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Si prestas demasiada atención a tu móvil… ¡¡¡te puedes dar un baño inesperado!!!

mujer_movil_playaLlamadas, mensajes, juegos, correos… Son tantos los atractivos de un teléfono móvil, que perdemos la noción del tiempo y el espacio mirando a la dichosa pantallita. Una ventana al mundo en la palma de nuestra mano.

Tal es el influjo de estos dispositivos electrónicos que muchas veces paseamos sin prestar atención a lo que sucede a nuestro alrededor y caminamos sin ver dónde ponemos el pie. Pues mucho cuidadito, no vaya a pasarnos lo que a la señora protagonista de este vídeo.

La despistada mujer caminaba por un concesionario de coches con una decoración un poco peculiar. Si a eso le añadimos una dama más preocupada por los mensajes que por mirar el ‘abismo’ (en forma de piscina decorativa) que se abre ante sus pies, el desastre y el consiguiente remojón están servidos. La pobre se transformó en un concursante de ¡Mira quién salta! en cuestión de segundos.

PD. Estar muy atentos al audio del vídeo, los vigilantes de seguridad del concesionario se lo pasan pipa con la escena. Seguro que no era la primera vez que ocurría. ¡¡¡Malas personas!!!

PD1. Esta mujer es otra víctima más de un fenómeno conocido como  (término que he descubierto gracias a @melisatuya).

(FOTO: GTRES)

Se disfraza de maniquí para espiar a las chicas en el baño

Fuente: xmangel (Flickr).

Fuente: xmangel (Flickr).

Una fuente que quiere ocultar su identidad (respetaré tus deseos, Willy), me ha hecho llegar una noticia que os pondrá los pelos como escarpias: la historia del muchacho salido de Birmingham. ¡Tacháaaaaan (onomatopeya)!

La primavera está lejos, pero las hormonas ya revolotean a sus anchas en un campus de la Universidad de Birmingham, la segunda ciudad más poblada de Inglaterra. Allí, un muchacho ha perpetrado una fechoría muy por encima de sus posibilidades. Tanto, que le ha acabado saliendo rana.

Un estudiante universitario de 22 años del que aún no ha trascendido su nombre tuvo la feliz ocurrencia de espiar a sus compañeras féminas en el baño. Para ello, suponemos que tras muchas noches de vigilia dándole vueltas a la máquina de pensar, decidió disfrazarse de maniquí. ¡Qué alarde de imaginación! Parece un recurso demasiado utilizado, puesto que también se emplea en robos. ¿No hubiera sido mejor dedicarse a la investigación e inventar algún ungüento que le convirtiera en hombre invisible?

Convertido en ‘hombre de plástico’, el sujeto se coló en el aseo de chicas y lo que él creía el paraíso en la Tierra lleva camino de convertirse en un infierno. Tras espiar y tomar fotos de sus compañeras, una de ellas advirtió que el supuesto muñeco, en realidad, era un tío bastante salido. La chica dio la voz de alarma y al joven ‘curioso’ empezaron a acumulársele los problemas. Primero, fue expedientado y expulsado de la universidad. Pero sus males no acaban aquí. Además, tendrá que hacer frente a varios cargos por acoso sexual, por los que incluso podría acabar dando con su pellejo en la cárcel.

Como de todo hay que aprender en la vida, os dejo la moraleja del día en forma de pareado: cuando la libido empiece a revolotear, utiliza el cerebro y ponte a reposar.

Llamó a la Policía asustado por los ruidos de su vecino en el baño

[Antes de nada, deja de comer. Si no puedes dejar de comer, deja de leer el post. No digáis que no os avisé…]

Si regulas bien tu reloj biológico, serás capaz de sentir la llamada de la naturaleza a primera hora de la mañana, de modo que el repartidor de periódicos no te dará en la cabeza cuando lo tire (como pasaba en aquel anuncio) y, además, el día te irá sobre ruedas porque no sentirás esas molestias estomacales que a muchos jefes de España les impiden ser agradables con los trabajadores. Bueno, a muchos jefes y a muchísimos compañeros.

Ahora bien, no hay que obsesionarse con esto. Si se puede, bien; si no, no fuerces. Porque puede que, por obcecarte con el asunto, en lugar de que suceda de forma natural, te obligas a forzar y al sentarte en el inodoro la llamada a la naturaleza la termines haciendo tú, como le ha pasado a un tipo de Canadá, cuyos alaridos en el cuarto de baño asustaron a un vecino que llamó a la Policía porque creyó que sus gritos eran porque pasaba algo grave y no solo porque estaba en pleno proceso de evacuación.

Lo contaba la Policía de Victoria (Canadá) en su blog oficial, llamado Stories Beyond The Beat: un hombre les había llamado porque su vecino, a las 5 de la mañana del pasado miércoles, llevaba un rato gritando en su cuarto de baño.

Las autoridades se trasladaron hasta el domicilio del señor, escucharon unos gemidos, tocaron insistentemente a la puerta y al final el hombre esfínter abrió desconcertado, sin saber qué estaba ocurriendo.

Los agentes le explicaron que un vecino había llamado alertado por sus gritos y le preguntaron que a qué obedecían esas voces. El hombre, ni corto ni perezoso (esta expresión seguro que hacía tiempo que no la leíais) les dijo que había sentido la llamada de la naturaleza y había ido al baño a reencontrarse consigo mismo. Vamos, que estaba haciendo caca.

Supongo que ahí la situación se volvió incómoda y los pobres agentes le pidieron que de ahí en adelante sus encuentros con su flora intestinal fueran algo más silenciosos, en la medida de lo posible. Después se fueron y no sabemos si el pobre hombre terminó lo que estaba haciendo o no.

PD: Si alguna vez queréis dar berridos mientras hacéis este tipo de esfuerzos, siempre podréis ir a un baño de 60.000 euros ubicado en una isla deshabitada

Construirán un baño de 60.000 euros en una isla deshabitada

Los baños solo traen problemas. Hace no demasiado estaba tomando algo con unos amigos en un bar y tuve que ir al servicio. Me detuve frente a las puertas para saber cuál era el mío y los dibujos eran un pez y un pulpo. ¡¡UN PEZ Y UN PULPO!! ¿Qué demonios soy yo? Pues como no lo tengo claro entré al de la derecha, y había una chica. “Ups, error”, pensé. Salí y fui al otro. Estaba vacío (¡BIEN!). No habían pasado ni 30 segundos cuando una muchacha aporreaba la puerta: “¡¡¡Eh, sal, que esto es el baño de mujeres!!!”. Terminé, salí, me disculpé, me pregunté qué demonios hacía la otra zagala en el baño de chicos y concluí que ella, como yo, no debía de tener claro si era pulpo o pez, y entró al primero que pilló. Con lo fácil que es poner “Caballeros” y “Señoras”.

Por eso, porque los baños solo traen problemas, no entiendo que en la pequeña isla de Handa, en Escocia (sin tilde en la “i”, no me seáis graciosos), quieran poner uno que les cuesta 50.000 libras (unos 60.000 euros). Sobre todo, estando la isla como está: deshabitada. El tiempo es tan desapacible en Handa (ni que en el resto de Escocia fuera una maravilla, vamos) que durante seis meses allí no se acerca nadie. Y cuando digo nadie es nadie, ni Goku con la nube mágica, ni Vegeta teletransportándose. Nadie de nadie, no sé si me explico.

Los otros seis meses tampoco tiene habitantes, pero sí turistas (como si fuera la isla de Benidorm), que van a ver la rica fauna y flora de la zona (esto ya no es como la isla de Benidorm: allí se va a comer paella y a ver gallos, pero la flora y la fauna está en las discotecas los sábados por la noche). El problema, porque las autoridades han entendido que era un problema, es que hasta ahora en Handa, si querías evacuar, ya fuera poco o mucho, tenías que buscarte un rincón íntimo, como si estuvieras en la isla de Supervivientes. De ahí la idea de construir un baño público.

Ahora bien, en Handa hay un aseo, que actualmente usan los voluntarios que te enseñan lo que puedes hacer y lo que debes ver de la isla. “¿No vale ése, Bec?”, preguntaréis. Pues no, hombre, no mucho, y menos teniendo en cuenta que la visitan 6.000 turistas en verano para observar su variedad de aves. Si en los bares después del tercer visitante está el baño que da pena, imaginad ahí… y más aún si es el cuarto de baño de los trabajadores… que no, hombre, que no. Lo que les faltaba a los pobres, que no tienen televisión y se las ven y se las desean para coger algo de cobertura con el móvil.

“¿Y por qué demonios es tan caro, Bec? ¿También tienes una razón para eso?” Bueno… para que os hagáis una idea: no hay electricidad ni agua corriente y los vientos que azotan la isla obligarán a David Sommerville, arquitecto responsable de la obra y que lleva cinco años trabajando en el proyecto, a inventarse algo. La solución será, según parece, meter el baño bajo tierra (un poquito, no os asustéis), utilizar acero y echar serrín para tapar cada regalo que la madre naturaleza le haga a través de nosotros.

Ale, muchachos, para que luego digáis que no os doy razones para viajar en verano. Ahí tenéis mi recomendación: una visita a la isla de Handa, pequeñita, coqueta y con un montón de aves por descubrir. Y si no os convence nada de eso, igual os motiva echar un pis en un baño de 60.000 euros, para ver si se siente algo distinto. Dicho lo cual, yo antes de entrar miraría si en la puerta hay pulpo o pez… por si las moscas.

PD: Si todo esto os parece irrelevante, no os perdáis lo que me pasó mi amigo y viñetista @juancmarti. ¡¡Un perro colándose en un reportaje de la Casa Blanca!! Nosotros hacemos periodismo extremo y de calidad, pero nadie nos lo agradece.

Poemas para leer en el baño

Poneos en situación. Tú estás tan tranquilo en tu casa y de repente te entra un apretón. ¡¡Corre al baño!! Claro, en esas circunstancias, es posible que no te hayas llevado lectura alguna, y que el móvil, tan recurrido para echarse una partida rápida, se haya quedado en la chaqueta, o encima de la mesa.

Pues ahí llega la poesía de váter. Según un estudio de un centro de investigación japonés que recogía la agencia Reuters, colocar un “poema” a la altura de la vista de una persona sentada en la taza puede reducir el gasto de papel higiénico hasta un 20%. En Japón, que están muy concienciados con el cambio climático, quieren aprovecharlo para reducir el uso de papel. Yo, que soy más borrico y entiendo menos, quiero usarlo para que el tiempo se pase más rápido cuando estás en el trono.

Los poemas experimentales usados en Japón decían algo así como “este papel se encontrará contigo sólo un momento”, “dobla el papel una y otra vez” o “ama el w.c.”.

Eso los japoneses, que son gente muy particular. Aquí en España, creo que tendrían que ir más por la línea de “caga contento, pero caga dentro” (quien haya estado en una estación de tren puede hacerse una idea de lo que hablo) o “el mayor placer, después de comer”.

(FOTO: Obra maestra de pulguita)