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Estas salchichas ‘gritan’ cuando las cocinan en una sartén

Pensé, inocentemente, que ya lo había visto todo en internet. Pero, de nuevo, me volví a equivocar estrepitosamente. Y ‘algo maravilloso’ se cruzó por delante de mis ojos. Como rechazar semejante joya de las redes y no dedicarle una líneas grandilocuentes.

¿Alguna vez habéis prestado atención al ruido que hacen las salchichas mientras se cocinan? Seguro que no, porque normalmente pasa desapercibido. Lee el resto de la entrada »

Intentó robar una bici usando como arma salchichas congeladas

Einstein, Nietzsche, Alejandro Magno, Miguel Hernández… vayan haciendo hueco porque un nuevo genio pide paso. Sí, sí, me refiero a Michael A. Baker, ese muchacho de Massachusetts (ese lugar que nunca sé dónde lleva la “ss”), ese tipo con un ingenio inigualable (a pesar de sus 22 años) que creyó que podía robar la bici a un muchacho usando unas salchichas congeladas.

El tema está en que Michael (Miki, para los amigos, que supongo que también los tendrá) es un tipo talentoso pero tiene tanta paciencia como Bosnia eurocopas: ninguna. Por eso, al ver que el ciclista resistía a su mirada desafiante y a sus salchichas congeladas, sacó una llave inglesa, le aporreó y se llevó el vehículo. Finalmente consiguió el objetivo, sí pero tuvo que cambiar de táctica, según la prensa local.

“Qué mentiroso eres, becariucho, qué vergüenza de tipo, cómo te gusta mentir: ¡NO INTENTÓ ROBAR LA BICI, SINO QUE SE LA LLEVÓ!“, me diréis algunos. Pues bueno, quizás a vosotros la noticia os parezca que está en que un tipo con peinado raro aporreó a otro con una llave inglesa y así le quitó la bici. Os lo respeto. No obstante, para mí lo noticioso es que ese mismo tipo, con ese mismo pelo, tuviera como primera idea robar una bici usando como arma intimidatoria salchichas congeladas que, para más inri, también eran robadas.

Ya, ya sé que yo me quedo en el detalle y me pierdo la historia, que cojo la parte de la realidad que más me interesa, todo eso lo sé, pero pensad que en el mundo becario funcionamos a una velocidad distinta que en el mundo real. Es más, poneos en situación: estás con un amigo contándole que la otra noche llegaste a casa con más alcohol del previsto en el cuerpo y en lugar de abrir la puerta con la llave de casa la intentaste abrir con un pan de pita. Atónito por esa estupidez, al final te das cuenta, sacas las llaves y entras a casa. ¿Cómo lo contarías? ¿Dirías “oye, que al final la otra noche entré en casa”? No, tu titular sería: intenté abrir mi casa con un pan de pita y no funcionó. Luego si queda tiempo cuentas lo otro, pero es completamente secundario.

Volviendo al tema de Michael (me resisto a llamarle Miki ante el temor de que no tenga ningún amigo), el caso es que el pobre diablo terminó siendo detenido poco después de llevarse la bicicleta del otro muchacho, que fue atendido de las heridas en un hospital cercano a la zona en la que se produjeron los hechos.

Por cierto, dice el pobre Michael que los hechos no ocurrieron así. Según su versión,  él iba en bici a ver a su abuela cuando el agredido le paró y le sacó un cuchillo. Entonces, gracias a que llevaba una llave inglesa a mano (¿quién no la lleva cuando sale a montar en bicicleta?) pudo defenderse. Ah, y que de las salchichas no sabe nada. Supongo que si va a la cárcel quiere evitar que le relacionen con ese tipo de productos, por lo que pueda pasar.

PD: Por cierto, una chorrada. Si la “llave inglesa” se escribe así, ¿la “yave griega” es así?

Cuando uno de los grandes se va

Nada más enterarme de que Óscar Mayer, el tercer rey de las salchichas, había muerto, reviví un sinfín de situaciones de mi infancia, como esas tardes de viernes en las que iba con mi abuela a comprar cena especial de fin de semana. “Quiero un perrito caliente con una salchicha de esas gordas”, decía entusiasmado. “¿Las del Mayer?”, me preguntaba. Yo no sabía pronunciarlo, ni ella tampoco del todo, pero ambos sabíamos que ésas eran las favoritas del nieto pesado (yo).

Ahora ya no, pero cuando era pequeño Óscar Mayer eran las salchichas pijas, las de los ricos (ni que la gente adinerada comprase muchos paquetes de salchichas… pero bueno, era así, de nivel). Y es que esta marca (sin ánimo de buscar patrocinadores; aunque no me vendrían mal) tiene su historia. La fundó su abuelo, también Óscar, en 1929 y desde 1989 pertenece al conglomerado agroalimentario Kraft Foods (aunque en España la lleva Campofrío). Pero hasta que la marca vio la luz pasó un tiempo.

Allá por el final del siglo XIX, Óscar I se fue de Alemania rumbo a Detroit en busca de una oportunidad en el sector cárnico, donde necesitaban gente. Pero rápido empezó a ver que se le quedaba pequeño. Así que cogió por banda a su hermano Gottfried y alquilaron un puestecito en un mercado de Chicago, donde se convirtieron en los pioneros de la comercialización de carne empaquetada y rápidamente gozaron de la aceptación de la gente, sobre todo de la comunidad germana. Sus productos tuvieron varios nombres como Edelweiss o Moose y eran famosos en todo el estado de Illinois, pero había mucho imitador y había que poner fin al oportunismo. Y así nació, en 1929, la marca que hoy conocemos.

El tío Óscar (III), como siempre me ha gustado llamarle, falleció hace unos días a los 95 años de edad en una residencia de ancianos de Fitchburg (Wisconsin) dejando un imperio inolvidable de salchichas, mortadela y jamón cocido. Concretamente, dejó la presidencia en 1977 tras cumplir su objetivo de facturar 1.000 millones de dólares, con lo que queda claro que mantuvo en la cumbre el negocio de su padre y de su abuelo. Además, incluyó en su currículum una excentricidad por la que siempre se le recordará: su inolvidable Wienermobile,

–> FOTO: Mrmiscellanious / Wikipedia

Ahora, desde PETA, han pedido de buen rollo que, ahora que él no está, su vehículo sea enterrado también por el significado que tiene y todo eso, pero me parece que no es el momento de hacer esas declaraciones, ¿no? Porque luego te sientes culpable cuando ves que el pobre salchimóvil se estampa contra una casa al sur de Wisconsin, como ocurrió el pasado viernes. Un mal volantazo, un error de medición y la ausencia de dueño llevaron al Wienermobile a meterse en un garaje de Mount Pleasant. Menos mal que no hubo heridos.

PD: ¿Sabías que fue una de las primeras empresas en someterse de forma voluntaria a los controles de calidad? Mi blog, por ejemplo, no los pasa, XD.

PD2: Los Mayer empezaron en Chicago, Obama también… ¿Qué pasa con esta ciudad? ¿Qué tiene? Ya veréis como al final nos dejan sin Juegos Olímpicos.

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