¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

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De Enron a Martinsa

Vi anoche en la televisión por cable Enron, los tipos que estafaron a América, un largo y prolijo documental de Alex Gibney que relata con la fuerza de una ficción el fraude gigantesco montado por Kenneth Lay y Jeffrey Skilling (y el director financiero, Andy Fastow, experto en contabilidad creativa y en anotar ganancias ficticias), con la complicidad de firmas de auditoría como Arthur Andersen, la ayuda y la avaricia de los principales bancos de inversión, la benevolencia de políticos como los Bush, padre e hijo, y el mirar para otro lado de parte de la prensa financiera.

El caso Enron acabó con los empleos de 21.000 personas y con los ahorros de toda su vida de docenas de miles de inversores y de pensionistas.

La película es ejemplar, debieran ponerla a diario en las escuelas de negocios y en las facultades de periodismo y, al menos una vez por temporada, en prime time en las televisiones generalistas. Si la hubiéramos visto cuando se hizo, hace ya tres años, la crisis financiera y económica de este otoño nos habría pillado a todos bastante menos desprevenidos.

Tenía aún las imágenes en la retina cuando he visto esta mañana que El País abre la portada impresa con una información titulada: “Martinsa infló el valor de los terrenos hasta un 19.000%”. Dice en un párrafo:

“Un terreno en Guanarteme (Las Palmas) que en las cuentas de Fadesa valía un millón de euros pasó por obra y gracia de un apunte contable a valer 170 millones en las de Martinsa-Fadesa. Otro solar de Culleredo (A Coruña) de millón y medio de euros pasó de un día para otro a figurar en la contabilidad de Martinsa por 84 millones. Una finca de Puerto Real (Cádiz) pasó de valer 336.000 euros a 65 millones, con una revalorización de más del 19.000%”.

Y más adelante, atención:

“Martinsa-Fadesa no actuó sola. Las revalorizaciones contables de vértigo se basaron en un informe de Tasamadrid, filial al 100% de Caja Madrid, el principal acreedor de la inmobiliaria, si bien el informe de dicha tasadora contenía mucha letra pequeña que relativizaba el alcance de su tasación, sujeta a hipótesis de incierto cumplimiento facilitadas por la propia compañía.

El auditor, Ernst & Young, también dio por buenas esas revalorizaciones contables, de modo que Martinsa-Fadesa, protagonista del mayor concurso de acreedores de la historia empresarial española con un pasivo de unos 7.200 millones de euros, fue una de las pocas inmobiliarias cotizadas que logró un informe de auditoría limpio en 2007″.

Nos suena todo, ¿no?

Tras Martinsa, quizás un banco o una caja

El ladrillazo que nos infló el PIB y que ahora nos lo pincha se sustentó en tres grandes agentes: las administraciones públicas (sobre todo, ayuntamientos), las empresas inmobiliarias y las entidades financieras.

Las administraciones públicas fueron las primeras en tambalearse (su big bang fue Marbella), y ya tienen a cientos de alcaldes, ex alcaldes, concejales, ex concejales y altos cargos municipales desfilando por los juzgados, y a algunos por los patios de las cárceles.

La primera gran explosión de las inmobiliarias la protagonizó Martinsa Fadesa hace apenas una semana. Le seguirán probablemente otras explosiones en el sector, algunas quizás tan cuantiosas como la de la compañía de Fernando Martín.

Ahora sólo nos queda por ver qué entidad financiera (banco o más probablemente caja de ahorros) es la primera en explotar. Puede ser inminente. La banca acostumbra a hacer sus crisis y sus catarsis en periodos vacacionales, quizás para que se noten menos. Banesto hizo catacrash en plenas navidades, un día de los Inocentes, si no recuerdo mal. Y las subprime estallaron el año pasado durante el ferragosto.