Arquitectación Arquitectación

Si la arquitectura te rodea, deberías empezar a fijarte en ella

Archivo de julio, 2013

Bjarke Ingels, el chico bueno de la arquitectura danesa

Estos días he tenido cierta actividad tuitera. Algunos apreciados compañeros virtuales (solo los conozco en píldoras de 140 caracteres) comentaban las virtudes o dudaban del verdadero valor de un arquitecto que ha navegado cómodamente por la cresta de la ola en los últimos años, Bjarke Ingels, más conocido por el nombre de su oficina BIG.

Hoy me voy a centrar en ese personaje aparentemente salido de un cuento nórdico con su cara de niño bueno y su flequillete rubio rampando por los mundos de la arquitectura y provocando odios y admiración a partes iguales. La indiferencia sería mucho peor.

Si algo le reconozco al bueno de Bjarke es la capacidad de vender su arquitectura y su discurso con la normalidad y tranquilidad de un buhonero itinerante y la soltura de un monologuista experimentado. Esto, que dicho así puede parecer un comentarios despectivo, es sin embargo un homenaje a la virtud no muy extendida en la profesión de convencer con el discurso. Si la verborrea desatada y la capacidad de hablar mucho diciendo poco adorna a muchas de nuestras arquiestrellas, pocas son capaces de transmitir sensaciones en el oyente y poquísimas las que ademas son capaces de no estropearlo al proyectar las imágenes de sus obras.

Por mi parte, procuro no ser ni pro ni contra determinado arquitecto,- salvo con alguna persa excepción – pues creo que es imposible realizar todos los trabajos con el mismo nivel de calidad o de intensidad arquitectónica, sin embargo, si creo que es deseable un grado de coherencia que haga que el trabajo de una vida profesional pueda llamarse obra y no una serie deshilvanada de encargos más o menos bien resueltos.

En este caso, no me queda más que rendirme ante el siguiente monologo del inefable y rubicundo Bjarke. Estés a favor o en contra de su arquitectura merece la pena si tienes unos minutos ver con detenimiento el vídeo. A este humilde escribano le ha convencido aunque los proyectos que presenta no lo hagan del todo ¿Cómo es posible todo al mismo tiempo? Tendrás que ver el vídeo, pequeño arquipadawan.

 

 

 

Nota del arquitectador:  Convencido estoy de que el discurso le funciona porque es un danés pajizo, todo esto lo dices con acento de Cadíz a un promotor de la costa y no haces un adosado ni en maqueta.

 

 

Decálogo del arquitecto que se presenta a concursos

Son muchas las cosas que se desconocen sobre esta profesión nuestra. Una de ellas es el proceso de presentación a concursos para optar a trabajo.

Si es duro levantarse para acudir a un puesto de trabajo en el que cambias tu tiempo y aptitudes a cambio de unas monedas para sobrevivir, no me atrevo a calificar el hecho de trabajar durante jornadas extenuantes para optar a un encargo, compitiendo con unos centenares de oponent….compañeros y con muchas opciones a no ser siquiera reconocido. Tiempo gratis, trabajo gratis, vida gratis. Sin embargo, nos da la oportunidad de desarrollar un trabajo creativo que en los encargos habituales no siempre es fácil de encajar. Por eso nos seguimos presentando a estas fruslerías que nos da la vida, porque nos divierte y nos hace mantenernos activos.

nicholson copia

Reconocer a este espécimen de nuestra fauna es fácil. Ojos vidriosos, falta de sueño, irascibilidad, palabras entrecortadas, consumo a todas luces excesivo de cualquier cosa que lleve cafeína, tics nerviosos. Lo difícil es para ellos mismos ver en que se están -nos estamos- convirtiendo. Para ellos, -para nosotros- pongo aquí este pequeño decálogo de síntomas que ayuden a reconocer al arquitecto trabajando en el concurso de su vida. Otra vez. Como el anterior, y el otro:

 

1º.-Tienes varias ideas “geniales” al día, que desechas al día siguiente. En una segunda fase te parecerán horribles esta misma tarde.

2º.-Hablas mucho de tus ideas pero sin decir de que se tratan, no te las vayan a copiar. Lloras. Nadie te quiere copiar. Miras por encima de tu hombro por si acaso.

3º.-Miras libros y piensas que todo lo que ves en ellos, era justo lo que se te hubiera ocurrido a ti si no fuera por que estás superocupado mirando libros.

4º.-Miras con recelo a todo aquel arquitecto sospechoso de presentarse a tu mismo concurso.

5º.-Intentas convencer a tus colegas de que hay un concurso estupendo al que presentarse. Por supuesto es otro diferente al que te presentas tú.

6º.-Calculas las probabilidades de que entre doscientos equipos, el tuyo sea el agraciado con el premio. Lloras. Vuelves a calcularlo.

7º.-Te dices a ti mismo que tu trabajo es bueno, casi genial, pero que si tuvieses un poco más de tiempo lo clavarías sin ningún genero de dudas. Lloras.

8º.-Trabajas en equipo por que alguien tiene que desarrollar tus ideas geniales, no vas a hacerlo tú todo.

9º.-Ves una y otra vez Los inmortales. Ya sabes, solo puede quedar uno y tal.

10º.-Haces decálogos sobre arquitectos que se presentan a concursos y hacen decálogos sobre arquitectos… etc, etc.

Si lo reconoces, si tienes alguno cerca, no hagas ruido, vuelve a calentar esa pizza de ayer, rellénale la taza de café y pon más papeles en blanco a su alcance. En cualquier momento puede tener la idea de su vida o sufrir un ataque. Si al menos fuese lo segundo, alguien lo vería.

Nota del arquitectador: Sí, sí, sí, sí. Cumplo todas. Por cierto, son las 2:07 de la mañana, quizá mañana venga esa idea genial, pero ¿y si me acuesto y llega mientras duermo? Decidido, ¡más café!

La habitación de invitados o cómo arruinar un espacio y una buena amistad

Este fin de semana de comienzo de verano he sido invitado de unos grandes anfitriones. Ellos, como todo buen anfitrión, han puesto su casa a disposición de los advenedizos Gorrónez que hemos dado buena cuenta de sus viandas, disfrutado del confort de sus instalaciones y degustado sus fermentados y destilados con fruición. Esto ha hecho que recuerde algo que escribí en otro tiempo:

Medir la arquitectura residencial en tiempo es una práctica poco habitual, pero que personalmente creo que da un enfoque muy pragmático a lo que va a ser nuestra casa. Un criterio de proporcionalidad entre cantidad y calidad de espacio y tiempo que vamos a pasar en él.

Aquí, habrá quien piense que su cónyuge pasa demasiado tiempo en el baño, y que con estos criterios, su contrario/a, construiría un baño quitando espacio a la cocina y al dormitorio y se dejaría sus buenos denarios en mármoles, espejos y lozas que hiciesen de tan íntimos momentos, un placer de dioses.
Pues no seré yo quien lo niegue, pero sin llegar a eso nos encontramos a menudo con casos en los que la visión directa de la medida tiempo ofrece un catálogo de incongruentes alegrías que nos permitimos en el diseño de nuestra vivienda y que a largo plazo genera espacios vacíos de vida y llenos de trastos o simplemente metros cuadrados sin uso definido, cuando en nuestros quehaceres mundanos precisamos de esos metros y no podemos disponer de ellos.
Me estoy refiriendo a dos elementos, que en las viviendas de 60-100 m2 que podemos habitar (en el mejor de los casos) son, a mi modo de ver, un lujo absurdo y un derroche de metros cuadrados  que no podemos permitirnos: el recibidor y la habitación de invitados.

Reconozco que si el primero me altera los biorritmos e incluso los algoritmos, cuando estoy buscando infructuosamente los metros para que el cliente pueda colocar una nevera como es debido, el segundo hace que me salten las alarmas, tics nerviosos en el párpado y una incontinencia verbal irrefrenable.

 

Os juro por Akhenaton que no he encontrado una foto más apropiada. ¡Lo que me costó decirle que precisaba la habitación para meter trastos!

 

Y es que medido en tiempo, ese famoso dormitorio de invitados, es en el mejor de los casos utilizado un fin de semana cada dos años, lo que supone 2/730= 0.0027 = 0,27% del tiempo de uso, sin embargo, no es descabellado encontrar un dormitorio de 10m2 en una casa de 60 cuyo único uso es ese, es decir 10/60= 16,67% del espacio utilizado en una habitación que no usamos.

Desde mi punto de vista, justificar el 16% del espacio requeriría un 16% del tiempo de uso (o al menos aproximarnos) y eso supone que tener invitados 58 días al año, es decir, dos meses.Y yo comprendo que queráis agasajar a vuestros invitados, pero es que una cama hinchable colocada en un salón que tuviese 10m2 más del que tiene vuestro hogar, es perfectamente asumible, me parece, cuando el uso va a ser tan limitado, y las ventajas de 10 m2 más de casa son, queridos míos, inenarrables.

Nota del arquitectador: El día que tengáis durante 58 días invitado a alguien en casa habréis de asumir que ya dejó de ser invitado y vive allí, por lo que habréis de comunicarle por escrito que ha de participar en los gastos de manutención, comunidad, limpieza y demás. Mano de santo para volver a disponer de esa maldita habitación de invitados y poder seguir acumulando trastos.