Este de Camerún. Muchos de ellos han caminado cientos de kilómetros con sus familias y parientes en busca de refugio

Uno de los campamentos que pude visitar tiene actualmente cerca de 6.000 refugiados, otros 7.000 están de camino y se espera su llegada en los próximos días. Además de la difícil situación de estas personas, millones más se encuentran desamparadas debido a la ayuda limitada que llega a los campamentos. Tienen necesidades fundamentales en materia de ayuda alimentaria; acceso al agua, atención sanitaria, vivienda o protección. Actualmente son pocos los organismos que prestan ayuda a los afectados por este conflicto, lo hacen principalmente las agencias de la ONU y algunas organizaciones internacionales no gubernamentales.

El gobierno está garantizando seguridad en torno a las fronteras a través de un comité de crisis con el que se pretende ofrecer apoyo a las personas refugiadas. En este sentido, el trabajo en materia de protección a la infancia y educación es muy escaso, lo cual se convierte en  un gran problema ya que los niños y niñas afectados sólo se sentirán seguros si consiguen ser agrupados en actividades que los protejan de potenciales abusos. Esto también serviría para crear espacios que ayuden a estos niños a olvidar las malas experiencias vividas.

Gran parte de los refugiados son analfabetos y no pueden expresarse en francés, la lengua oficial de la República Centroafricana. El único modo de comunicarse con ellos es a través del idioma Fulfude o de un intérprete.

Hay cerca de 2.000 niños en el campamento y se estima que en toda la región hayan 23.000 mil niños refugiados. Hay más niños y niñas que adultos y algunos ya han nacido en los campamentos. En el que visité, el personal sanitario informó de  17 nacimientos la semana pasada, situación que les preocupaba ya que carecen de materiales para dar asistencia médica. Una joven, madre de tres hijos, quien ha dado a luz recientemente comentaba: “Doy gracias a Dios porque estoy viva y puedo tener a mi bebé después de todo el sufrimiento vivido durante el camino, a pie y en transporte público. Sólo puedo dar gracias a Dios, pero por favor, ayúdanos”.

Me encontré con uno de los líderes del campamento, Djoubero Amán, quien había montado una pequeña tienda en su propia casa en RCA. Dice: “Durante un tiempo, tuve que vender algunas cosas a través de la puerta de atrás y no tenía ingresos para reponer la mercancía. Cuando la situación se volvió muy dramática me vi obligado a cerrar todo y llevarme sólo lo esencial para poder irme con mi familia y refugiarnos”. Emocionado, me contó que habla francés y ayuda de forma voluntaria como intérprete cuando hace falta.

Como Amán , miles de personas de la RCA se enfrentan a muchos desafíos, viven refugiados y en suelo extranjero. Muchos de ellos se alojan en grandes salas con capacidad para unas 50 personas hasta que se proporcionen carpas individuales para cada familia u hogar. Este es un proceso lento que los deja sin privacidad durante semanas. No existe libre movilidad y las familias se enfrentan al reto de sobrevivir sin ningún ingreso,  ya que la mayoría se ha visto obligada a dejar todas sus pertenencias atrás debido al estallido de los enfrentamientos.

Plan Internacional, organización humanitaria que trabaja por la promoción y  protección de los derechos de la infancia, está movilizándose para conseguir recursos suficientes para responder a las necesidades de protección de los niños y niñas afectados, teniendo siempre en cuenta que en los campamentos son más vulnerables a sufrir abusos y otros riesgos potenciales ya que  no van a la escuela. Se están creando Espacios Amigos de la Infancia en los que especialistas y animadores infantiles trabajan con niños y niñas para ayudarles a superar las dificultades vividas, a que vuelvan a jugar y puedan retomar los estudios.

Assem mirando al suelo

por Esperanza ‘Amal’ Leal Gil, psicóloga de Médicos Sin Fronteras en Hebrón (Territorios Palestinos)

Ya en el coche, mi compañera palestina me adelanta nuestra próxima visita, recordándome que las agresiones y arrestos por parte de los soldados hacia los menores pueden ocurrir también en la calle o en los ‘checkpoints’. Y es que, en los últimos meses, incluso se han llegado a producir incursiones y detenciones dentro de los propias escuelas, lo que ha provocado miedo generalizado y el absentismo por parte de algunos menores que sufren ansiedad y angustia sólo de pensar en ir al colegio.

Esta vez vamos a visitar a Assem. Nos abre la puerta mirando al suelo… Entramos en su casa, que es extremadamente pobre: no tiene sillones, sólo unos futones en el suelo y una alfombra que le sirve de dormitorio. Nos descalzamos y nos sentamos en los cojines.

Es un chico delgado de tez muy morena. En su cara resaltan unos impresionantes ojos azules que me miran con tristeza. A sus 12 años ha perdido la ilusión… Un día, al cruzar un puesto de control militar de camino al colegio, unos soldados le agarraron y le golpearon. Desde entonces, Assem ha dejado de jugar en la calle, se esconde cuando ve a un soldado, está triste porque siente que ha perdido su valentía, pega a sus hermanos y ha dejado de ir a la escuela.

Sus ojos azules me taladran con una expresión amarga. Durante un rato discutimos sobre el miedo, le hago hablar recordando cosas que le han ayudado a sentirse mejor, e incluso terminamos la sesión hablando de fútbol, que parece que le entusiasma… Hoy puedo decir que, después de tres sesiones, ha vuelto a sonreír tímidamente.

Escuela en Hebrón, Cisjordania (© Juan Carlos Tomasi).

Escuela en Hebrón, Cisjordania (© Juan Carlos Tomasi).

De vuelta a casa, observando el paisaje de casitas salteadas entre montañas de tonos marrones, me acuerdo de que estos problemas también se agravan con la violencia hacia las familias que viven en barrios cercanos a asentamientos israelíes, ya que a menudo sufren acosos y ataques por parte de los colonos instalados en territorio cisjordano.

Niños y mayores se encuentran en un estado de hipervigilancia y sospecha constante. Precisamente, mañana visitamos a Mahmoud, de 9 años, que jugaba cerca de un asentamiento y al que un colono apuntó con un arma y arrastró hacia su casa amenazándolo de muerte. Le advirtió de que, tras matarlo a él, mataría a toda su familia. Ahora sufre un serio estrés post-traumático.

Nuestra intervención como psicólogos de MSF está dirigida en estos casos a los menores y a sus padres, desde una perspectiva psicosocial: se realizan psicoterapias a corto plazo con referencias a estructuras médicas o sociales, como la propia escuela u otras redes comunitarias. El tratamiento para estos niños es básico para evitar que empeoren los síntomas.

A través de escucha activa, terapias de juego o dibujos, se ayuda al niño a recuperar el control, a encarar la situación que le produce temor, a identificar los pensamientos que le causan ansiedad, y a controlar las reacciones mentales y físicas que le causan la angustia. Con los padres, trabajamos dándoles apoyo emocional y reforzando estrategias para que ellos puedan ayudar a sus hijos.

Pero ya oscurece, y el muecín canta con la voz quebrada llamando a la oración. Estremece el canto en el silencio de la tarde. Mañana, muchos adolescentes y niños verán secuestradas su infancia con la violencia. Mañana desde MSF volveremos a poner todo nuestro esfuerzo para intentar aliviar su sufrimiento y luchar contra la desesperanza.

Más información sobre el trabajo de los equipos de atención psicológica de MSF en Hebrón, aquí.

 

“Sin una identidad nada merece la pena. No existes. Es mejor morir”

Por Sergio Rubio, Plan Internacional – Ecuador

Los problemas por los que están pasando las comunidades indígenas de Ecuador no son algo nuevo, pero cada día son extremadamente “más”: Son uno de los grupos de población más excluidos, más olvidados y más vulnerables del país. Sin embargo, hacer algo para revertir la situación es realmente complicado.

Entre los distintos problemas que sufren, quiero centrarme en el que, a juicio de los propios protagonistas, resulta más significativo: el debilitamiento y, en algunos casos, la pérdida de las costumbres, de las tradiciones, de la cultura y, en definitiva, de la identidad. “Cuando no tienes esto no sabes quién eres, de dónde vienes, no eres nadie. Nadie tiene en cuenta tus opiniones, no tienes derechos, no existes, nada merece la pena y, para eso, mejor morir, ¿no crees?”, me contaba hace días un líder comunitario.

Y tiene razón. Fue una lección de vida que aprendí en una de mis primeras visitas al terreno con PLAN Internacional en Ecuador. Pero en este caso quien me la dio no fue un adulto, sino una adolescente indígena que no tendría más de 14 años. Acostumbrado a mi vida en ‘Occidente’ me atreví (sin pensarlo y sin ser consciente) a preguntar cómo era el día a día de un pobre en la sierra de los Andes ecuatorianos.

A pesar de la timidez inicial que caracteriza a esta gente, rápidamente la niña levantó su mirada, clavó sus ojos en los míos y, con gran contundencia, me espetó: “Perdone, señor, pero nosotros no somos pobres. Tenemos ganas, ilusión, tradiciones, alegría, valores, cultura y una identidad. Lo único que no tenemos es dinero. ¿No piensa que ustedes, los europeos, son los pobres? Lo único que tienen es plata”. En este momento sobran las palabras. Como cantamos estos días los españoles “indignados” en Quito, a más de 8.000 kilómetros de nuestros hogares, solamente nos queda “aprender del Sur para dignificar el Norte”.

Fiesta del Sol en el cantón de Cañar, Ecuador

Fiesta del Sol en el cantón de Cañar, Ecuador

Inti Raymi, la Fiesta del Sol

Bajo este contexto, el pasado 21 de junio pude acudir a una de las múltiples celebraciones que se realizan en el país del Inti Raymi (Fiesta del Sol en el idioma kiwchua), uno de los rituales incas en el que los indígenas dan gracias al Dios Sol y a la Madre Tierra por las abundantes cosechas. En muchos lugares esta fiesta se ha convertido en una de las mayores atracciones turísticas de Ecuador, llenas de extranjeros y con un transfondo para “hacer el agosto”.

PLAN, fiel a su misión y a sus principios, ha apostado por el compromiso con la cultura de las comunidades a través de los niños, niñas y jóvenes. Por segunda vez en la historia del país (es el segundo año que se organiza), y dentro de un proyecto cuyo objetivo es fomentar la identidad cultural mediante la participación, tuvo lugar el único Inti Raymi de Ecuador donde los auténticos protagonistas son las niñas y niños.

Fue en la provincia de Cañar, en la zona sur de la cordillera andina, en un territorio con altísimos índices de pobreza extrema donde los habitantes generalmente se dedican a la agricultura, ganadería, comercio y manufactura de sombreros de paja. El 33% de los menores vive sin sus padres debido al problema de la migración. La región, sin embargo, tiene reservas minerales como el carbón y plata, lo que ha dado lugar a que la llamen “el pordiosero sentado sobre el banco de oro”.

A nuestra llegada, había más de 800 niñas y niños provenientes de 23 comunidades y acompañados por sus familiares. Momentos más tarde, mediante música, danza, oraciones, procesiones, desfiles, sacrificios de animales y gastronomía, los menores, vestidos con atuendos tradicionales, comenzaron a expresar su gratitud por la cosecha anual y la abundancia de productos.

Fueron casi siete horas de representaciones ante unas 2.500 personas en un ambiente de auténtica fiesta, lleno de alegría, de compartir momentos y de muchísimo colorido, en el que todos reflejaban su orgullo por recuperar la cultura, las costumbres y las tradiciones de sus comunidades.

Por momentos sentí que había retrocedido 300 años y que yo era un espectador de lujo dentro del mundo inca, aunque con algún episodio esporádico que recordaba a la colonización española.

Lo importante es que muchas tradiciones y costumbres perdidas se han recuperado y, lo que es mejor, que ese legado ya no tiene los días contados para volver a caer en el olvido, sino que tendrán que pasar varias generaciones hasta su desaparición. Muchas personas se sintieron, ese día, muy orgullosos de ser indígenas ecuatorianos.

Los niños, niñas y jóvenes son los protagonistas de esta segunda edición de la Fiesta del Sol - PLAN Ecuador

Los niños, niñas y jóvenes son los protagonistas de esta segunda edición de la Fiesta del Sol - PLAN Ecuador

 

Todo es nuevo para la princesa Nyima

Por José de la TorreNamaste ONGNepal

Namasté!

En Nepal no se aplica el sistema métrico decimal. Las distancias no se miden en kilómetros, sino en horas de viaje, por ejemplo, cuando viajas a Goljung, en el Parque Nacional de Langtang, que está sólo a 105 Km. de Kathmandú, nadie te puede decir la distancia, solo que son 12 horas viajando en un autobús que recorre con interminables subidas, bajadas y miles de curvas por caminos de tierra, para llegar a la aldea, fin del trayecto del autobús e iniciar una ascenso a pie de 4 horas para llegar a nuestro destino.

Este recorrido, lo hemos realizado ida y vuelta en menos de tres días para recoger la documentación de los siete niños que desde esta semana están en nuestra casa de acogida.

El tiempo, es otra de las medidas que tienen un significado mas relativo si cabe aquí. Cualquier papeleo con el Gobierno nepalí haría sonreír a Larra, cuando preguntas cuanto tardará, te dicen “Vuelva usted mañana” y ante la pregunta de si estará solucionado, con su eterna sonrisa, la única respuesta que se oye aquí, “Maybe”, puede ser. Tres meses llevamos esperando que construyan las mesas para estudio y comedor de los niños y cada día, “Maybe tomorrow …”.

Os quiero ir contando cada día algo sobre los niños que hemos acogido.

La mas pequeña, se llama Nyima Deji, tiene seis años, unos ojos negros que enamoran al primer vistazo… Su padre se fue a trabajar a Malasia hace siete años para trabajar en la construcción y a los pocos meses dejó de enviar dinero y de comunicarse con la familia.

Nyima tiene un hermano mayor que está en un monasterio budista cerca de Lumbini, lugar de nacimiento de Buda, dos hermanas mas pequeñas que están con su madre, Sonam Sangmo Tamang, que se las lleva al campo todas las mañana al amanecer, a dos horas de camino desde la aldea para trabajar en el campo, únicamente por el arroz que consume la familia, sin salario, mas de 14 horas de durísimo trabajo, sólo por unos granos de arroz o maíz.

Nyima no ha estado escolarizada nunca, ya que aunque en la aldea hay una escuela, esta permanece cerrada excepto cuando algún voluntario de alguna ONG, como es nuestro caso se desplaza para convivir con estas familias y dedica parte de su tiempo a enseñar a los niños, aunque no disponen ni de regularidad, ni de material básico.

Es por ello que su madre, a través del Lama de Goljung, Singee, nos pidió que acogiéramos a su hija para darle la oportunidad de tener vida digna, escolarizada, atendida sanitariamente, con una alimentación regular y dieta variada, en un entorno familiar junto a los niños de su aldea.

Como podéis ver en esta foto, cuando vino con nosotros, llevaba este traje de princesa que una voluntaria le había regalado como toda pertenencia hace unos meses, y que no se quita nunca, incluso el chandal que le compramos se lo pone siempre encima y no hay manera de que se lo quite.

Para ella todo es nuevo, una constante sorpresa, nuestra casa de acogida dispone de TV y la ha visto por primera vez a su llegada. Dado que nos encontramos a mitad del curso escolar, los niños no pueden ir al colegio hasta dentro de seis meses, pero gracias nuestra compañera Sangita, que además de hacer de enlace de nuestros voluntarios, dando clases de nepalí, enseñando la ciudad y asisténdoles en su estancia, se encarga junto a su cuñada del cuidado, aseo y alimentación, hemos contratado un profesor particular para que empiece a trabajar con ellos en su enseñanza y que su paso al colegio no sea traumático.

Niños con problemas de adicción

Hoy estoy en Pokhara, visitando el centro de acogida que estamos ayudando desde nuestra ONG, en el que niños desde cinco a doce años, con problemas de adicción a esnifar pegamento, los recogemos de la calle, trabajamos con ellos durante unos meses, ofreciéndoles un entorno distinto al de la calle, con una alimentación asegurada, higiene, cama limpia y tras unos días de trabajo con ellos, se escolarizan y se hace un seguimiento con psicólogos y profesores para intentar evitar que vuelvan a las calles, cosa que no siempre se consigue, pero ahí estaremos para volver a acogerlos.

Mañana vuelvo a Kathmandú, que se encuentra a 120 km, o mas bien a ocho horas de bus “turístico”. Estoy muy ilusionado con el proyecto que estamos arrancando, vamos a alquilar una casa de dos plantas en Sanga, a 20 km. de Kathmandú, en un entorno mas rural, con tierra cultivable para plantar nuestros propios productos y que los niños puedan estar en un entorno parecido a su aldea.

Pero eso os lo contaré mañana…. NAMASTE!

Un pollo para 16 niños y dos adultos

José de la TorreNamasteNepal

Namaste! Nuevo y caótico día… El caos predomina en Katmandú. Las bocinas de los coches, de las motos, los atascos, la contaminación, colas interminables de gente en todos sitios, hacen de Thamel, el barrio turístico, un lugar a evitar si realmente necesitas moverte, ya que puedes quedar atrapado en un atasco interminable.

Hoy, tras sufrir el jetlag, comienza el día en el momento que los nepalíes abren las persianas de sus comercios, a las 6 de la mañana. Tras desayunar, nos hemos dirigido a nuestro orfanato, Namaste Info Child, situado en la localidad de Lalitpur. Aunque la distancia no es superior a 8 kilómetros hemos tardado en taxi casi una hora en llegar.

Los niños se estaban preparando para ir al colegio y tras el aseo, han recibido su primer Dal Bath, (arroz y lentejas) que es la comida típica nepalí que todo el mundo toma dos veces al día, arroz hervido con un poco de caldo de lentejas, y en el mejor de los casos, como ha ocurrido hoy, acompañado de verduras frescas, y el sábado, lo será de carne de pollo, un pollo para 16 niños y dos adultos.

Después de acompañar a los niños al autobús para ir al colegio, hemos elaborado la lista de la compra de los productos que necesitarán para los próximos meses, arroz, lentejas, patatas, productos de limpieza, higiene y desinfección, etc…, lo cual haremos mañana.

Mas tarde, nos hemos dirigido a nuestra oficina, situada a unos kilómetros de distancia, que inauguraremos probablemente esta semana con una fiesta. Ayer llegaron de Goljung 7 nuevos niños, con edades comprendidas entre 4 y 7 años. Tras un periodo de adaptación en la casa que tenemos por oficina, irán junto con los otros 16 a nuestro orfanato donde serán incluidos en el grupo y escolarizados.

Todos ellos tienen padres y hermanos, pero tras nuestra visita a la aldea hace tres meses, sus padres, que no pueden casi ni darles un plato de comida, nos han pedido que los llevemos para que puedan tener una alimentación sana y variada, cuidados y revisiones médicas y asistan a la escuela.

En la foto podéis verlos con la ropa que les hemos comprado, ya que llegaron casi desnudos, como están la mayoría en su aldea, con zapatillas, no saben usar el baño y están en unas condiciones higiénicas deplorables. Han sido bañados, eliminados los piojos, visitados por el médico y esta noche por primera vez, han dormido en una cama. Mañana trabajaremos de nuevo con ellos en temas de higiene y prevención y les compraremos material escolar para empezar su educación. Estoy preparando un resumen de sus vidas, su origen, su familia, etc… que en los próximos días publicaré.

Pasado mañana iremos a Goljung a la aldea de estos niños para llevar noticias a sus padres, el dinero recaudado por la venta de los bolsos y monederos que confeccionaron para nosotros y intentar conseguir el compromiso de los padres de que si contrato un par de profesores a tiempo completo para los dos niveles de enseñanza, se comprometerán a enviar a sus hijos cada día al colegio.

Esto es todo por hoy… Saludos desde Nepal.

Namasté se incorpora al blog solidario

Iniciamos hoy una nueva colaboración con Namasté, una organización que trabaja con menores en Nepal. José de la Torre, presidente de la ONG, visita esas tierras durante tres semanas. Justo antes de aterrizar en Nepal, desde Bangkok, se presenta a los lectores del blog solidario de 20minutos.es.

Mi nombre es José de la Torre y soy el presidente de Namaste ONG voluntariado en Nepal. Nuestra ONG nació en octubre de 2008 a raíz de mi experiencia que como voluntario realicé durante un mes en Nepal, en concreto, en el orfanato de Ganganagar, situado en el Parque Nacional de Chitwan, en el sur del país.

Allí mi corazón fue conquistado por 23 niños y niñas, con su dulzura, su cariño y su eterna sonrisa. Durante ese tiempo, compartí con ellos, sus juegos, sus deberes, tareas domésticas… y como dijo Maruja Torres, “cuando dejé ese país atrás, sentí lo mismo que cuando uno cierra una puerta, y se da cuenta, tarde, que ha olvidado algo dentro”.

A mi regreso, les comenté mi experiencia a mis compañeros de trabajo y hubo una respuesta en cadena de que todos querían involucrarse, unos con donaciones, otros acudiendo sobre el terreno como voluntarios, otros organizando conciertos para recaudar dinero. Desbordado por la respuesta y animado por todos, decidí crear esta ONG con la idea de que estos niños no dependiesen de las donaciones de los voluntarios para tener una calidad de vida aceptable, sino conseguir que el orfanato fuese autosuficiente y sostenible.

En aquel momento, los niños comían solo el Dal Bath, “arroz y lentejas”, plato nacional de Nepal, sin ningún tipo de variedad en la dieta ni aportes proteínicos, por lo que nuestro primer viaje, ya como ONG, y con un grupo formado por 12 voluntarios, montamos un campamento de trabajo, donde se pintó la casa, se aró y plantó un huerto con gran variedad de verduras y frutas, se construyó un cobertizo para los animales, que fueron comprados para añadir leche y carne a su dieta y durante 18 días disfrutamos viendo como se transformaba la casa. Hoy día, tienen arroz plantado para su consumo para todo el año, un huerto con verduras y frutas, una pequeña alberca con peces para su consumo, leche a diario y carne dos veces a la semana, pero lo mas maravilloso fue la labor humana que los voluntarios realizaron con los niños durante este tiempo, ayudando con sus tareas, en el colegio, en la casa, con juegos sin fin, etc.

Lo que comenzó como un viaje solidario por mi parte, transformó la calidad de vida de esos niños y me animó a emprender otros proyectos, que son los que a lo largo de estas tres semanas os iré narrando… Solo como anticipo, os diré que ya disponemos de un orfanato en Lalitpur, cerca de Kathmandú, donde 13 niños que vivían de los restos de comida de los vecinos, entre excrementos de perro y durmiendo en el suelo, ahora su vida está cambiando, pero eso os lo contaré en la próxima entrega, que ya estaré allí con ellos.

José de la Torre – Namasté – Nepal