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El banco le insulta en una carta

Nos hemos acostumbrado a que los bancos no nos den créditos, a que nos hagan la puñeta con la hipoteca, a que nos cobren las comisiones que les da la gana y a que si te dejas a deber un euro te monten la marimorena. Sin embargo, hasta ahora se dirigían a nosotros de forma respetuosa, usando “estimado cliente” y mentiras de ese estilo, algo que puede estar a punto de acabar.

Quién sabe si la primera víctima de muchas será Steve Smith, un británico de 40 años, a quien el banco Halifax le mandó una carta en la que le decía algo así como “Querido Vete a la mierda, ¿le gustaría tener una cuenta con nosotros?”. Quizás la culpa es mía, lo sé. No debí mencionar en el post del jueves aquello de Antonio Gilipollas Caraculo, pero entendedme, no sabía que iba a desembocar en esto.

Al parecer, a Steve le enviaron una carta ofreciéndole una tarjeta de crédito, pero en lugar de dirigirla a Steve Smith, lo hicieron a “Fuck off” (que viene a traducirse como “vete a la mierda” o similares), algo que si es una estrategia de márketing deja bastante que desear. Cuenta este hombre, de un modo quizás algo ventajista, que había estado pensando de cambiar su cuenta a ese banco, pero que ahora “no hay manera de que lo vaya a hacer”, según recoge la prensa local.

El hombre está indignado, tanto que casi le dan ganas de acampar. Además dice que se alegra de que su hija tenga cuatro meses y no cuatro años “para que no tenga que leer ese tipo de cosas”.

Desde el banco le dijeron que seguramente habría sido obra de un empleado que se la estuviera jugando a la compañía (¿qué le iban a decir? Hombre, dinero gratis no le iban a dar). Posteriormente, un portavoz aseguró que le pedirían perdón. La cosa, ya os lo digo yo, se va a quedar ahí.

A mí no me haría ninguna gracia recibir una carta de un banco que no es el mío mandándome a… bueno, ya sabéis. En cualquier caso, es difícil recibir más que una disculpa por su parte, sobre todo en un caso como el de Steve, en cuya carta el único dato correcto era la dirección.

PD: ¿Qué haríais vosotros si os pasara una cosa así?

El robo de un banco se va al garete porque el ladrón tiene mala letra

Supongo que recordáis la entrevista a Mariano Rajoy en la que el líder del PP tuvo un lapsus y fue incapaz de entender lo que había escrito en un papel. Muchos nos hemos visto en esa situación, ¿verdad? Tenemos una letra tan horrible que anotas un teléfono y no distingues el 8 del 6, el 1 del 7, la “n” de la “m” o qué sé yo.

Precisamente por eso, porque tenemos mala letra, cuando queremos que se nos entienda escribimos a máquina, o con recortes de revistas para pedir un rescate. Precisamente por eso ni a Rajoy ni a mí se nos ocurriría ir a atracar un banco con una nota escrita por nosotros en la que ponga: “Esto es un atraco, deme todo el dinero”.

Sin embargo, no todo el mundo es así. En el grupo de “personas que no saben que necesitan una clase de caligrafía” encontramos a Thomas Love, que decidió atracar el banco WSFS de New Castle, Delaware (Estados Unidos), plantándose en la sucursal y entregando una nota escrita por él en la que pedía que le dieran todo el dinero.

La persona que le atendió recibió la nota, la leyó, no entendió nada y se la devolvió, según cuenta la prensa local. Entonces le pidió que volviera a escribirlo porque no lo entendía. Ahí había empezado el atraco y ahí acababa también, porque nuestro ladrón decidió abandonar el banco con las manos vacías ante su falta de comunicación con el trabajador.

¿Cómo es posible que le detuvieran entonces? Pues porque los empleados empezaron a elucubrar y dedujeron que se trataba de un atraco, llamaron a la Policía, dieron una descripción de Love y los agentes le detuvieron. Estaba desarmado y había tirado la nota a la basura. Descifraron parte del contenido y, efectivamente, parecía un atraco (raro, pero un atraco).

Este tipo de situaciones en el fondo me dan lástima, lo confieso. El hombre va desarmado, nadie le entiende, no logra nada, le detienen y encima se ríen de él. Dicen desde la Policía que les llegan muchas notas “pero ninguna ilegible” y bromean con que “hubo que llamar a expertos en jeroglíficos”.

Sé que parece el guión de una película… pues bien, no lo copiéis porque la idea ya la cogió Woody Allen en Toma el dinero y corre.

PD: Unos cuadernillos Rubio en la infancia le habrían evitado la detención por intento de robo.

Roba un dólar y se deja detener: quería ir a la cárcel para tener médico

BecConsejo: “Hay razones especialmente buenas”

La cosa está malita en todos lados. Está pachucha aquí, pero aún tenemos la Seguridad Social (con sus más y sus menos), pero pensad en Estados Unidos… bueno, ahora es pronto. Pensad cuando acabe la historia, que se parece (como bien me dice @juancmarti) a un cuento de O. Henry.

James Verone es un parado de Gastonia (Carolina del Norte) con problemas en el pecho, en la columna vertebral y en uno de sus pies. Dado su estatus de desempleado no puede permitirse el acceso a una asistencia médica adecuada y pensó que en la cárcel si cuidarían de su pecho y su espalda como él merecía.

Por eso atracó un banco. Si esto no fuera el blog del becario, si no hubieseis leído el titular, quizás habríais creido que con el dineral recaudado pretendía irse a las islas Salomón y pagarse un médico privado. Difícil está el asunto teniendo en cuenta que robó un dólar (no llega a un euro).

Os cuento: James entró al banco y aseguró estar armado. Entonces exigió que se le entregara un dólar y se sentó en un sofá a esperar a que llegara la Policía. Cuando los agentes alcanzaron la entidad bancaria y cachearon a James comprobaron (no sé si con desazón) que no había arma alguna, según publica la prensa estadounidense.

Dice que la cantidad del robo era una forma de recalcar que a él, más que dinero, lo que le hace falta es un médico. Sin embargo, el hecho de robar un dólar y encima sin arma (¿sin arma? ¡Chico, que estás en los EE UU!) le va a traer consecuencias negativas.

Él esperaba pasar tres añitos en prisión, bien atendido en comparación a cómo lo estaba siendo fuera de la cárcel, pero por robar tan poquito dinero y encima desarmado (desarmado… a quién se le ocurre ir desarmado en EE UU) solo pasará un año entre rejas, bastante lejos de sus expectativas.

PD: La nota que le dio al del banco decía algo así como “esto es un robo, por favor entregue solo un dólar”. Si es que los buenos nunca tienen suerte…

El colmo de la tacañería: China instala bancos con pinchos

BecConsejo: “Guarda aire en una caja, por si acaso algún día deciden cobrar por respirar”

¿Te imaginas tener que pagar por sentarte en un banco de la calle? Es de esas cosas que uno no sabe si son ciertas o no, que después de leerlas las revisa porque parece imposible que ningún dirigente haya llegado a ese extremo. Sin embargo, parece que ha ocurrido… en China, que es lo que a uno le hace dudar.

Y dudo no porque en China no pasen cosas raras, que pasan, sino porque como está tan lejos muchas veces decimos cosas por decir, en plan: “Bah, es China… primero tienes que ir, que te dejen pasar, buscar el sitio, encontrarlo, preguntar, que te entiendan… casi que no lo comprobamos in situ“.

Yo os voy a contar lo que se ha publicado al respecto en medios anglosajones (mi nivel de chino es bajo-nulo, mil peldones -sí, admito que no es un chiste muy ingenioso-). Al parecer, se trata de un banco con pinchos (bueno, pinchos… más bien pinchitos) que fue una obra del artista alemán Fabian Brunsing para protestar por la privatización de los bienes públicos.

Mira tú por dónde, alguien en China debió pensar… esto es una ideaca. Cobramos 50 céntimos (bueno, haced la conversión a yuanes si tenéis mucho interés) por sentarse y ya está, con todos los que somos fijo que nos forramos.

El funcionamiento es sencillo: echas la moneda, los pinchitos se bajan, te sientas, y 30 segundos antes de que vuelvan a subir el aparato avisa (supongo que será un pitido y no un “oye, hombre sedentario, ¿no crees que es momento de levantarse?”). Entonces tú decides: otra moneda, un paseo… o estar sentado al estilo fakir, si no te molesta mucho (o si por alguna oscura razón incluso te gusta).

Según publican varios medios de Estados Unidos y Reino Unido (donde sí saben chino, no como yo), estos bancos serán instalados en el Parque de Yantai, en la provincia de Shangdong (por si ahora no os ubicáis… está en el este del país).

Dicen que los parques chinos se llenan durante los fines de semana de la gente de ciudad que huye del mundanal ruido (algo parecido a lo que ocurría en Quahog con el cambio de la hoja) y la solución a esta afluencia masiva es… poner pinchitos en los bancos.

Todo parece indicar que los responsables del parque alegan que “tienen que asegurarse de que las instalaciones se reparten de manera justa”.

PD: No sé, no sé… me sigue oliendo un poco a chamusquina…

PD2: Sé que últimamente abuso de los paréntesis (mil perdones).

PD3: ¿Por qué digo que es posible que sea cierto? Bueno, teniendo en cuenta que en China hay gente que pide un novio y consigue miles de pretendientes, que con 101 años te puede salir un cuerno de 6 centímetros, que puedes ser adicta al tabaco y a la cerveza con 3 años, que puedes pasar más de 24 meses viviendo en una cabina o que, si te apetece, puedes ir al bar de Friends… pues qué queréis que os diga. Lo del banco me parece casi normal.

Hoy hace un año

Prácticas peligrosas

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La historia del banco de Bender

BecConsejo: “Mientras ellos se vean guapos… déjalos que vayan así”

Hoy os traigo una historia un poco antigua, pero que con un poco de suerte no conoceréis, como me ocurría a mí, y que quizás os impresione tanto como a un servidor.

En Madrid hay muchos bancos para sentarse y aquí en el Mediterráneo también, pero son bancos sin más, de madera o metálicos, sí, bancos en los que uno no se fija. Simplemente están ahí y nadie les da ninguna importancia.

Sin embargo, no en todos sitios es así. En el Fletcher Moss Gardens de Didsbury (Manchester, Reino Unido) hay uno que capta la atención de todos los viandantes. Éste, concretamente:

Su elaboración, según leo en la prensa británica, costó algo más de 3.000 euros, y la historia que hay tras él es realmente conmovedora.

El banco de madera es un homenaje a Rory McGowan, un adolescente que murió atropellado en 2004 cuando sólo tenía 17 años. Desde la tragedia, familiares y amigos recaudaron fondos (gran parte de ellos recogidos por los compañeros de clase, que organizaron varios actos benéficos) para construir algo que recordara al joven Rory… y la cosa acabó en esta obra de arte.

El escultor Jason Thompson realizó el banco, que está decorado con grabados de animales y alguna que otra sorpresa, como las dos gárgolas que hacen de brazos. A mí, particularmente, la parte que más me gusta es el Bender montado en el búho-dragón. La razón de ese Bender (el robot borracho de Futurama), es que para la creación del banco se tuvieron en cuenta algunos de los libros favoritos de Rory, así como sus series preferidas.

La ubicación tampoco fue casual. El parque que acoge el banco era uno de los lugares favoritos de Rory, conocido por sus buenas notas, su talento para la música y sus esfuerzos en la recaudación de fondos para un hospital.

PD: ¿Conocíais la historia?

(FOTOS: Chaymation)

Roba un banco, pero se deja la cartera dentro y le detienen

Los ladrones torpes son una de mis devociones, ya lo sabéis. De hecho, cualquier día de éstos preparo una encuesta para que me digáis cuál de todos los que han pasado por aquí (el de hoy creo que es el cuarto) os parece el más torpe de todos.

El protagonista de nuestra historia se llama Albert Vicent Perkins, tiene 39 años y es natural de Kansas (Estados Unidos).

Como todos los ladrones torpes, Albert no ha nacido para ser un delincuente. Cuando Dios estaba repartiendo los dones él estaba distraido, hablando con los amigos, y cuando se quiso dar cuenta ya no quedaba prácticamente ninguno. Compró el don de ladrón en el mercado negro y le estafaron. Os cuento por qué:

Entró al banco el jueves pasado y exigió a una pobre empleada que le entregara todo lo que tuviera en billetes de 100. En total, 3.100 dolares (más de 2.200 euros). Seguramente lo habría visto en una película…

Lo que el pobre no pensó es que con todo el trajín del robobo de los dodolares se iba a dejar la cartera con todos sus carnés dentro. Claro, cuando llegó la Policía, además de partirse de risa, enseñó las imágenes a los empleados que lo reconocieron.

No tardaron mucho en localizarle e, inmediatamente, fue detenido. Robas un banco, pero te dejas grabar por las cámaras y olvidas tu cartera en el edificio. Hasta el jefe Wiggum te habría atrapado, Albert.

Aquí os dejo el vídeo en el que los informativos de Kansas cuentan lo que pasó (está en inglés, pero se entiende bastante bien):

PD: Os recomiendo encarecidamente que veáis el vídeo. Sólo por la publicidad del principio (la de los exterminadores, Dios quiera y no la hayan cambiado cuando publique) merece la pena. Luego casi mejor que cerréis la ventana porque a veces da problemas, al menos en Firefox.

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