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Sabiya, refugiada siria: “Egipto nos parece un oasis. Aquí hemos encontrado refugio.”

Por Arjimand Hussain, responsable de respuesta en emergencias de Plan International Egipto

Niños y niñas sirios asisten a las actividades de uno de los centros comunitarios de Egipto

Sabiya* estaba embarazada de tres meses cuando su casa fue bombardeada.

“Todo ocurrió en el verano de 2013”, explica Sabiya. “Al sentir que el edificio se movía, me protegí metiéndome debajo de la cama. De repente hubo una fuerte explosión y mi habitación se llenó de humo. Estaba ilesa pero empecé a sentirme mal debido al humo”.

Sabiya y su familia, junto con otros vecinos y amigos, huyeron a Egipto dos semanas después del bombardeo. “Una luz apareció al final del túnel”, comenta Sabiya. “Egipto nos parecía un oasis. Encontramos refugio aquí. La población fue muy amable y nos ayudó mucho”.

Seis meses más tarde, Sabiya dio a luz a una niña a la que llamó Amal, que en árabe significa “esperanza”. La pequeña nació con una deformación en la mano que, en opinión de Sabiya, fue causada por las bombas que cayeron sobre su casa en Siria.

Refugiadas sirias en Alejandría

Ella y otras madres sirias aseguran que Amal no es la única niña que ha nacido con problemas y que existe una relación entre los bombardeos y los casos de bebés nacidos con discapacidades.

Sabiya llevó a su hija a la consulta de los médicos locales. Ahora Amal ya está preparada para recibir un tratamiento, que ha sido posible gracias al trabajo de las organizaciones locales, los servicios sanitarios y el apoyo de Plan International y UNICEF.

El hermano pequeño de Sabiya, Shabaan, de siete años, está muy entusiasmado porque pronto podrá jugar con Amal. Shabaan asiste a las actividades organizadas en el centro comunitario, en las que colabora Plan International. Niños y niñas, tanto sirios como egipcios, se juntan para jugar y muchos ya se han hecho grandes amigos.

De hecho, Shabaan no quiere irse a casa cuando el centro cierra. Si le preguntamos a Shabaan si prefiere vivir en Egipto o en Siria, la respuesta es sencilla. Con una sonrisa, y cubriéndose los labios con las manos, susurra “Siria”. Después de todo, el corazón permanece en nuestros hogares.

*Los nombres han sido cambiados

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