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Por aquí han pasado cooperantes de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN
Internacional, Farmamundi, Amigos de Sierra
Leona y Arquitectura sin Fronteras.

Archivo de noviembre, 2017

Devolviendo la infancia a niñas y niños con la creación de espacios seguros

Por Fabian Boeckler, Plan International, desde Lago Chad. 

Los espacios seguros para la infancia son lugares en los que las niñas, niños y adolescentes están seguros y protegidos mientras desarrollan actividades lúdicas y deportivas que les permiten generar resiliencia y superar el trauma.

La falta de acceso siempre ha sido el mayor obstáculo a la hora de proporcionar ayuda humanitaria en algunos de los distritos locales de las áreas más afectadas del noreste de Nigeria, impidiéndonos a los trabajadores humanitarios llegar a los niños y niñas vulnerables, así como las mujeres y sus comunidades. Sin embargo, la iniciativa de las unidades móviles nos ha permitido llegar a las poblaciones más inaccesibles para llevar una ayuda muy necesitada.

El equipo de unidades móviles está formado por cinco miembros que incluyen nutricionista, enfermero, trabajadora social, ingeniero y conductor. Una parte esencial de la iniciativa es el espacio móvil de protección a la infancia. Este concepto está ganando fuerza (no sólo en Nigeria sino como componente clave de nuestra respuesta por todo el Lago Chad y en otras zonas). Una vez entendido en la teoría, estoy muy ilusionado de verlo llevarse a la práctica.

Los niños y niñas, sus familias y sus comunidades reciben el apoyo de Plan International, que colabora con ellos creando espacios seguros para la infancia © Plan International

Mi llegada a Watu

Cuando llegué a Watu, mis compañeros y yo paramos en un lugar prácticamente rodeado de edificios que habían sido colegios, donde pude ver incluso señales conmovedoras del conflicto: uno de los colegios había sido destruido. Sin embargo, a pesar de los escombros y la destrucción, pude sentir una atmósfera de alegría.

Para ser sincero, necesité un tiempo para adquirir perspectiva de lo que estaba pasando a mi alrededor, porque no era exactamente lo que me esperaba. Aunque había visto muchos de nuestros espacios seguros para la infancia en todo el mundo, esperaba encontrar una de nuestras típicas casetas grandes y blancas con niños y niñas jugando en su interior. Lo que me impactó al principio fue el gran número de niños, niñas y adolescentes que participaban de forma activa (hay más de 400 personas que forman parte de al menos ocho actividades).

Las chicas jugaban al fútbol; un grupo de chicos estaba perdiendo una partida del juego de la soga contra sus contrincantes femeninas; niños y niñas competían en carreras de sacos. Otros niños jugaban a construir edificios con ladrillos, a modelar arcilla, a hacer ganchillo, a dibujar o hacer los deberes (con el apoyo de varios de los trece voluntarios comunitarios).

Cuando le pregunté a una de las adolescentes a quién le iba a regalar el trabajo de ganchillo que estaba haciendo, contestó: “Hay niños y niñas en la comunidad cuyos padres no tienen dinero para comprarles ropa. La ropa que tejemos es para ellos”.

Mary and Salima son respetadas en la comunidad. Las dos, enfermera y profesora retiradas, son las únicas mujeres miembro de su cerrada comunidad de líderes locales © Plan International

Haciendo que todos los miembros de la comunidad se involucren

Durante mi visita al espacio seguro conocí a Elizabeth, nuestra trabajadora social y miembro de la unidad móvil. Llevaba un niño dormido en los brazos y explicó: “Este niño atrajo mi atención durante las actividades porque se mantenía aislado y no quería participar. Hablé con los voluntarios y, una vez que identificamos a los padres del pequeño, les ofrecimos apoyo y logramos que se implicaran”.

De esta forma se identifican los casos potenciales de menores en riesgo durante las actividades realizadas en el espacio seguro para la infancia. Elizabeth hace hincapié en la importancia del apoyo psicosocial y en la asesoría, pero también se ofrecen muchos otros servicios a través de las unidades móviles. Por ejemplo, los nutricionistas organizan una prueba para detectar la desnutrición infantil (el MUAC, que consiste en la medida de la circunferencia del brazo del niño o niña) de modo que los menores puedan ser remitidos a tratamiento en caso de ser necesario.

No hay refugio para la infancia

La columna vertebral de nuestro proyecto de unidad móvil son los voluntarios comunitarios. Entre ellos está Idris, que dice: “Antes de iniciar las actividades del espacio seguro para la infancia, los niños y niñas tenían mucho miedo de las experiencias que habían vivido. Permanecían en casa y no tenían otro lugar a dónde ir. Ahora, míralos. Están recuperando su infancia”.

Cuando le pregunto por qué es voluntario, Idris contesta: “Somos voluntarios porque es una forma de ayudar a nuestros niños y niñas. Queremos verlos crecer para que puedan ser alguien el día de mañana”. Si nadie se preocupa por la infancia, se estará preparando terreno para un nuevo conflicto. Cuando me despido, Idris me hace una promesa: “Aunque te vayas, nosotros continuaremos”.

Fabian Boeckler, Coordinador del Programa del Lago Chad, ha recorrido el mundo y visitado los espacios seguros para la infancia, un elemento clave en los programas de protección infantil en emergencias de Plan International. Ahora nos cuenta su viaje a Watu, una comunidad del distrito local de Michika en el Estado de Adamawa, que le ha permitido ver el nuevo concepto que Plan International Nigeria está llevando a cabo como parte de la respuesta humanitaria en el noreste del país: espacios de protección de la infancia dentro de sus unidades móviles.

Construyendo un orfanato en Sierra Leona por WhatsApp, cuando se quiere se puede

Por Javier Gutiérrez, jefe de obra para Amigos de Sierra Leona.

Permitidme dos minutos de vuestro tiempo para que os cuente una historia.

Hoy en día creo no equivocarme si digo que la mayoría de las personas que vivimos en España tenemos la dichosa aplicación y que el 100% de las personas que la tienen forma parte de algún grupo: la familia, las madres del colegio, los colegas, el equipo de ciclismo etc.

Tampoco creo equivocarme mucho si afirmo que muchas veces estamos hartos de tener que revisar cientos de mensajes sin contenido de esos grupos y muchas veces nos envían amigos bien intencionados: pesados archivos molestos, que llenan la memoria de nuestros móviles, agotan la pila, nuestros megas y nuestra paciencia.

Os diré que yo soy de ese pequeño porcentaje que no tenía la famosa aplicación instalada; os diré también que llevo haciendo obras de construcción más de media vida y eso, contando los años que tengo, es bastante tiempo.

En todos estos años, todos los días he pasado por las obras en las que estaba de una u otra forma participando, he visto lo que se estaba haciendo, he hablado con los trabajadores y he dado mis opiniones o instrucciones. ¡Ah! Se me olvidaba, siempre en perfecto castellano, ya fueran los trabajadores españoles, rumanos, cubanos, marroquíes o de otras nacionalidades.

Pero… el pasado 31 de diciembre de 2016, instalé la aplicación esperando recibir y compartir con mis amigos y familiares la felicidad por un año terminado y os mejores deseos para el siguiente. Claro que recibí muchos vídeos e imágenes, pero también recibí un mensaje que cambiaría mi concepto de la famosa aplicación, el uso que hacía de ella y mi vida.

Uy, que dije dos minutos y se está haciendo largo. Acelero…

La segunda semana de enero de 2017, Concha me presentó a Susan, que me contó que la ONG que presidia tenía un sueño: construir un orfanato y una escuela y un consultorio médico y así ayudar a los huérfanos de una terrible enfermedad que en España nos tuvo pendientes de la televisión unos cuantos meses allá por el 2015: el ébola (decidlo bajito, que todavía asusta).

La cuarta semana de enero, tuve otra reunión con Amigos de Sierra Leona, esta vez para preparar mi viaje al país a la semana siguiente.

El día 3 de febrero estaba aterrizando en Freetown y pase los siguientes siete días en Ma-tindi: conocí a los trabajadores del sitio, replanteé los cimientos y colaboré en el diseño del nuevo proyecto, dada la dificultad de realizar en ese país el que estaba predefinido; aprendí todo lo que pude y enseñé lo poco que sabía; vi la pobreza, la necesidad de ayuda que tenían; hice buenos amigos y lloré, lloré mucho, en silencio. Cuando se secaron mis lágrimas, decidí que este nuevo amigo mío, necesitaba y merecía toda mi ayuda.


Desde el 8 de febrero, cuando envié a mi amiga Concha esta foto por WhatsApp, nunca he dejado de estar pendiente del teléfono. Con la famosa aplicación, antes odiada podía comunicarme con la obra, ver los avances y celebrar con los trabajadores cada paso dado. Estaba disfrutando y viendo crecer día a día el futuro de muchos niños.

Pero de repente la cosa cambió, la constructora encargada de las obras comenzó a demorarlas con la intención de conseguir más dinero de nuestra pobre caja, la calidad de los trabajos bajó y la cercanía de la temporada de lluvias, ponía en grave peligro nuestra intención de abrir la escuela en septiembre de este año. Los días pasaban inexorablemente y, a 5.300 kilómetros de casa, nuestra impotencia crecía, no encontrábamos la solución.

Miré mi teléfono una vez más, para ver las fotos de los trabajos realizados, calmar mi rabia y buscar consuelo.

Susan, Nacho, Concha, nuestro representante allí en Sierra Leona, tiene una wifi portátil y por lo tanto WhatsApp en el teléfono, puedo comunicarme con él, rápido volvemos a contratar a los trabajadores despedidos por la constructora, yo los conozco y sé que son buenos chicos, me comunicaré a diario con Mohamed y le daré instrucciones de como continuar los trabajos, no importa que él no sepa de construcción yo visitaré la obra todos los días aunque este a 5.300 kilómetros.  Mohamed su teléfono y el antes odiado WhatsApp, serán mis ojos y yo seré el jefe de obra que necesitan, no importa que no sepa inglés y que ellos no sepan español, traduciré con la aplicación todos y cada uno de los mensaje que me manden y los que yo les mande, revisaré las fotos una por una y mandare planos, croquis y dibujos de todos y cada uno de los procesos necesarios.

Desde entonces todas las tardes, dedico unas horas a dirigir mi mejor obra, a mis mejores trabajadores y a preparar el futuro de esos niños y niñas que tanto lo necesitan.

2.950 fotos y más de 5.000 mensajes de texto enviados por WhatsApp, la obra está terminada, los niños tienen su escuela y el orfanato está a punto de abrir sus puertas y acoger los primeros huérfanos.

Gracias a todos los trabajadores del sitio por su titánico esfuerzo, gracias a los Amigos de Sierra Leona por haber confiado en mí, gracias a todos los donantes que han facilitado los materiales y el dinero para poder hacer realidad este sueño. Gracias a mi familia por su apoyo y a mi mujer Amy por su paciencia.

P.D. hace unos días he podido viajar nuevamente a Ma-tindi y llorar al ver los edificios construidos. Como veréis, soy muy llorón, pero cuando se han secado las lágrimas, he contemplado unos magníficos edificios nacidos en medio de la selva, me he puesto mi casco de obra para trabajar y dar a los edificios una terminación del siglo XXI en un país en el que todavía por desgracia muchos de sus habitantes viven en el XIX, pero eso sí, tienen WhatsApp.

No volveré a mirar esta aplicación con odio y no me volverá a molestar oír su Tu tu turutú.

Javier Gutiérrez, Amigos de Sierra Leona,

El error de la automedicación contra la hepatitis C en Camboya

Por Theresa Chan, Médicos Sin Fronteras, desde Camboya

Desesperada por una cura, en Camboya la gente gasta cantidades que no pueden permitirse en tratamientos contra la hepatitis C que no son efectivos. Theresa Chan, de Médicos Sin Fronteras, cuenta las historias de automedicación que encuentra en la clínica de Phnom Penh cada día.

Trabajamos a toda máquina en la clínica de hepatitis C de Phnom Penh. Desde que llegué aquí hace dos meses, he visto a 350 pacientes en distintas fases del tratamiento. Gasté una caja de recargas de bolígrafos en una semana en Camboya, mientras que en Estados Unidos un boli me duraba dos o tres semanas.

Toueng Sreymon, técnico de Farmacia de MSF, distribuye medicamentos contra la hepatitis C en el hospital de MSF en Phnom Penh, Camboya. © Todd Brown

Dado que nos estamos preparando para inscribir a 1.000 personas en el programa de antivirales de acción directa (DAA, por sus siglas en inglés), el tipo de visita médica que más recibo son revisiones generales. En estas consultas, obtengo un rápido historial médico, prestando especial atención a cualquier tratamiento previo de hepatitis C. Es importante, porque la gente que ha sido tratada anteriormente con DAA pero no ha finalizado el tratamiento o que ha sufrido más de una vez la enfermedad pese a haber recibido los medicamentos, necesita una evaluación especial y es posible que requiera un tratamiento más largo o complejo.

Cuando pregunto a nuestros pacientes si han sido tratados contra la hepatitis C con anterioridad, suelo obtener varias respuestas. Gran parte de ellos no puede permitirse económicamente los DAA, así que la respuesta mayoritaria es no. A veces dicen que sí, y tengo que ponerme el sombrero de detective y preguntar el nombre del medicamento (normalmente no lo saben), cuántas veces al día lo tomaba y de cuántas pastillas diarias constaba el tratamiento. Pregunto todo esto porque los DAA suelen tomarse una o dos veces al día, así que si un paciente me dice que tomaba 13 pastillas tres veces al día, sabré que se trataba probablemente de suplementos vitamínicos.

Algunos pacientes me cuentan que tomaron suplementos vitamínicos porque les dijeron que frenarían el avance de la hepatitis C. Esto me molesta, porque no hay pruebas de que nada influya en el avance natural de la hepatitis C más allá de los factores individuales, que no están bien definidos, la presencia o ausencia de infección por hepatitis B o VIH y el consumo de alcohol o drogas. Me preocupa que los pacientes con hepatitis C sean fácilmente objetivos de marketing manipulador de vitaminas y otras intervenciones cuyo beneficio no está probado. No creo que las vitaminas sean malas, pero los pacientes me dicen que pagan entre 20 y 50 dólares mensuales, y eso es mucho dinero en este país: los trabajadores no capacitados, como costureros o empleados de la construcción, ganan solo 5 o 6 dólares diarios.

Furgoneta de complementos vitamínicos frente a la clínica de MSF en Phnom Penh, Camboya © Theresa Chan

La gente puede ser incitada a hacer gastos más caros que no ayudarán a que se recuperen de la hepatitis C. Un hombre gastó cientos de dólares durante tres meses en un tratamiento de DAA de sofosbuvir y ribavirin, dos medicinas que usamos en nuestros tratamientos, pero lo hacemos conjuntamente otros medicamentos como daclatasvir o ledipasvir. El principio general para tratar la hepatitis C es que se deben usar combinaciones de fármacos que funcionan a través de diferentes mecanismos. De otro modo, se corre el riesgo de generar resistencia y es posible que el tratamiento no sirva.

Eso mismo le ocurrió a este paciente: tomó estas medicinas durante tres meses, pero las compró por su cuenta y los consumió sin supervisión médica. No podía saber que la combinación de esos medicamentos nunca eliminaría la hepatitis C. Ahora se ha sumado a nuestro programa, varios cientos de dólares más pobre y aún con el virus detectable en su sistema circulatorio.

“Quería curarme”, me dijo cuando le pregunté por qué había elegido ese tratamiento.

No le culpo por querer curarse. Yo también quiero que se cure. Quiero que esos cientos de pacientes que atendemos a diario se curen. Lo que no quiero es que esas personas gasten el dinero que no tienen en tratamientos que no son efectivos. Por desgracia, es común oír historias como esta en nuestra clínica cuando la gente habla de épocas en las que MSF aún no había llegado a Phnom Penh.

Combatiendo la hepatitis en Camboya

Por Theresa Chan, Médicos Sin Fronteras, desde Camboya

¿Qué es la hepatitis C? ¿Cómo se contrae la enfermedad y qué implica tenerla? La médica Theresa Chan trabaja en la clínica de MSF enfocada en tratar la hepatitis C en la ciudad Phnom Penh, Camboya. En este texto explica qué es esta enfermedad a la que ella y su equipo se enfrentan diariamente

Muchos de nuestros pacientes con hepatitis C crónica han sabido que estaban infectados desde hace mucho tiempo, a veces durante décadas. Todos esos años han pensado que no tenían posibilidades de curarse y se han preguntado cuánto se acortaría su vida a causa de la enfermedad. Por eso me hace feliz trabajar en la clínica de MSF: damos muchas buenas noticias y esperanza a nuestros pacientes.

Una mujer sonríe cerca de dos mangos enormes en la clínica de MSF que trata la hepatitis C. Está comenzando su tratamiento con antivíricos de acción directa (DAA, por sus siglas en inglés). ¿Su donación a la clínica? Dos mangos de su jardín. © Theresa Chan

En Camboya, la hepatitis C provoca resignación en la mayoría de las personas que la contraen. Entre 300.000 y 750.000 de los 15 millones de habitantes que tiene el país se ven afectados por la enfermedad y los medicamentos no están subvencionados por el Estado, lo que en la práctica significa que solo aquellos que tienen poder adquisitivo tienen acceso a ellos. Y por lo general, son muy pocos los que pueden permitirse un “lujo” así.

Aunque muchas personas saben desde hace mucho tiempo que padecen la enfermedad, normalmente no saben mucho sobre la hepatitis C. Así que una parte importante de nuestro trabajo es explicarles qué es esta enfermedad cuando llegan a la consultas y les damos sus tratamientos.

Esto es lo que les digo:

‘Hepatitis’ significa ‘inflamación del hígado’. Muchas cosas pueden causar esta enfermedad, como el abuso en el consumo del alcohol y los efectos de ciertos medicamentos; pero a nivel mundial muchos casos severos de hepatitis son causados por infecciones. Las hepatitis del tipo A, B, C, D y E son causadas por infecciones virales. A pesar de esto, son ligeramente diferentes entre sí y por eso el tratamiento y la prevención son diferentes para cada tipo.

Sin embargo, MSF estima que la mayoría de los afectados por hepatitis C en Camboya se infectó durante el periodo de inestabilidad política del país (años 70-80 y 90 del siglo pasado), cuando el sistema sanitario del país colapsó. El de Camboya es un claro ejemplo de las consecuencias médicas a largo plazo que puede llegar a provocar la inseguridad sociopolítica.

La enfermedad se transmite por vía sanguínea. Por eso, quienes se exponen a un contacto sanguíneo por medio de prácticas sexuales peligrosas, procedimientos médicos poco seguros o incluso durante un parto, corren el riesgo de infectarse.

Un paciente sostiene su medicina en la clínica de Hepatitis C de MSF en el hospital de Preah Kossamak, en Phnom Penh, Cambodia. © Todd Brown

Cuando la gente contrae hepatitis C normalmente muestra pocos síntomas. Algunas personas pueden experimentar una enfermedad viral, pero es algo poco común. Aunque algunos podrán sobreponerse a la enfermedad sin el tratamiento, más de la mitad desarrollará una infección crónica. Es importante comprender esto, porque la hepatitis C causa un gran daño durante los años y décadas posteriores a la infección, y lo hace prácticamente de forma silenciosa.

La mayoría de las personas con hepatitis C son diagnosticadas durante el cribado, o porque han presentado en análisis de sangre rutinarios niveles anormales de enzimas en el hígado y no porque se hayan sentido enfermos.

La ‘fase silenciosa’ es la etapa crónica de la infección. Durante este tiempo, los pacientes se sienten bien a pesar de que la hepatitis crea una inflamación que provoca fibrosis o necrosis en el hígado. Algunas personas sólo desarrollan una fibrosis leve y no padecerán las complicaciones más severas de la hepatitis C, pero desafortunadamente, sí hay grupos de personas que desarrollan cirrosis y cáncer de hígado.

La cirrosis es una condición en la que el hígado deja de funcionar correctamente y el tejido del órgano cicatriza casi por completo. El hígado cirroso no puede realizar sus funciones normales y la sangre no puede circular fácilmente por las venas que atraviesan el órgano, esta es la etapa en la que comienzan los síntomas. Entre estos síntomas se incluyen la ascitis –una acumulación anormal de líquido en el abdomen– y la encefalopatía, provocada por una acumulación de toxinas metabólicas que normalmente son desechadas por el hígado.

Vemos a muchos pacientes con cirrosis en la clínica de MSF, y esperamos que el tratamiento que les proporcionamos detenga el progreso de sus síntomas y mejore su calidad de vida.

Desafortunadamente también vemos a muchos pacientes con cáncer de hígado, una enfermedad fuertemente relacionada con la hepatitis crónica, especialmente con los tipos B y C. Lamentablemente, los antivíricos de acción directa (DAA, por sus siglas en inglés) no ayudan a los pacientes con cáncer. La mayoría de las malas noticias que debemos comunicar en la clínica son para los pacientes con cáncer, que no tienen suficientes opciones de tratamiento en Camboya.