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Las apariencias engañan

pechos

Mi abuela me insistió desde que era muy pequeño que no me creyera todo lo que veía y que siempre buscara la verdad. Vamos, que no me dieran gato por liebre. Algunas veces lo consigo, otras me las como con patatas. Esta puede ser una de ellas.

A través de un retweet de un amigo me llegó la foto que ilustra este post. Mi primer pensamiento fue, no lo voy a negar: “vaya bonito par de razones“. Ya se sabe que dos tetas tiran más que dos carretas.

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Polémica por un ‘inocente’ código QR

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Las bellas azafatas en las ferias tecnológicas suelen ser el centro de muchas miradas. Aprovechando esa circunstancia, un ‘avispado empresario’ situó un código QR en el trasero de una señorita, durante una de las conferencias del Campus Party de Guadalajara (México). El éxito de la campaña de publicidad y la polémica han venido de la mano.

Sobre un minivestido blanco y donde la espalda pierde su casto nombre se podía leer: “Regístrate y gana” al lado de un gran código. Me imagino a muchos los visitantes de la feria, con sus dispositivos móviles en ristre, intentando capturar la imagen. Soló falto que el mensaje lo serigrafiaran directamente en sus nalgas.

Como si esto no fuera suficiente, la chica paseó de esta guisa durante una charla titulada: ‘Cómo hackear al sexo femenino’. ¡¡¡Toma ya!!! Las críticas en las redes sociales no se hicieron esperar, y la controversia siguió creciendo de manera exponencial al conocerse las frases que pronunció Eduardo Zepeda (@eduardoaze02), principal ponente de la conferencia. Perlas como “una vez explotadas las vulnerabilidades de una chica tendrás acceso a su sistema“. ¿Operativo? O-O.

Tras el revuelo, los responsables del Campus Party México emitieron un comunicado en el que pidieron disculpas. Eso sí, en la nota no se hacía ninguna referencia a la ‘muchacha del QR’, que además fue víctima de varios ‘piropos’ ofensivos y subiditos de tono, según informa un medio de comunicación local.

Por su parte, Zepeda manifestó en su cuenta de Twitter que la intención de la charla era enseñar diversas metodologías de “hackeo ético”. “En ningún momento se pretendió despreciar a algún participante, en especial a las damas, ya que hacerlo ofende a mi esposa, madre y hermana“, indicó en la red social.

(Foto: Pulsoslp.com)

¿Cuánto estás dispuesto a pagar por dormir sobre el trasero de una señorita?

En mi enésima vuelta al mundo virtual -dice @willysabater que soy el Phileas Fogg de la Red- me ha llamado la atención un club muy peculiar de Tokio. Se llama Soineya, abrió sus puertas en el distrito de Akihabara y ha tenido tanto éxito que sus dueños han abierto una sucursal en Shinjuku, la principal zona de negocios de la capital japonesa. ¿Su secreto? Ofrece un servicio sorprendentemente casto para clientes solitarios.

soineya

Bajo el eslogan “la comodidad simple y definitiva de dormir junto a alguien”, Soineya ha desarrollado un negocio entorno a la necesidad de afecto, algo bastante común, por lo visto, en la estresante Tokio. El local nació como cafetería y evolucionó a “café del abrazo”. Tras una intensa jornada laboral, con sus sinsabores correspondientes, los clientes podían encontrar allí los brazos cálidos de una hermosa mujer. Eso sí, sólo abrazos, nada de sexo. NADA DE SEXO.

Ahora, sus servicios han dado un paso más. No sólo puedes tomarte un café y ser abrazado por una ninfa asiática, también puedes echar una cabezadita reposado en sus nalgas. Pero, que quede claro, NADA DE SEXO. Eso sí, la siesta puede salirte muy cara, ya que el precio por usar tan original almohada es de de 1.000 yenes (unos 10 euros) por minuto. Si tu economía no da para tanto, también tienes un servicio ‘soft’: si optas por dormir en su regazo, los 1.000 yenes te dan para tres minutos.

Ésta es su lista de precios por servicio:

  • Dormir en los brazos de la chica (3 min) – 10 euros
  • Recibir palmaditas en la espalda (3 min) – 10 euros
  • Darle unas palmaditas a la chica en la espalda (3 min) – 10 euros
  • Recibir un masaje en los pies (3 min) – 10 euros
  • Dar un masaje en los pies a una chica (3 min) – 20 euros
  • Reposar tu cabeza en el regazo de una chica (3 min) – 10 euros
  • Que la chica duerma con su cabeza en tu regazo (3 min) – 20 euros
  • Reposar tu cabeza en las nalgas de una chica (1 min) – 10 euros
  • Mirar fijamente a los ojos de una chica (1 min) – 10 euros
  • Ver cómo la chica se cambia de ropa – 10 euros

Su menú es ¿sugerente?, ¿peculiar?, ¿atractivo?, ¿absurdo? Ponedle el calificativo que queráis. Yo, mientras sea legal y dé un buen rendimiento económico, lo respeto.

Un tatuaje en el trasero para salir de la crisis

Hablemos de negocios. Pongamos que tienes unos ahorrillos y quieres invertir en publicidad para tu web, tu negocio o, simplemente, en publicidad para ti o una frase tuya. ¿En qué los invertirías? No, no me respondas todavía, aún es pronto. Antes quiero que escuches una oferta que no podrás rechazar.

Tina Beznec es neozelandesa, tiene 23 años, le gustan los tatuajes y está (quién no) en crisis. No en crisis de identidad (no que sepamos, vaya), sino en crisis económica. Anda mal de dinero y pensó… ¿por qué no ofrezco en Internet mi trasero para que la gente se anuncie? Sí, muchachos, Tina se va a convertir en una marquesina andante con un detalle a destacar: lo que ofrece nuestra amiga, esa mujer de Lower Hutt que véis en la imagen, es su culosus nalgassus glúteos… su donde la espalda pierde el casto nombre para que quien quiera, previo pago, ponga su lema ahí. “Your tattoo on my Bum“, se llama la historia (me abstengo de traducirlo, pero os sugiero que lo pongáis en Google Translate y pulséis en los altavocillos para escucharlo, que tiene su gracia).

De momento la cosa va bien para Tina, pero si queréis anunciaros aún tenéis tiempo, tranquilos. Su oferta, que a estas horas supera los 7.660 euros (luego tengo que ver yo al tipo que los ha apostado por Internet pagándolos, pero eso es otro tema), vence el viernes 20… aunque ya ha dado la vuelta al mundo.

Ahora bien, llegado este punto, quiero que reflexionéis sobre varias cosas por si os decidís a pagar más de esos 7.660 euros:

1. El anuncio lo estáis poniendo en el culo del mundo (lo digo porque es Nueva Zelanda, no me malinterpretéis).

2. No conozco mucho los hábitos de Tina, pero tened en cuenta que su trasero probablemente no tenga una gran afluencia de público (por lo menos entre semana).

3. Si estáis faltos de ideas, ella sugiere que pongáis un diseño que queráis compartir con el resto del mundo, un anuncio de vuestro negocio o… ¡¡¡UNA PROPUESTA DE MATRIMONIO!!! Eso sí sería de valientes, ¿eh? Apagar las luces del comedor, encender unas velitas, tapar los ojos de tu novia, decirle tengo algo que preguntarte y que cuando los vuelva a abrir tenga delante el trasero de la señorita Beznec con el mensaje: “¿Quieres casarte conmigo?”. Si alguien lo hace, os juro que hago otro post solo para contarlo.

Hasta aquí mis advertencias, ahora es el momento de que conozcáis los requisitos que pone Tina, que para algo es el soporte del tatuaje:

1. El 20% de las ganancias las donará a obras de caridad (que también lo quiero ver, como el tipo que pague los 7.000 y pico euros) y el resto se lo quedará ella. “Lo merezco, fui despedida dos veces el año pasado”, cuenta.

2. El tatuaje medirá 9 centímetros de alto por 9 centímetros de ancho (más o menos lo que véis en la imagen de la derecha, a modo de ejemplo).

3. Solo puedes elegir una nalga, no vale ser maldito y decir que lo quieres justo en la mitad, para pillar de un lado y de otro.

¿Ventajas? Bueno, según como lo veáis, si pagáis ese dineral y el 4 de febrero, día en el que se hará el tatuaje, estáis por la zona, podéis ir a ver cómo se lo hacen. Además, tendrás para siempre el recuerdo de ese dinero bien invertido, porque ella se compromete a darte la foto del tatuaje en un marco.

Un negocio redondo, vamos… y no quiero dobles sentidos con esto.

PD: Leo en la prensa neozelandesa que su oferta roza el límite de lo legal porque la web en la que Tina se anuncia vigila mucho el intercambio de cosas corporales. En 2006 prohibió a un hombre que vendiera su pierna amputada (afortunadamente… ¡cómo están las cabezas!).