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Se encuentra una bomba antigua en su jardín y la lava en el fregadero

bomba

Os imagináis despertar una mañana sobresaltados, tras oír ruidos bruscos en la cocina, y veis como vuestra mujer, con una tranquilidad pasmosa, deposita una bomba oxidada de 25 centímetros de la Segunda Guerra Mundial sobre la mesa del comedor. Lo primero que pensaríais es en salir corriendo despavoridos, y seguro que se os escapaba algún insulto por el camino.

Pues como la realidad normalmente supera a la ficción, una jubilada británica llamada Carole Longhorn ha sido la protagonista de esta historia que firmaría el mismísimo Alfred Hitchcock. Como cada mañana, esta encantadora británica, residente en Norfolk, trabajaba en su jardín cuando bajo uno de los setos encontró algo voluminoso (el proyectil). Ni corta ni perezosa, lo cargó en una carretilla, lo trasladó al fregadero de la cocina y lo limpió como cualquiera de sus cacharros (¡¡¡OMG!!!). En ese momento, su ángel de la guarda empezó a echar horas extras.

El matrimonio Longhorn

El matrimonio Longhorn

El ruido metálico alertó a Clive, su marido, que fue incapaz de articular palabra cuando sobre una mesa observó una bomba, eso sí, reluciente como una patena. Lo siguiente fue una retahíla de ‘juramentos en Arameo’ que no quiero reproducir y una salida alocada del domicilio como alma que lleva el diablo.

Después de alejarse unos cientos de metros y con las pulsaciones todavía a 200, el señor Longhorn llamó a la policía, que inmediatamente mandó un equipo de artificieros a la vivienda. El artefacto fue finalmente trasladado a una mina abandonada y detonado por un equipo de expertos de la RAF (Fuerza Área Real británica). Para sorpresa del matrimonio, la bomba funcionaba como el día de su fabricación. Menos mal que la espoleta fue caprichosa y no hizo su trabajo como debía.

La mejor forma de evitar excesos navideños

Los habrá que celebren que en este blog no se haya hablado de la Navidad hasta el momento. También alguno dirá que por qué demonios no he dicho nada de estas entrañables fiestas. Bueno, pues para intentar contentar a unos sin fastidiar a los otros, voy a daros una recomendación (cara) para combatir los excesos navideños. Quizás no para este año, pero puede que os sirva para el año que viene.

Seguramente estáis dentro del grupo de personas que se ha puesto hasta arriba de comida durante el pasado fin de semana, ¿verdad? Pues si en lugar de engordar queréis adelgazar durante estas fechas, os traigo la solución por el módico precio de 2.300 euros: un campamento navideño de ejercicio que he visto publicado en la prensa británica.

En Norfolk  (Reino Unido), han tenido la ocurrencia de montar un campamento llamado No1 Boot Camp en el que durante una semana quienes se apunten tienen la oportunidad de evadirse de las reuniones navideñas (no verás la cara a tu cuñado ninguno de estos días) mientras recuperan el tipín de cara al año que estamos a punto de estrenar.

¿Te imaginas levantarte a las 6.30 horas de la mañana y ponerte a hacer ejercicio con un gorrito de Papá Noel? ¿Comer patatas asadas y coles de Bruselas? Pues si es tu sueño… primero háztelo mirar y después apúntate a este campamento, porque tendrás la fantástica oportunidad de comer 1.500 calorías (si eres hombre) o 1.300 (si eres mujer) y quemarlas en un santiamén.

Es el plan ideal para un español medio que quiera renunciar a todo lo bueno: te dejas un pastizal en madrugar, comer mal y renunciar a la siesta. Sí, muchachos, tampoco hay siesta que valga, porque después de comer hay que ponerse las botas de otra forma: si te apuntas, tendrás que hacer una caminata de ocho kilómetros para bajar la comida.

Dice la fundadora de este campo de concentración mal llamado campamento, Karen Fitzpatrick, que la respuesta ha sido buenísima porque hay mucha gente que no quiere pasarse estas fechas delante de la televisión inflándose a comer. Hombre, si nos ponemos especialitos podemos decir que sí, que además es como unas vacaciones en un “todo incluido” porque a partir de las 18.30 h (hora del té en el campamento), te dejan tiempo libre, cual excursión del cole.

PD: Vale que los amigos invisibles, las cenas de empresa, las quedadas con gente que no ves durante el año, las reuniones familiares, las comilonas sin sentido y la programación televisiva pueden ser un coñazo, pero… ¿es esto mejor?