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La mayoría de las víctimas en Gaza son civiles y la mitad de los ingresados en urgencias, niños

Por Sarah Woznick enfermera de MSF en la Franja de Gaza

Es mi primera misión con MSF. Estaba muy emocionada con el hecho de que me hubieran destinado a Gaza, no sólo porque mi especialidad era muy relevante para el proyecto, sino también porque soy consciente de que era una oportunidad única para ser testigo de la realidad de este contexto. Cuando llegué, lo primero que encontré fue un grupo de gente muy entusiasta y trabajadora que me dio una cálida bienvenida. Gaza es muy paradójica: no hay acceso a una serie de cosas básicas, a la vez que te encuentras con otras cosas que nunca esperarías, como por ejemplo los hoteles de lujo frente a la playa.

En la unidad de cuidados intensivos del hospital de Nasser me di cuenta de que les faltaban cosas muy básicas como guantes, un desechable que antes de llegar nunca hubiera pensado que tendría que racionar o trabajar sin él. Fue una experiencia reveladora que me hizo abrir los ojos. La enfermera jefe palestina siempre me decía: “No te olvides que estamos en Gaza, hacemos frente a escasez de suministros todo el rato”. ¡Y eso a pesar de que Gaza no es una región en vías de desarrollo!

Kelly, anestesista de MSF, en la UCI de la unidad de quemados del Hospital de Shifa donde 2 hermanos de 8 y 4 años están ingresados por quemaduras graves ocasionadas por un misil que impactó en su hogar. Samantha Maurin/MSF

Kelly, anestesista de MSF, en la UCI de la unidad de quemados del Hospital de Shifa donde 2 hermanos de 8 y 4 años están ingresados por quemaduras graves ocasionadas por un misil que impactó en su hogar. Samantha Maurin/MSF

Debido al bloqueo, nuestro personal no puede salir de Gaza para formarse, así que tratamos de suplir esta falta. Los colegas de Nasser que trabajan para el Ministerio de Salud, lo hacen en condiciones muy difíciles. Muchos de ellos ni siquiera han cobrado sus salarios en los últimos meses o solo reciben una parte de vez en cuando. Pero no dejan sus trabajos. Saben que si dejan de ir a trabajar, podrían ser reemplazados inmediatamente. Una parte del salario es mejor que no tener trabajo. Y la mayoría están muy dedicados al cuidado de sus pacientes, pase lo que pase.

Recuerdo una vez que hubo una discusión muy fuerte entre varios trabajadores de la unidad de cuidados intensivos. Vinieron a decirme: “¿Sabes?, aquí estamos bajo mucho estrés”. Eso me hizo pensar y llegué a la conclusión de que yo también estaba bastante estresada. Nos invitaron a la granja de uno de los médicos. Respiré hondo y me di cuenta que no me había relajado desde hacía bastante. Gaza es una zona muy urbana y densamente poblada y no te das cuenta del impacto de vivir en un área tan cerrada hasta que te alejas de ella durante un tiempo. Pero para muchas de las personas que habitan en Gaza, el salir un día al campo no es una opción.

Mi regreso a casa estaba previsto para el 10 de julio, sin embargo, tan sólo un día antes, Israel lanzó la operación militar “Margen Protector” sobre Gaza. El primer día se produjeron muchísimos bombardeos en el área en la que estamos nosotros. Lo que uno siente cuando se da cuenta de que las bombas están cayendo cerca de ti es difícil de explicar. Sabes que estás a salvo porque MSF no es un objetivo, pero tu cuerpo no lo sabe y libera muchísima adrenalina, tu corazón late más deprisa y te pone en alerta máxima. Ahora ya me voy acostumbrando, pero todavía a día de hoy, después de más de diez días de bombas, disparos y proyectiles, hay veces en las que me sobresalto. No creo que a partir de ahora logre escuchar Ias tormentas de truenos de la misma manera tranquila en que lo hacía hasta ahora. Los rugidos del cielo ya no serán lo mismo para mí después de esta experiencia. Ahora mismo todos estamos preocupados por nuestros compañeros palestinos. Las instalaciones de MSF son seguras, pero es posible que sus hogares no lo sean tanto.

Desde el día en el que comenzaron las hostilidades, asumí la responsabilidad de ayudar a gestionar la clínica de cuidados post-operatorios y de preparar los stocks de emergencia que teníamos en la farmacia para hacer donaciones a los hospitales. Hemos sido capaces de mantener la clínica funcionando casi cada día, eso sí, con un equipo muy básico y que estaba compuesto solamente por un fisioterapeuta, una enfermera y un encargado de las admisiones. Todos ellos viven cerca de allí y eso les ha permitido acercarse sin tener que asumir un riesgo excesivo.

Un coche de MSF les recoge enfrente de sus casas y les lleva de vuelta por la tarde para que no tengan que hacer el trayecto andando. Mi función consiste principalmente en la supervisión de actividades, pero los días en los que la clínica ha estado cerrada debido a que los bombardeos eran demasiado intensos, algunos pacientes han venido hasta nuestra oficina y aquí mismo les he cambiado sus vendajes. Los vendajes más complicados son los de los niños pequeños, pues no entienden por qué están en esa situación. Te miran a los ojos y se preguntan qué demonios vas a hacerles. Alrededor del 40% de los casos que hemos recibido desde que el 9 de julio son niños de 5 años o menos. Hace unos días llegó una niña de cinco años que había sufrido quemaduras en todo su cuerpo de cintura para abajo. Las quemaduras se las había provocado con agua caliente, algo que vemos bastante habitualmente aquí, pero en esta ocasión no fue por un vertido accidental, sino que fue como consecuencia del impacto de uno de los misiles, que cayó en un tanque de agua caliente. Sus padres consolaban su llanto y trababan de tranquilizarla, pero su cara mostraba auténtico terror. Pienso todo el tiempo en cómo estará ahora, porque desde ese día ni ella ni su familia han vuelto a la clínica.

También nos llegó otra niña, calculo que tendría unos 10 ó 11 años. Había tenido un accidente doméstico con una taza de té caliente que se le había derramado sobre el brazo. Vino a la clínica por sus propios medios. Nicolas, nuestro coordinador, le preguntó si no tenía miedo de andar por la calle sola. Ella le respondió: “Todos sabemos que moriremos un día u otro”. Pienso para mis adentros que a esta niña las circunstancias le han obligado a crecer demasiado rápido. Y no es justo. Es tremendo escuchar a una pequeña decirte algo así. Uno de mis compañeros palestinos me contó que sus hijos se esconden bajo la mesa cada vez que oyen un estallido. Otro me dijo que sus hijos no cesan de preguntarle si será capaz de protegerles en el caso de que algo malo ocurra. Y a él no les queda otra que tragar saliva cuando les responde, pues sabe que no puede hacer gran cosa para protegerles. Para un padre no hay cosa más dura que no poder proteger a sus hijos.

Cuando vuelva a casa, contaré a todo el mundo lo que está pasando aquí, pues especialmente en mi país, los EE.UU., no todo el mundo comprende la complejidad de este conflicto. Mucha gente no está informada de la situación en la que se encuentra la población. Será muy difícil irme. Los palestinos estarán siempre en mi corazón, pero otros compañeros seguirán haciendo mi trabajo. De hecho, en los últimos días han llegado muchos equipos de refuerzo que ya están trabajando en el hospital Shifa, adonde llegan la mayor parte de los heridos.

Ahora lo que todos necesitamos es que Israel deje de bombardear Gaza indiscriminadamente. La mayor parte de las víctimas son civiles y la mitad de todas las víctimas son niños. Y eso es completamente injustificable.

* Sarah Woznick es enfermera especializada en cuidados intensivos. Voz suave, pelo negro, ojos marrones. Camina rápidamente de una sala a otra, siempre ocupada o intentando mantenerse ocupada. Sarah llegó a Gaza hace seis meses desde Denver, Colorado. La Operación Margen Protector empezó justo el que debía ser su último día de misión. Decidió quedarse para apoyar al equipo en estos tiempos difíciles y para poner su granito de arena para que MSF pudiera mantener sus actividades médicas en Gaza.