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Gana 800 euros al día burlándose de los zapatos sucios de la gente

Un curioso personaje de Nueva York afirma sin rubor que gana hasta 800 euros al día burlándose y haciendo chistes de los zapatos sucios de la gente, y luego, sacándoles brillo. ¡¡¡Un limpiabotas con mucho gancho!!!

Don Ward, cuya esquina habitual de actuación y trabajo es entra la calle 47 y la Sexta Avenida en Manhattan, echa broncas en broma a los transeúntes cuando su calzado no está a la altura de las circunstancias, un baremo que solo conoce Mr. Shoes. Lee el resto de la entrada »

Un empleado de McDonald’s noquea a su jefe con los clientes como testigos

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¿Has tenido un/a jefe/a tan detestable que cada vez que le ves te imaginas usándolo como un saco de boxeo? Pues este puede ser el caso de un empleado de McDonald’s que decidió tomarse la justicia por su mano y dio una somanta de (…, el sustantivo os lo dejo a vosotros) al encargado del local, como quien come chicle por aburrimiento.

No me gusta hacer eco de la violencia desmedida y sirva este post para denunciar un hecho lamentable. Por muy quemado que esté uno, el sosiego y la cordura siempre tienen que estar por encima de los mamporros. Lee el resto de la entrada »

“¡Asesina, voy a llamar a la Policía!”

Los que entráis con cierta asiduidad al blog conoceréis a Antoñita LF, comentarista habitual (y de las buenas). Pues bien, tras la primera historia de becarios que publiqué hace poco, ella me mandó la suya, y os aseguro que no tiene desperdicio.

La culpa fue del jefe

Era mi tercer día como becaria en el estudio. A mi jefe le entraron unas dudas sobre las medidas de una vivienda cuya reforma estaba proyectando y decidió enviarme a comprobar si aquello estaba bien o no.

El caso es que con los nervios y lo tímida que soy estaba como un flan y sólo pensaba en que mi primera misión en solitario debía tener éxito.

Llegué al edificio, subí las cuatro plantas. Agarré la manilla y la puerta se abrió sin introducir la llave siquiera. Entonces entré y empecé a hacer las comprobaciones como Pedro por su casa.

Estos planos no son…

Y cuando empecé a tomar notas sobre el plano me di cuenta de que los tabiques de la vivienda no coincidían con los representados.

Me quedé perpleja y no sabía que hacer, y cuando me disponía a regresar al estudio para aclarar aquello con mi jefe, escuché un grito aterrador detrás de mí. Creí que me daba un infarto… ¡se suponía que allí no había nadie! Entonces me di la vuelta lentamente y me encontré una viejecita en camisón.

– “¡Quién ereesssssss!, ¡Ladroooonaaaaaaa!, ¡Malnacidaaaaaaaaaaa!”

– “Soy del estudio que está reformando su casa, lo siento mucho, no sabía que estaba us…”

– “¡Asesinaaaaa! ¡Mentirosa! ¡Voy a llamar a la Policía!”

– “¿¿¿¿Qué????”

Aterrorizada, salí corriendo en dirección al estudio, busqué al jefe y le conté lo sucedido. Él empezó a reír sin parar y me dijo: “Te iba a llamar ahora… es que el piso es el quinto, no el cuarto. No te preocupes, que ya lo arreglo yo”.