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¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

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Reivindicación de la novela

“¿No son demasiadas novelas para un periodista? ¿No lees ensayo, poesía o biografía, Arsenio? Recuerda aquello que decía Pla: después de los treinta leer novelas es de cretinos…”, comentaba un lector de este blog en el post del 1 de mayo pasado en el que os conté los libros con los que ando estos días.

Sí, amigo, leo también ensayo, poesía (mucha, bien lo saben quienes frecuentan mucho este sitio) o biografía. Pero leo sobre todo novela, y no tengo por ello ningún sentimiento de culpa, de mala conciencia o de dejación de funciones como periodista, créeme. Con El gran arte, de Fonseca (ya la he acabado, no es la mejor de las suyas), uno aprende tanto sobre Brasil como con las crónicas o reportajes de Bernardo Gutiérrez o de Juan Arias, que suelen ser magníficos. Con Siete casas en Francia, la última de Atxaga (ya la he leído también, tampoco es en mi opinión la mejor de sus obras), he sabido más sobre Leopoldo II de Bélgica y su bárbara colonización y explotación del Congo que en el año que pasé, a mediados de los años ochenta, estudiando política africana en el IEPALA (hubo un tiempo en que me preparé para irme de periodista al África subsahariana, hasta estudié swahili).

En cuanto a la frase de Pla, amigo comentarista, creo que es una rabieta del viejo cascarrabias. Pla, a quien admiro mucho, a quien pondría entre mis diez escritores favoritos, a quien siempre tengo a mano, nunca escribió una buena novela (sólo Viaje en autobús, y para él no era novela). Sangraba por la herida.

De David Trueba a Bernardo Atxaga

He leído últimamente dos libros muy recomendables: Anatomía de un instante, de Javier Cercas (Mondadori), del que ya os conté aquí, y Cuando leas esta carta, yo habré muerto, de Agustín García Simón (Siruela). Este último, una docena de cuentos -para mayores- que trascurren en una Castilla desolada a la que mi amigo Agustín (lo somos desde hace 30 años) retrata con la precisión de un entomólogo y la sensibilidad de un músico. Me han gustado especialmente los de Hontanalta, una de las partes del libro. En algún momento los relatos parecen los de un Luis Mateo Díez menos misericorde.

Hace unos días, fui a la Casa del Libro de Gran Vía y compré éstos, para las próximas semanas: Sal, de Manuel García Rubio (Lengua de Trapo); El gran arte, de Rubem Fonseca ((Txalaparta); Saber perder, de David Trueba (Anagrama); La contravida, de Philip Roth (Debolsillo); Los que van a morir te saludan, de Fred Vargas (Punto de Lectura), y Siete casas en Francia, de Bernardo Atxaga (Alfaguara). Ya he comenzado algunos, ya os contaré.