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Cuando te roban el protagonismo en una entrevista

[Si vas con prisa puedes ver el vídeo y volver a tus quehaceres]

Sabéis que la mezcla de periodistas y animales no siempre sale bien. Yo admiro a Almudena Ariza, corresponsal de TVE, porque es capaz de transmitir tensión en todos sus reportajes, pero también os digo que a mi Almudena me la quiero yo ver corriendo delante de una alpaca o atacada por un reno. Eso sí que da tensión.

Bien entonces, tratando el tema que nos ocupa, hablemos de los camellos y tratémosles con la seriedad que se merecen, que está llegando su fecha clave. El camello, para quienes no lo conozcáis, no es solo ese tipo con chándal que veis mirando para todos lados, acercándose a la gente, con aspecto desaliñado y unas papelinas en la mano. El camello también es ese animal que tiene a veces una joroba, a veces dos (según el belén) y que trasladó a los reyes magos hasta el pesebre en el que dieron oro, incienso y mirra (un regalo de mierda este último, con perdón) al niño Jesús. Si los llega a pillar Urdangarin al final esos regalos no llegan a Belén.

¿Sabéis ya cómo es un camello? Más o menos, ¿verdad? Bueno, si queda algún despistado siempre puede recordar aquel mítico post en el que un bichejo con jorobas (a ver, ese que ha dicho “Quasimodo”, cara a la pared lo que resta de clase) quiso comerse a un reportero. Hoy viviremos la segunda parte de aquella película, o el remake… o la versión española, si queréis, porque hay amor, es peor que la original y hay un señor que se parece a Antonio Resines. Poco a poco te vas dando cuenta de que meter a Resines en un chascarrillo es tan recurrente como que te pregunten por una calle y empieces diciendo: “No me hagas mucho caso, pero…”.

Cuatro párrafos después, si eres uno de los que no ha entrado a ver el vídeo y ha vuelto a sus quehaceres; es más, si no eres uno de los que ha saltado después del primer párrafo a la sección de comentarios a escribir insultos, mereces saber de lo que estamos hablando hoy.

Recientemente, un reportero y su cámara del Kanal Urfa TV hacían una entrevista a dos turistas en Şanlıurfa, Turquía. Todo parecía ir bien hasta que un camello (entenderéis que no vuelva a explicar qué tipo de animal es) se acercó y besó en primera instancia al más calvo de los dos entrevistados. Su amigo no se inmutó y, pese a la sonrisilla del periodista, siguió respondiendo… hasta que la cosa se puso fea. Lo vemos y seguimos.

La cosa se puso fea cuando el camello quiso algo más que un par de besos y buscó compartir cena y desayuno con quien fuera. Yo he tenido amigos que actúan igual en las discotecas a las cinco de la mañana. Es más, he tenido amigos que se han acercado a una chica, el han preguntado “¿Quieres rollo?”, ella ha dicho que no, y él ha respondido “¿Y tu amiga?”. Aquel amigo mío no liga desde que retiraron el anuncio de “Curro se va al Caribe”, haceos una idea del tiempo que hace.

Os parecerá una chorrada (lo del reportero… lo de mi amigo es obvio que sí), pero a lo tonto a lo tonto el vídeo lleva un chorro de reproducciones en YouTube (es difícil medirlo con exactitud, porque lo han subido y resubido desde decenas de cuentas distintas) en poco más de cuatro días y se ha colado en numerosos medios de información internacionales. Vivir para ver.

PD: Nunca des calabazas a un camello. Por si las moscas.

El camello quiso comerse al reportero

BecConsejo: “Plantéatelo a veces, ¿eres más listo que un animal?”

Llegó el fin de semana después de siete intensos días marcados (en mi rutina) por el resfriado que ya da sus últimos coletazos y por el subidón de la comunidad becaria en Facebook que, por primera vez desde que empecé con esta aventura, ha superado a la de Twitter.

No obstante, si en lugar de ser el becario de 2o minutos hubiese elegido ser (ahora no, claro, hace unos años, unos 25) Steve Harman, reportero de la cadena norteamericana CBS, quizás hoy tendría otra historia que contaros bien diferente. Tendría un blog serio sobre cosas muy sesudas pero en el post de hoy, donde os cuento mis peripecias, os diría…

“Queridos amigos, trolls y lectores… me ha querido comer un camello”.

¿Casualidad o ficción? Pues no sé, yo os cuento la película y vosotros, después de ver los fotogramas (o el vídeo, si es que hay algún indeciso), me decís.

Estaba Steve grabando al camello desde el interior de su coche cuando observa que el animal se está intentando comer el espejo del vehículo. “Bueno -debió pensar Steve-, el camello está intentando comer un objeto extraño, con lo que no debería tener ningún problema si bajo la ventanilla y quedo al descubierto… él no tiene hambre, no intentará comerme porque los camellos no comen personas (¿retrovisores sí?)”. Es entonces cuando finalmente bajó la ventanilla y…

Hombre, era de prever, ¿no? Yo cuando vi el vídeo ya me imaginaba cómo iba a acabar (aunque claro, yo sabía que iba a ver un camello mordisqueando a un reportero, porque era el título del vídeo… así que me da que no cuenta).

Lo que digo es que este hombre es un peligro, porque es capaz de irse a la sabana africana, ver cómo un tigre está comiéndose a otro tigre vivo, o intentando comerse una piedra y pensar… “oye, están comiendo tigres y piedras… ¿será que han cambiado la alimentación? Ay, pobres… voy a acercarme y le doy un abrazo”… (bueno, vale, igual estoy exagerando).

PD: ¿Era o no era previsible que un camello le pegara un bocao si está mordisqueando el espejo y baja la ventanilla para ofrecerle su brazo?