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Archivo de marzo, 2019

Ciclón Idai: el agua de la vida en medio de un desastre natural

Por Andrew Brown, UNICEF Malawi

El 7 de marzo, en mitad de la noche, Annie decidió huir de su casa con sus hijos. Entre ellos estaba Ndaziona, que había nacido dos días antes. Llovía desde hacía cuatro días, el caudal del cercano río Shire aumentaba, y el estado de la casa de adobe y paja empezaba a ser precario. Annie se levantó en medio de la noche para ir al baño. “Miré fuera y vi una gran cantidad de agua que venía”, recuerda. “Cogí a los niños y corrí. Habíamos avanzado no más de 20 metros cuando la casa colapsó a nuestra espalda”.

Fue un encuentro cercano y terrorífico con la muerte. “Los niños lloraban, yo tenía mucho miedo”, cuenta Anne. “Me di cuenta de que nos libramos de morir por segundos. Creo que Dios fue el que me hizo levantarme”.

Ciclón Idai: el agua de la vida en medio de un desastre natural

Annie con el pequeño Ndaziona, que nació solo dos días antes de que su casa se derrumbara por las inundaciones en Malawi / ©UNICEF Malawi/2019/Amos Gumulira

Annie y sus hijos Chimwemwe, de 10 años, Usta, de 7, Alefa, de 5, y el bebé Ndaziona, caminaron varios kilómetros hasta la casa del jefe, donde pasaron la noche con otras ocho familias. Al día siguiente llegaron a Bangula Admac, un campo de evacuación. Allí pasaron dos semanas.

El campo se asienta sobre un antiguo mercado. Cuando llego allí, las lluvias han parado y el día es caluroso. La gente se sienta a la sombra de los árboles o bajo tejados de acero. Algunas mujeres están cocinando. Otras traen agua en cubos. Unos cuantos comerciantes venden fruta y rosquillas fritas a los evacuados. Un molino se erige entre la masa de personas. Un tejado y algo de suelo firme proporcionan refugio, pero los lados están abiertos a los elementos.

El jefe del campo, Isaac Falakeza, es un profesor jubilado. Me cuenta que han llegado unas 5.300 personas, de las que más de 1.800 han llegado cruzando el río desde Mozambique, donde las inundaciones han sido peores. “Estamos desbordados pero ayudamos a la gente igual, independientemente de su procedencia. No discriminamos a nadie. Nuestro mayor reto es la comida. Cada familia debería recibir una bolsa de harina, pero ahora solo tenemos una bolsa para cada dos familias”.

El agua y el saneamiento también son un reto”, continúa. “UNICEF nos ha enviado cientos de cubos, pastillas de jabón, artículos para tratar el agua y ocho letrinas. Esto está ayudando. Estamos priorizando a las familias más necesitadas: las que tienen niños pequeños o alguna persona discapacitada”.

Con un cubo sobre su cabeza, Annie camina durante diez minutos hacia bomba de agua en su antiguo pueblo. Coge agua limpia y la acarrea de vuelta. Durante el camino, pasa por las ruinas de su hogar. Las paredes de adobe se han convertido en una montaña de tierra, y tan solo queda un trozo del techo de paja. Ni siquiera esto puede salvarse.

“Quiero volver a casa”, asegura Annie. “El campo no es buen lugar para mi bebé. Pero tendré que ahorrar 30.000 kwacha (unos 41 dólares) para reconstruirla”. Cuando le pregunto cuánto gana en un mes, Annie sonríe. “Entre 800 y 1.200 kwacha (1,66 dólares) al día, por hacer la colada de otros y recolectar leña para vender. Gasto la mayor parte del dinero ese mismo día. Lo invierto en comprar judías y verduras para acompañar nuestra harina”.

De vuelta al campo, el oficial de Agua y Saneamiento de UNICEF, Allan Kumwenda, enseña a Annie cómo saber si el agua que tiene es segura. Pone unas gotas de cloro y luego utiliza un contenedor de plástico con códigos de colores para comprobar los niveles. “Incluso aunque el agua sea segura en la bomba, a menudo se contamina en el camino de vuelta”, explica. “La gente tiene suciedad y gérmenes en los dedos, y a veces acaban en el cubo. Alrededor del 60% del agua se contamina así. Y esto aumenta el riesgo de propagación del cólera y otras enfermedades, algo muy peligroso para los niños pequeños”.

Al final de su demostración, Allan da a Annie el resto del bote de tratamiento de agua. “Estoy muy contenta con esta ayuda de UNICEF. Puedo usar el cubo para coger agua y almacenarla, y la botella para convertirla en agua limpia. Esto es muy importante para mis hijos, ya no estoy tan preocupada”.

Ciclón Idai: el agua de la vida en medio de un desastre natural

Annie coge agua en un cubo proporcionado por UNICEF, que le ha ayudado a comprobar si es potable / ©UNICEF Malawi/2019/Amos Gumulira

Los suministros de UNICEF ya han llegado a las zonas afectadas por las fuertes lluvias e inundaciones en el sur de Malawi, dando algo de respiro a las familias de los centros de evacuación. Sales de rehidratación oral, antibióticos y cientos de mosquiteras con insecticida, que son fundamentales.

“Tras un desastre como el del ciclón Idai, la prioridad de UNICEF es ayudar a los niños y familias que han perdido sus hogares y que viven en centros de evacuación o con otras familias en sus comunidades”, explica el representante de UNICEF Malawi, Johannes Wedenig. “Tenemos artículos de emergencia preparados de antemano en zonas de Malawi que sufren desastres naturales de manera habitual. Esto nos ha permitido reaccionar rápidamente para abordar las necesidades más inmediatas”.

UNICEF sigue sobre el terreno para apoyar a los niños afectados por el ciclón Idai con agua y saneamiento, educación, servicios nutricionales y protección.

De madre a madre: ¡las vacunas salvan vidas!

Basma Ourfali, oficial de comunicación de UNICEF Siria

Era casi mediodía. Veinte mujeres se arremolinaban en torno a una estufa en una diminuta casa de la ciudad de Deir Hafer, en Aleppo rural (Siria). Muchas de ellas habían venido de pueblos lejanos para ver a una mujer, Amina.

Amina, de 41 años, viuda y madre de tres hijos, es una de las pocas mujeres que trabajan como educadora de la salud en la zona. Su labor consiste en proporcionar a las madres información sobre la seguridad y la importancia de las vacunas.

Aunque dejó la escuela en el tercer curso, Amina es muy influyente en su comunidad. “Mi casa siempre está llena de mujeres que vienen a consultarme. A veces solo buscan apoyo moral“.

De madre a madre: ¡las vacunas salvan vidas!

Una niña recibe su vacuna contra la polio en Aleppo, Siria /©UNICEF/ Syria 2019/ Khudr Al- Issa

Cuando la violencia dio un respiro en 2017, las familias de los pueblos rurales del este empezaron a volver a sus hogares, destruidos. Tras años de desplazamiento, se encontraron una grave falta de servicios, incluidos los sanitarios y de vacunación. La mayoría de niños llevan años sin vacunarse debido a la violencia, múltiples desplazamientos y la interrupción de los servicios.

“Durante mis sesiones con las mujeres descubrí que carecen de información sobre los servicios públicos disponibles, así como sobre las vacunas y atención sanitaria que necesitan los niños”

Para garantizar que cada niño de las áreas remotas se vacuna, los trabajadores sanitarios a los que apoya UNICEF realizaron sesiones de formación para once mujeres de siete aldeas de la zona. Les enseñaron a asesorar a las madres y a las embarazadas sobre la importancia de las vacunas para proteger a sus hijos frente a la polio y otras enfermedades prevenibles. Trabajadores sanitarios formados acuden con ellas a sus sesiones con mujeres para asegurarse de que la información que les dan es de calidad.

Con su carácter vivo y social, Amina comunica mensajes importantes sobre atención sanitaria y vacunas. Lo hace en un lenguaje sencillo, utilizando ejemplos reconocibles en el día a día de los habitantes de las aldeas. Habla a las madres sobre la seguridad y la importancia de las vacunas, les explica cómo funcionan y les resuelve sus dudas.

Organizo sesiones semanales para mujeres de mi ciudad y de pueblos vecinos. Siento que he hecho bien mi trabajo cuando una madre se apresura a vacunar a su hijo después de estar en mi casa”.

De madre a madre: ¡las vacunas salvan vidas!

Algunos niños llevaban años sin recibir sus vacunas debido a la violencia /©UNICEF/ Syria 2019/ Khudr Al- Issa

Ghazieh, de 36 años, es una de esas mujeres. Esta madre de siete hijos contó su historia al resto de madres asistentes a la sesión de Amina. Hace siete años, su bebé de un mes, Yasmina, murió. “Ella había sido vacunada unos días antes, así que asumí erróneamente que las vacunas eran peligrosas. Dejé de vacunar a mis hijos”.

Pero después de ir a las sesiones de Amina y de los trabajadores sanitarios apoyados por UNICEF, en las que recibió conocimientos e información valiosos sobre la seguridad d días vacunas, Amina se arrepintió de no haber vacunado a sus hijos. Ya están vacunados.

En los últimos días, y como parte de una campaña nacional de vacunación contra la polio que ha durado una semana, UNICEF, la OMS y otros aliados, han llegado a más de 320.000 niños de la provincia de Aleppo. Unos 800 trabajadores sanitarios han participado en esta campaña. UNICEF ha proporcionado vacunas y equipamiento para mantener la cadena de frío, a través de 50 centros de salud y 120 equipos móviles.