En busca de una segunda oportunidad En busca de una segunda oportunidad

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado- 'El Principito'. Antoine de Saint-Exupéry.

Archivo de noviembre, 2018

Necesitamos policías y guardias civiles que se tomen muy en serio la protección animal

Hay muchos desalmados que maltratan animales. Hay muchos desalmados que maltratan personas. Con frecuencia son los mismos. Demasiado a menudo el que empieza dañando sin que le duela la conciencia a un perro o un gato, termina haciendo lo mismo con una persona.

Por eso hay que tomarse muy en serio el maltrato hacia los animales, por eso hay que frenarlo. Por eso y por otros motivos: porque es de ley, porque es de recibo, porque es lo que un buen corazón exige.

Por eso necesitamos que nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad del estado se tomen en serio la protección animal. Todos ellos. Siempre. Son los garantes de la ley y hay leyes que defienden a los animales. Poco más deberíamos decir.

Me consta los muchos magníficos profesionales que hay en la Policía (nacional, autonómicas y municipales) y en la Guardia Civil. Creen en su trabajo y se entregan a él, pese a distintos problemas, falta de recursos, de formación específica incluso.

Conozco y he traído aquí a los que son punta de lanza en este cometido, como Héroes de Cuatro Patas, APDA o la Policía de Logroño, con Eduardo Justa en cabeza, que forma a sus compañeros a este respecto.

Todos hemos visto a las redes sociales de nuestras distintas policías y Guardia Civil denunciar el maltrato y promover una tenencia responsable de animales de compañía con frecuencia y está muy bien. Lo hacen porque creen en ello, porque hay que hacerlo, pero también porque les funciona. Lógico. Los animales nos conmueven a muchos.

No obstante, hay aún mucho trabajo por hacer en el día a día, a pie de calle y de campo.Insisto. Necesitamos que todos los policías y guardias estén formados e implicados en la protección animal. Siempre. Sin mirar a otro lado. Sabiendo cómo actuar en cada caso y siendo conscientes de lo que os contaba al arrancar este contenido, que el maltrato animal suele estar ligado a otros comportamientos delictivos. Y las distintas administraciones públicas tienen gran parte de la responsabilidad en esto.

Reflexionaba sobre todo esto al ver el buen proceder de la Policía de Granada, que ha llegado incluso a la BBC inglesa.

Ahora están buscándole nombre desde Twitter.

Es genial, claro que sí. Solo espero que a partir de ahora ese mirar o recordar a ese nuevo compañero que han rescatado se traduzca en que nunca pasen por alto, disculpen o miren a otro lado ante otros casos de animales sufriendo.

Y gracias por ese proceder ejemplar.

Katia, un desecho de cazador que ha pasado por el infierno, necesita nuestra ayuda

Me escribe la protectora El amigo fiel de Córdoba con una historia de terror. La de dos decenas de perros de caza, de esos grandes olvidados que son los podencos, malviviendo en terribles condiciones.

Hace unos días nos enterábamos de un caso espeluznante, donde una veintena de perros de caza se encontraban en unas condiciones infrahumanas y brutales. Donde el estar comidos por los parásitos, era el menor de los males.

Según nos cuentan, estos animales han sido almacenados a lo largo del tiempo, por un hombre mayor, cazador. Como ya no servían para este negocio y eran desechos de cazadores, el hombre por pena, los iba acumulando… Pero al encontrarse enfermo, ya no podía hacerse cargo de ellos y dejó de ir a este lugar.

Las condiciones son las que se pueden observar. Unas zahúrdas medio derruidas, la mayoría de los perros atados con cadenas, malviviendo a saber cuanto tiempo. Comida mezclada con excrementos. Hembras preñadas, algunos ciegos, ancianos, jóvenes, enfermos, crías… Ni que decir tiene la inexistencia de vacunaciones, desparasitaciones, identificación con microchips, etc. Al ser un caso de cesión voluntaria de la posesión (no hay titularidad) de los animales, no cabe que se solicite el decomiso de los animales.

Las fotos valen para hacerse una idea de las condiciones en las que están estos animales:

Igual que sirve el miedo que tienen ante la presencia del ser humano:

De este calvario, hemos podido rescatar a Katia. Una podenca de unos 7-8 años, recién parida (sin rastro de sus crías), con infección en vagina, mamás, ojos, fiebre. Aún estaba produciendo leche. Por el estado en el que se encuentra, ha tenido que estar pariendo toda su vida, habrá sido madre, abuela, bisabuela… una estampa desoladora al ver a un animal en estado de shock por la miserable vida que ha tenido.

Katia está aterrada, vivía atada a una cadena. Su libración en estos momentos no es comprensible para ella, todo es miedo en ese cuerpo vejado.

Ahora nos queda curarla, tras varias visitas al veterinario lograremos que poco a poco su estado de salud mejore. Se le han hecho dos ecografías y una radiografía, por si tuviera restos del parto que tuvo y estamos a la espera de los resultados de las analíticas. Mientras estará con medicación para las infecciones y para cortarle la leche.

En cuanto esté preparada, tendremos que llevarla a una residencia, no tenemos más opciones. Por lo que pedimos ayuda para ella, necesitamos una adopción, un hogar de acogida para que Katia empiece a confiar en el ser humano y deje atrás estos años de sufrimiento.

Necesitamos también ayuda económica, Katia está fuera del infierno, pero los gastos veterinarios serán elevados y el pago de la residencia no será por corto tiempo, es una podenca mayor y esto es sinónimo de invisibilidad.

Ni decir que tiene, que no podemos olvidar a los pobres que quedan en ese lugar (solo unos cuantos se han sacado de allí). Si tenemos opciones, podremos rescatar a otro más, pero la realidad es que es imposible hacer frente sin ayuda, tanto para acogidas como para afrontar el gasto que supone.

Mas información: informacion@elamigofielcordoba.org

En huelga de hambre por los animales de Vícar, Almería

El texto de hoy no es mío, pertenece a Miguel Ángel Reinoso, que está ya en su séptimo día en huelga de hambre. Le ofrecí mi blog para contarlo porque este espacio lo concebí desde el primer momento precisamente como un altavoz para aquel que lo necesitase.

Os dejo con su escrito, con un grito des depredo pidiendo lo que es de ley, que la administración se involucre, que asuma su responsabilidad.

Me llamo Miguel Ángel Reinoso Hidalgo, soy el presidente de Vícar Can Felina Red Solidaria, una pequeña asociación protectora de animales de Vícar, Almería.

En primer lugar quiero darle las gracias por el interés mostrado. Hoy es mi quinto día en huelga de hambre (solo estoy ingiriendo suero) y las fuerzas ya flaquean.

He comenzado esta huelga porque llevo demasiado tiempo exigiendo a la Administración (en mi caso al ayuntamiento de Vícar) que cumpla con la que es su obligación: luchar contra el maltrato animal y el abandono en uno de los municipios de España con la mayor tasa de abandono. En estos años de lucha sólo he obtenido la callada por respuesta o que se me niegue la palabra en los plenos, entre otras cosas. Y ahí sigo junto a mis compañeros, haciendo una labor que deberían hacer las administraciones, rescatando animales como los que voy a mencionar:

Luz, pitbull abandonada y atada en la puerta de la guardería de Las Cabañuelas de Vicar, su cuerpo envuelto en una manta de garrapatas. Desde las siete de la mañana se estuvo llamando al Ayuntamiento. No daban señales de nada, y las madres pasando con sus hijos a la guardería.

Theo, galgo de la asociación que estaba a escasos metros de la persona que lo llevaba, con chapa y chip y se lo llevan a un sitio que no cumple requisitos para tener animales. Nadie del Ayuntamiento avisó a Vicar can felina de que lo tenían ellos. Se recuperó por una persona que vio donde lo encerraron.

Coco, border collie de diez años, encerrado en una jaula al lado del zulo donde el Ayuntamiento ha estado metiendo a los perros, con chip, pero sin vacunas y en estado lamentable: uñas largas y retorcidas ya que no lo sacaban a pasear, y no se gastaban, con trozos de pan con moho de comida. La piel en malas condiciones. Nadie del Ayuntamiento hace nada por Coco.

Dana, podenca canaria a la que habían atropellado hacía un año y partida la pata, la tenía su dueño en una de las tantas construcciones de madera y chapa donde se tienen animales en malas condiciones. Dana estaba al lado de la Nacional 340, a la salida de la Puebla de Vicar. Sin vacunas, delgada hasta extremos lamentables. Tampoco el Ayuntamiento hace nada. Son solo algunos de los perros que la Asociación Vicar can felina ha recogido. Luz vive con una familia en Vicar.

Theo fue adoptado en Bélgica. Coco está de acogida en una casa de acogida de Vicar can felina. Dana en Madrid. Cada caso que atendemos lleva detrás una inactividad de la Administración de la que estamos muy cansados. Camadas en contenedores, animales en la calle, en las carreteras, animales en zulos las veinticuatro horas del día atados o en malas condiciones, en terrazas o patios todo el día, cría y venta ilegal –en el mercadillo de los domingos particulares venden perros cuyas madres las tienen pariendo-, veinte años presentando propuestas, alegaciones a los presupuestos, mociones al Ayuntamiento de Vicar para intentar al menos bajar este número tan vergonzoso de animales abandonados y maltratados, y esto no cambia nunca.

Salvamos animales en concreto, pero no se lucha contra la raíz, que sigue generando casos y casos cada día. Estamos esterilizando gatos callejeros con el método CES y voluntarios que dan de comer a las colonias, con jaulas trampa que compramos, pero esto es como si un médico intentase curar solo a todos los enfermos de todo un país como Etiopía.

En comparación con todo lo que hay en el municipio, llegamos a un tanto por ciento muy pequeño. Llegamos a donde nuestros escasos recursos y esfuerzo humano puede llegar.

Todos los días recibimos mensajes en nuestro página de facebook, mensajes que muchos de ellos no tenemos tiempo de contestar, de animales abandonados, de que nadie hace nada por ellos a pesar de haber dado aviso.

Somos unas pocas personas con nuestras familias, trabajo, compromisos. A pesar de eso decidimos voluntariamente “donar” parte de nuestras vidas a esta causa.

Quien legalmente debe hacerlo no nos escucha, y veinte años sin escuchar ya duele. No podemos cada cuatro años salir en la foto, prometer, hacer un folleto y desaparecer.

Hace tiempo que vamos tarde con este problema. Hace tiempo que demasiados animales sufren y mueren. Hace tiempo que es demasiado tiempo. Esto lo vivimos cada día en Vicar, pero por desgracia Vicar no tiene la exclusividad.

Cientos de personas viven lo mismo en cada municipio de esta provincia, en cada provincia de una Andalucía que nunca despierta. Tienen cientos y cientos de voluntarios haciendo el trabajo de ellos. Pero nosotros no tenemos autoridad, no podemos poner sanciones, no tenemos potestad. Solo tenemos la autoridad y la potestad de nuestros corazones. ¡Basta ya!

Si ha sido capaz de llegar hasta aquí, le agradezco profundamente que haya gastado su tiempo en leerme, ya ha mostrado muchísimo más interés que los políticos de mi ayuntamiento en veinte años.

Le agradezco enormemente su atención, reciba un saludo muy afectuoso de todos los miembros de Vícar Can Felina.

‘The Guardian’ recoge el maltrato y abandono de los galgos en España

Cómo los galgos abandonados se han puesto de moda en Barcelona. Así se podría traducir el título del tema en el que el prestigioso medio británico The Guardian recoge lo que está pasando desde hace ya muchos años. Un tema que luego tuvo su espejo en La Vanguardia.

A nadie mínimamente involucrado con la protección animal le resulta novedoso el tema.

Ya sabemos que los galgos sufren mucho en nuestro país. En gran medida son usados y descartados como herramientas. Muchos acaban muertos sin haber conocido amor ni haber apurado todos los años que la vida les podría haber regalado. En el universo de los cazadores es prácticamente imposible ver un galgo anciano, uno como ahora es mi perra.

Ya sabemos que los cazadores lo niegan. Nos conocemos sus argumentos, que son los mismos desde hace mucho tiempo. Se aferran a los pírricos datos oficiales del seprona obviando los evidentes y oficiosos. Dicen que se los roban, que los tienen en palmitas, que maltrato es tener un perro en un piso y una gran ciudad y se inventan subvenciones y teorías conspiranoicas en torno a las protectoras. Yo soy de las que puede reconocer que hay casos de buenos cazadores, que tratan bien a sus perros, aunque su número disminuye si se trata de galgueros y, sobre todo, rehaleros. En varias ocasiones les he dicho que el camino para defenderse es denunciar las malas prácticas que yo sé y ellos también saben si son sinceros que están viendo en muchos de sus compañeros de afición. Limpiar su nombre requiere mirar a medio y largo plazo y limpiar su casa desde dentro, por mucho que el trabajo sea ímprobo.

Ya sabemos también que los galgos se han puesto de moda. Mucha gente, no solo los hipsters y urbanitas barceloneses que menciona The Guardian, quieren a su lado estos hermosos animales. La mayoría, por suerte, optan por la adopción. Pero también hemos visto cómo todo esto se traduce en un auge de la moda de pequeños galgos, como le reales italianos o whippets, que se creían y venden más. Incluso hubo algún caso con polémica de comercio con cachorros de cristalera (execrable práctica) que vendía cachorros de galgo español para hacer negocio de esta moda. Una moda que ojalá se contagiara a los podencos y otras razas de caza con menos glamour pero las mismas problemáticas.

A mí lo que me parece relevante es que sea una realidad, aún lejos de solucionarse, que traspasa fronteras haciéndonos ver lo que aquí tantos aún insisten en negar.

No es la primera vez. Hace dos años fue muy sonado un reportaje de National Geographic también protagonizado por nuestros galgos, que hablaba de ”muerte en masa”.

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Y va a seguir pasando:

¿Llegará el momento en que podamos contar todo esto como propio del pasado?

No nos merecemos a los perros

Un día cualquiera, sin pensarlo demasiado, cuentas algo cotidiano en una red social. Y, sin esperarlo, aquello se hace viral que se dice ahora.

Esa escena cotidiana era mi perra, Troya, tumbada ante la puerta, el lugar que ahora prefiere para no perderse nuestras idas y venidas.

Uno de los comentarios que más se ha repetido es que verla ha llevado a las lágrimas. Entiendo la emoción, pero espero que no venga de la pena. Troya es y ha sido feliz. Y me aseguraré de que lo siga siendo el tiempo que le quede a mi lado.

También mucha gente ha expresado de distintas formas que “no nos merecemos a los perros”. Tengo que estar de acuerdo. Su devoción, tantas veces poco valorada, además es pagada con demasiada frecuencia con abandono y maltrato. No es raro que lo sea al final de sus vidas, cuando necesitan más cuidados, cuando las facturas veterinarias suben. Este blog lleva tantos años como de vida tiene Troya narrando la crueldad con la que el hombre trata al animal que más y mejor le ha servido.

En cualquier caso no puedo por menos que alegrarme, porque tantos comentarios acumulados de gente empática, capaz de apreciar la entrega de nuestros perros hasta el final de sus días, conforta y ofrece algo de esperanza sobre la calidad de la especie humana.

Demuestra que somos muchos los que valoramos sus bienvenidas.

Nosotros ahora tenemos que tener cuidado al abrir la puerta, con frecuencia está tumbada tan cerca que la empujamos y se despierta sobresaltada.

Cuando llegamos se levanta con esfuerzo, ignorando esas patas traseras que a veces no quieren incorporarla tan rápido como ella querría, y se acerca a saludarnos como siempre ha hecho desde que llegara a nuestro hogar hace catorce años. Una perra usada y descartada para cazar, con hambre, miedo y perdigones en el cuerpo.

Estoy convencida de que ya no recuerda nada de todo aquello. Las malas experiencias han quedado sepultadas por años de juegos, caricias y cuidados.

Las bienvenidas de nuestros perros. Algo capaz de mejorar cualquier mal día si somos capaces de pararnos a valorarlas en lo que merecen. Lo que más extrañamos de ellos cuando nos faltan.

No, no nos los merecemos. Igual que ellos no se merecen lo que les hacemos.