El Blog Solidario El Blog Solidario

Por aquí han pasado cooperantes de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN
Internacional, Farmamundi, Amigos de Sierra
Leona y Arquitectura sin Fronteras.

Archivo de abril, 2018

Vacunas para cada niño en Mosul

Por Jennifer Sparks, consultora de comunicación de UNICEF

La doctora Rivah y sus colegas del Centro de Atención Primaria de Al Quds, en la parte oeste de Mosul (Irak), están ocupados tratando de mantener quieto a Mohammed, de dos años, durante el tiempo suficiente para poder administrarle una dosis de la vacuna de la polio.

Finalmente, logran calmarle y vacunarle. Cuando Mohammed se da cuenta de lo que ha ocurrido y empieza a llorar, la doctora Rivah ya está actualizando su cartilla de vacunación y sus compañeros están preparando las dosis para el siguiente joven paciente.

Vacunas para cada niño en Mosul

Mohammed, de 2 años, tras recibir la vacuna contra la polio /© UNICEF/Iraq/2018/Sparks

Meses después de la operación militar para recuperar Mosul, centros de salud como este siguen llenando un vacío importante. Son clínicas –no equipadas plenamente como un hospital- funcionando más allá de su capacidad habitual. “Este centro ayuda al vecindario. La gente que viene no es siempre de esta zona. A menudo vienen de muy muy lejos en busca de ayuda. Pero no somos un hospital, nadie se queda aquí a pasar la noche”.

Los tenues pasillos de este centro de salud, de dos pisos, están atestados de gente. Los edificios cercanos están muy dañados, porque el oeste de Mosul fue duramente golpeado durante las operaciones militares para recuperar esa zona de la ciudad el año pasado.

Algunos han venido para cosas rutinarias, otros por una emergencia. Las mujeres vienen para obtener atención obstétrica, también para dar a luz. Esto da al personal una oportunidad de difundir el mensaje de la importancia de la vacunación.

“A las mujeres que vienen aquí a dar a luz, les hablamos del programa de inmunización. Así saben exactamente a dónde y cuándo venir”, nos cuenta la doctora Rivah mientras nos muestra el calendario impreso en la tarjeta de vacunación que deja claro qué vacunas deben administrarse y a qué edades.

La infraestructura médica fue gravemente dañada durante las operaciones militares para recuperar Mosul en 2017. Además de los largos y habituales cortes de energía, había un serio déficit de medicamentos. Los hospitales eran a menudo objetivo de los ataques, y muchos médicos y enfermeras estaban entre las 800.000 personas que huyeron de la ciudad. La doctora Rivah se quedó. “He trabajado aquí durante cuatro años. No me fui, pero tuve que parar de trabajar durante un tiempo”.

Vacunas para cada niño en Mosul

En 2017,los hospitales de Mosul sufrieron muchos ataques, y parte del personal médico abandonó la ciudad. La doctora Rivah fue una de los que se quedó/ ©UNICEF/Iraq/2018/Sparks

Para muchos residentes, llegar al centro médico es todavía difícil. Así que una de las maneras más eficaces de garantizar que los niños reciban sus vacunas es que los sanitarios lleguen a ellos. “También tenemos vacunadores que recorren los barrios y explican a los padres que deben vacunar a sus hijos”, explica la doctora.

Las campañas de vacunación tienen resultados muy positivos. Irak se mantuvo libre de polio en 2017, gracias a las dos tandas de vacunaciones para más de 5,6 millones de niños menores de cinco años organizadas el Ministerio de Sanidad, la Organización Mundial de la Salud y UNICEF. Además, UNICEF apoyó campañas masivas de vacunación y exámenes del estado nutricional de los niños que huían de las zonas afectadas por el conflicto. Más de 306.000 niños fueron vacunados contra la polio en Mosul, y cerca de 300.000 contra el sarampión y la rubeola.

La vacunación es solo una de las actividades de salud que UNICEF apoya en Mosul, a través de suministros para la cadena del frío y la formación a personal del gobierno que vacuna puerta a puerta. UNICEF trabajará próximamente con el departamento de Salud para contribuir a rehabilitar los servicios de agua de los hospitales de la ciudad, junto con la Media Luna Roja de Qatar.

Para la doctora Rivah, la vacunación es una de las maneras más sencillas que tienen los padres de evitar que sus hijos vuelvan al hospital aquejados de una enfermedad prevenible. “Soy feliz cuando podemos ayudar en el centro de salud. La gente ha sufrido mucho. Aquí tenemos todas las vacunas para ayudar a que los niños estén sanos”.

Del 24 al 30 de abril se celebra la Semana Mundial de la Vacunación. Se estima que las vacunas salvan cada año cerca de 3 millones de vidas infantiles. Sin embargo, en 2016 unos 1,4 millones de niños menores de cinco años murieron a causa de una enfermedad prevenible mediante una vacuna.

Un ejemplo de resiliencia, tres años después del terremoto de Nepal

Por Jemima Sherpa, de la Cruz Roja Nepalí

Januka Bartal. Lahareepowa VDC, Distrito Rasuwa

Cuando Januka Bartal escuchó que Cruz Roja estaba ayudando a las familias de su comunidad (Laharepowa, Distrito Rasuwa) con dinero para invertir en sus medios de vida, ella ya sabía exactamente qué quería hacer con ese dinero. Su casa colapsó durante el terremoto de 2015 y sus máquinas de coser fueron dañadas. Desde entonces, su familia se mudó a una habitación alquilada que pagaban con el poco dinero que ella ganaba cosiendo a mano todo lo que podía.

Januka tenía dos objetivos muy claros: arreglar sus máquinas de coser y promocionar su negocio en los alrededores. “Pensé en pedir un préstamo pero el interés era demasiado alto” dice Januka, “con la ayuda de Cruz Roja todo ha sido mucho más fácil”. Lo cierto es que no hay nada fácil para Januka y su familia, pertenecen a la casta Dalit, la más baja y considerada por muchos “intocable”.

Con las 40.000 rupias que ha recibido, Januka ha arreglado sus máquinas de coser, ha comprado una mesa larga donde poder cortar los patrones y ha construido una pequeña extensión a su casa justo al lado de una carretera muy transitada: “Cuando trabajaba dentro, nadie me veía y mis clientes eran siempre las mismas personas. Ahora la gente puede verme desde la calle y entran a darme trabajo”.

Estima que tiene un beneficio de 12.000 rupias al mes y aunque tiene muchos gastos está pensando en cómo mejorar su negocio: “Ahora necesito comprar unas estanterías e incrementar mi stock de telas”.

Varios meses después, Januka ya no es sólo una destinataria del programa de Cruz Roja, ahora emplea a su hermano, Ujiwal, en su propio negocio a quién le está enseñando el oficio. Además, durante la época de festividades en Nepal que es cuando más trabajo tiene, emplea a otra mujer que la ayuda con la plancha y otros trabajos que consumen demasiado tiempo.

Januja y Ujiwal Bartal. Laharepowa VDC, Distrito Rasuwa

Notas desde el Congo (I): Rumbo a Numbi

Por Ida Moberg, doctora de MSF en la República Democrática del Congo

La doctora Ida Moberg se encuentra en su primera misión con Médicos Sin Fronteras (MSF). Desde el poblado de Numbi, en la provincia de Kivu sur, al este de la República Democrática del Congo (RDC), relatará en un diario de campaña el trabajo en el hospital de esta pequeña aldea y el día a día de las comunidades locales.   

Estoy sentada en la terraza y miro cómo se extiende en lago Kivu en Bukavu. Aunque es oscuro, se escucha un gallo en la casa vecina y el sonido se mezcla con la risa de unos niños que juegan. Tengo la cabeza llena de expectativas. Mañana salgo hacia la pequeña aldea de Numbi, al sur de esta provincia. ¡Al fin ha llegado la hora de empezar mi trabajo en terreno!

Las últimas semanas antes de la partida fueron básicamente para decir adiós a los que están cerca de mí. Y, como es mi primera misión con MSF, a hacer un curso en Barcelona sobre los protocolos y funcionamiento interno de la organización, y cómo deben tratarse enfermedades específicas en terreno, pues las dolencias más comunes aquí, en el este de la RDC, difieren mucho de las que hay en mi país, en Suecia.

Vistas del lago Kivu, en Kivu Sur, RDC. Marta Soszynska / MSF

Llegué a Kigali, la capital de Ruanda, 12 horas más tarde de lo esperado. Pues una amenaza de bomba en el aeropuerto de Bromma, en Suecia, retrasó el vuelo y perdí la conexión en Bruselas… Pero bueno… ¡Cuando trabajas para MSF debes ser flexible!

Desde Ruanda, el viaje continuó en automóvil hasta la frontera con la RDC. Y de ahí a Bukavu. El área se ha visto muy afectada por todos estos años de guerra. El conflicto ha dejado su huella. Muestra de ello, son las grandes diferencias que hay entre las infraestructuras de Ruanda y las de la RDC. Son palpables claramente poco después de cruzar la frontera. En el lado congolés, las carreteras tienen grandes agujeros.

Las condiciones de las carreteras en RDC no son las mejores. Ida Moberg / MSF

Una misión de Naciones Unidas ha estado presente en el área desde 1999, pero aun así la tensión entre los diferentes grupos armados continúa. Cosa que dificulta el día a día de la población local.

MSF está presente en la RDC desde 1981. Actualmente apoya varios proyectos de atención médica, incluido el hospital de Numbi, donde trabajaré durante los próximos seis meses.

La cultura milenaria de la violencia contra las niñas

Por Elisa Paz, de Plan International, desde Malí.

Como mujer occidental europea, de clase media y feminista tengo un posicionamiento muy claro y firme sobre la mutilación genital femenina (MGF). No obstante, llego a Bamako dispuesta a escuchar y absorber lo que la gente quiera contarme sin prejuicios.

Antes del viaje leo sobre el contexto del país y la mutilación. Según los datos ofrecidos por la última encuesta demográfica y de salud de Malí, el 85% de las mujeres aquí sufren de esta violencia y en algunas zonas del país alcanza hasta el 91%. Se ejerce sobre todo en las niñas y adolescentes y mayoritariamente antes de los 5 años.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), abarca todos los procedimientos que conllevan una resección parcial o total de los genitales externos femeninos, u otra lesión causada a tales órganos por motivos no médicos. Parece ser que hay también hay 4 tipos de mutilación, según se trate de la sección total o parcial del clítoris, los labios menores o mayores, el estrechamiento de la abertura vaginal y otros relacionados con la punción, perforación, raspado… Cuando termino la lectura, no puedo dejar de pensar en lo horrible que debe ser vivir algo así.

La MGF es sólo una de las 16 práctiques néfastes que existen en Malí. A ella se suman otras como el matrimonio forzado, cortes en el cuerpo o el gavage, que implica el engorde de niñas, adolescentes y mujeres de cara al matrimonio. Pero es sin duda la mutilación, por la violencia con la que se ejerce, porque implica la mutilación del placer sexual antes incluso de tener conciencia de lo que es, y porque representa el patriarcado más profundo a manos de las propias mujeres, la práctica que más me afecta de manera personal.

Cuando llego al país, veo que ante el alto porcentaje de prevalencia de esta práctica en Malí y las graves consecuencias emocionales y en la salud sexual y reproductiva de las niñas, adolescentes y mujeres, se ha impulsado un movimiento social a favor de su eliminación, liderado por organizaciones de mujeres y respaldado por algunas parlamentarias de Malí, así como por Plan International.

Con el objetivo de involucrar a las comunidades en la erradicación de lo que llaman “una cultura milenaria” y que yo me he permitido renombrar bajo la expresión “cultura milenaria de la violencia” contra las niñas, se han puesto en marcha a nivel nacional, regional y local los llamados Comités de Acción para acabar con la mutilación.

Una de las primeras paradas del viaje fue Kita, situada en la provincia de Koulikoro. Conmigo, el equipo de Plan Internacional y Nana, la responsable del programa contra la MGF. Allí, siete comunidades han declarado y firmado un documento en el que públicamente se proclaman libres de Mutilación Genital Femenina.

Al llegar al ayuntamiento de Sanankoro, en Kita, la premiere conseillier nos recibe amablemente e invita al Comité de Acción a charlar con nosotras. Nos comentan el trabajo realizado a lo largo de estos años, las dificultades y los logros. Quiero detenerme en sus historias personales.

Una mujer de unos 65 años me explicó que se involucró en la lucha cuando su nieta murió delante de ella a manos de la mujer que la mutilaba. Más tarde, un hombre miembro del Comité explicó lo difícil que es pensar distinto en una sociedad como la maliense. Él, que siempre estuvo en contra de la mutilación, tuvo que ver como su madre (la abuela) se llevaba a su hija y le practicaba en secreto la mutilación, “pues él, estaba profundamente equivocado y no sabía lo que hacía”. Ahora, es miembro activo del Comité y trabaja para que otras niñas no tengan que pasar por lo mismo.

Observo también a una de las animadoras locales del programa. Sonríe al escuchar como otro miembro del Comité cuenta que hasta que no participó en una de las formaciones, no comprendió lo equivocado que había estado sobre la MGF. La animadora, que trabajaba en el programa de lucha contra el VIH SIDA, recuerda que cuando le asignaronsu nuevo puesto, el de contar las desventajas de la mutilación, pasó noches llorando y asustada por cómo las comunidades iban a recibirla. Ahora no cambiaría el puesto “por nada del mundo”, dice.

Para terminar la jornada, llegamos a una de las comunidades de Kita libre de mutilación. Nos reciben varios líderes comunitarios y una veintena de mujeres de edades diversas en una casa de abobe y paja. Sin duda me quedo con el relato de una chica de 16 años con la que tuve la oportunidad de hablar: “Antes vivía atemorizada pensando que llegaría ‘el día’ y ahora me siento libre”.

Ir al médico y después al cole. Así sí parece un día normal para los niños y niñas refugiados en Grecia

Beatriz Garlaschi, delegada de Cruz Roja Española en Grecia

Saleh y Mahmuda.

Recuerda aquellos momentos de tu infancia, días normales, de colegio, deberes, calle y parque. Recuerda aquel día en el que tu madre o tu padre te llevaba de la mano al médico porque te sentías mal. No estabas gravemente enferma, ni desnutrida, tampoco estabas triste. Ibas al médico para certificar tu salud y luego, irías de vuelta al colegio.

Piensa en la suerte que has tenido de vivir en un país en paz: tienes tus piernas, tienes tus brazos y tu cabeza, intactos. No has tenido que cruzar el mar en una balsa de juguete ni vivir en una caravana. Afortunadamente, y después de mucho tiempo, de haber cruzado el mar, de haber vivido en un campo de refugiados durante dos años, la normalidad vuelve a la vida de Mahmuda, una niña afgana de ocho años que ha tenido la suerte de poder seguir el curso de su infancia junto a su madre, Tuba, de 34 años, y sus tres hermanos. Hoy, por fin, aunque quedan muchos retos por delante en Grecia, ya es un día cualquiera para ella y su familia, y entre risas, sigue las instrucciones de nuestra enfermera Vasiliki y nuestra voluntaria, Angeliki, en el centro pediátrico que Cruz Roja gestiona en Atenas.

Saleh, hermano mayor de Mahmuda, bromea todo el tiempo con su hermana: por las gafas para hacer las pruebas de visión que más parecen un artilugio de buceo, o por el vestido que se ha puesto hoy Mahmuda, que hace honor a la Cruz Roja (rojo sobre blanco) o porque hoy hay demasiados espectadores en la consulta. Saleh es un niño feliz, y para Cruz Roja, es una enorme satisfacción proteger y ver sus sonrisas en esta familia, porque seguiremos trabajando mientras sea necesario, apoyando a más niños y niñas como ellos para que puedan tener muchos otros momentos de felicidad cotidiana.

Mahmuda en su prueba oftalmológica para acreditar el estado de su visión en el Centro pediátrico de Cruz Roja en Ambelokipi, Atenas.

Un equipo compuesto por enfermeras/os, médicos/as, pediatras y traductores/mediadores de Cruz Roja apoya cada día a cientos de personas con problemas de salud y a enfermos crónicos en el corazón de la capital de Grecia. Se trata de servicios muy útiles para las personas refugiadas no solo por la atención en salud que reciben sino por el hecho de acudir acompañadas de traductores y mediadores sociales, que son quienes se encargan de que las personas tengan la información adecuada que les transmite el personal de salud y las prescripciones a seguir.

El centro pediátrico de Cruz Roja en el barrio de Ambelokipi es uno de los servicios más concurridos, donde se realizan consultas de salud pediátrica básica para niños y niñas migrantes y refugiados de Ucrania, Afganistán, Siria o Irak, se suministran vacunas y se refiere a los especialistas los casos más complicados.

Nuestras actividades de salud en los centros urbanos, están financiadas por la UE a través de ECHO.

Vasiliki Dalla, enfermera de Cruz Roja, mide a Saleh, hermano de 11 años de Mahmuda, junto a su madre, Tuba, de 34.