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“Aquí dentro huele a muerto”

Ya sabéis que siempre os pido que me mandéis vuestras historias curiosas para que podamos compartirlas con el resto de lectores. Especial cariño le tengo a la sección Historias de becarios, porque son fallos entrañables que todos hemos tenido en nuestros comienzos.

Una habitual del blog me mandó esta historia… de las más graciosas que he publicado:

Llevaba dos meses trabajando cuando mi jefe se casó y se fue de luna de miel, dejándome a mi solita a cargo de todo y todos.

A los dos días me llamo un vecino de la comunidad, diciendo que el vecino de arriba le estaba calando la casa y que estaba preocupado por si ese vecino, que era mayor, se había dado un golpe o algo y se había muerto, porque parecía que no había nadie en casa pero la luz estaba encendida y se escuchaba el agua (como si fuera un grifo).

Yo me acojoné al momento: ¿dos meses en el puesto, mi jefe se marcha y yo me tenía que hacer cargo de un fiambre? ¿Cómo encajar eso?

Pregunté a un compañero, gran amigo de mi jefe, y me dijo que llamara a un cerrajero y entrara con él, pero yo me negué. ¡Lo que me faltaba! Que abriera la puerta y me encontrara lo que fuera yo sola… Pregunté a las abogadas y me dijeron que llamara a los bomberos, pero que en ese caso tendría que pagarlo yo, hasta esperar que me devolvieran el dinero. También me negué, así que llame al 112.

Llegan los bomberos

Me presenté yo sola en la comunidad esperando la llegada de alguien de emergencias y tras una hora nadie se presentó. Yo ya estaba desesperada así que avise a mi padre, tras varias llamadas al 112.

Cuando llegó mi padre llegaron también los bomberos, pero ninguno de calendario, jajaja. Eran bajitos y regordetes, pero muy majos, eso sí. No podían abrir la puerta. Lo intentó mi padre con tarjetas de crédito, preguntaron a un vecino si tenía una radiografía, intentaron entrar por la ventana, saltando desde el balcón del vecino e intentaron entrar por una ventanita que daba a la escalera.

Cuando abrieron la ventanita, el que la abrió se giro y me dijo “Huele a muerto”. Yo en ese momento me quedé pálida y a él le entró la risa. Dijo que no parecía que hubiera nadie, pero como ninguno cabía por la ventana, me dijeron a mí que entrara e intentara abrir por fuera. Dije que no y entonces llegó un policía, que fue quien entró.

Abrió la puerta por dentro y entramos todos, yo con recelo, por lo que pudiera haber ahí dentro. Pero no había nada, la casa estaba abandonada, llena de polvo. Había una colchoneta en el suelo con una sábana y una almohada, y un par de botellas de leche y cerveza.

“La cisterna goteaba”

Lo que goteaba era la cisterna, que esta rota. De repente llegó un chaval muy bien vestido y preguntó que qué hacíamos en su casa, El policía le preguntó que quién era él, y dijo que el hijo del dueño que estaba viviendo allí. Fuimos a ver al vecino de abajo y apenas tenía una pompa pequeñita de humedad…. El vecino de al lado se quejó de que los bomberos le habían soltado la verja del balcón, que eso alguien se lo tenía que pagar, el chaval de la vivienda se quejó de que le habían roto la ventana…

Poco a poco todos los vecinos de las comunidades y de la calle se acoplaban a la fiesta… y todos allí pidiendo responsabilidades… y yo mandando tranquilizar a todo el mundo, pero eso era un barullo…

Todo terminó cuando aclararon que todo lo tendría que pagar el dueño de la vivienda, al cual no podían localizar, porque se había ido a vivir a otra ciudad. El hijo dijo que no conocía el paradero de su padre, porque hacia años que no se hablaban y que cuando se enteró que se había ido, se fue a vivir a esa casa porque no tenia otro sitio donde irse”.

(FOTOS: decade_null, willsfca y fluzo)

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