El Blog Solidario El Blog Solidario

Por aquí han pasado cooperantes de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN
Internacional, Farmamundi, Amigos de Sierra
Leona y Arquitectura sin Fronteras.

Entradas etiquetadas como ‘desastre’

Un mes después del terremoto de Nepal: la esperanza que traen las nuevas vidas

Por Matt Crook, comunicación de Plan Internacional

Maya Danukhe dio a luz por cesárea el 1 de mayo

Maya Danukhe dio a luz por cesárea el 1 de mayo en el hospital de Gaurishankar de Dolakha

 

Hoy hemos atendido tres partos, y ayer cuatro”, comenta el doctor Binod Dangal. A pesar de sus 29 años, Dangal dirige el Hospital General Gaurishankar en Dolakha, un distrito rural y montañoso a cinco horas de Kathmandu, la capital de Nepal.

Junto a otros tres médicos, personal sanitario y un grupo de monjas, el doctor Dangal ha estado trabajando a contrarreloj todo el mes, desde que el pasado 25 de abril un terremoto de 7,8 grados sacudió el país y la tierra volvió a temblar de nuevo el pasado 12 de mayo. “Este es el único hospital donde se puede operar en una distancia de 4 o 5 distritos. Trabajamos todos los días”, añade.

Dangal y su equipo de jóvenes médicos trabajan bajo gran presión. Esto ha hecho posible que muchos partos se desarrollen sin incidentes. “La gente confía en nosotros. Por eso vienen hasta aquí”. Por ello, numerosas mujeres embarazadas recorren kilómetros de distancia para dar a luz en este hospital.

Desde las montañas

Nindiki Sherpa, de 35 años, caminó sola durante dos días para poder dar a luz en el hospital. “Después del terremoto, todas las carreteras quedaron destrozadas”, explica Nindiki, con su hija recién nacida a su lado.

El hijo recién nacido de Nimdiki Sherpa, que caminó dos días hasta el hospital

El hijo recién nacido de Nimdiki Sherpa, que caminó dos días hasta el hospital

Bagwati Khadka, de 21 años, dio a luz a su primer bebé por cesárea el pasado 3 de mayo. Su historia tiene mucho de increíble.Estuve caminando durante 4 horas, alrededor de 5 o 10 kilómetros, cuenta. “Después de que nuestra casa fuera destruida por el terremoto, nos refugiamos en un cobertizo junto a ovejas, vacas, búfalos, gallinas y otras 21 personas. Cuando me desperté de la cesárea me asusté al ver las grietas de las paredes”. Esas grietas son solo uno de los muchos desperfectos causados por el terremoto y con los que el doctor Dangal y su equipo tienen que enfrentarse.

Desafíos diarios

Tras el terremoto, el hospital quedó inhabilitado y los pacientes eran tratados en las calles. Tan pronto como el hospital reabrió, una marea de pacientes empezó a presentarse con todo tipo de problemas. “Cuando abrimos atendimos primero a pacientes con traumatismos graves”, explica el doctor Solab Chitrakar, de 26 años. “Tras ellos vinieron heridas infectadas y diferentes dolencias. No estábamos preparados para todo eso. Ahora la mayoría de pacientes vienen con diarreas y deshidratación”.

Con 50-60 pacientes diarios, los médicos y monjas no dan abasto. El hospital y sus instalaciones son reliquias de la historia de la medicina y las réplicas del terremoto empeoran aún más la situación. “La sala de rayos X es tan vieja que nos preocupan los efectos de la radiación. Los pacientes tienen que cubrirse con una tabla de madera y una chaqueta”, añade el doctor Chitrakar.

Nimdiki Sherpa con su hijo recién nacido

Nimdiki Sherpa con su hijo recién nacido

La máquina de rayos X tiene 25 años y está totalmente oxidada, mientras que la sala de operaciones parece no haber sido limpiada en años. “Hay continuos cortes de electricidad. Si la luz se va mientras estamos operando, tenemos que usar el generador que a veces también se apaga,” cuenta Chitrakar. “Tenemos dos ambulancias que no funcionan desde hace unos dos años. Los vecinos han robado algunas de sus piezas para construirse refugios”.

Ante todo este caos, las pacientes embarazadas se convierten en las más vulnerables. Y es que la comida es insuficiente y los riesgos de contraer infecciones, altos. Ni si quiera cuentan con mantas suficientes para los recién nacidos.

Maya Dhanuke, de 20 años, dio a luz por cesárea. Estaba muy contenta porque su hijo estaba sano. Sin embargo, su estancia en el hospital fue de todo menos confortable. “Estoy feliz porque he podido recibir cuidados médicos durante mi parto, pero la cama era muy incómoda y mi habitación estaba llena de grietas”, comentó.

 

Y ahora, ¿qué?

Todos los pacientes, las embarazadas, los que sufren deshidratación o la mujer mayor con líquidos en los pulmones, se preguntan: ¿dónde iremos ahora?

Más del 80% de los edificios de Dolakha han sido destruidos o dañados. Unas 28 instalaciones médicas fueron totalmente destruidas por el terremoto y 18 quedaron afectadas, por lo que los servicios en estas comunidades han quedado muy limitados. La demanda de tiendas de campaña se ha disparado, creando centros sanitarios improvisados.

Bagwati Khadka, de 21 años, madre primeriza después del terremoto

Bagwati Khadka, de 21 años, madre primeriza después del terremoto

Indu Sharma, experta en nutrición y salud de Plan Internacional en Nepal, ha afirmado que lo vital en estos momentos es ayudar a mujeres embarazadas en periodo de lactancia y a niños menores de cinco años. “El estrés provocado por un terremoto aumenta inimaginablemente en caso de embarazo. Mujeres embarazadas y recién nacidos necesitan atención urgente para asegurar que los partos son seguros y que madre e hijo/a evolucionan favorablemente”.

Plan Internacional ha abierto una oficina temporal en Dolakha para cubrir las necesidades de niños, niñas y familias.

Desde el 25 de abril, hemos repartido 26.151 kits de refugio temporal, 11.834 paquetes de comida y 4.700 kits de agua potable y continuamos con las labores de reparto de ayuda de emergencia entre las familias y los niños y niñas más vulnerables.

Mientras el polvo se asienta y los nepalíes comienzan a recuperarse, hay esperanza para esas nuevas vidas y su futuro. “Espero que mi bebé crezca sano y tenga una buena educación. Solo quiero que vaya al colegio,” dice Maya.

Para que niños como el de Maya, el de Bagwati o Nimdiki tengan derecho a la educación, Plan Internacional ha puesto en marcha seis “Espacios Amigos de la Infancia”, donde los niños pueden aprender, jugar y divertirse, y prevé desarrollar hasta 100 en todo el país, que tendrán cabida para que más de 20.000 niños y niñas puedan olvidar por un momento que la tierra tembló tan fuerte que les cambió la vida.

Infografía Nepal un mes después Plan Internacional

Infografía Nepal un mes después Plan Internacional

Filipinas. La vida en un hospital tras el tifón

por Agus Morales, Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras en Filipinas.*

 

La doctora Carolina Nanclares, coordinadora médica de MSF, inspecciona los servicios del hospital de Burauen, Leyte (© Agus Morales).

La doctora Carolina Nanclares, coordinadora médica de MSF, inspecciona los servicios del hospital de Burauen, Leyte (© Agus Morales).

 

Esta es la historia de un hospital que podría ser la historia de un país recuperándose de una catástrofe natural devastadora.

Eugenie Nicolas-Ortega desliza el dedo. Enseña las fotografías de su hospital justo después del paso del tifón Haiyan por las islas Filipinas. “Es un centro con 75 camas que cubre cinco municipalidades. El tifón destruyó toda el área de hospitalización, el techo y la zona de lavandería. Tan solo la parte delantera del hospital funciona”, lamenta la directora del centro.

Once días después del desastre, Nicolas-Ortega supervisa las zonas más afectadas del hospital, situado en la isla de Leyte, en concreto en el distrito de Burauen. Los barrotes doblados y los colchones de las camas yacen junto a los escombros sobre el suelo encharcado del pasillo. Solo se oyen goteras.Cuando supimos que llegaba el tifón, sacamos los ordenadores y otros equipamientos, y los enfundamos en plásticos”, cuenta la doctora mientras observa los desperfectos.

De los 115 hospitales que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha evaluado en las zonas golpeadas por el tifón, 47 están fuera de funcionamiento. A ello se añade el problema de que el personal sanitario, que a menudo se traslada a zonas rurales para trabajar, se ha visto obviamente afectado por la tormenta. La falta de medicamentos, sobre todo en los centros más aislados, completa el cuadro de una isla castigada por la dificultad para recibir suministros.

El centro de Burauan rebosa actividad. Siempre con una sonrisa en la cara, la directora revolotea por el centro médico. Los últimos días han sido de trabajo frenético. “Nos quedamos con pocos trabajadores porque muchos de ellos son de Tacloban y alrededores”, comenta.

Poco a poco, algunos de los doctores van regresando a sus puestos de trabajo. Y Médicos Sin Fronteras decidió apoyar este hospital para contribuir a que siga dando servicio a las localidades que caen a su alrededor. La directora del hospital está ahora algo menos sola.

 

Agus* Agus Morales, periodista de Médicos Sin Fronteras para las intervenciones de emergencias, se encuentra en Filipinas desde el pasado 14 de noviembre para documentar las durísimas consecuencias del tifón Haiyan sobre la población filipina. Durante los últimos días, ha estado en el distrito de Burauen, en la isla de Leyte. Todavía impresiona ver a los niños jugando entre las ruinas en un paisaje devastado, pero la población está decidida a salir adelante y recuperar la normalidad.

Filipinas. Otro día muy largo…

Por Caroline Van Nespen, Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras en Guiuan

Viernes, 15 de noviembre: me acabo de unir al equipo de MSF en Guiuan (una ciudad del tamaño de Segovia que está situada en la costa sureste de Samar), el primer lugar en tierra firme por el que pasó el tifón. Aquí no queda nada en pie… y sin embargo, resulta muy fácil imaginarse lo bonito que debía de ser este lugar hasta hace muy pocos días. Presenciar un grado de devastación tan enorme como el que estoy viendo ahora mismo le deja a una en estado de shock. Me cuesta reaccionar, pero afortunadamente mis compañeros Alexis y Angelo se han acercado hasta el aeropuerto de Tarmac para recibirme y transmitirme un poquito de calor humano.

No venimos sólo a recogerte, – me dice Angelo con una sonrisa-. Lo que nos interesa de verdad son esos kits de supervivencia que traes contigo en el helicóptero”. “Estábamos esperándoos con impaciencia. A ti y a los kits, añade Alexis. ¿Que qué tienen esos kits para que los esperaran con tanta necesidad? Pues tiendas de campaña, colchonetas de gomaespuma, agua potable, bolsitas con alimentos deshidratados, cacerolas… cosas completamente básicas para una situación de emergencia como esta.

Cada minuto cuenta, así que en apenas unos pocos tenemos todo cargado y apenas una hora después ya estoy metida en una reunión con el resto del equipo.

Por un lado están Johan, que es cirujano, y Lisa, que es enfermera. Ambos son suecos. Luego está Daisy, que también es enfermera y que además es filipina. Y por último, los ya mencionados Alexis y Ángelo, dos especialistas en logística provenientes de Bélgica e Italia.

Alexis y Angelo están estos días enfrascados en la tarea de poner en marcha un hospital que pueda reemplazar temporalmente el que fue destruido por Haiyan. Es una carrera contrarreloj porque aquí le gente necesita de todo y apenas tiene nada: agua potable, electricidad, teléfono… todo ha desaparecido.

 

El coordinador de MSF en Guiuan,  Jean Pletinckx, examina desde el techo el estado de los terrenos anexos al hospital semidestruido por el tifón (© Peter Hove Olesen/Politiken)

El coordinador de MSF en Guiuan, Jean Pletinckx, examina desde el techo el estado de los terrenos anexos al hospital semidestruido por el tifón (© Peter Hove Olesen/Politiken)

 

Mientras esperamos a que este hospital esté por fin construido y funcionando, los sanitarios trabajan en un centro de salud que está prácticamente en ruinas. El tejado ha sido literalmente arrancado por el tifón, pero milagrosamente el edificio está aún en pie. Johan y Lisa trabajan sin apenas descanso vacunando a los pacientes y limpiando y cosiendo centenares de heridas abiertas, la mayoría de ellas infectadas. Otras muchas personas llegan con cortes y laceraciones de diversa gravedad. Mis dos compañeros, junto a los muchos voluntarios filipinos que han venido para ayudar a los suyos, tratan de atenderles a todos.

6 de la tarde. Cae la noche.

Aquí la frase “negro como la boca del lobo” tiene un significado absolutamente real. No hay electricidad y la ciudad se sume en una oscuridad total. Tenemos una reunión para poner en común lo que hemos hecho durante el día y hacer nuevos planes para mañana. Después nos iremos a la cama. Dormiremos todos arrebujados en el suelo de una pequeña casa que a duras penas hemos logrado ordenar. Una lona de plástico verde sobre nuestras cabezas nos sirve de techo. De momento es nuestro dormitorio, pero pronto lo transformaremos en la farmacia del hospital de MSF.

 

El equipo de MSF se reúne al caer en la noche, en Guiuan ((© Peter Hove Olesen/Politiken)

El equipo de MSF se reúne al caer en la noche, en Guiuan ((© Peter Hove Olesen/Politiken)

 

3 de la madrugada.

El aguacero bestial que comienza a golpear de repente nuestro improvisado techo me despierta de manera abrupta. Miro a ambos lados y compruebo que soy la única que no duerme… mis compañeros descansan como unos benditos. Después de atender 600 consultas en un día, una detrás de otra, y de todos los desafíos logísticos a los que se han tenido que enfrentar (y los que sin duda vendrán), puedo comprender que estén exhaustos.

En apenas unas horas llegarán 3 aviones de carga al aeropuerto de Guiuan y tendremos que apañárnoslas como podamos para traer hasta nuestra base todo el material que transportan. ¡Os adelanto que ese material pesará unas cuantas toneladas, así que no será fácil! Cuesta imaginarse que mañana a estas horas tendremos montado un hospital en toda regla con un quirófano completamente equipado, pero ahora lo que tengo que hacer es tratar de dormir, que nos queda por delante otro día largo y tengo que tener la mente completamente despejada.

(Sigue leyendo en este blog los testimonios del personal de MSF en Filipinas)