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Dar a luz en Sudán del Sur

Por Agus Morales y Anna Surinyach (Médicos Sin Fronteras, desde Sudán del Sur*)

“¿A qué problemas os enfrentáis durante el parto?”, pregunta Aisha Akello, matrona de Médicos Sin Fronteras.

“A veces vemos que sale un brazo y no sabemos qué hacer”, contesta una partera. “Si pasa algo así, lo mejor es no tocar a la embarazada y llevarla al hospital”.

Aisha está en permanente contacto con las parteras tradicionales de una zona rural de Sudán del Sur. Habla con ellas mientras en el suelo yace una muñeca de plástico que hace las veces de embarazada. Las parteras han acudido a un centro de atención primaria del estado de Ecuatoria Occidental para practicar con el modelo y discutir sobre los retos que suponen algunos partos, sobre todo los que se complican. Aquí el mundo tradicional de las parteras y el conocimiento obstétrico confluyen para evitar la muerte de más mujeres.

Madeleine James dio a luz a su primer hijo en casa con grandes dificultades. Ahora quiere parir en el hospital de MSF en Yambio (© Anna Surinyach)

Madeleine James dio a luz a su primer hijo en casa con grandes dificultades. Ahora quiere parir en el hospital de MSF en Yambio (© Anna Surinyach)

 “Si veis la cabeza y no hay tiempo, tenéis que llevar a cabo el parto”, dice la matrona, “pero si veis otras partes del cuerpo es mejor acudir a un centro médico”.

Sudán del Sur tiene la tasa de mortalidad materna más alta del mundo: 2.054 mujeres fallecen por cada 100.000 nacidos vivos, según la Organización Mundial de la Salud. La hemorragia es el motivo principal, a menudo debido al aislamiento de algunas de estas comunidades, que impide el acceso rápido a centros de salud en caso de complicaciones durante el parto.

Las duras condiciones de vida, la ausencia de planificación familiar, la coincidencia del embarazo con enfermedades como la malaria y la escasez de personal médico cualificado completan el cuadro de razones para la muerte de mujeres durante o después del parto.

En este contexto, la figura tradicional de las parteras es clave para salvar la vida de centenares de mujeres. Tienen consultas en las aldeas, van de casa en casa y conocen bien a la comunidad. Las embarazadas confían de forma casi ciega en las parteras; por eso la estrategia de MSF se centra en conectar con ellas.

“No podemos sentarnos y esperar en el hospital, tenemos que llegar a la comunidad, porque a menudo las embarazadas no vienen a nosotros. La costumbre es tener hijos en casa con la ayuda de parteras”, resume Michiko Kyokan, responsable médica del proyecto de MSF en Yambio.

MSF anima a las parteras, en primera instancia, a que lleven a las embarazadas a centros de atención primaria en caso de complicaciones durante el embarazo. El último nivel es el del hospital, preparado para efectuar cesáreas, pero donde también se reparten kits a las mujeres que tienen decidido parir en casa.

Parteras tradicionales junto a personal de MSF en Sudán del Sur (© Anna Surinyach)

Parteras tradicionales junto a personal de MSF en Sudán del Sur (© Anna Surinyach)

“A veces la cabeza del bebé ya está saliendo y es imposible llevar a la madre al hospital”, razona Teresina Simon, una partera que vive en el distrito de Gangura, en el sur del país. “Normalmente me muevo por la zona e informo a las mujeres de que pueden ir al hospital”, amplía.

Pero Teresina tiene claro que en muchas ocasiones esto no es posible y que las parteras tienen que estar preparadas para asistir a las embarazadas. “Lo que me hizo ser partera fue mi primera hija, que estaba a punto de dar a luz. Yo estaba cocinando y empezó a decirme que tenía dolores. Cuando me acerqué a ella, la cabeza del bebé ya estaba saliendo”.

 

* Médicos Sin Fronteras trabaja en el hospital de Yambio, en el estado de Ecuatoria Occidental, desde 2008. La organización apoya la maternidad del centro y tiene un programa de prevención de transmisión del virus del VIH de madre a hijo, además de desarrollar actividades pediátricas y quirúrgicas. La presencia de MSF en la maternidad y la conexión con las parteras hicieron posible que en el hospital hubiera un total de 1.951 partos en 2012 y 1.254 en los primeros seis meses de este año.

EL KM. 43

por Erna Rijnierse (Sudán del Sur, Médicos Sin Fronteras)*

Nada resulta fácil aquí. En solo una mañana, fuimos testigos de seis muertes en el Km. 43. Una mujer llegó tan deshidratada que murió nada más entrar en la clínica. La gente muere, sufre; lo que vemos aquí es una crisis en toda regla. No podemos quedarnos sentados mirando sin hacer nada, tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos y presionar para que mejoren las condiciones de vida de estas personas.

Si quieres ver el testimonio de Erna Rijnierse desde el Km.18: http://bit.ly/LQwSpN

“El Km. 43”. Así es como se llama este punto en mitad de ningún sitio en el estado del Alto Nilo, en Sudán del Sur. Aquí se están asentando refugiados que llegan huyendo de la violencia en el vecino Sudán. Han llegado unas 30.000 personas en las últimas semanas, y los campos de refugiados ya están llenos, así que los últimos se están quedando en este sitio con escueto nombre de punto kilométrico, y en otro de similar apelativo, el Km. 18. Aquí los refugiados duermen bajo los árboles, sin cobijo y prácticamente sin comida.

Las carreteras que llegan hasta aquí son un infierno, especialmente tras las lluvias, cuando resulta casi imposible acceder a la zona. Disponemos pocas plazas en nuestros vehículos, así que solo podemos trasladar a los más enfermos, dejando atrás a gente a la que esperamos poder volver a ver con vida al día siguiente. Como médico, es algo muy doloroso. Pero no nos queda otra elección, tenemos que priorizar a los pacientes en estado más grave.

El problema en estos asentamientos temporales de refugiados es que no hay suficientes organizaciones humanitarias trabando aquí. Estas personas han estado caminado durante semanas y cuando llegan ya están muy débiles, especialmente los grupos más vulnerables como los ancianos, los niños menores de 5 años y las mujeres embarazadas.

Hemos estado distribuyendo agua en el Km. 43, pero el principal depósito en superficie, el que usamos para potabilizar y distribuir, se ha secado. Así que ya no hay agua en el Km. 43. También estamos tratando y distribuyendo agua en el Km. 18, pero el agua disponible pronto se acabará también. Por eso es tan importante que ACNUR (la agencia de la ONU para los refugiados) y sus contrapartes les trasladen con urgencia a un lugar mejor acondicionado.

Cada día vamos a las pequeñas clínicas de campaña que hemos montado en los dos asentamientos para ver a los pacientes y asegurar la atención médica a los casos más graves. Ayer, justo antes de marcharnos del Km. 18, nos trajeron a un pequeño en estado de shock. Conseguimos salvarle, un oportuno recordatorio de las razones por las que estamos aquí y de lo que podemos hacer, incluso en las circunstancias más adversas.

La semana pasada realizamos 537 consultas: 292 fueron por diarrea y 40 por enfermedades respiratorias. De los 342 niños que acudieron a las clínicas y fueron examinados para detectar síntomas de desnutrición, un 38% estaban desnutridos, lo que supera con creces el umbral de emergencia.

Con la estación de lluvias a la vuelta de la esquina, también estamos viendo los primeros casos de malaria. La gente vive hacinada y, al llover, hace más frío, así que seguro que veremos otras enfermedades. La neumonía, especialmente en los niños más pequeños, probablemente tendrá una mayor incidencia.

Además de dar atención médica urgente, quizá el mayor impacto que podemos tener será en la prevención de enfermedades. Esta semana empezamos una campaña de vacunación de sarampión para niños menores de 15 años. Esta enfermedad es potencialmente mortal y muy contagiosa, especialmente en campos de refugiados, donde hay gran número de gente concentrada en una zona muy reducida. Estas personas no han sido vacunadas, por eso lo incorporamos en nuestra primera respuesta de emergencia.

La situación es desesperada. Se ha avanzado muy poco en la identificación de un lugar para albergar a estos 30.000 refugiados, y la lluvia y los problemas logísticos han paralizado todos los desplazamientos organizados. Los refugiados ni siquiera tienen un pedazo de plástico para cobijarse por la noche, así que ya os podéis imaginar que esto no mejorará la situación sanitaria de esta población tan vulnerable. Estas personas necesitan ser trasladadas de inmediato a un lugar adecuado donde tengan comida, agua y abrigo, y donde su salud pueda quedar asegurada. El tiempo corre en su contra.

*Erna Rijnierse es responsable del equipo médico de MSF que asiste a los refugiados sudaneses en el estado del Alto Nilo, en Sudán del Sur.

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Fotos 1 y 2: Refugiados sudaneses, llegando con sus pertenencias a Sudán del Sur, el 10 de junio de 2012. (© Louise  Roland-Gosselin/MSF).

Foto 3: Refugiados sudananeses cogiendo agua en uno de los depósitos naturales de agua en superficie (ya agotados) en el Km. 43, el 9 de junio de 2012 (© Louise  Roland-Gosselin/MSF).