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Archivo de enero, 2019

Sudán del Sur: el incierto futuro de los niños con desnutrición

Por Mercy Kolok, oficial de comunicación de UNICEF Sudán del Sur

Estaba sentada en una sala, ensimismada en sus pensamientos. Los dos niños que sostenía en el regazo lloraban llamando su atención, pero ella no les oía. Miraba al infinito, ajena a lo que ocurría a su alrededor. Ni siquiera la presencia del médico y las enfermeras que fueron a atender a sus gemelas la devolvieron a la realidad. Un amable golpecito en la espalda le hizo volver. Parecía aterrada, y casi tiró a las niñas. Estaba claro que Mary Kaku llevaba el peso del mundo sobre sus hombros.

Era la tercera vez que sus gemelas, Elizabeth Jungbo y Madelina Pedi, eran ingresadas con desnutrición severa. Con 16 meses, pesaban 6,2 y 4,5 kilos respectivamente, cuando el peso medio de un bebé de esa edad es de 10 kilos. Las niñas se agarraban al pecho de su madre tratando de succionar, pero claramente no había leche suficiente para saciar su hambre.

Sudán del Sur: el incierto futuro de los niños con desnutrición

Mary Kaku, con sus gemelas en el hospital infantil de Juba / ©UNICEF South Sudan/2018/Campeanu

“Vine a Juba hace más de un año para que dieran tratamiento a mi marido enfermo. Pero murió, y me dejó con los niños aquí”, cuenta Mary. “No puedo volver a mi aldea, donde están mis otros hijos, porque no me lo puedo permitir. Tengo una deuda por el entierro de mi marido. No me puedo ir sin pagarla”.

A pesar del reciente acuerdo de paz, la economía de Sudán del Sur sigue hecha añicos debido a años de conflicto. Incluso en la capital, Juba, muchas madres como Mary no pueden poner comida en la mesa de manera regular.
“A veces pasamos hambre incluso dos días, sobrevivimos a base de agua, y por eso siempre estamos enfermas”.

Mary no tiene trabajo. Pasa la mayor parte del día en la calle con sus hijas enfermas, a temperaturas superiores a los 35º, pidiendo ayuda a los transeúntes. Vive con las niñas en la calle, con otras familias que están igual que ellas.
En el hospital, diagnosticaron a las pequeñas con marasmo, una forma de desnutrición causada por la falta de nutrientes esenciales debido a una alimentación pobre o la falta de alimento.

“A menos que consiga algo de dinero pidiendo, no me puedo permitir comprar leche o comida a las niñas. También es difícil encontrar trabajo en Juba, porque no tengo dónde dejar a las niñas”, explica.

La situación de Mary es como la de muchas familias en Sudán del Sur. Con la crisis económica, la inflación y el precio de los alimentos, mucha gente no puede garantizar que vaya a comer ni siquiera una vez al día.

“Cuando llevo a las niñas al hospital, mejoran porque les dan leche y comida, pero yo no puedo proporcionársela”, continúa Mary. “No sé si sobrevivirán, pero espero que lo hagan, que crezcan y que tengan éxito en su vida”.

Una semana después, las gemelas de Mary mejoran ligeramente y reciben el alta. Pero solo otra semana después vuelven a ingresar, porque la situación de Madelina ha empeorado de nuevo. Mary pasa dos semanas en el hospital. Elizabeth recupera la salud por completo, pero su hermana sigue neceistando tratamiento. Cuando Madelina entró en el hospital no podía comer ni sentarse ella sola. Ahora ha recuperado algo de fuerza y puede sostenerse sin ayuda.

Estoy contenta porque mis hijas están mejor, pero me preocupa su supervivencia. Sé que solo es cuestión de tiempo volver al hospital. Como cualquier padre, mi sueño es ver a mis hijos crecer y tener éxito en su vida, pero no tengo ninguna garantía”, concluye Mary.

Acción Humanitaria para la Infancia

UNICEF ha presentado su Acción Humanitaria para la Infancia, un llamamiento humanitario para atender a 41 millones de niños de 59 países durante el año 2019. El llamamiento para Sudán del Sur es de 179 millones de dólares. La situación de inseguridad alimentaria mejoró un poco gracias a las cosechas de 2018, pero un 43% de la población sigue en una situación grave y más de 1 millón de niños de Sudán del Sur sufren desnutrición aguda, incluidos 250.000 que están en riesgo de muerte si no reciben ayuda.

¿Con qué soñaba tu madre cuando era niña?

Por Yera Kim, especialista en educación de UNICEF Chad

Cuando todo el equipo (nuestros colegas de Educación de UNICEF en Chad, el Ministerio de Educación y nuestros aliados) estábamos saliendo de la escuela primaria Sido Bemadji, en la provincia de Moyen Chari, nos informaron de que una persona de la Asociación de Madres de la escuela había estado esperando para hablar con nosotros. Yo dudé unos segundos porque ya era tarde. Miré  y ahí estaba ella, Khadidja, de 40 años, una mujer orgullosa vestida con un hijab blanco y con una gran sonrisa en la cara.

Khadidja, madre de nueve hijos, parecía emocionada por contar su historia. “Soy la secretaria de la asociación de madres de la escuela. Puedo contarles más acerca de la labor que hacemos como asociación para promover la educación de los niños”. A lo que añadió: “También soy refugiada de la República Centroafricana. Dejé mi hogar en Bangassou, al sureste de la República Centroafricana, y llegué a Chad en 2013”.

¿Con qué soñaba tu madre cuando era niña?

Niñas en una clase de la escuela primaria Ridina (Chad), que acoge niños refugiados y retornados de RCA, como la escuela en la que trabaja Khadidja / © UNICEF/Chad/2018/Kim

Le dije que yo había estado en Bangassou y que recordaba el hermoso atardecer sobre el río Mbomou. Le sorprendió, pero también se alegró de conocer a una extranjera que conocía su ciudad de origen: la ciudad que tuvo que abandonar en busca de seguridad.

Cuando se desató el conflicto lo quemaron todo, incluida mi casa

Al recordar momentos dolorosos, no podía esconder su sufrimiento.

Khadidja se ha implicado enérgicamente en las actividades organizadas con la ayuda de UNICEF para empoderar a las asociaciones de madres. “En las sesiones de formación organizadas para las asociaciones de madres aprendí la estrecha relación que hay entre la educación de las niñas y la pubertad, la higiene escolar, el matrimonio infantil y el embarazo no deseado”.

Después de la formación, comenzó a desempeñar un papel fundamental para enseñar a las niñas adolescentes a utilizar kits de higiene. Al principio le costó mucho. “En la cultura árabe-musulmana en la que crecí, no podemos hablar en público de los cambios físicos o fisiológicos de las niñas. El primer día de la formación me resultaba demasiado embarazoso sacar el tema abiertamente delante de las niñas y sus padres. Sin embargo, pronto me di cuenta de que, si yo no cambiaba mi actitud, muchas de las niñas no entenderían correctamente el tema, seguirían faltando a clase cuando tuvieran el periodo y terminarían por abandonar la escuela. Por eso, decidí ser más valiente a partir del día siguiente. Con la formación y la distribución de kits de higiene reutilizables, cada vez más niñas permanecían en la escuela cada mes, y algunas de las que habían abandonado la escuela regresaron para reanudar las clases”.

Además de eso, Khadidja ha luchado para evitar que las niñas dejen la escuela a causa de haber contraído un matrimonio temprano. “Mis padres me casaron cuando tenía 14 años. Desde entonces, mis días han estado llenos de responsabilidades adultas como el nacimiento de hijos y el cuidado de miembros de mi familia. Mi sueño de la infancia se truncó con el matrimonio. Mi primera hija ya tiene 18 años y se acaba de matricular en el primer año de la escuela secundaria porque se quedó atrás en su educación debido al conflicto y los desplazamientos. Pero yo nunca quise que eligiera el matrimonio antes que la educación”.

Dada la curiosidad que sentía por el origen de su pasión y su dedicación a la enseñanza, le pregunté por qué esto ocupaba un lugar tan importante en su corazón. Alzó la cabeza y me miró a los ojos.

Mírese. Sin educación, ¿habría podido hacer lo que hace como miembro de UNICEF? Yo quiero lo mismo para nuestros hijos. Quiero que se marquen grandes objetivos y que desarrollen su máximo potencial gracias a la educación

¿Con qué soñaba tu madre cuando era niña?

Khadidja, de 40 años, es la secretaria de la Asociación de madres de la escuela primaria Sido Bemadji, en Chad. Es una refugiada de República Centroafricana que llegó a Chad en 2013 /© UNICEF/Chad/2018/Kim

Al preguntarle sobre el sueño de su infancia, a Khadidja le dio la risa. “Cuando era niña, siempre quería ser periodista. Me hacía feliz imaginarme hablando por la radio o en la televisión. Aunque no pude hacer realidad mi sueño, estoy agradecida de tener el poder de contribuir a la educación de mis hijos y ayudarlos a hacer realidad sus sueños gracias a mi papel en la Asociación de Madres”.

Desde 2013, alrededor de 150.000 refugiados centroafricanos y chadianos retornados han escapado de la violencia de la República Centroafricana y se han asentado en provincias fronterizas del sur de Chad. Con ayuda de “La Educación No Puede Esperar” y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el Ministerio de Educación, UNICEF y aliados como RET International y CELIAF trabajan juntos para ayudar a las escuelas a ampliar el acceso y mejorar la calidad de la educación para todos los niños afectados por conflictos.