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Recuerdos del terremoto

Por Vicente Rey Bakaikoa (Haití, Médicos Sin Fronteras) 

 Ahora que se cumplen seis meses del terremoto que devastó Puerto Príncipe y varias ciudades de sus alrededores, me viene a la memoria una conversación que mantuve hace pocos días.

En casa, antes de cenar, me siento a hablar con los guardas. Me enseñan a jugar a las cartas, a hablar ‘créole’. Me cuentan también lo que pasa en los barrios donde viven y, así, intento hacerme una idea de lo que ocurre en la sociedad en la que estamos inmersos.

En la conversación, el recuerdo del momento del terremoto surge con facilidad: Francky se encontraba en Grand Goave el 12 de enero. Toda su familia estaba en su casa de Carrefour, un barrio de Puerto Príncipe, a más de 30 kilómetros. Las sacudidas le hicieron caer al suelo al menos cuatro veces: se levantaba para volver a caer.

Me cuenta que cuando la tierra dejo de temblar, intentó llamar a su mujer, sin éxito, y no se lo pensó ni un momento: echó a andar. Anduvo y anduvo durante más de siete horas, encontrando a su paso “casas caídas, muertos y gente herida durante todo el trayecto”. Pero me dice, como justificándose: “¿Sabes? Yo no estaba cansado”. Y termina: “cuando me vieron llegar, todos se pusieron muy contentos”.

Destine tiene 24 años y es el encargado del almacén médico. Me dice que no está bien, que sufre, porque no ve ningún futuro en su vida. Cuando llegó a su casa el día 12, encontró a su abuelo muerto. Hasta hoy no ha podido encontrar el cuerpo de su novia, que sigue entre los escombros. Él estudiaba Economía en una escuela universitaria pero también la escuela desapareció en el mismo minuto, con todo lo demás.

Dice que, con la situación actual, no consigue imaginarse ningún futuro. Y para rematar, el otro día, al volver del hospital, asaltaron a punta de pistola el autobús en el que iba y le quitaron todo lo que llevaba.

Al poco me explica que, trabajando con MSF, va ahorrando un poquito y con eso se quiere ir a estudiar a Santo Domingo y terminar su carrera allí en una buena escuela. Le contesto que me es imposible imaginar hasta qué punto su vida estos últimos meses ha podido ser difícil. Le digo que le admiro porque, a pesar de todo, peleó por conseguir un trabajo con nosotros, y, aunque a ratos le veo triste, no ha habido un sólo día en que le haya visto abatido en el trabajo. Y que si le entiendo bien, tiene la intención de seguir peleando por sus estudios y por lo que venga después. Me mira primero un poco raro, le brillan un poquito los ojos y ahora sí, me sonríe.

4 comentarios

  1. Dice ser Abogado Malaga

    Es realmente sobrecogedor lo que cuentas. Debe ser muy triste el no ver ningún futuro, el no encontrar un poquito de luz al final del camino. Pero, como bien dices, es admirable que en esas condiciones se consigan fuerzas para luchar, seguir adelante e intentar, ante todo, que eso cambie.

    12 julio 2010 | 12:19

  2. Dice ser antonio larrosa

    Hoy no es el dia de las tristezas , hoy somos campeonas del mundo de Fütbol, mañana será otro dia .

    Clica sobre mi nombre

    12 julio 2010 | 12:25

  3. Dice ser Higorca

    Aún con la alegría nuestra no podemos olvidar que hay otras personas que sufren, yo me pregunto ¿donde esta todo lo enviado? Dicen que están haciendo cosas, pensemos que es verdad, pero ¿no sería más importante dar un poco de pan al hambriento?

    13 julio 2010 | 09:56

  4. Dice ser Imprenta Málaga

    Que triste todo esto, aveces me dan ganas de dejar todo e irme a una ong, algun día lo haré

    15 julio 2010 | 12:41

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