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Un banco ruso ‘invita’ a suicidarse a sus clientes morosos

banco-tinkoff-suicidioConfieso que entre mis muchas carencias está la de no tener ni pajolera idea de cirílico (?), así que tuve que acudir a mi amigo Dimitri para que me tradujera la noticia a la que llegué tras ver la impactante foto. Y mucho más impactado aún quedé cuando me enteré del mensaje. Es una campaña del banco ruso Tinkoff dirigida a sus clientes morosos, en la que se les dice, explícitamente, lo siguiente: “¿No ves la salida? El banco está dispuesto a ofrecerte una solución al problema”. El mensaje va acompañado de una imagen en la que un monigote dibujado en un dedo se suicida de un disparo en la cabeza. Blanco y en botella, ¿no?

La noticia salió publicada en un diario ruso de nombre casi impronunciable, que recibió la información de Viatcheslav Abramchukov, un joven destinatario de una de las aterradoras cartas que Tinkoff envía a sus clientes con problemas de pago. Viatcheslav pagó durante un año y medio un préstamo, pero tuvo que dejar de pagarlo porque los altos intereses le estaban ahogando (querido Viatcheslav, esto debiste pensarlo antes). El hombre, se quedó de piedra y llamó de inmediato al número que indicaba el mensaje para tratar de poner solución a su situación y para conocer “el motivo por el que envían estas postales a la gente”. La única respuesta que recibió es que “se las enviamos a todos los clientes morosos”.

El diario ruso siguió la pista y preguntó directamente al banco los motivos de la campaña. “Es uno de los formatos con los que trabajamos para llegar a los clientes que no pagan y deliberadamente no quieren ponerse en contacto con nosotros”, afirman desde Tinkoff. Según ellos, la intención de la entidad financiera es justamente la contraria a la que se puede interpretar de un primer vistazo. “Queremos decirles que tener una deuda no es un problema grave y que no hace falta suicidarse, sino que se puede refinanciar la cantidad adeudada si nos preguntan”. ¡Toma psicología inversa! Casi prefiero que me persiga un coche del Cobrador del frac o que me envíen a un tío disfrazado de monje o de Espinete.

La explicación del banco, sin embargo, no ha convencido a Viatcheslav, que ha presentado una denuncia en el juzgado de Ekaterimburgo por incitación al suicidio.

PS 1: Por cierto, Tinkoff es propiedad de Oleg Tinkov, que últimamente anda dándole palos a Alberto Contador (su banco es uno de los patrocinadores del equipo del ciclista madrileño). ¡Huye de ese hombre, Alberto!

PS 2: Os hablé al principio de mi amigo Dimitri. Os lo presento con este vídeo, aunque seguro que muchos de vosotros ya lo conoceis.

Un ruso emplea más de tres horas en leer la palabra más larga del mundo

Si os atascabais con la palabra “supercalifragilisticoespialidoso”, de la famosa película de Disney ‘Mary Poppins’, o el nombre del lago Chargoggagoggmanchauggagoggchaubunagungamaugg, también conocido como Lago Webster, lo tenéis bastante crudo a la hora de leer la palabra más larga del mundo. Tiene la friolera de ¡¡¡189.820 letras!!! y un caballero con mucho tiempo libre ha dedicado tres horas y media de su vida a leerla ante una cámara.

El término en cuestión es el nombre químico de una proteína, la Titina, que actúa en la contracción del tejido muscular estriado. La palabra comienza así: Methionylthreonylthreonylglutaminylarginyltyrosylglutamylserylleucyl phenylalanylalanylglutaminylleucyllysylglutamylarginyllysylglutamylglycylalanyl
phenylalanylvalylprolylphenylalanylvalylthreonylleucylglycyucylaspartylthreonyl… Y no sigo escribiendo, porque para leerla entera tendríais que hacer scroll hasta el centro de la Tierra (quizás exagero un poco, pero es que soy de letras).

Aunque no deja de ser curioso que el nombre de una proteína sea casi tan largo como El Quijote, lo más insólito es que un ruso se ha atrevido a leerlo y hacer un vídeo con la ‘hazaña’. El muchacho, cuyo caso da para ser investigado por un departamento de psiquiatría, tuvo el detalle de dejar a su lado una planta, a la que se le apaga la vida mientras el hombre declama. También le sale barba durante la lectura, lo que me hace sospechar que no se atrevió a leerla de carrerilla, sino que se levantó a hacer sus cositas en mitad de la tarea.

Ahora, os reto. A ver si algún valiente es capaz de soportar las más de tres horas de sopor que nos ha regalado. Es una especie de letanía que te hace sentir unas ganas terribles de:
a) Dormir como un bebé.
b) Cerrar la página
y c) Rebanar el pescuezo del sujeto.

Yo, que deploro la violencia, me decanto por cualquiera de las dos primeras opciones. ¿Qué haríais vosotros?

¡Ay, en qué lío me metieron!

Lo vais a entender, seguro. Mi primer post no va a ser de presentación, sino un pequeño homenaje a mi antecesor. No es que sea un pelota, que lo soy, sino que de verdad admiro a este tío.

Apenas si hemos coincidido algunos días, pero descubrimos una conexión inmediata. Dos becarios que cruzan la mirada y se saben compañeros de algo. Como cuando estás de erasmus y te encuentras con otro estudiante de tu país. Yo trataba de no molestar demasiado y escuchaba con envidia (ahora puedo decirlo) cómo los redactores le llamaban Bec, un mote que, aunque os suene a chorrada, a los que somos becarios nos parece una forma de mostrar respeto.

Ahora, con admiración, los aprendices le hemos rebautizado como ‘El Contratado’. Los jefazos nos dicen que es el espejo en el que debemos mirarnos las nuevas generaciones y nosotros, que empezamos con toneladas de ilusión y somos muy obedientes, ya le tenemos idolatrado. ¡El becario que consiguió un contrato! ¿Cuántos casos se han dado? No más de cinco, seguro.

Perdona el exceso de confianza, pero ¡qué responsabilidad me dejas, bandido! Me siento como Pierce Brosnan cuando le dijeron que iba a hacer de James Bond. Al menos espero contentar a unos pocos, como hizo Brosnan con el sector femenino.

Y disculpa que no te eche más flores, ‘El Contratado’, pero es que me acaban de ‘soplar’ una historia de esas que te gustan…

 

UN RUSO FINGE SU PROPIA MUERTE PARA PROBAR EL AMOR DE SU NOVIA

Al parecer, en Rusia no hay margaritas. Si dudas si alguien te quiere o no te quiere, no puedes recurrir al remedio popular de arrancarle hojas, una a una, a la flor de los pétalos blancos. Esto no suena muy alarmante, pero porque ninguno de vosotros es Irina, la novia de Alexey Bykov, y habéis estado al borde del infarto por este motivo.

La pobre Irina fue víctima reciente de los titubeos de su novio. Resulta que Alexey andaba atribulado porque no estaba convencido de que su eterno amor por ella fuera correspondido, así que ideó una truculenta “prueba de novios”, mucho más dura que esas que se hacen por la radio para saber si ella te engaña con el monitor cachas de su gimnasio o él te pone los cuernos con aquella que dice ser tu mejor amiga.

Alexey, un talludito de 30 años, rompió la hucha en la que guardaba los ahorros desde la primera visita del ratoncito Pérez y montó una película ¡PARA FINGIR SU PROPIA MUERTE! Contrató un equipo de cineastas (guionistas, maquilladores, cámaras, actores…) y simuló un fatal accidente de tráfico, en una escenografía elaborada, pero mejorable.

Irina acudió puntual a la cita que tenía con su novio y se topó con una escena dantesca. El coche de Alexei estaba empotrado contra un poste de hormigón, a su alrededor había un charco de algo que parecía sangre mezclada con lubricante y gasolina y, a unos pasos del coche, una ambulancia con las luces de emergencia encendidas.

La joven, preocupada, echó a correr en dirección al coche y encontró a su novio bañado en sangre. Un miembro del SAMUR ruso le dijo lo que ella temía: Alexey acababa de perder la vida en el accidente. Irina, rota de dolor, como podéis entender, lloró desconsolada durante unos segundos, los que tardó Alexey en aparecer “resucitado” con un globo en forma de corazón y unas flores en la mano para explicarle que todo era una pantomima. Que, en realidad, había montado el numerito para que ella se diese cuenta de lo dura que podría ser la vida sin él y, de paso, pedirle matrimonio (hay formas menos traumáticas de hacerlo).

Irina, que es más buena que Iniesta y tiene un corazón del tamaño de Kamchatka, perdonó de inmediato el mal trago que le hizo pasar Alexey e incluso aceptó casarse con él. Eso sí, con una condición: que la próxima vez la bromita se la haga a su mamá (a la de Alexey, no a la de Irina, que hay mucho despistado).

Os dejo el vídeo que recoge el final de la historia, solo la parte bonita, no la divertida.