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Entradas etiquetadas como ‘crisis migratoria’

Atrapados en la crisis de refugiados, los niños solos se cuidan a sí mismos

Por Christopher Tidey y Ashley Gilbertson, UNICEF Serbia

Es difícil entender el nombre del niño mientras trata de hablar entre sollozos. Está abrumado por las miles de personas que hay a su alrededor, por los policías y por el personal de UNICEF que intenta hablar con él en una lengua que no entiende. Su familia no está a la vista, y tiene miedo. Como los miles de niños refugiados y migrantes que están llegando a Europa.

“Hassan”, logra decir finalmente señalándose a sí mismo. Se llama Hassan. Levanta las dos manos para decirnos su edad: 10 años.

Un traductor árabe se une a nosotros para ayudar, y rápidamente logramos más información. Hassan viene de Siria y se ha separado de su padre entre la gran masa de gente que espera entrar en el centro de recepción de Presevo (Serbia), después de haber cruzado la antigua República Yugoslava de Macedonia.

Gracias a la rapidez de la policía y los trabajadores humanitarios, se localiza al padre de Hassan y padre e hijo se reencuentran. Aunque seguimos viendo el miedo y la angustia en su cara, Hassan está ya seguro con su padre.

Puede que estos niños no estén “solos” en sentido estricto –hay grupos de adolescentes viajando juntos, o un niño como Hassan puede quedar separado de sus padres momentáneamente en el caos del cruce de frontera- pero en cualquier caso son vulnerables y están en un mayor riesgo de sufrir una violación de sus derechos.

En casos como el de Hassan la razón por la que el niño queda separado o no acompañado es rápidamente identificable, y se soluciona fácilmente. Los niños pequeños están en un riesgo mayor de quedar separados de sus padres mientras se mueven entre las grandes masas de gente que se forman en los puntos fronterizos y en los centros de recepción, donde reinan la aglomeración y el caos.

Atrapados en la crisis de refugiados, los niños solos se cuidan a sí mismos

Ali y su hermano Ahmad, en la isla de Lesbos, Grecia / © UNICEF/NYHQ2015-2587/Gilbertson VII

Pero otros casos son mucho más complejos.

Hermanos viajando solos

Ali Abdul-Halim, de 17 años, y su hermano Ahmad, de 15, llegaron a la isla griega de Lesbos en un barco, junto con otros refugiados de Siria, Iraq y Afganistán. Todos los niños a bordo iban con sus padres, excepto ellos. Los niños, técnicamente “menores no acompañados”, habían viajado juntos desde Líbano a Turquía y después a Grecia. Su familia les envió a Europa porque en su comunidad había grupos armados. “No hay seguridad. No hay trabajos. Hay muertes cada día”, dice Ali.

En un momento de la travesía temieron ahogarse. En esos duros momentos, Ali solo pensaba en su familia. “Primero pensé en mi madre. Tenía mucho miedo, pensaba que podía morir en cualquier momento porque no sabía nadar. No era un barco adecuado, era un bote de goma con tanto peso que en cualquier momento podía volcar”.

Cuando llegaron a la costa llamó a sus padres para darles un mensaje breve pero potente: “Hola, os llamo para tranquilizaros. Hemos logrado llegar a Grecia”.

Su objetivo final es llegar a Alemania. “Me encanta Alemania”, dice Ali. “Siento que allí está el futuro. Tengo amigos allí. Todos me han contado que allí hay trabajo, y que podré vivir con dignidad”.

Ahora ha asumido el papel de cabeza de familia, como un adulto, trabajando y preocupándose por su hermano menor, aunque él mismo, a sus 17 años, sigue siendo un niño. Ha estado trabajando como peluquero desde que dejó el colegio. “Mi sueño es ser un buen hombre, y tener dinero para poder ayudar al resto del mundo, empezando por mi familia”.

En la mayoría de las crisis humanitarias los niños identificados como separados o no acompañados reciben atención especializada por parte de las organizaciones para garantizar su seguridad. Pero en el contexto de la actual crisis de refugiados y migrantes, los niños como Ali y Ahmad no tienen intención de que su viaje finalice por ser menores, lo cual dificulta que se les de apoyo y protección. Los niños harán todo lo que puedan para llegar a su destino final, cuidando de ellos mismos y de otros durante todo el camino.

No todos los niños que atraviesan Europa sin un adulto pueden contar con el apoyo de un hermano.

Un reto continuo

Con los niños separados y no acompañados, cada caso es diferente. Cada niño tiene sus necesidades y vulnerabilidades. Hassan, solo entre una pila de maletas en Presevo, necesitaba estar seguro inmediatamente, hasta que encontraran a su padre. Ali y su hermano podrían ver cómo se les escapa el sueño de llegar a a Alemania, porque no son técnicamente adultos.

El movimiento de niños separados y no acompañados es básicamente una crisis dentro de una crisis. Las soluciones pueden ser escasas, pero estos niños seguirán viviendo a Europa en busca de seguridad y una vida mejor. Y encontrar la manera de ayudarles es un reto en el que debemos seguir trabajando.

Refugiados o migrantes, los niños son lo primero

Por Suzie Pappas-Capovska, UNICEF Macedonia

Jasamin tiene 3 años y viene de Afganistán. Es una de los miles de niños refugiados y migrantes que transitan por Europa estos días. La primera vez que la vi, acababa de cruzar la frontera desde Grecia hasta la Antigua República Yugoslava de Macedonia con sus padres y Mohamed, su hermano de 19 meses. Estaba muy cansada y aturdida. Como la mayoría de los cientos de niños que pasan por este camino cada día, había perdido la noción de dónde venía y a dónde iba.

Mientras Jasamin y su padre intentaban averiguar cuándo partía el siguiente autobús hacia Tabanovce, una ciudad cerca de la frontera con Serbia, su madre, Zaharon, llevó a su hermano, Mohamed, a uno de los espacios amigos de la infancia de UNICEF. Allí pudo darle un baño y cambiarle el pañal. Zaharon se mostró muy agradecida por la ropa limpia y el pack de higiene que le proporcionaron.

Cuando supo que tendrían que esperar 2 horas para el siguiente autobús, esta madre decidió llevar también a Jasamin al espacio amigo de la infancia. Esperaba que el equipo pudiera animar a la niña pero, ajena al nuevo entorno, Jasamin no se hacía con las caras nuevas.

Refugiados o migrantes, los niños son lo primero

Jasamin, dibujando en un espacio amigo de la infancia /© UNICEFMK/2015/SuziePappas

Al final se decidió a entrar, aferrada a su silbato azul que seguramente sería un juguete que habría traído de casa o un pequeño regalo que le habría hecho algún trabajador humanitario durante el viaje. Lo que estaba claro es que le ayudaba a calmarse.

No perdió de vista la puerta en ningún momento para mantener vigilada a su madre, que a su vez estaba pendiente de su marido y su hijo, preocupada por si la familia se separaba.

Al final, tanto la madre como la niña se relajaron. Jasamin comenzó a colorear y dibujar mientras Zaharon, que ya confiaba en que su hija estaba en un lugar seguro, fue a dar de comer a Mohamed.

Jasamin tardó poco en hacerse con el espacio. Incluso se acercó a uno de nuestros compañeros y le retó a jugar un partido de fútbol. Saltaba de alegría y no se quería ir.

Su padre tuvo que venir al centro varias veces hasta que consiguió convencerla de que tenían que irse. Finalmente lo consiguió y la niña se fue con una gran sonrisa y un balón a esperar al autobús con su familia.

El poco tiempo que pasé con Jasamin me hizo ser consciente de que la crisis migratoria y de refugiados en Europa es una crisis que afecta especialmente a la infancia. También me recordó que, cuando se trata de estos niños, hay que recordarles incluso a ellos mismos que los niños son lo primero.

Las aplicaciones móviles: un salvavidas para los jóvenes sirios que huyen de la guerra hacia Europa

Por Lely Djuhari, UNICEF

Jehad mece el teléfono móvil en su mano. Para este adolescente sirio de 15 años que ha llegado a Europa después de varias semanas de viaje, su móvil es uno de sus bienes más preciados.

“No veo a mi padre desde hace un año. Con esto puedo tener noticias suyas desde Alemania y saber cómo salen adelante mi madre, mi hermana y mi hermano en Jordania”, nos cuenta Jehad, que usa habitualmente  WhatsApp, Facebook y Viber para conectarse con su familia y amigos.

Conocí a Jehad hace muy poco, en un espacio amigo de la infancia apoyado por UNICEF cerca de Gevgelija, en la ex República Yugoslava de Macedonia. Allí hizo una parada de un día después de cruzar la frontera con Grecia.

Las aplicaciones móviles: un salvavidas para los jóvenes sirios que huyen de la guerra hacia Europa

Jehad, de pie en el espacio amigo de la infancia que hemos instalado en el centro de recepción de refugiados próximo a Gevgelija, en la antigua República Yugoslava de Macedonia, después de cruzar la frontera con Grecia. ©UNICEFMK-2015/Emil Petrov

Él es una de las 3.000 personas que están llegando a diario. Se les da permiso para permanecer durante 72 horas en el país y presentar formalmente la solicitud para obtener la condición de refugiado. Sin embargo, la mayoría continúa su viaje a la vecina Serbia, Hungría y, finalmente, a los países de Europa occidental o del norte.

La familia de Jehad abandonó Siria huyendo de la violencia y la inseguridad hacia Amman, la capital de Jordania, donde ha estado viviendo durante los últimos años. Pero atrapados por las dificultades económicas, decidieron escapar y buscar una nueva vida en Europa. Su padre se marchó primero. Un año después, Jehad se fue de casa con su tío y varios de sus amigos.

Nos relata el angustioso viaje que sufrió en una débil lancha de goma junto a otras 60 personas intentando cruzar el tormentoso mar de Turquía a Grecia.

“Fue muy aterrador. Si te sentabas, el aire se escapaba. Estuvimos siete horas en el mar. La lancha se llenó de agua. Daba mucho miedo y había familias y niños. Cuando la lancha se desinfló y se llenó de agua, todos los adolescentes de mi edad saltamos al agua y nadamos. Dejamos a las mujeres, niños y ancianos en el bote. Tratamos de empujarlos hasta la playa. Nadamos hasta la playa y cuando llegamos allí caminamos varias horas hasta llegar al campamento”.

Las aplicaciones móviles: un salvavidas para los jóvenes sirios que huyen de la guerra hacia Europa

Jehad responde a los mensajes pendientes en su teléfono móvil. ©UNICEFMK-2015/Emil Petrov

Es un nuevo trauma que se une a los numerosos que muchos ya han acumulado con las guerras de Siria, Irak y Afganistán. Pero aún así siguen viniendo.

Noor es una joven de 17 años, también de Siria, que está tratando de conseguir “noticias de casa” y “asuntos domésticos” en su móvil. En lugar de buscar información sobre cómo obtener ayuda, quiere saber cómo continuar con sus estudios y lograr un trabajo en Suecia.

Me enseñó una aplicación llamada Gherbtna, hecha por un refugiado emprendedor sirio, Mojahid Akil, para ayudar a los refugiados en Turquía que se enfrentan dificultades como la obtención de la residencia y la apertura de cuentas bancarias, para obtener información sobre ofertas de empleo o para ayudar a la gente que no tiene acceso a información.

“Turquía ya estaba a tope. Tuvimos que irnos. Sería muy útil contar con una aplicación como esta para Suecia “, dice.

Y con una mirada nostálgica, agrega: “Me pregunto si todo el mundo en Europa piensa que somos gente pobre que no quiere trabajar o ganarse el pan y sólo recibir dinero del Estado. Quiero ser programadora informática como mi padre”. Noor prefiere que no la fotografíen; teme por su madre, que aún se encuentra en Damasco.

Jehad dice que solo le llevará un año estudiar alemán y que después podrá estudiar para ser arquitecto.

Entrecerrando los ojos bajo un sol cegador, descubre que la pantalla de su móvil se había apagado. No hay ningún sitio para cargar su teléfono. Al menos puede descansar a la sombra, beber y comer un poco de pan. Los niños más pequeños se divierten con juguetes y participan en actividades de canto y dibujo. Otros han recibido ayuda médica de Cruz Roja. Los problemas más habituales son la deshidratación, ampollas, resfriados, diarrea y quemaduras solares.

El centro de recepción próximo a Gevgelija estará muy pronto equipado con dos grandes tiendas de campaña apoyadas por UNICEF, con un espacio amigo para madres lactantes, bidones de agua, instalaciones de saneamiento y más baños.

Estoy impresionado con niños como Jehad y Noor. Impresionado por su tenacidad, resistencia y deseos de aprender. Como especialista en Comunicación de UNICEF, he hablado con muchos expertos sobre cómo los niños se expresan en el mundo online usando los medios sociales y cada vez más el móvil. Ahora más que nunca soy muy consciente de lo mucho que significa un teléfono móvil como salvavidas para los niños en tránsito, además de su necesidad de protección, salud, alimentación, educación, vivienda y apoyo emocional.

Esta semana, sigo en contacto con Jehad a través del WhatsApp.

“Estoy en Hungría desde hace tres días. Duermo en el suelo, pero hay demasiado ruido en la estación de tren. Un hombre nos está proporcionando un lugar para cargar nuestros teléfonos. Todo el mundo dice que es imposible pasar a Alemania. Pero todavía tengo esperanzas“, me cuenta.