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Si comes palomitas en el cine te haces inmune a los anuncios

Hace mucho que no os traía una de esas investigaciones que hacen las universidades no sé muy bien para qué. Eso sí, me alegro por los grupos de profesionales que tienen trabajo gracias a ellas. La de hoy versa sobre los poderes casi ‘hipnóticos’ de las palomitas para pasar olímpicamente de los anuncios que ofrecen los cines antes de la proyección de las películas. Las agencias de publicidad tienen que estar que trinan, tango gasto para que un simple aperitivo de maíz arruine toda su inversión.

Foto: FLICKR / pahuer

Foto: FLICKR / pahuer

Según el estudio realizado por la Universidad de Colonia y publicado en el Journal of Consumer Psychology, la razón por la cual los anuncios influyen subliminalmente en nuestro cerebro es porque los labios y lengua automáticamente estimulan la pronunciación de un nuevo nombre cuando lo escuchamos por primera vez. Sin embargo, este tipo de mecanismo para activar el cerebro puede ser interrumpido de forma drástica si el individuo en cuestión esta masticando un alimento. Vamos, que pueden ser palomitas, nachos, gominolas o un chicle, lo importante es darle a la mandíbula.

Los investigadores se decantaron por el maíz inflado porque es la comida más consumida en los cines. Para la prueba reunieron a un grupo de 96 personas en una sala de proyección y vieron muchos anuncios. La mitad de los participantes con un gran cubo palomitas y la otra mitad sin nada que llevarse a la boca.

Los resultados del sondeo fueron concluyentes: todos los que comieron maíz no recordaban casi nada de la publicidad. En cambio, el grupo contrario tenía muy fresco en su memoria muchos de los mensajes subliminales. Así que si vuestra mente no está preparada para soportar un bombardeo de promocionales, dadle a la palomita sin pudor (abstenerse personas preocupadas con guardar la línea :)).

PD. ¿Sucederá lo mismo si la publicidad es de palomitas? Gracias a Goretti Boira por dejar esta divertida reflexión en mi Facebook.

¿Pagarías por anunciarte en un rollo de papel higiénico?

Mis padres no lo saben, pero era imposible que yo terminara siendo alguien de provecho. Acumulo en mi cabeza demasiado contenido irrelevante que me lastra a la hora de aprender cosas importantes. Probablemente, este post es una de las mejores muestras de ello.

Si tu reloj biológico funciona bien, probablemente vas una vez al día (al menos) a meditar al baño. Si no eres alguien previsor, es probable que un alto porcentaje de esas veces vayas a pecho descubierto, sin nada que echarte a los ojos. Es por eso que, si no me fallan los cálculos, te sabrás de carrerilla gran parte de los componentes del champú, del gel y de los productos de cosmética que usa tu madre.

Para eso inventaron una solución, aquello que os contaba en 2009 y que llamamos poesía de váter: unos pequeños textos al alcance de la mano del ejecutor que, teóricamente, reducían el gasto de papel higiénico. Pero los hay que no quedan satisfechos con eso, y quizás por esta razón, dos hermanos estadounidenses han inventado la “publicidad en el rollo de papel higiénico” o, lo que es lo mismo, anúnciese aquí, antes de que todo se vaya a la mierda anuncios perecederos para momentos íntimos.

Muchos diréis que este invento es inútil, y aquí es donde sale a relucir otro ejemplo más de mi conocimiento basura, cuando os cuento que hay gente que siente verdadera devoción por la publicidad. Me viene a la cabeza, así a bote pronto, un capítulo de la serie Canguros, en la que un niño dejaba con la cabeza como un bombo a Maribel Verdú porque la tuvo horas y horas viendo anuncios. Resulta que sus padres no le dejaban ver la tele y él decía que leyendo la guía de programación se hacía una idea de los programas, pero no de los anuncios. (Esto pasó en los años 1994-1996, yo no he vuelto a ver la serie, aquel capítulo lo vi una vez… y aún sigue vagando por mi memoria, ésa que se niega a recordar en qué año fue la guerra de Cuba). Hay gente a la que le gusta la publicidad, insisto.

Volviendo al invento, me gustaría contaros que los creadores son Bryan y Jordan Silverman, y que el papel puede incluir, además de anuncios tradicionales, cupones de descuento (no me hago cargo del estado en el que lleguen) y códigos para que los lean los smartphones, según recoge la prensa local.

Quizás la idea parece loca, pero tiene un sinfín de posibilidades. Puede que no para un domicilio particular, pero… ¿habéis pensado en los bares de carretera? La diferencia entre parar y no parar en uno puede estar en los cupones de descuento que te ofrezcan escondidos en el rollo de papel higiénico.

La iniciativa ha sido acogida con furor y escepticismo a partes iguales. Los hay que están encantados con el proyecto y otros que creen que es una… bah, no voy a hacer el chiste fácil… digo que los hay que consideran que no es lo suficientemente bueno como para ganar el concurso de emprendedores para el que son finalistas.

PD: Si alguien tiene preguntas… la tinta no es dañina, el papel es reciclado y, salvo los anuncios, guarda pocas diferencias con el papel tradicional.