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Lo más raro que ha pasado durante la semana (10-16 octubre)

Esta semana todo ha empezado a volver a la normalidad. Dos meses después, empiezo a recuperar hábitos y rutinas disfrutando de este verano extra que nos trae el otoño. Recuperado todo eso y dado que la semana pasada ya volvió esta sección, es evidente que no tengo excusa para privaros de “lo más raro de la semana”. ¿Sabéis que…?

1. Tiene 26 años y el rostro de una anciana

Es probablemente lo más raro que veréis en un tiempo. Una vietnamita llamada Nguyen Thi Phuong envejeció 50 años en unos días. Todo sucedió hace tres años cuando sufrió una intoxicación después de comer marisco. Ella tenía 23 y poco dinero, de modo que no pudo ir a un hospital y se intentó curar con medicamentos de una farmacia mezclados con remedios de la abuela.

La urticaria y las ronchas que tenía desaparecieron, pero al mismo tiempo la piel de todo su cuerpo se volvía flácida y su rostro se arrugaba como si en lugar de 23 tuviera 73 años, según publica la prensa internacional.

El resto no cambió: su mente es la de una joven veinteañera, sus dientes también y no ha perdido el ciclo menstrual. Mientras tanto, su marido sigue a su lado y ni él ni los médicos se rinden: tratan de identificar la enfermedad (algunos apuestan por lipodistrofia, otros por el síndrome de Cushing, los hay que dicen que es mastocistosis y quienes creen que es una enfermedad sin identificar) y debaten sobre si hay o no cura.

Por el momento, Nguyen Thi Phuong ha decidido no tener hijos y esconde su rostro cuando sale a la calle.

2. Descalificado por hacer la maratón en autobús

Es altamente probable que esta noticia ya la hayáis visto. Si no, es el momento, porque no veréis cosa tan surrealista en el mundo del deporte durante un tiempo. Rob Sloan fue descalificado de la maratón de Kielder (cerca de Newcastle, en Reino Unido) tras quedar tercero… ¡después de hacer parte del recorrido en autobús!

Según desveló una investigación posterior, nuestro amigo Rob abandonó la carrera en el kilómetro 32 y subió en un autobús para los espectadores. Cuando se aproximaba a la meta, se internó en el bosque y cruzó la línea con gesto cansado y victorioso.

Parecía un plan perfecto, pero Rob olvidó una cosa: los testigos (y que hizo la segunda parte más rápida que la primera, y que el que iba tercero sabía cuál era su posición). Vieron cómo se subía al autobús, cómo se bajaba, cómo se metía otra vez en la carrera, cómo cruzaba la meta… vamos, que no hizo falta ni cámaras ni confesión para descubrir que era un tramposo. Al final, ante la evidencia, lo admitió. Es posible que no le dejen competir nunca más.

Por cierto, ¿sabéis que el personaje de Geofrey, el mayordomo de El Príncipe de Bel Air, huyó de Reino Unido tras hacer trampas en una maratón? Lo confesó en un capítulo en el que el Tío Phil quiere presentarse a juez. No me lo agradezcáis a mí, dad las gracias a la memoria de elefante de Rahel.

3. Detenido por robar estiércol

Sé que el hecho de que a un hombre de 30 años lo detengan en Estados Unidos por robar caca no es para abrir el periódico, pero los lectores de este blog sabrán apreciarlo en su justa medida.

Hasta el momento había visto (y contado) hurtos de todo tipo, pero lo último que se me pasaba por la cabeza es que Timothy J. Chelikas entrara a una propiedad privada para robar caca. Caca de vaca, además, lo cual no sé si tiene más delito, más gracia, o ambas cosas.

Nuestro amigo Timothy robó el estiércol porque tiene unas setas que necesitan abono (no quiero ni pensar qué setas serán), pero como hasta la mierda tiene dueño no puedes entrar en una propiedad privada y llevarte lo que no es tuyo, fue detenido.

4. Un helado, por favor

Uno camina por la calle tan feliz y de repente piensa: “Me apetece un helado”, va a una heladería y en menos de dos minutos ha saciado su deseo, ¿no?

Pues cuidado si alguna vez esa ocurrencia tiene lugar en Turquía, porque allí hay un hombre que en lugar de poner helados te vacila con ellos. Como no estés un poco avispado, al final quedas como un pardillo.

Luego lo suben a YouTube y claro, pasa lo que pasa…


PD: Mañana os preguntaré por citas desastrosas. No lo olvidéis.