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Un blog desde el terreno de la mano de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN Internacional y Farmamundi.

Archivo de octubre, 2016

Desde entrenadores de fútbol a peluqueros: los refugiados se hacen cargo de la formación de niños

Por Anita Dullard, Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

En el campamento de Skaramagás en Grecia, hay profesores, médicos, abogados, traductores, costureras, peluqueras, entrenadores de fútbol… lo que quieras. Huyendo de la guerra y la violencia, esta gente ha dejado atrás no sólo sus casas sino también sus profesiones, por el momento.

“Todas las respuestas están ya en la comunidad,” explica Helen Pardo Riikonen, delegada de apoyo psicológico que trabaja para la Cruz Roja Helénica en Grecia. “No nos hace falta empezar desde el principio porque la gente que vive en los campamentos tiene muchísimas aptitudes y estamos trabajando junto a ellos para empezar y poner en marcha actividades sociales.”

Riikonen forma parte del equipo de apoyo psicológico de la Cruz Roja, que trabaja con personas que sufren los efectos del estrés y situaciones traumáticas, y procura velar por el bienestar mental y físico de la gente que se ha quedado desamparada en Grecia. Afirma que crear oportunidades para que la gente emplee y adapte sus conocimientos y experiencia es fundamental para que ellos pasen a ser supervivientes en lugar de víctimas.

 

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“Es importante que la gente se sienta útil para su comunidad, dondequiera que esté,” asegura. “Quieren sentirse implicados. Los propios emigrantes detectan las necesidades y elaboran el programa y la gestión de las actividades y la formación para niños y adolescentes. Procuramos capacitar a la gente para que pueda hacerse cargo de organizar actividades y gestionar el espacio del campamento.”

Este enfoque centrado en la comunidad aporta numerosos beneficios psicológicos y sociales para la gente que vive en los campamentos.

Riikonen explica: “Nuestras actividades psicosociales constituyen un lugar seguro para niños y adultos que, a menudo, han vivido en carne propia y han sufrido las calamidades de la violencia en sus hogares, así como el terrible camino que han tenido que hacer para escapar.

La Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil (ECHO) de la Comisión Europea apoya la obra de la Cruz Roja en territorio griego, que incluye la puesta en marcha de sus programas de apoyo psicológico.

Marilena Jatziantoniu de ECHO declaró: “Mucha gente ha sufrido múltiples pérdidas y están de luto por sus seres queridos, por sus hogares y la vida que han dejado atrás. Asimismo hay niños que no tienen familia con ellos o que han perdido a su familia por el camino.

“Este el motivo por el que la Comisión Europea apoya a la Cruz Roja para proporcionar ayuda psicológica en sitios como Skaramagás y otros lugares.”
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Haití y el Huracán Mathew: le dijo Peter Pan a Campanilla…

Por Sara Escudero, delegada de Cruz Roja Española.

Atravesamos las carreteras de norte a sur, la calle Isabel la Católica, La calle de las Damas, la 19 de marzo, la 27 y por fin la calle de la Cruz Roja. Aquí entre caja y caja, entre compra y arreglo comparto mi día a día con Enrique, Antonio y nuestros nuevos compañeros de la Cruz Roja Dominicana. Me encanta no sentirme sola y saber que todos remamos en una misma dirección. Me encanta la sensación de sentirme equipo, de tener una red por si nos precipitamos al vacío. Me encanta saber que estamos de nuevo siendo una pieza de un puzle más que complejo, donde “si crees en los sueños, ellos se crearán”

Empezamos el puzle por las equinas, los bordes, las piezas fáciles para construir un marco, las lisas sin forma. Así se empiezan todos los puzles ¿verdad? Coger las piezas del borde para empezar, poco a poco, a estar preparados, y en este punto de partida nos encontramos. Preparando, arreglando, rematando, creando un marco de inicio para este puzle. Me ha dado mucho para reflexionar esta misión, porque trabajar a ciegas es difícil y no ver el escenario es como ver las piezas y que todas sean en blanco y negro. Barreras que nos pone el destino. Pero ahí estamos, dando forma a una nueva actuación. Y ahora empieza el engranaje de las figuras y los colores.

Este puzle se llama huracán Matthew, que no ha arrollado un territorio por explorar sino que ha cogido un camino muy conocido, el país de Nunca Jamás, y vuelve a pasar por los lugares que ya han sido destruidos por inundaciones, terremotos, huracanes… y no sé si queda algo más. ¡En realidad no sé si puede ocurrirle algo más al pueblo haitiano!. Posiblemente no. Porque hoy tenemos la vista puesta en el lugar donde se mueren los sueños, donde las personas no tienen ilusiones, donde acaba el futuro en el mismo momento que empieza el presente, y “vivir no es una fantástica aventura”. Porque sí existe el país de Nunca Jamás, donde los niños y las niñas no quieren crecer, como Peter Pan, porque no piensan en cosas felices para poder volar. Porque la dignidad de una persona jamás se podrá medir por el cuanto tienes, sino por la humanidad que dejamos a nuestro paso “volando hasta lo más alto del cielo, girando en la segunda estrella a la derecha, y todo recto hasta el amanecer”

Y así, seguimos construyendo, dejando paso ahora otros compañeros que pondrán las piezas del medio, las de otros bordes, que unirán todas las de un mismo color, las de las mismas formas y que al final harán un cuadro perfecto, que solo desde la distancia, se puede ver completo desde el país de Neverland.

Pero esta reflexión también me da un aprendizaje que me llevo como tarea pendiente: aprender sobre la importancia de cada pieza, sin importar si te toca ser esquina o centro, porque el puzle nunca se termina si falta una pieza. Aprender sobre lo importante que es humanizar los dramas tras una catástrofe. Aprender sobre el levantarse, respirar hondo, mirar de frente a los problemas y luchar por nuestros objetivos: las personas. Aprender cada día sobre la máxima expresión que es ser un equipo. Aprender a echar de menos, a llorar y el reír al mismo tiempo.

Aprender sobre la vida y repetir las palabras de Peter Pan a Campanilla “como cada día a esta hora… lo mejor está por llegar”.

Sara Escudero, preparando el despliegue de plantas potabilizadoras desde República Dominicana a Haití.

Sara Escudero, preparando el despliegue de plantas potabilizadoras desde República Dominicana a Haití.

El espíritu emprendedor no tiene edad

Por Waqas Ashfaq Qureshi, Responsable de Incidencia y Comunicación de HelpAge International

Las inundaciones producidas en 2014 en Pakistán han afectado profundamente la labor de Abdul –la fabricación de zapatos khussa, su principal medio de sustento.

Las inundaciones producidas en 2014 en Pakistán han afectado profundamente la labor de Abdul –la fabricación de zapatos khussa, su principal medio de sustento.

Muchos hombres y mujeres mayores en Pakistán tienen una vida difícil, luchando para tener uno ingresos regulares cada mes y solicitando pequeños ayudas económicas del gobierno. Solamente el 6% de los trabajadores adultos se benefician de seguridad social ya que son funcionarios del estado. El resto no tiene ninguna protección social.

En Pakistán solamente los funcionarios públicos se jubilan. Muchos mayores me han contado que no reciben ninguna pensión y siguen trabajando hasta estar físicamente incapaces de continuar.

En las zonas rurales de Pakistán, las personas mayores habitualmente viven gracias a la agricultura y a la ganadería o también teniendo un pequeño negocio, como las tiendas.

Las personas mayores tienen conocimientos, habilidades y experiencias, pero no pueden pedir préstamos por culpa de su edad avanzada. Esta práctica es discriminatoria y puede tener graves impactos en sus vidas y las vidas de las familias que estos mayores sustentan especialmente en caso de desastre. Sin embargo, nuestra experiencia ha demostrado que invertir en las personas mayores para ayudarles a crear un medio de sustento les beneficia tanto a ellos como a sus familias y a comunidades enteras.

La historia del zapatero Abdul

Abdul Hameed tiene 65 años y es zapatero; vive en la provincia Punjab en Pakistán, junto con su esposa y uno de sus seis hijos que se encuentra enfermo. Abdul fabrica zapatos khussa desde la edad de 14 años. Su padre ha sido un famoso fabricador de zapatos khussa y le ha enseñado a Abdul el arte de hacer zapatos.

Abdul trabaja en una pequeña choza situada en el borde de la carretera, creando sus zapatos a mano. Los materiales que necesita no los encuentra en su pueblo, sino en Multan, un pueblo que se encuentra a 60 km de distancia de su casa.

El pueblo de Abdul fue entre las zonas más afectadas de Pakistán en las inundaciones de 2014. Las aguas entraron en las casas hasta un 1,5m y causaron daños graves. Abdul no pudo trabajar durante 3 meses y gastó todos sus ingresos en la reconstrucción de su casa.

Cuando estaba a punto de reabrir su negocio, Abdul ya no tenía dinero para comprar materiales y fabricar zapatos, y los materiales que le habían quedado fueron destrozados por las inundaciones. Para poder llevar comida a su familia, empezó limpiar zapatos.

Si algún cliente le encargaba hacerle zapatos khussa, Abdul le pedía un adelanto y viajaba hasta Multan para comprar materiales para un solo par de zapatos; y esto pasaba para cada pedido de zapatos khussa que recibía. El viaje a Multan significó un gran esfuerzo físico y cansancio, por lo que ya no podía fabricar zapatos khussa con tanta rapidez como antes y empezó a perder clientes.

Ayudando a las personas mayores en Pakistán

HelpAge International ha lanzado un programa de emergencia en Muzzaffargarh, en el distrito donde Abdul vive, para ayudar a las personas mayores tras las inundaciones.

Hemos distribuido donaciones en efectivo condicionadas a los beneficiarios para reconstruir sus casas y reabrir sus negocios. Abdul ha sido uno de los beneficiarios, siendo uno de los mayores más afectados por las inundaciones. Recibió el equivalente a 250€ que los ha gastado en la compra de materiales pata la fabricación de zapatos (piel, adhesivo, hilo, etc.).

“Ahora tengo suficientes materiales y mis clientes volverán a encargarme pedidos”, me cuenta Abdul.“El periodo de transición ha sido muy duro. Con lo que ganaba limpiado zapatos, no podía ni siquiera cubrir mis gastos básicos diarios.Una vez soñé ir al peregrinaje a la Meca (el Umrah) con mi esposa. Sabía que era solamente un sueño porque no teníamos dinero suficiente para esto. Ahora sé que mi sueño se volverá realidad. Le estoy muy agradecido a todos los que nos han ayudado por confiar en las habilidades de un hombre mayor. Esto no sólo me ha ayudado a superar los obstáculos de la vida, sino que además me ha dado esperanza para el futuro”.

Pienso que la historia de Abdul es un gran ejemplo de cómo una persona mayor puede ganar sus propios ingresos con un poco de ayuda. Su historia demuestra además como el dinero que Abdul ha recibido fue invertido en el beneficio de la comunidad local. Esto debe ser una lección para los gobiernos y las instituciones financieras que pueden ayudar a las personas mayores y, al mismo tiempo, traer mayores beneficios a las comunidades.

Volví a Grecia para ayudar a mis compañeros afganos

Sharif tiene 27 años, es de Afganistán y vive en Suecia desde 2013. Tras 18 años como refugiado, al fin encontró en Suecia un lugar al que poder llamar hogar.  Tras saber que miles de compatriotas se encontraban varados en terribles condiciones en Grecia, Sharif decidió abandonar la comodidad de su domicilio para trabajar en los campos de refugiados con Médicos Sin Fronteras (MSF). Esta es la historia de su viaje.

Más de 3.500 personas, de mayoría afgana, han estado viviendo durante meses en tiendas en la antigua terminal del aeropuerto o en dos estadios olímpicos abandonados. Pierre-Yves Bernard/MSF.

Más de 3.500 personas, de mayoría afgana, han estado viviendo durante meses en tiendas en la antigua terminal del aeropuerto o en dos estadios olímpicos abandonados. Pierre-Yves Bernard/MSF.

Mis padres y yo tuvimos que huir de Afganistán en 1998 y buscamos refugio en Pakistán. Sin embargo, en 2006, con solo 17 años, tuve que volver a huir porque estaba en peligro. Quería ir a Europa, donde soñaba con una vida mejor. Pasé dos años tratando de llegar a Grecia, pero cada vez que lo intentaba era capturado por las fuerzas de seguridad iraníes o turcas y enviado de vuelta a Afganistán. No tenía suficiente dinero para pagar a los traficantes así que continué intentándolo. Mi objetivo era llegar a Suecia, quería estar lo más lejos posible de Afganistán.

Llegué a Grecia por primera vez en 2008. Durante los siguientes tres años hice todo lo posible para poder continuar mi viaje. Durante mi periplo pasé por Grecia, la Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM), Eslovaquia, Hungría y Austria; he sido arrestado, detenido en espantosas condiciones, golpeado, amenazado y humillado. Incluso me enviaron de vuelta a Afganistán. Hubo una vez en que corrí riesgo de ahogarme. Pensé en muchas ocasiones que iba a morir. Pero mi tenacidad me salvó. He tenido que vivir todos estos años clandestinamente, escondiéndome de policías, traficantes, mafias, ladrones y violentas milicias extremistas, con el único objetivo de sobrevivir.

MSF también da asistencia psicológica individual y social a los refugiados en Suecia. En este caso, nuestro mediador cultural habla con Khaldoun Ali Ali y su hija, dos palestinos que tuvieron que huir de Damasco, Siria. Karin Ekholm/MSF.

MSF también da asistencia psicológica individual y social a los refugiados en Suecia. En este caso, nuestro mediador cultural habla con Khaldoun Ali Ali y su hija, dos palestinos que tuvieron que huir de Damasco, Siria. Karin Ekholm/MSF.

Conseguí llegar a Suecia en 2011 donde solicité asilo. Al principio me lo denegaron. Me escapé a Dinamarca, donde fui detenido en un centro de detención durante un mes, antes de ser deportado a Suecia.

Desde 2013, mi vida ha cambiado por completo. Ese año me reconocieron el estatus de refugiado y me han concedido un permiso permanente de residencia. Puedo estudiar, trabajar, encontrar alojamiento y vivir una vida decente, todo legalmente.

En el campo de béisbol, más de 900 personas se han visto obligadas a vivir en tiendas desde Febrero. Pierre-Yves Bernard/MSF.

Cuando comenzó la crisis migratoria en Europa, mi experiencia personal hizo que tratara de ayudar a los refugiados en Suecia. Oí que muchos afganos se habían quedado bloqueados en campos en Grecia. En los medios hablaban de una catástrofe humanitaria; así que decidí volver.

Cuando llegué, trabajé como mediador cultural para MSF en el campo de Elliniko, donde viven alrededor de 3.500 refugiados, la mayoría afganos. Pronto desempeñé el puesto de coordinador de Actividades de Salud. En esta posición, he aprendido a a promover mensajes de salud a la población. Escucho a la gente, recabo información sobre sus problemas y trato de mejorar su situación. Estas personas aún tienen esperanzas y expectativas, pero se dan de cara contra un muro. A veces, comparto su desesperación.

Hay rumores de que pronto cerrarán el antiguo aeropuerto. Psicológicamente, esta incertidumbre sobre su futuro supone una carga más para los refugiados, ya que no reciben ningún tipo de información. Pierre-Yves Bernard /MSF.

Hay rumores de que pronto cerrarán el antiguo aeropuerto. Psicológicamente, esta incertidumbre sobre su futuro supone una carga más para los refugiados, ya que no reciben ningún tipo de información. Pierre-Yves Bernard /MSF.

Después de todo por lo que he pasado, solo quiero ver a mis padres. Solo era un niño cuando tuve que dejarlos en Pakistán. Se supone que nos encontraríamos en Suecia y empezaríamos el proceso de reunificación familiar. Pero antes de recibir la documentación, tuvieron que huir de Pakistán porque sus vidas estaban en peligro. Ahora están en Turquía, un lugar más seguro que Pakistán. Hablo todos los días con ellos por teléfono. Soy hijo único. Me extrañan y les echo demasiado de menos.

Testimonio en Siria: Madaya

Mientras conducíamos hacia Madaya, en un convoy de cientos de metros que serpenteaba por la autopista de Damasco, se me hizo un nudo en la boca del estómago. Sin saber lo que nos encontraríamos allí, recordaba las desgarradoras imágenes de niños demacrados suplicando con los ojos un descanso de este asedio. Me era difícil no estar angustiado con esa clase de angustia que se mete hasta los huesos.

El silencio era inquietante mientras atravesábamos las ciudades justo antes de llegar a Madaya. Hileras e hileras de restaurantes abandonados, tiendas cerradas con persianas oxidadas, casas atrancadas, jardines abandonados y arbustos sedientos que ya se habían vuelto marrones. El vacío y abandono eran desoladores.

Después de horas esperando en el check point entramos despacio en Madaya, en el momento en el que el sol empezaba a ocultarse. Me quedé inmediatamente impactado por lo que vi, pensando si estaba en el sitio correcto. Vinieron todos, sin importarles la hora, mientras conducíamos por la ciudad en nuestros coches de Naciones Unidas, lentamente con sus banderas izadas, seguidos de camión tras camión de suministros para salvar vidas.

Niños por todas partes corriendo junto al convoy. Su alegría era incontenible. Las mujeres observando desde los balcones, los jóvenes de pie, firmes en las esquinas de las calles, con mirada de sospecha pero algo aliviados de que estuviéramos ahí. Todos escoltaron el cargamento lo largo del camino.

Empezamos el descargue de suministros en el mismo instante en el que bajamos de nuestros vehículos. El equipo de UNICEF fue directamente a la clínica improvisada. Como el flautista de Hamelín, los niños y las mujeres nos siguieron, llamando a la médico de UNICEF que recordaban de otros convoyes, “¡Dra. Raija! ¡Dra. Raija!” Estaban tan contentos de verla otra vez, esperando que trajera más medicamentos…y algunas respuestas. Hicieron una fila en el exterior de la clínica, dispuestos a esperar lo que hiciera falta para verla.

UNICEF/2016/Syria Descargue de provisiones en Madaya

UNICEF/2016/Syria Descargue de provisiones en Madaya

Paciente tras paciente, pasaron a ver a la Dra. Raija, todos compartiendo historias. Padres de hijos que habían dejado de comer porque sus cuerpos no podían tolerar ya más que arroz y alubias. Niños que ya no podían andar erguidos por una falta de vitamina D y micronutrientes que había provocado raquitismo en sus huesos, o niños que habían dejado de crecer por completo por una falta de vitaminas esenciales. Una madre nos mostró la botella de su bebé rellena con agua de cocción de arroz, sus pechos se habían reducido tanto que necesitó cirugía. “Mira con lo que alimento a mi hijo”, nos dijo.

Prácticamente todas las personas con las que hablamos nos pidieron proteínas (carne, huevos, leche, vegetales) algo más para sustentarse que los productos secos que estaban disponibles. Una madre nos explicó que ahora, cada vez que su hija huele el trigo integral bullendo se pone a llorar.

La doctora nos informó de un número creciente de abortos, 10 casos en los últimos 6 meses, debido al estado nutricional de las madres. Durante el último año tuvo que llevar a cabo más de 60 cesáreas. Nos contó que estas cifras no se habían dado hasta la crisis. Pero las mujeres ya no tienen la fuerza para dar a luz, y muchos embarazos superan el plazo previsto, también debido a la paupérrima salud de las mujeres embarazadas.

No vimos tanta desnutrición como en visitas anteriores. Esta vez no fue la demacración física la que nos impactó, sino la demacración psicológica. Los médicos nos informaron de 12 intentos de suicidio, 8 de ellos mujeres. El asedio prolongado ha llevado a las personas al límite, y algunos han visto en la muerte la única salida.

El trabajador sanitario local recopila las historias: la madre de 5 niños que vio como no tenía más comida que dar a sus hijos, un estudiante de instituto al que no le permitieron abandonar Madaya para hacer sus exámenes, una recién casada de 21 años que acababa de perder a su marido por la violencia y no tuvo fuerzas para seguir sola, una chica de 16 años que no veía ningún futuro en medio de ese infierno…

Todas intentaron acabar con sus vidas como última salida, como única posibilidad de escapar de aquel horror diario. Era evidente que los mecanismos de las personas para hacer frente a aquella situación estaban derrumbándose, su capacidad de resiliencia se estaba poniendo verdaderamente a prueba en ese asedio que temían no tuviera fin.

Los médicos y profesionales de la salud por su parte han demostrado verdadera resiliencia. Trabajar en estas terribles condiciones, sin poder contar con la mayoría del equipamiento y suministros básicos. Uno de los médicos nos contó que había empezado a recurrir al gel de ducha para las ecografías, al no tener desde hacía tiempo el gel necesario. Nos enseñó su quirófano. Un batiburrillo de cajas de plástico, estantes antiguos de madera y suministros quirúrgicos en bandejas expuestas que esterilizaba con fuego, al haberse quedado sin alcohol. Y aun así continuaba, porque lo contrario no es una opción.

Y en medio de este sufrimiento, me encontré con una niña de 10 años. Desnutrida pero sonriente ante la doctora Raija, encantada de verla de nuevo. Le pregunté por el colegio y sobre lo que quería hacer cuando creciera. Me miró con unos enormes ojos marrones llenos de esperanza y dijo: “Quiero trabajar contigo”.

Revoloteó por la clínica hasta que el último paciente fue examinado, y mientras subíamos por las escaleras fuera de la clínica, que estaba en un sótano, me cogió de la mano y la agarró con fuerza. De vuelta, mientras recorríamos las calles, desapareció con su madre en la oscuridad. Rezo por volver a verla en una Madaya que volverá a estar de nuevo, algún día, a abrir sus puertas.

 

Mirna Yacoub, representante adjunta de UNICEF  en Siria

Día Internacional de las Personas Mayores: enfrentemos la discriminación por edad

Por Jemma Stovell, Responsable de Desarrollo de Campañas de HelpAge International.

Marie ha sido despedida una vez de su trabajo en Haití porque su empleador pensaba que era demasiado mayor © Joseph Jn-Florley/HelpAge International

Marie ha sido despedida una vez de su trabajo en Haití porque su empleador pensaba que era demasiado mayor © Joseph Jn-Florley/HelpAge International

El 1 de octubre se celebra el Día Internacional de las Personas Mayores  y la temática de este año para celebrar este día, escogida por las Naciones Unidas,  es enfrentar la discriminación por edad.

En el Día Internacional de las Personas Mayores  activistas de todo el mundo lucharán para combatir la discriminación por edad. Las personas mayores nos han contado cómo es vivir rodeado de actitudes y comportamientos discriminatorios a diario. Nos han relatado lo invisibles, innecesarios, humillados y subestimados que se sienten. Nos han dicho que el concepto de “discriminación por edad” no existe.

Después de haber conversado con algunos de los activistas mayores, uno de los aspectos que hemos entendido es que la “discriminación por edad” no siempre se traduce a otros idiomas. Pero aun más importante,  los prejuicios y los estereotipos prevalentes en la sociedad actual muestran que las actitudes de las personas mayores son reprimidas, y muy pocas veces, se les ofrece la oportunidad de hablar sobre sus propias experiencias, sobre el proceso de envejecimiento y sobre cómo se les trata en la edad avanzada.

Adultos Mayores Demandan Acción (ADA) es un movimiento llevado a cabo por los mayores de más de 60 países con el apoyo de HelpAge International y sus colaboradores que les ayuda a desafiar las creencias y los prejuicios y apoya a los activistas a promocionar un cambio en las políticas para los  mayores con el objetivo de mejorar sus vidas. Cada año los activistas mayores se reúnen en todo el mundo  para organizar campañas y eventos con el propósito de concienciar a la sociedad sobre cuestiones importantes en la edad avanzada.

Para celebrar el Día Internacional de las Personas Mayores, este año las campañas ADA serán destinadas a señalar las múltiples formas de discriminación por edad alrededor del mundo y las maneras en las cuales la discriminación por edad deriva en la creación de estereotipos y al abuso de las personas mayores en el mundo. Estereotipar a las personas por culpa de su edad avanzada es inaceptable. Queremos que esto cambie.

Vera, de Kirguistán, piensa que muchas veces el conductor del autobús se niega a parar en las estaciones porque los mayores pagan solamente la mitad del abono normal © Malik Alymkulov/HelpAge International

Vera, de Kirguistán, piensa que muchas veces el conductor del autobús se niega a parar en las estaciones porque los mayores pagan solamente la mitad del abono normal © Malik Alymkulov/HelpAge International

No habrá solamente un momento como este para enfrentarnos a la discriminación por edad; al contrario, esto es el inicio de una campaña global en la que luchamos para una mundo sin discriminaciones por edad.

El envejecimiento de la población es una realidad demográfica, siendo una de las tendencias más significativas del siglo XXI. A escala mundial, cada segundo dos personas cumplen 60 años, es decir, el total anual es de casi 58 millones de personas que llegan a los 60 años. Dado que actualmente una de cada nueve personas tiene 60 o más años de edad, y las proyecciones indican que la proporción será una de cada cinco personas hacia 2050, el envejecimiento de la población es un fenómeno que ya no puede ser ignorado. Por tanto, muchos gobiernos y organizaciones internacionales a nivel mundial están tomando medidas, y el concepto de “discriminación por edad”  empieza a atraer la atención. Las percepciones y las creencias negativas sobre las personas mayores se encuentran entre los mayores retos a la hora de ofrecer una respuesta eficiente a la población mayor según el informe sobre envejecimiento y salud realizado por la Organización Mundial de Salud (OMS) el año pasado. El documento indica como “la discriminación por edad arraigada socialmente puede convertirse en una auto-realización al promover los estereotipos en la vejez tales como el aislamiento social, el deterioro físico y cognoscitivo, la falta de actividad física y los problemas económicos”. En la 69ª Asamblea Mundial de la Salud que se celebró en mayo de este año  se ha exigido la organización de una campaña global para combatir la discriminación por edad.

Esconder la discriminación por edad

En Etiopía, los activistas comparten con nosotros sus experiencias sobre la discriminación por edad. Tilahun es una de las personas mayores que lidera los grupos ADA en Etiopía.

“Aquí en Etiopía hay proverbios sobre los mayores que dicen que nosotros no tenemos ningún valor. No podemos aceptar esto. La discriminación por edad se oculta muchas veces y repercute negativamente en las vidas de los mayores. No deberíamos aceptar las cosas negativas que las personas afirman sobre los mayores”, explica Tilahun.

“Necesitamos empezar a cuestionar las actitudes que todos nosotros tenemos. Las personas que discriminan a otros por culpa de su edad, en realidad se discriminan a ellos mismos. Necesitamos esta campaña global para acabar con la discriminación por edad”.

¿Por qué debemos cuestionar la discriminación por edad?

  • Porque la discriminación por edad nos envuelve y es cada vez más fuerte;
  • Porque todas las personas mayores son diferentes, pero la discriminación por edad considera que la experiencia de envejecer es igual para todos;
  • Porque debemos cuestionar cómo las personas mayores son muchas veces estereotipadas por culpa de su edad avanzada;
  • Porque vivimos en un mundo donde a las mayores se les niegan sus derechos. ¡Esto debe cambiar!
  • Porque debemos empezar a apreciar nuestra diversidad a lo largo de nuestras vidas, incluyendo la edad mayor.