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Filipinas: Lo perdieron todo, solo les quedaron graves problemas sociales y psicológicos

Por Frederique Drogoul, psiquiatra de Médicos Sin Fronteras

Dos niños observan la destrucción causada por el tifón en uno de los suburbios de Tacloban. © Sophie-Jane Madden/MSF

Dos niños observan la destrucción causada por el tifón en uno de los suburbios de Tacloban. © Sophie-Jane Madden/MSF

En el entorno de Tacloban, el tifón fue muy fuerte. Una ola se elevó e inundó, como un tsunami, los edificios de piedra donde se refugiaban las personas que huían del tifón. Muchas de ellas ahogadas. La gente perdió a miembros de su familia, especialmente niños, porque no pudieron  mantenerse aferrados  a sus familiares cuando la ola les golpeó. También perdieron sus casas y sus medios para ganarse la vida. Así, los pescadores se quedaron sin sus embarcaciones y los agricultores sin sus cocoteros. Todas las comunidades costeras quedaron destruidas y las personas que sobrevivieron lo perdieron todo y sólo les quedaron los problemas sociales y psicológicos que dejó el tifón.

Eventos de esta magnitud afectan a todos. Por ello, se dieron gran cantidad de trastornos psicológicos producto de cómo la población afrontaba la pérdida y el duelo. Durante los primeros días, las personas afectadas se encontraban conmocionadas. En las siguientes semanas, muchos llegaban a los centros de salud con síntomas físicos inexplicables, incluyendo mareos, dolores de cabeza y trastornos del sueño, como resultado de su sufrimiento psicológico. Los consejeros les facilitaron ‘primeros auxilios psicológicos’, escuchándoles y transmitiéndoles el mensaje de que sus reacciones eran totalmente normales y disminuirían con el tiempo.

Después de un mes o dos, la mayoría comenzaron a recuperarse – a pesar de que todavía se sentían tristes. Sin embargo, entre el 5 y el 10 por ciento de las personas no se ha recuperado. Siguen sufriendo y presentando, en gran medida, estrés post-traumático, depresión severa y, en ocasiones, psicosis. Son éstas las personas a las que pretendemos llegar.

También tenemos que asegurarnos que los pacientes psiquiátricos, muy vulnerables, puedan continuar su tratamiento, ya que muchos no pueden pagar la medicación o, ni siquiera, llegar al centro de salud.

La prestación de apoyo en las escuelas es una parte importante de nuestro programa. Cuando la escuela de Palo reabrió después de que el tifón, faltaban 59 de sus 300 alumnos. Como parte de este programa, nuestros equipos van a realizar visitas semanales a los colegios y apoyar a los profesores para ayudarles con su propia ansiedad y facilitarles herramientas para tratar con el sufrimiento de los niños. Los profesores derivarán a los niños más afectados a nuestros equipos que les atenderán mediante sesiones grupales o individuales en la propia escuela.

El dibujo es usado como parte de las terapias tanto en niños como en adultos.  © MSF

El dibujo es usado como parte de las terapias tanto en niños como en adultos. © MSF

Desde el tifón, muchos niños temen ser separados de sus padres y tienen problemas para ir a la escuela. Una vez allí, pueden presentar dificultades para concentrarse, estar muy nerviosos o bien excesivamente retraídos.

Los profesores nos ayudan a identificar a aquellos niños – y por extensión a sus familias – que necesitan atención psicológica específica, porque cuando los menores no pueden afrontarlo a menudo significa que toda la familia es incapaz de hacer frente al trauma.

Hace solamente diez días que empezamos, pero nuestros equipos de salud mental en las escuelas ya están trabajando al cien por cien. Estos equipos también están interviniendo en la maternidad del hospital atendiendo a jóvenes madres que no saben cómo hacer frente a su situación. Tener un recién nacido que cuidar puede ser muy estresante, especialmente si tu casa ha quedado destrozada y has perdido a otro hijo a causa del tifón.

Niños juegan con barcos de papel como parte de su terapia grupal. ©Ana Cecilia Weintraub/MSF

Niños juegan con barcos de papel como parte de su terapia grupal. ©Ana Cecilia Weintraub/MSF

La mayor parte de la población vive en pequeñas comunidades donde se conocen todos. Nadie ha quedado libre del daño provocado por el tifón, todos están en la misma situación así que existe un enorme sentido de la solidaridad. Todavía se muestran muy abiertos a recibir apoyo externo cuando es necesario; aunque aquellos que presentan problemas más graves son más reacios a recibir ayuda psicológica y son sus familias quienes vienen a buscar nuestro auxilio.

Los líderes comunitarios y los trabajadores de salud locales nos ayudan a identificar a las personas más afectadas – personas mayores aisladas,  pacientes previamente enfermos, familias que han perdido a muchos niños. Un hombre trajo a su esposa porque, desde que vio todos los cadáveres en las calles, no podía salir de casa. Otro joven nos llegó en estado de total delirio. Algunas personas necesitan tratamiento médico, pero la mayoría sólo necesitan apoyo psicológico y atención.

Sin MSF, no podrían obtener este tipo de cuidados especializados. Hay problemas sociales en todo el mundo pero, después de un desastre como este, resulta muy positivo ver que somos capaces de trabajar con estas personas durante seis o siete meses. Las consecuencias de este tipo de desastres perduran mucho tiempo porque las personas damnificadas han visto destruidas sus formas de vida.

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